Las lenguas de El Salvador comprenden las lenguas y variedades lingüísticas empleadas tanto histórica como actualmente en el territorio salvadoreño. El castellano es la lengua predominante de la población y el idioma oficial de la República, de acuerdo con el artículo 62 de la Constitución. La misma disposición reconoce a las lenguas autóctonas habladas en el territorio como parte del patrimonio cultural y establece que deben ser objeto de preservación, difusión y respeto.
Antes de la generalización del castellano, el actual territorio salvadoreño presentaba una considerable diversidad lingüística. Las reconstrucciones históricas y lingüísticas suelen identificar siete lenguas o conjuntos lingüísticos indígenas presentes en distintas partes del territorio: el náhuat o pipil, el lenca salvadoreño, el cacaopera, el ch'orti', el poqomam, las lenguas xincas y el mangue o chorotega. Estas áreas no constituían fronteras lingüísticas rígidas y su delimitación cambia según el período y las fuentes empleadas.
De aquellas lenguas indígenas, el náhuat es la única que ha mantenido hasta el siglo XXI una comunidad documentada de hablantes nativos en El Salvador, aunque se encuentra en una situación de grave peligro y con la transmisión intergeneracional tradicional profundamente debilitada. El lenca salvadoreño o potón y el cacaopera perdieron su transmisión como lenguas maternas durante el siglo XX, aunque ambos continúan siendo objeto de iniciativas culturales y de recuperación. Otras lenguas históricas, como el ch'orti' y el poqomam, dejaron de hablarse en territorio salvadoreño, pero continúan vivas en otros países de Centroamérica.
Además de las lenguas orales, la Lengua de señas salvadoreña (LESSA) posee reconocimiento jurídico específico. Desde 2014, la legislación salvadoreña la reconoce como la «lengua natural y oficial» de las personas sordas salvadoreñas y obliga al Estado a velar por su enseñanza y conservación.
Marco jurídico
El régimen constitucional distingue entre el castellano, como idioma oficial del país, y las lenguas autóctonas, reconocidas como parte del patrimonio cultural. El artículo 62 de la Constitución establece que:
Este marco fue desarrollado por la Ley de Cultura de 2016. Su artículo 9 reafirma al castellano como lengua oficial e incorpora al patrimonio cultural las lenguas de los pueblos indígenas, tanto aquellas que permanecen vivas como las que se encuentran «en proceso de rescate». Asimismo, establece la obligación del Estado de promover su recuperación, enseñanza, conservación y respeto.
La misma ley contempla la posibilidad de crear incentivos para quienes investiguen, enseñen o promuevan lenguas indígenas y, en su artículo 44, dispone que los gobiernos locales procuren promover específicamente la preservación y divulgación del náhuat, cacaopera —denominado «cacahuira» en el texto legal— y lenca-potón.
La situación jurídica de la LESSA es diferente. No sustituye al castellano como idioma oficial de la República, pero desde 2014 está reconocida por legislación específica como lengua natural y oficial de las personas sordas salvadoreñas. Esta condición fue incorporada tanto a la Ley General de Educación como a la Ley Especial de Protección al Patrimonio Cultural de El Salvador.
El inglés, por su parte, no posee carácter oficial. Desde el 1 de enero de 2022 su estudio forma parte obligatoria del currículo nacional en todos los grados y niveles educativos, tras una reforma al artículo 47 de la Ley General de Educación aprobada mediante el Decreto Legislativo n.º 823 de 2021.
Historia lingüística
Diversidad indígena
miniatura|derecha|300px|Distribución aproximada de los principales pueblos y lenguas indígenas del actual territorio salvadoreño hacia la época de la conquista: 1, náhuat; 2, lenca; 3, kakawira o cacaopera; 4, xinca; 5, maya ch'orti'; 6, maya poqomam; 7, mangue o chorotega. Las áreas representadas son reconstrucciones históricas y no deben interpretarse como fronteras lingüísticas precisas.
El actual territorio de El Salvador se encontraba, en vísperas de la conquista española, en una zona de contacto entre diversos pueblos mesoamericanos y centroamericanos. Las reconstrucciones modernas suelen distinguir siete grandes tradiciones lingüísticas, pertenecientes a varias familias sin parentesco cercano entre sí.
Lengua Familia lingüística Distribución histórica aproximada en El Salvador Situación contemporánea Náhuat Utoazteca, rama nahua Principalmente el occidente y centro del país Lengua viva en El Salvador, pero gravemente amenazada; persisten hablantes nativos y existen nuevos hablantes producto de programas de enseñanza y revitalización. Lenca salvadoreño o potón Lenca Principalmente el oriente del país, con áreas históricas adicionales documentadas Sin transmisión comunitaria continua como lengua materna desde el siglo XX; existen proyectos de recuperación cultural y lingüística. Cacaopera o pisbi Misumalpa Principalmente el actual departamento de Morazán Extinta como lengua materna; conservada mediante documentación lingüística y esfuerzos de recuperación. Ch'orti' Maya Norte y noroeste, especialmente sectores históricos de Chalatenango y la región de Metapán Dejó de hablarse como lengua comunitaria en El Salvador; continúa hablándose principalmente en Guatemala y Honduras. Poqomam Maya Occidente, particularmente en áreas próximas a la actual frontera con Guatemala Dejó de hablarse en El Salvador; continúa hablándose en Guatemala. Xinca Xinca Enclaves atribuidos al extremo occidental y a la zona fronteriza con Guatemala No existe en la actualidad una comunidad histórica de hablantes en El Salvador; su antigua extensión salvadoreña es menos segura que la de otros grupos. Mangue o chorotega Otomangue Extremo oriental y región próxima al golfo de Fonseca Extinta.
