miniaturadeimagen|Barrio de las Peñuelas en 1917 (La Alhóndiga), situado junto a la estación de Peñuelas y daba cobijo a unas 300 familias El chabolismo forma parte de la historia de la ciudad de Madrid por lo menos desde la segunda mitad del y se ha mantenido con cierta intensidad hasta el , pero fue durante la posguerra y hasta bien entrados los años 60 que adquirió una magnitud fuera de lo común. Las causas que ocasionaron este fenómeno fueron varias, entre ellas la miseria causada por la guerra civil española y la hambruna de la década de los 40, el nivel de destrucción ocasionado en Madrid después de tres años de asedio de la ciudad o el bajo nivel de vida de las poblaciones rurales.

A lo largo de los años se fueron edificando centenares de asentamientos de chabolas alrededor de la ciudad, algunos incluso en el centro, pero en su mayoría se situaron en la zona del antiguo municipio de Vallecas; anexionado a Madrid en 1950. Según el censo de infraviviendas realizado por el Ministerio de la Vivienda entre 1956 y 1964 más de la mitad de las chabolas de la ciudad se encontraban en esta zona.

En la actualidad no se publican datos oficiales sobre la cantidad de personas que viven en chabolas en Madrid, pero existen varios núcleos importantes en la ciudad como algunos sectores de la Cañada Real o los asentamientos de la M-30, así como en los distintos municipios de la Comunidad de Madrid.

Historia A lo largo de la historia de la arquitectura de Madrid han ido apareciendo en la ciudad múltiples estilos arquitectónicos y constructivos que han sido reflejo de los distintos momentos de la historia de la ciudad y de su gente, y los barrios de chabolas han formado parte de esta historia.

Durante la Revolución Industrial española se ideó un plan de ensanche llamado Plan Castro que pretendía planificar el crecimiento que estaba experimentando la ciudad, así como incorporar a esta planificación los múltiples municipios y arrabales que se edificaban en su extrarradio. Tras el derribo de los últimos tramos de las murallas en 1868, llamados cerca de Felipe IV, y con el auge industrial y de construcción que experimentó la ciudad, un gran número de inmigrantes se empezaron a desplazar hacia la capital en búsqueda de trabajo y huyendo también de las penurias del campo. Es en esta época que las primeras voces de la corriente higienista empiezan a denunciar las condiciones de falta de servicios y salubridad de las poblaciones del extrarradio denominadas los arrabales de Madrid. La demografía de Madrid cambió drásticamente en un siglo, aumentó en veinte mil personas durante la primera mitad del y en la segunda mitad llegó a duplicar su población llegando medio millón de habitantes en el 1900. En 1930 llegaría a alcanzar el millón, en 1950 el millón y medio, en 1960 superaría los dos millones y en 1970 los tres millones (límite que mantendrá hasta la actualidad).

Durante la segunda mitad del se plantearon diversos proyectos de construcción y saneamiento de los barrios y viviendas obreras pero la mayoría se quedarían en el papel. Una de las pocas organizaciones que terminó realizando proyectos de barrios obreros fue la asociación benéfica Constructora Benéfica, que con donaciones privadas llegó a construir entre 1875 y 1904 diversas viviendas en los barrios de El Pacífico (68 viviendas), Bellas Vistas (18 viviendas) y La Latina (2 edificios en la calle La Solana) dadas en amortización, pero claramente insuficiente para solucionar el problema de vivienda de una ciudad industrial como Madrid.

1900-1939 Proyectos de ensanche y Guerra Civil Paralelamente a estas subidas tan drásticas de población se fueron edificando nuevos barrios en las afueras de Madrid, algunos de ellos con una fuerte presencia de clase trabajadora y clase media económicamente estable y otros se fueron estructurando como barrios bajos o de clases con poco poder adquisitivo. En 1899 se realizó un censo en el que se reflejaba que dos quintas partes de la población residía en los denominados barrios bajos. Como se menciona en el censo “...los llamados barrios bajos, localizados en los tres distritos de Hospital, Latina e Inclusa, no sólo merecen tal nombre por hallarse topográficamente bajo el nivel medio del suelo de la población sino porque considerados demográfico y socialmente acusan la misma inferioridad de urbanización y cultura...”

A principios del se conformaron los barrios suburbiales históricos al norte (Tetuán y Cuatro Caminos), al este (Prosperidad, Guindalera y Ventas), al oeste y al sur (Puente de Vallecas). Desde el principio incorporaban problemáticas como la falta de infraestructuras básicas como iluminación pública, pavimentación, agua corriente o alcantarillado, la falta de planificación previa hizo que se fueran desarrollando con una estructura angostos y difícil de urbanizar y sanear, y las casas eran en general de baja calidad, estrechas en fachada y con fondos de manzana pequeños. Las fábricas y talleres estaban entremezclados con las viviendas lo que aumentaba la contaminación de humos, ruidos, etc, y los pozos negros y charcas provocaban problemas de salubridad e incluso epidemias de enfermedades como el tifus como la que asoló Madrid en 1909. En 1905 se creó el Servicio de Empadronamiento Sanitario de Viviendas para controlar la salubridad de las viviendas y ejercer algún tipo de presión administrativa para su remodelación.

Durante las primeras décadas del la mayoría de inmigrantes llegaban desde Castilla y León, Asturias, Galicia y Andalucía, y lo hacían en tal número que en 1930 únicamente el 37 por ciento de la población era autóctona. La necesidad de vivienda era cada vez mayor, y por consiguiente aumentó progresivamente el coste del alquiler, lo que hizo que en las localidades adyacentes a Madrid algunos grandes terratenientes y especuladores empezaran a parcelar terrenos agrícolas para venderlos o alquilarlos y así aumentar el valor de los terrenos. Muchas de las familias que llegaban consiguieron encontrar una habitación en un piso compartido de alquiler, una habitación en una pensión pero en otras ocasiones alquilaban estas parcelas y se construían una chabola. Aunque el chabolismo en Madrid durante la primera mitad del no se desarrolló en terrenos ocupados de forma ilegal sino que en su mayoría eran fruto de la compraventa o alquiler, la construcción de las chabolas si se hacía de forma ilegal debido a que la calificación de estos terrenos de valor bajo era no urbanizable.

La prensa hacía a menudo eco de las condiciones en las que se vivía en los barrios bajos, como fue el caso del diario La Voz cuando publicó cuatro reportajes entre diciembre de 1923 y enero de 1924 bajo el título genérico de "La voz de la vida miserable" que tuvo cierto impacto debido a que iban acompañados de fotografías, y remarcaban que en el sur de la ciudad vivían 45.000 personas en condiciones miserables donde “parece que la vida ha perdido importancia”.

Durante la década de los años 30 se plantearon varios planes urbanísticos que pretendían estructurar el extrarradio y, como adición, terminar con el problema de la infravivienda; pero debido a la corta duración de la etapa democrática republicana y la posterior Guerra Civil estos planes se aparcaron hasta la llegada de la dictadura. En 1930 se convocó el Concurso para la Ordenación del Extrarradio del cual sobresalió el plan de los arquitectos Secundino Zuazo y Hermann Jansen que incluía cuñas verdes en diversas vías de agua como el Manzanares y el Alboñigal y la prolongación de la Castellana, al que se le añadió durante el Gobierno de Manuel Azaña un plan para terminar con el chabolismo diseñando un anillo de poblados satélite en los municipios limítrofes, separados por las cuñas verdes. En 1939 el presidente del Comité de Reforma de Reconstrucción y Saneamiento de Madrid Julián Besteiro presentó el proyecto de Plan Regional de Madrid (también conocido como Plan Besteiro) en el que apuntaba la necesidad de incorporar al término de Madrid los municipios limítrofes.

1939-1954: posguerra y protagonismo del Estado Durante la crisis económica y humanitaria de la postguerra aumentó considerablemente la inmigración y el número de barracas, especialmente durante la hambruna de la década de los años 40. Esta migración tuvo diversas causas entre las que se encuentran el estado de posguerra y crisis económica que trajo el conflicto, la pérdida de mano de obra debido a la muerte por la guerra o al exilio republicano, la sequía que se produjo en España durante la primera mitad de los años 40 o la política económica autárquica del Gobierno franquista. Con el proceso de migración del campo a la ciudad las áreas metropolitanas de las grandes ciudades fueron totalmente desbordadas, lo que provocó que se generaran problemas de disponibilidad de vivienda, especialmente de vivienda de bajo coste. Las zonas industriales más afectadas por lo que se llamó el gran trauma español fueron las áreas metropolitanas de Madrid, Barcelona, Valencia, Gijón y Bilbao; y en menor medida el resto de capitales de provincia, pero el 65% del total de la masa migrante la acogieron las ciudades de Madrid, Barcelona y Bilbao.

Tras la Guerra Civil en la época de la autarquía, y con una ciudad especialmente devastada tras los tres años de asedio durante la llamada batalla de Madrid, se puso al frente de la reconstrucción y de la gestión urbanística de Madrid a la Dirección General de Regiones Devastadas y Reparaciones, creada en Burgos en 1938. Este organismo creó la Junta de Reconstrucción de Madrid, que junto con la Obra Sindical del Hogar dependiente de la Secretaría General del Movimiento y la recién creada Instituto Nacional de la Vivienda dependiente del Ministerio de Trabajo gestionaron la «zona de influencia de la capital madrileña», cuyos límites no estaban marcados por los municipios circundantes sino que se trazó una circunferencia de 12km. a la redonda como área de jurisdicción. Entre 1947 y 1952 se terminarían anexionando todos los municipios incluidos en esta área.Paralelamente, en 1946 se creó la Comisaría General de Ordenación Urbana de Madrid y sus Alrededores (CGOUM) para desarrollar el Plan General de Ordenación de Madrid (Plan Bidagor) bajo el Ministerio de la Gobernación. Esta Comisaría sería sustituida por la Comisión de Planeamiento y Coordinación del Área Metropolitana (COPLACO) en 1962, y finalmente sus funciones las asumiría la Comunidad de Madrid su la constitución como comunidad autónoma en 1983. La construcción de las viviendas implicó también la financiación a través de una mezcla de fondos de previsión social y de préstamos de la obra social de las cajas de ahorros. Vallecas, unde las zonas detalladas como suburbiales por el Plan Bidagor de 1946, pasó de 19.049 habitantes en 1938 a 60.614 en 1944 experimentando un crecimiento de un 340%.

En 1948, en el boletín oficial de la CGOUM y bajo el título de “Ordenación general del suburbio se describían tres sectores: las Ventas y el arroyo Abroñigal, las zonas que se extendían en la margen derecha del Manzanares, y Vallecas (dos de ellas destinadas a ser cuñas verdes en el Plan Zuazo). En el número 23 del año 1953 de la revista de urbanismo Gran Madrid se describían seis sectores Tetuán, Ventas, Vallecas, Usera, Puente de Toledo y carretera de Extremadura.

El Plan General de Ordenación de Madrid plan de ensanche del urbanista falangista Pedro Bidagor de 1946 (no completado hasta finales de los años 80), tenía como objetivos planificar la ampliación de Madrid, supeditando la actividad del resto de municipios circundantes a su crecimiento, y también de promover la propiedad privada de la vivienda o la mezcla de las clases sociales.