miniatura|derecha|Isaac Chocrón, considerado uno de los mayores representates de la narrativa LGBT venezolana. La literatura LGBT de Venezuela comprende las obras literarias escritas por autores venezolanos que involucren tramas, temáticas o personajes que formen parte o estén relacionados con la diversidad sexual. Históricamente, la literatura venezolana ha tenido entre sus inquietudes centrales la idea de la construcción de nación y la violencia, ambas temáticas abordadas desde un punto de vista tradicional masculino, por lo que la sexualidad, y en particular la diversidad sexual, ha recibido poco interés académico como temas literarios.
Las primeras referencias a la homosexualidad o a interacciones homoeróticas en la literatura venezolana ocurrieron a finales del , en obras como Débora (1884), de Tomás Michelena, o algunas novelas de Manuel Vicente Romero García, aunque en estos casos se trató de referencias menores en tono de mofa. De las primeras décadas del destaca la figura de Teresa de la Parra, escritora lesbiana que, aunque nunca reconoció públicamente su homosexualidad, escribió obras en que académicos contemporáneos han identificado elementos homoeróticos femeninos, como la novela Ifigenia (1924).
Durante la segunda mitad del surgió la figura de Isaac Chocrón, considerado un escritor pionero en la narrativa homosexual masculina venezolana y que produjo un extenso corpus de obras que indagaron temáticas LGBT. Entre ellas se encuentra la pieza teatral La revolución (1971), que, a través de la historia de un hombre homosexual que se siente muy viejo para continuar realizando espectáculos de transformismo, marcó un nuevo momento en la caracterización de personajes LGBT: pasaron de ser caricaturas para generar burla a representar individuos más complejos, con agencia propia. Otra obra emblemática de Chocrón fue la novela Pájaro de mar por tierra (1972), que sigue la historia de un joven bisexual llamado Miguel que emigra a Nueva York en medio del proceso de forjamiento de su identidad, pero que tras explorar su sexualidad termina regresando decepcionado a Venezuela.
Tanto en las obras de esta época de Chocrón como en obras publicadas por otros autores, era común que los personajes LGBT encontraran finales trágicos. También era recurrente que la homosexualidad fuera explorada de forma negativa, por ejemplo en obras de narrativa corta de autores como Ednodio Quintero, Luis Barrera Linares y Alberto Jiménez Ure. Otros autores venezolanos que surgieron durante la segunda mitad del y que escribieron desde la diversidad sexual, son José Balza, Francisco Rivera, Marco Antonio Ettedgui y Boris Izaguirre.
A diferencia de la literatura LGBT masculina y de la producción existente en otros países de la región, el lesbianismo fue un tema poco explorado y estudiado en las letras venezolanas del . Exceptuando las sugerencias homoeróticas en algunas de las obras de Teresa de la Parra de la primera mitad del siglo, tendrían que pasar décadas antes de que escritoras locales como Dinapiera Di Donato y Ana Teresa Torres volvieran a abordar la homosexualidad femenina. En 1991, Di Donato publicó el libro de cuentos Noche con nieve y amantes, considerada la primera obra abiertamente lésbica escrita por una venezolana. Torres, por su lado, publicó en 2001 La favorita del señor, novela notoria en la narrativa erótica.
Aunque la llegada del trajo consigo la publicación de obras con personajes LGBT más complejos retratados en sociedades con menos prejuicios, continuaron siendo comunes las representaciones negativas de la homosexualidad, particularmente en el cuento. Otros autores, como Gisela Kozak, comenzaron a subvertir de forma mucho más directa las concepciones heteronormativas de la sociedad, en obras como Todas las lunas (2011), novela que muestra una sociedad utópica en que los personajes pueden explorar su sexualidad sin miedo a ningún prejuicio. Otros autores contemporáneos que han abordado de forma reiterada la diversidad sexual incluyen, por ejemplo, a Manuel Gerardo Sánchez.
Primeras representaciones Las primeras representaciones de homosexualidad u homoerotismo en la literatura venezolana tienen su origen en la narrativa de finales del . Un ejemplo temprano es Débora (1884), novela de Tomás Michelena de carácter moralista que aborda el adulterio y que contiene escenas de tono homoerótico entre los personajes masculinos que buscan la atención de la protagonista. Otros personajes explícitamente homosexuales aparecen retratados a la vez en algunas obras de Manuel Vicente Romero García de la época. Marcelo, novela escrita por Romero en 1890, presenta a un mesero homosexual que atiende entre ademanes amanerados al protagonista, en una escena que otorga al personaje un carácter ridículo y donde es descrito como «fámulo de voz mujeril y voluptuoso sandungueo». Otra novela de Romero que incluye un personaje homosexual es Peonía (1890).
El abordaje de la diversidad sexual con la intención de generar mofa también está presente en La barba no más (1922), pieza teatral de Leopoldo Ayala Michelena. En la obra, Ayala incluye un peluquero homosexual llamado Serapio con características femeninas exageradas que busca crear un nuevo peinado y que solo atiende a mujeres. El protagonista, un peluquero heterosexual de nombre Caralampio, expresa en la obra su odio contra este amaneramiento, de este modo ejemplificando la mirada de la época hacia la homosexualidad, que era vista con rechazo o como motivo de burla.
