La Semana Santa en Quetzaltenango es una conmemoración religiosa anual que recuerda la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo. Aunque no se tiene un dato exacto de cuándo comenzaron las primeras celebraciones, las primeras cofradías de pasión datan entre los siglos y , con registros del acto del descendimiento en Viernes Santo en 1637, probablemente por la Cofradía de la Santa Cruz, la Cofradía de la Expiración en 1673 (actual Asociación del Señor Sepultado de Catedral), la Hermandad de la Caridad de Jesús Nazareno (hoy conocida como Hermandad del Justo Juez) en 1705, y de la Cofradía del Ecce Homo (actualmente cofradía de Jesús de la Paciencia) en 1740. Durante la Cuaresma y la Semana Santa, las calles de Quetzaltenango se adornan con el color morado y se convierten en escenario de prácticas religiosas, como las procesiones, la elaboración de alfombras de aserrín y flores, y la interpretación de marchas fúnebres.
Esta celebración incorpora tanto elementos de origen indígena, especialmente de las etnias k'iché y mam, como españoles, que han modelado las tradiciones locales a lo largo del tiempo. Las hermandades, cofradías y asociaciones, que han mantenido estas prácticas durante décadas y, en algunos casos, siglos, participan en la continuidad de estas tradiciones. La Semana Santa también se manifiesta como una festividad que involucra a diversos estratos sociales, fomentando la participación comunitaria y el fortalecimiento de la identidad local.
Entre las tradiciones asociadas a esta época también se incluye la gastronomía típica, con platillos como el pan de yemas (o pan de recado), el dulce de Garbanzo y el chocolate artesanal, que acompañan estas celebraciones, así como las romerías de los Viernes de Cuaresma, donde los fieles realizan peregrinaciones hacia diferentes iglesias. La Semana Santa en Quetzaltenango es un evento religioso que también está vinculada a la identidad local y a la continuidad de tradiciones culturales. Además, esta celebración forma parte de la Semana Santa en Guatemala, que fue reconocida como patrimonio cultural inmaterial de la humanidad por la UNESCO en 2022.
Historia
Origen Las primeras manifestaciones de Semana Santa en Quetzaltenango se originaron con la llegada de los españoles en 1524, según coinciden varios académicos. No obstante, algunos otros historiadores sostienen que ciertos actos rituales de origen maya, como portar en andas a figuras importantes, podrían tener similitudes con las procesiones cristianas actuales, aunque estas tradiciones mayas no estaban relacionadas con el cristianismo. Según los investigadores, la evangelización de los pueblos indígenas y la introducción de las cofradías católicas resultaron en un proceso de sincretismo religioso, en el que los indígenas participaron como un medio para preservar su estructura de autoridad y elementos de su cultura ancestral dentro del rito católico.
Para facilitar el proceso de evangelización, la ciudad fue dividida en barrios o "cantones" donde se hallaban Tzijolbaltzij o altares mayas, siendo estos remplazados por ermitas, cuya finalidad era agrupar a los indígenas para predicarles, fomentando la creación de cofradías, ya que se evidencia que los indígenas principales estaban dentro de estas, como el caso de Sebastian Velasquez Tzunum, que perteneció a la cofradía de San Sebastian, Las animas y la virgen de la Asunción, Sebastian era bisnieto del Ajpop Hutzitzil Tzunum. De estas ermitas se tiene noticia en 1669, donde los principales K'iche' mencionan que las cuatro ermitas de San Nicolás, San Sebastian, San Bartolomé y San Antonio fueron construidas de arriba hacia abajo por los nueve calpules de Quetzaltenango. De hecho, la primera ermita construida en Guatemala se encuentra en Salcajá, a unos pocos kilómetros de Quetzaltenango.
Primeras asociaciones El registro más antiguo sobre las agrupaciones religiosas (cofradías) en la ciudad se halla en un documento de la Cofradía de San Sebastián, que menciona un conflicto entre las autoridades locales y la cofradía. En dicho documento se hace referencia a doce cofradías:
Cofradía del Santísimo Sacramento de los Principales Cofradía del Santísimo Sacramento de los Jergueros Cofradía de la Asunción de Nuestra Señora Cofradía de la Santa Cruz Cofradía de Nuestra Señora del Pópulo de los Cantores Cofradía de Nuestra Señora del Rosario de los Cantores Cofradía de Nuestro Señor San Francisco Cofradía de San Antonio Cofradía de San Nicolás Cofradía de San Bartolomé Cofradía de San Sebastián Cofradía de las Ánimas.
También se conserva una petición escrita de 1673 en la que se solicita la fundación de la Cofradía del Cristo de la Expiración. En este documento se menciona que el acto del descendimiento en Viernes Santo era llevado a cabo por los principales del pueblo, probablemente reunidos en la Cofradía de la Santa Cruz, llevaban 36 años organizando el acto del descendimiento, lo que indica que ya existía en 1637.
Posteriormente, en 1680 en una carta de queja por un conflicto entre el gobernador indígena y los cofrades de la Cofradía del Santísimo Sacramento menciona la existencia de dieciocho cofradías. Más adelante, en la "Relación de Conventos de Guatemala" de Fray Francisco de Suaza, se documenta la existencia de veintidós cofradías en Quetzaltenango, aunque sin especificar sus nombres. Además, en 1705, un testamento, específicamente de alguien llamado Domingo de los Reyes y Cárcamo de quien no se posee más información, menciona a la Hermandad de la Caridad de Jesús Nazareno.
En 1735, durante una visita pastoral del obispo Juan Gómez de Parada y Mendoza, se documentan dos cofradías de Jesús Nazareno de la parroquia del Espiritu Santo:
Cofradía de Jesús Nazareno de Ladinos (en ese entonces, el término "ladino" hacía referencia a indígenas bilingües o hábiles en hablar y escribir castellano, mismo que les permitía acceder a cargos políticos. También usaban el término para englobar a las etnias indígenas, españoles, mestizos y mulatos). Cofradía de Jesús Nazareno de Indios.
Cinco años después, en 1740, el primer arzobispo de la diócesis de Guatemala, Pedro Pardo de Figueroa, registró la existencia de más cofradías en la región.
A inicios del , la religión desempeñaba un papel importante en la vida de la sociedad guatemalteca, donde el catolicismo era la única religión oficialmente reconocida y la educación estaba controlada por la Iglesia. Durante este período, las cofradías adquirieron una relevancia significativa.
Los liberales, que ostentaban el poder político en España, utilizaron el modelo de "municipio", reestructurado en 1812 por las Cortes de Cádiz, para eliminar el dualismo existente entre los gobiernos indígenas y el gobierno español. En este contexto, se intentó abolir las organizaciones representativas de los indígenas, como las cofradías y los cabildos por lo que, gracias al apoyo del clero, se comenzó a restringir la autonomía local indígena, aunque esta situación fue contrarrestada por la proliferación de cofradías.
Época independentista (1821) Con la proclamación de la independencia de Guatemala de España en 1821, se evidenció una división de intereses entre los sectores populares y las élites liberales y conservadoras. La naturaleza centralista del nuevo gobierno planteó, nuevamente, la abolición de instituciones tradicionales, como las cofradías. En la región occidental, se fortaleció una amplia red de pueblos indígenas gobernados por un sistema de cabildos y cofradías, lo que llevó a abusos y arbitrariedades por parte del gobierno. A pesar de esto, dichas instituciones se consolidaron como formas de gobierno de los pueblos, permitiendo que estos permanecieran dentro o al margen del orden colonial oficial.
Posteriormente, la situación de la Iglesia Católica se vio amenazada cuando Francisco Morazán asumió el poder en 1829, lo que resultó en la expropiación de los bienes de la Iglesia y de las cofradías. Esta situación se extendió hasta 1839, cuando Rafael Carrera llegó a la presidencia, defendiendo las tradiciones católicas.
Ese mismo año, 1839, el historiador estadounidense John Lloyd Stephens asistió a la procesión nocturna del Jueves Santo en Quetzaltenango y registró sus impresiones sobre la Semana Santa en la ciudad. Stephens describió cómo los participantes, en su mayoría indígenas, llevaban cirios y figuras religiosas, incluyendo una imagen de Judith con una espada y la cabeza de Holofernes, el arcángel Gabriel, y Cristo cargando su cruz. Mujeres con niños y jóvenes vestidas de blanco, que simulaban ángeles, acompañaban el desfile junto a figuras como los "moros" en una representación armada. Stephens también observó cómo las procesiones se organizaban con música de tambores y violines y destacó la profunda devoción de los asistentes.
Revolución Liberal de 1871
La Revolución Liberal del 30 de junio de 1871 marcó el inicio de profundas transformaciones en los sistemas políticos, económicos y sociales de Guatemala. A nivel religioso, este periodo se caracterizó por un constante enfrentamiento entre el Estado y la Iglesia Católica.
Con la llegada al poder de los liberales, liderados por Miguel García Granados y Justo Rufino Barrios, se redujo la influencia de los conservadores y se implementaron nuevas políticas. En el ámbito político, se buscó la separación de las instituciones, lo que llevó a la expropiación de los bienes de la Iglesia y a la expulsión de órdenes religiosas del país.
Para alcanzar sus objetivos, el gobierno liberal llevó a cabo una intensa campaña de propaganda en los medios de comunicación de la época, aprovechando la promulgación de la libertad de prensa el 5 de julio. El historiador Cal Montoya, en su obra "La Iglesia de Guatemala ante la Reforma Liberal (1871-1878)", señala que "más que destruir a la iglesia, lo que se perseguía era reducirla a un estado de subordinación más estricto".
Una de las órdenes más perseguidas fue la de los jesuitas, quienes tenían una notable influencia en la educación nacional. La persecución comenzó en Quetzaltenango, donde, el diario "El Malacate" publicó artículos en contra de dicha orden. A pesar de sus intentos de apelar a las autoridades para detener estas publicaciones, se determinó que su presencia en el país era ilegal, ya que la Asamblea Nacional no había aprobado el restablecimiento de la orden. Esto quedó registrado en un acta del 2 de agosto de 1871 en el Palacio del Ayuntamiento (hoy Palacio Municipal), donde se les acusaba de enriquecimiento ilícito y de evadir impuestos, entre otros cargos.
El sacerdote Rafael Pérez menciona que Barrios ordenó rodear el Palacio del Ayuntamiento, forzando a algunos ciudadanos quetzaltecos, que tenían vínculos con los jesuitas, a firmar el acta bajo amenazas. Sin embargo, Cal Montoya cuestiona la veracidad de estas afirmaciones, dado que el informe que menciona el hecho contiene ataques contra los liberales. Los jesuitas fueron notificados de la orden de abandonar la ciudad a las 9 de la noche del 12 de agosto, debiendo salir hacia la Ciudad de Guatemala a más tardar a las 3 de la mañana del día siguiente.
Montoya también señala que es difícil determinar con certeza las razones detrás de la expulsión de los jesuitas, aunque su relación con el papado y su visión de la misión de la Iglesia Universal podrían haber representado un obstáculo para los intereses políticos y económicos del gobierno. Otros líderes religiosos, como Sor Encarnación Rosal y el párroco Rafael Pérez, también fueron expulsados, seguidos por otras órdenes religiosas, como la Congregación de San Felipe Neri, los franciscanos y los dominicos.