miniaturadeimagen|377x377px|Contribuciones microbianas al ciclo del carbono y al cambio climático El impacto del cambio climático en el suelo y su microbiota se refiere al aumento de la temperatura global y a la alteración de patrones climáticos, lo que afecta significativamente a los suelos y su comunidad microbiana. Las consecuencias incluyen la degradación del suelo, la pérdida de nutrientes, la erosión, y cambios en la composición microbiana. Esto puede afectar la fertilidad del suelo, la capacidad de retención de agua y la salud de los ecosistemas, lo que a su vez impacta la agricultura y la biodiversidad.

Los efectos del cambio climático y sus alteraciones a largo plazo en los patrones climáticos globales y regionales, especialmente el aumento de la temperatura media de la Tierra, conocido como calentamiento global. Este fenómeno es impulsado principalmente por las actividades humanas, como la quema de combustibles fósiles, la deforestación y la agricultura intensiva, que aumentan la concentración de gases de efecto invernadero en la atmósfera. Las consecuencias del cambio climático incluyen el aumento del nivel del mar, fenómenos meteorológicos extremos, alteraciones en los ecosistemas y la biodiversidad, así como impactos significativos en la salud humana y la seguridad alimentaria.

Por otro lado, el suelo es uno de los ecosistemas más diversos del planeta tierra, albergando una comunidad interactiva de bacterias, arqueas, virus, hongos y protozoos, que se conocen en conjunto como el "microbioma del suelo". Su entorno abiótico es también muy variable, con poros llenos de aire y agua que están desconectados entre sí, además de recursos distribuidos de manera irregular que pueden actuar como áreas favorables para el ¨crecimiento microbiano¨. Este entorno es influenciado por las plantas y los organismos del suelo (por ejemplo, insectos y lombrices), además de por variaciones en la humedad, la temperatura y las condiciones redox, lo que convierte al suelo en un sistema muy dinámico.

Los suelos y los microorganismos que los habitan son componentes cruciales de los ecosistemas terrestres, desempeñando papeles esenciales en los ciclos biogeoquímicos como los del carbono, nitrógeno, azufre y hierro. también manteniendo la salud de las plantas, facilitando la descomposición de la materia orgánica, liberando nutrientes esenciales para el crecimiento de estas; y para la estabilidad general del ecosistema contribuyendo y estabilizando agregados del suelo, mejorando su estructura, su retención de agua y su fertilidad

Entender la interacción entre el suelo y los microorganismos es clave para predecir y gestionar los efectos del cambio climático en los ecosistemas del suelo. Este conocimiento puede facilitar el desarrollo de estrategias para una gestión sostenible del suelo, la mitigación del cambio climático y la mejora de la salud del ecosistema.

Es necesario realizar más investigaciones, especialmente a nivel microbiano y molecular, para optimizar los modelos climáticos y las estrategias de gestión. Como se mencionó anteriormente, la investigación continua sobre los microorganismos del suelo es esencial para entender su papel en la mitigación y adaptación al cambio climático. Los avances en técnicas moleculares y enfoques de modelado están generando nuevos conocimientos sobre la diversidad, función y resiliencia de estos microorganismos. Esta información es fundamental para crear estrategias que gestionen de manera sostenible los ecosistemas del suelo y reduzcan los impactos negativos del cambio climático.

Cambio climático y sus efectos   Artículo principal: Cambio climático miniaturadeimagen|245x245px|Temperatura en la superficie terrestre al comienzo de la primavera de 2000. El clima es un promedio del tiempo atmosférico a una escala de tiempo dado que la Organización Meteorológica Mundial ha estandarizado en 30 años. Los distintos climas se corresponden principalmente con la latitud geográfica, la altitud, la distancia al mar, la orientación del relieve terrestre con respecto a la insolación (vertientes de solana y umbría) y a la dirección de los vientos (vertientes de Sotavento y barlovento) y, por último, las corrientes marinas. Estos factores y sus variaciones en el tiempo producen cambios en los principales elementos constituyentes del clima: temperatura atmosférica, presión atmosférica, vientos, humedad y precipitaciones. miniaturadeimagen|245x245px|Animación del mapa mundial de la temperatura media mensual del aire de la superficie. Un cambio en la emisión de radiación solar, en la composición de la atmósfera, en la disposición de los continentes, en las corrientes marinas o en la órbita de la Tierra puede modificar la distribución de energía y el equilibrio térmico, alterando así profundamente el clima cuando se trata de procesos de larga duración.

En última instancia, para que se produzca un cambio climático global, debe actuar algún forzamiento climático, es decir, cualquier factor que incida en el balance de energía del sistema climático, modificando la cantidad de energía que el sistema recibe del Sol o la cantidad de energía que el sistema pierde por emisión desde la Tierra al espacio exterior. Los forzamientos pueden ser las variaciones en los parámetros orbitales de la Tierra, en el albedo terrestre, en la concentración de gases de efecto invernadero, en la concentración de aerosoles tanto de procedencia natural, como son los procedentes de erupciones volcánicas, como los de origen antropogénico que proceden de actividades humanas, entre otros.