En 1924, Teresa de la Parra publicó la novela Ifigenia, que catedráticos han señalado por su posible contenido homoerótico. La sexualidad de la propia De la Parra empezó a ser revaluada décadas después de su fallecimiento por personalidades como Sylvia Molloy, en particular su relación con Lydia Cabrera, quien vivió con ella hasta su muerte y quien habría sido su pareja sentimental. Entre las pruebas de ello, se encuentran los propios diarios originales de De la Parra, en los que contaba que ella y Cabrera dormían en la misma cama.
En Ifigenia, investigadores como Dolores Alcaide Ramírez han señalado elementos de la relación de amistad de María Eugenia, la protagonista de la novela, con los personajes de Cristina y Mercedes que pueden ser leídos como pistas de un amor romántico platónico. En el caso de Cristina, a quien la protagonista conoce durante la adolescencia, las descripciones que realiza la autora están constantemente cargadas de descripciones detalladas sobre su físico e intelecto, que cautivan a María Eugenia y la convierten en ferviente admiradora de su amiga. Esta posible lectura se ve respaldada con la reacción de María Eugenia a la carta en que Cristina le anuncia su matrimonio, que la protagonista toma como una traición y el fin de la intimidad entre ambas.
En el caso de Mercedes, la admiración que ella despierta en María Eugenia es mucho más marcada y explícita, con descripciones que se centran en el efecto que le provoca su perfume, su voz y su físico, que la protagonista describe como «gentil y radiante, como la de una reina». La intensidad de esta reacción es señalada por académicos como Gisela Kozak en fragmentos como el siguiente:
El escritor maracaibero Andrés Mariño Palacio fue otro de los autores que incluyó personajes homosexuales durante la primera mitad del siglo, como por ejemplo en la novela Los alegres desahuciados (1948).
Segunda mitad del La literatura LGBT masculina en Venezuela tiene como punto de inflexión la aparición de la figura de Isaac Chocrón, considerado uno de los mayores dramaturgos nacionales de su tiempo y quien a partir de la segunda mitad del produjo un extenso corpus de obras pioneras en su indagación de distintos aspectos de la homosexualidad en la sociedad de la época. La primera de ellas en centrarse en la homosexualidad como temática principal fue la obra teatral La revolución (1971), que cuenta en dos actos la historia de un hombre homosexual con sobrepeso llamado Gabriel que se siente muy viejo para continuar trabajando en cabarés como drag queen. Durante la obra, Gabriel anuncia el pronto inicio de su espectáculo, que se retrasa de forma reiterada debido a que se haya enfrascado en rememorar escenas de su juventud. Finalmente, Gabriel entra en un altercado con su ayudante que termina en la muerte del primero a causa de una herida de bala. En cuanto a su representación de la homosexualidad, La revolución tiene un puesto primordial por marcar un cambio en cuanto a la caracterización de personajes homosexuales: de ser sujetos en ambientes heterosexuales usados para generar burla en el lector, pasaron a ser personajes más complejos, con una sexualidad activa y agencia propia.
Al año siguiente, Chocrón publicó la novela Pájaro de mar por tierra (1972), considerada su obra de temática LGBT principal. La trama de la novela sigue la historia de Miguel «Micky» Casas, un joven bisexual de diecinueve años que deja su vida en Caracas para forjarse una nueva identidad en Nueva York. En esta ciudad, Miguel pasa por la prostitución, una relación con un hombre llamado Frank y un desencanto general que posteriormente lo llevan a regresar a su tierra de origen, donde se enamora de una enigmática mujer llamada Gloria. Marcado por el desarraigo, Miguel busca constantemente emanciparse para hallarse a sí mismo. No obstante, al igual que en La revolución, al final termina encontrando un final trágico.
miniatura|izquierda|José Balza, autor de Largo (1968)
El desencanto en la vida de personajes de sexualidad diversa en distintos estratos de la sociedad venezolana fue uno de los temas recurrentes de la escritura de José Balza, quien durante las décadas previas al publicó varias obras de temática LGBT. En Largo (1968), Balza incluye una escena de sexo homosexual en que el personaje de Adriano, quien solo podía concebir su deseo por hombres al imaginarse en el rol activo, termina siendo penetrado por otro hombre en un fragmento con lenguaje poético donde el autor expresa que «antes del amanecer, todos los zócalos del sur de la ciudad estaban impregnados con sus caricias». En Medianoche en video: 1/5 (1988), por su lado, cuenta una experiencia en un club sexual en donde la unión de los cuerpos se fusiona con diversas escenas que saltan de una ubicación a otra.
Como se observa en las obras de estos años de Chocrón y en algunos aspectos de las de Balza, la homosexualidad en la narrativa venezolana de la época solía ser representada en contextos trágicos. De acuerdo al académico Steven Bermúdez, era además común la presencia de una visión heteronormada y negativa de la diversidad sexual, lo que se puede apreciar en cuentos como «Volveré con mis perros» (1975), de Ednodio Quintero; «Nunca lloverá» (1985), de Luis Barrera Linares; y «Travestido» (1986), de Alberto Jiménez Ure. El cuento de Quintero narra la historia de un hombre mayor que conoce a un joven en un bar y que, luego de que el segundo se emborracha, aparentemente abusa sexualmente de él, lo que despierta el odio y la sed de venganza del joven. No obstante, la obra a la vez revela una posible orientación sexual diversa en el joven, aunque esta es supuestamente explicada en la costumbre de su madre de vestirlo con ropa femenina de pequeño, lo que, en palabras del narrador, lo habría «deformado». El odio hacia esta sexualidad es luego expresado por el narrador en la escena de la violación en los siguientes términos: