Santa Cándida es una mártir venerada en el Santuario de San Francisco de Paula de Milazzo, en Mesina (Sicilia, Italia).

Historia Reliquias Los restos de Santa Cándida, cuya vida resulta completamente desconocida al tratarse de un corposanto (denominación que reciben los cuerpos de mártires desconocidos de la antigua Roma procedentes de las catacumbas), fueron descubiertos en el cementerio de Santa Ciriaca tal y como consta en la authenticae, documento que certifica la autenticidad de este tipo de reliquias, aportando, entre otros, información relativa a su lugar de extracción:

thumb|Authenticae. De esta carta destaca el hecho de que la misma constituye un modelo preimpreso presidido en la zona superior por el escudo de Pío VI. En el encabezado, bipartito, figura Saverio Cristiani, quien fungía entonces como prefecto del Santuario Apostólico y, por tanto, tenía el cometido de certificar la procedencia y autenticidad de las reliquias, brevemente descritas en la authenticae, indicándose además los requisitos para su veneración. Pese a que en el escrito se indica que la figura se halla «vestida con túnicas de color rojo», actualmente la imagen luce ropajes de color marfil ligeramente rosado, circunstancia que solo se justifica con un cambio de vestuario posterior a la redacción del documento, tal vez motivado por un nuevo reconocimiento de las reliquias y muy probablemente después de la llegada de las mismas al santuario, si bien es posible que en principio se indicase que el cuerpo estaba cubierto con un sudario morado, algo muy habitual en el caso de los mártires, y que después se corrigiese esta afirmación tachándola ya que la frase «vestida con túnicas de color rojo» aparece cortada por una línea.La presencia de esta tachadura evidencia además cierto grado de superficialidad en el proceso de reconocimiento de las reliquias, aspecto común en este tipo de procesos.

La authenticae hace referencia al Decreto de la Sagrada Congregación de Ritos publicado el 11 de agosto de 1691 señalando que la mártir puede ser venerada pero sin oficio ni misa; esto implica que la santa no puede ser celebrada debido a su ausencia en el martirologio, lo que ha provocado la inexistencia de un día para su festejo, problema que en otros casos se solventa honrando al mártir en cuestión el día en que se produjo la traslación de sus reliquias. Por su parte, la fecha proporcionada en el certificado constituye la primera referencia documental sobre la santa y, por consiguiente, el dato más antiguo que se posee sobre ella, siendo a su vez su procedencia del cementerio de Santa Ciriaca la única información fidedigna con la que se cuenta además del vaso con la sangre, prueba inequívoca del martirio.

Confusión De acuerdo con una antigua tradición en Milazzo, los restos venerados en el Santuario de San Francisco de Paula se corresponderían con los de la beata Cándida, monja ligada al eremita napolitano; esta errada creencia, surgida en la década de 1960, fue desmentida durante una conferencia celebrada el 26 de octubre de 2012 por el profesor Salvatore Italiano y el doctor Antonio Di Janni, quienes declararon que el cuerpo conservado en el templo mesinense no pertenecía a la religiosa sino a una mártir de las catacumbas, si bien ya Damiano Grenci había expuesto este hecho el 15 de mayo del mismo año, fundamentando para ello su tesis en la authenticae, fechada a finales del siglo pero no hecha pública hasta 1975 por Vincenzo Messina.Pese a que la confusión fue aclarada en 2012, el periódico Oggi Milazzo ya había hecho público el error en 2006. Para mayor controversia, de la beata Cándida, venerada como tal pese a no haber sido beatificada por la Iglesia católica, apenas se conocen datos más allá de haber sido supuestamente una de las discípulas de San Francisco de Paula; es posible que la religiosa nunca haya existido puesto que en un libro escrito en 1927 por la Postulación General de la Orden de los Mínimos no aparece mencionada, constando únicamente las hermanas Leonti da Milazzo (Angélica, Pelagia y Biagia). Sumado a esto, se afirma erróneamente que el cuerpo conservado en el santuario fue descubierto hacia 1770 pese a que en la authenticae se indica el año 1784 (o 1787 dependiendo de la interpretación de la grafía). Esta aseveración, tal vez fabricada con el fin de afianzar la equívoca identificación de la mártir de las catacumbas con la beata, ha llevado a que numerosas fuentes cometan el error de asimilar los restos de las catacumbas con los de la discípula del eremita:

Además del error de identificar a la mártir de las catacumbas con la beata, casi todos estos autores cometieron otras equivocaciones destacables. Micale atribuye a Cándida el apellido Leonte, muy similar a Leonti, apellido de las hermanas Angélica, Pelagia y Biagia; se desconoce si se trata de un simple error o si Micale pretendía hacerla pasar por una más de las hermanas, de las cuales Angélica es la única que aparece representada en el claustro del Convento de San Francisco de Paula de Grottaglie. Petrungaro, junto con Micale, le asigna también el apellido Leonte además de afirmar ambos que se trata de un cuerpo embalsamado cuando en realidad las reliquias consisten en una estatua de cera en cuyo interior se guardan los restos de la santa. Por su parte, Chillemi comete el mismo error con el apellido, si bien describe de forma acertada el estado del cuerpo de la mártir, mientras que Margarita evita hacer mención al apellido de la santa pese a errar en su identificación.Al igual que Margarita, los otros tres autores mencionan también el relato de la pintura. Teniendo en cuenta que las fuentes que atestiguan la existencia de la beata Cándida datan en su totalidad del siglo y que todas se fundamentan en el cuerpo extraído de las catacumbas, sumado a la nula referencia a la religiosa por parte de la Orden de los Mínimos, lo más probable es que la beata nunca existiese y que su culto surgiese con las reliquias de la mártir, quien nada tiene que ver con la supuesta discípula de San Francisco de Paula más allá del nombre, circunstancia que provocó la confusión al unir estas dos figuras bajo una misma identidad. En lo que respecta al apellido falsamente atribuido a la beata, este error se debe a que en la capilla donde reposan sus restos se encuentran el escudo y varias sepulturas de la familia Leonti; esta asignación carece de sentido puesto que la urna que alberga a la mártir estuvo emplazada en varias zonas distintas del templo y, por lo tanto, próxima a los escudos de otras familias cuyo apellido no fue sin embargo ligado a la santa, asignándosele Leonti tal vez por el hecho de llevar muchos años cerca de las tumbas de esta familia (hay constancia de que el cuerpo se encontraba ya en la capilla a mediados del siglo , época en que se originó la confusión).

Con el fin de dar una explicación al por qué la monja nunca fue beatificada y, por ende, tampoco canonizada, surgieron con el paso del tiempo diversas leyendas destinadas a dilucidar esta cuestión, todas ellas originadas a raíz de la conmoción y el descontento de los habitantes por la no canonización de la monja, hacia quien sentían una profunda devoción. Según la tradición vinculada a la hagiografía de San Francisco de Paula, la venerada como beata solo podría convertirse en santa cuando el cadáver custodiado en el santuario, falsamente considerado como su cuerpo, estirase la pierna derecha, la cual se halla flexionada y casi cruzada sobre la izquierda. Por su parte, otro relato indicaba que para alcanzar la santidad tendría que morir el último descendiente de la religiosa, lo cual daba a entender que sus parientes aún vivían (una variante afirmaba que el sentimiento de orgullo de estos familiares habría supuesto la comisión de uno de los siete pecados capitales, lo que a ojos de los devotos justificaba la demora en la canonización). Finalmente, otra leyenda sostenía que el cuerpo obraría un milagro al elevarse y levitar sobre el colchón en el que reposa, lo que dio lugar a la invención de una historia que afirmaba la necesidad de rellenar continuamente el colchón con el fin de aumentar su volumen y evitar que los fieles pudiesen ver el prodigio.

Descripción Reliquias Las reliquias, reducidas a un esqueleto y fechadas probablemente en la primera mitad del siglo , se encuentran resguardadas en una estatua yacente elaborada en cera; esta figura representa a una joven de rasgos delicados, escasa esbeltez y baja estatura, hallándose acostada sobre un colchón en la usual pose de dormitio. La imagen luce una lujosa túnica confeccionada en seda de damasco en tono marfil con un leve tinte rosa. La prenda se halla profusamente ornamentada con motivos fitomórficos de metal en rojo y piedras semipreciosas y de vidrio soplado de color verde, destacando igualmente perlas naturales y doradas junto con encaje, pasamanería, corales y cenefas en color oro. Sobresale en el corpiño, semioculto por un cordón dorado entrelazado como si de una corona se tratase, un crismón elaborado en metal dorado.

En lo tocante a la figura, el rostro consiste en una máscara la cual, a diferencia del resto de la estatua, está hecha de plástico y policromada para dotar a la imagen de uniformidad, llegando la misma hasta la parte superior del busto, si bien la máscara original, hoy perdida, era de cera y reproducía sus rasgos. La presencia de algunas grietas en la máscara permite ver el cráneo, emergiendo de una fisura en la frente un lazo de algodón. La cabeza se encuentra circundada por una tiara floral y tocada con un velo en azul celeste salpicado de estrellas plateadas de seis puntas y decorado con una cenefa plagada de motivos también plateados, cubriendo esta prenda la totalidad del lado derecho de la estatua y sobresaliendo ligeramente por debajo del lado opuesto. Dos cojines en color rosa palo con ribete y borlas en dorado sirven de almohada, siendo el colchón idéntico en material, color y ornamentos. La elaborada decoración de las prendas no permite apreciar el cuerpo en sí, aunque parece ser que el esqueleto se halla guardado siguiendo un orden anatómico además de encontrarse en un óptimo estado de conservación. Este detalle radica en el buen estado en el que se encuentran los huesos de los pies, resguardados en unas típicas sandalias romanas y protegidos por una tela blanca. El brazo derecho, extendido por encima del torso, sostiene en la mano, cubierta por un guante de malla plateado, una palma achaparrada, tal vez tallada en madera. Por su parte, el brazo izquierdo reposa al lado del cuerpo portando un anillo con una perla en el dedo anular. Se cree que en el antebrazo derecho se custodian, bajo los tegumentos, varios de los huesos más importantes del cuerpo, hallándose la pierna derecha ligeramente flexionada y en parte superpuesta a la izquierda, la cual se muestra relajada y exhibe a la altura de la rodilla, sobre una base circular dorada, decorada a su vez con un brazalete de perlas, un frasco de color rojo coronado por un crismón y adornado con una placa metálica con el lema VAS SANGUINIS.Este tipo de recipientes, también conocidos como lacrimatorium, contienen sangre del mártir en cuestión y solían ser enterrados junto al cadáver como prueba del martirio.