Otros factores, como la distribución de los continentes, pueden terminar afectando a alguno de los forzamientos e inducir un cambio climático global. Por ejemplo, la ocupación del océano ecuatorial por una gran masa de tierra, como ocurrió con el supercontinente Rodinia durante el Neoproterozoico, puede contribuir a una mayor reflexión de radiación solar, aumentando el albedo y produciendo cierto enfriamiento que puede provocar la formación de hielo que, a su vez, vuelve a aumentar el albedo, en un ciclo conocido como realimentación hielo-albedo. La fragmentación de Rodiniahace unos 700-800 millones de años pudo exponer mayor cantidad de corteza terrestre a la erosión por la lluvia y provocar que el Ciclo Geoquímico Carbonato-Silicato aumentara el secuestro de CO2 atmosférico, contribuyendo a una disminución de la temperatura que terminase induciendo una glaciación global, más conocida como bola de nieve.

El cambio climático actual es, de manera muy probable, totalmente antropogénico y se relaciona principalmente con la intensificación del efecto invernadero debido a las emisiones industriales procedentes de la quema de combustibles fósiles. Las contribuciones probables de los forzamientos naturales y la variabilidad interna al cambio de la temperatura global desde 1951 son insignificantes

Impacto del cambio climático en los Suelos y sus microorganismos El cambio climático ejerce una influencia considerable en los suelos, afectando tanto su composición como su funcionalidad. Los microorganismos del suelo son cruciales para el ciclo del carbono y otros nutrientes. La respuesta de estos microorganismos al cambio climático puede influir en la liberación o retención de carbono en el suelo, lo que a su vez tiene implicaciones significativas para la mitigación del cambio climático.

Algunos de los impactos específicos del cambio climático en los suelos y sus microorganismos son:

Aumento de la temperatura El calentamiento global conduce a un aumento en la temperatura del suelo Algunos estudios predicen un aumento de la temperatura global a aproximadamente 3,7 °C para el año 2100, este aumento evidentemente afecta directamente al suelo, a sus comunidades microbianas y a los procesos biogeoquímicos que suceden dentro de él.

En el corto plazo, el calentamiento acelera la descomposición de la materia orgánica del suelo, liberando CO₂ a la atmósfera. A largo plazo, sin embargo, el calentamiento puede agotar el carbono lábil, lo que lleva a una disminución de la respiración microbiana y a cambios en la composición de las comunidades, este cambio a su vez puede resultar en una mayor degradación del carbono recalcitrante y una pérdida neta de carbono del suelo.

Analizar el calentamiento del suelo como un factor aislado representa un enfoque subóptimo, ya que este fenómeno probablemente se acompaña de otros factores relacionados con el cambio climático que también influyen en el ciclo del carbono. Esto incluye no solo la disminución de la humedad del suelo, sino también el aumento de CO2 atmosférico.

Elevación del dióxido de carbono (CO₂) El aumento de los niveles de CO₂ atmosférico tiene efectos directos e indirectos en el microbioma del suelo. El CO₂ estimula el crecimiento de las plantas, lo que lleva a un aumento de la rizodeposición (la liberación de carbono de las raíces al suelo). Esto puede aumentar la biomasa microbiana y la actividad en el corto plazo, pero a largo plazo, la disponibilidad de nitrógeno puede verse limitada, lo que lleva a una disminución en el ciclo del carbono del suelo. Sequía miniaturadeimagen|268x268px|El lago del Embudo en octubre de 2018, período de gran sequía. Consecuentemente debido al cambio climático, se espera que aumente la frecuencia e intensidad de las sequías en muchas regiones del mundo. Esto anterior debido a su influencia en la reducción de la humedad del suelo, lo que afecta la actividad microbiana y la descomposición de la materia orgánica. Esto puede llevar a una disminución de la respiración del suelo y a una menor liberación de CO₂ a la atmósfera.

Sin embargo, la sequía también puede afectar la estructura de la comunidad microbiana, reduciéndola en general, pero también puede provocar cambios en la composición de esta comunidad, favoreciendo a los microorganismos tolerantes a la desecación.

Algunos microorganismos pueden producir Osmolitos para retener la turgencia celular o entrar en un estado fisiológico latente para sobrevivir a la sequía.

Aumento de las precipitaciones e inundaciones En algunas regiones, el cambio climático está provocando un aumento de las precipitaciones y las inundaciones. El exceso de humedad del suelo puede crear condiciones anaeróbicas, lo que favorece la metanogénesis (producción de metano) y la desnitrificación (liberación de óxido nitroso). Estos gases de efecto invernadero tienen un mayor potencial de calentamiento global que el CO₂.

Por otro lado, Con el aumento de la humedad del suelo, los poros se llenan de agua y se vuelven anaeróbicos, lo que crea condiciones favorables para procesos como la metanogénesis y la desnitrificación, lo que puede resultar en la emisión de CH4 y N2O. Las variaciones en la humedad y la vegetación, a consecuencia de los cambios en los patrones de precipitación, pueden generar respuestas diferentes en las comunidades microbianas. Por ello, se recomienda pensar en el desenvolvimiento de modelos metabólicos predictivos que permitan realizar simulaciones más precisas en escenarios climáticos futuros.

Incendios miniaturadeimagen|314x314px|Incendio forestal en el estado de Brandeburgo, verano de 2003. A nivel global, los incendios están aumentando tanto en frecuencia como en intensidad, impulsados por temporadas de fuego más largas y secas, así como por prácticas de manejo de tierras que no son sostenibles. Estos factores, que incluyen el cambio climático y la deforestación, contribuyen a condiciones que favorecen la propagación de incendios. La combinación de una mayor sequedad en el clima y métodos agrícolas inadecuados no solo incrementa el riesgo de incendios, sino que también dificulta la recuperación de los ecosistemas afectados. Esto genera un ciclo preocupante, donde los incendios se vuelven más comunes y devastadores, afectando tanto la biodiversidad como la calidad del aire y del suelo.