La distribución lingüística cambió considerablemente incluso antes de la conquista y continuó transformándose durante el período colonial. Por ello, los mapas modernos representan zonas de predominio o presencia documentada, no territorios homogéneos ni límites políticos.
Época colonial y expansión del castellano
La conquista y la incorporación del territorio al Imperio español introdujeron el castellano como lengua de la administración colonial, la evangelización y, progresivamente, de las relaciones interétnicas. El desplazamiento de las lenguas indígenas fue, sin embargo, gradual y desigual: varias de ellas continuaron utilizándose durante siglos después de la conquista.
Una de las reconstrucciones históricas más detalladas es la realizada por el historiador Francisco de Solano a partir de la visita pastoral efectuada en 1768-1770 por el arzobispo Pedro Cortés y Larraz y de documentación de 1772. Sus datos muestran que en el territorio que posteriormente formaría El Salvador seguían existiendo comunidades hablantes de náhuat, lenca o chilanga, cacaopera —registrada en algunas fuentes bajo denominaciones relacionadas con el matagalpa—, ch'orti' y poqomam, al mismo tiempo que una proporción creciente de la población indígena había adoptado el castellano.
La castellanización no ocurrió de manera simultánea en todo el territorio. Algunas comunidades conservaron sus lenguas durante períodos prolongados, mientras que en otras el cambio al español había avanzado considerablemente ya en el siglo XVIII. Los nombres étnicos y lingüísticos empleados por cronistas, religiosos y funcionarios coloniales tampoco corresponden siempre de manera exacta con las categorías utilizadas por la lingüística moderna.
Siglos XIX y XX
Durante el período republicano se profundizó el predominio del castellano en la administración, la educación, los medios impresos y la vida pública. Los procesos de transformación económica y social del siglo XIX y comienzos del XX contribuyeron asimismo a la pérdida de ámbitos de uso de las lenguas indígenas.
En el caso del náhuat, el retroceso había comenzado mucho antes de 1932. Estudios históricos sobre las comunidades indígenas occidentales muestran que, hacia las primeras décadas del siglo XX, el castellano ya había sustituido al náhuat como lengua principal de amplios sectores y que en determinadas localidades la lengua se concentraba cada vez más entre las generaciones mayores.
La represión que siguió al levantamiento de 1932, especialmente intensa en las zonas indígenas del occidente, aceleró este proceso. La persecución y estigmatización de marcadores de identidad indígena llevó a numerosos supervivientes a evitar el uso público del náhuat y a no transmitirlo a sus hijos. La bibliografía sociolingüística suele describir este fenómeno como una ruptura decisiva de la transmisión intergeneracional, aunque no debe confundirse con la existencia de una ley nacional que hubiera abolido formalmente la lengua.
En el transcurso del siglo XX también desapareció la transmisión materna de las otras dos lenguas indígenas mejor documentadas de época reciente: el lenca salvadoreño y el cacaopera.
Panorama lingüístico contemporáneo
El VII Censo de Población y VI de Vivienda de 2024 incorporó preguntas específicas sobre las lenguas de la población de tres años o más. La boleta distinguió entre el idioma en el que la persona aprendió a hablar y la capacidad de hablar otro idioma. Entre las opciones de la primera pregunta se incluyeron castellano, inglés, francés, náhuat, pisbi —cacaopera— y potón —lenca—; la pregunta sobre otra lengua incorporó, además, la Lengua de Señas Salvadoreña y una categoría abierta para otras lenguas.
Esta distinción es relevante para interpretar los resultados. Las personas que declararon conocer náhuat, pisbi o potón como una segunda lengua no son necesariamente hablantes maternos ni constituyen evidencia de transmisión intergeneracional de esas lenguas.
Según el informe nacional del censo, el 7,6 % de la población censada declaró hablar un segundo idioma, frente al 4,1 % registrado en 2007. Entre las principales lenguas declaradas como segunda lengua, el inglés representó el 90,5 %; el francés, el 3,7 %; el italiano, el 1,5 %; la LESSA, el 0,4 %; y el náhuat, el 0,2 %. El informe agrupó otras respuestas en categorías adicionales.
Los resultados muestran además diferencias territoriales. La Libertad y San Salvador registraron las mayores proporciones de población que declaró hablar un segundo idioma. Dentro de las declaraciones de náhuat como segunda lengua, Sonsonate concentró la mayor proporción nacional, seguida de San Salvador, lo que refleja tanto la localización histórica de comunidades nahuahablantes como la difusión contemporánea de su enseñanza fuera de las áreas tradicionales.
Español
miniatura|derecha|300px|Principales zonas dialectales del español salvadoreño propuestas por Raúl Ernesto Azcúnaga López (2010).
El castellano constituye la lengua de uso mayoritario en El Salvador y domina la administración pública, la educación general, los medios de comunicación y la mayor parte de las relaciones sociales. Su variedad nacional, conocida como español salvadoreño, forma parte del conjunto de variedades del español de América Central y presenta diferencias fonéticas, léxicas y pragmáticas internas.
Entre sus rasgos generales se encuentran el seseo y el yeísmo, comunes a gran parte del español americano, junto con diferentes procesos fonéticos característicos de las variedades centroamericanas. El tratamiento de la segunda persona singular se caracteriza por la convivencia de vos, tú y usted. El voseo posee una amplia presencia en la comunicación cotidiana, mientras que usted se relaciona principalmente con contextos de respeto, distancia o determinados vínculos sociales; el uso de tú también existe y su distribución depende del contexto y del grupo social.