El asedio de Navarino fue un intento de la Liga Santa, liderada por Juan de Austria, de destruir la armada otomana reconstruida tras la batalla de Lepanto. El almirante otomano Uluj Alí, previamente derrotado de nuevo por la Liga Santa en Cerigo, había cobijado sus buques en el golfo de Modona, demasiado bien defendido para que los cristianos pudieran atacarlo. Tras varios intentos de contrarrestar su defensa, incluyendo uno de tomar la cercana fortaleza de Navarino, no hubo éxito, y la flota cristiana tuvo que retirarse con el fin del verano, aunque logrando abatir a un teniente turco de alto nivel, Mahomet Bey, en el proceso.

Trasfondo Después de la escaramuza del canal de Cerigo, donde Marco Antonio Colonna repelió a la flota turca reconstruida tras Lepanto, Juan de Austria y Álvaro de Bazán lograron enlazar con Colonna sin verse molestados por el almirante otomano Uluj Alí. Con ello quedaba la flota de la Liga reunida al completo en Corfú, contando más de doscientas velas y 25.000 hombres, habiendo dejado sólo a Giovanni Andrea Doria con 49 galeras en Sicilia para cubrir las espaldas. Tras discutirse con los capitanes venecianos para reforzar las dotaciones de sus galeras, que sólo permitieron si eran papales y no españoles, Juan envió a Rodrigo de Mendoza con los 45 galeones de la Liga a Zante y zarpó él mismo hacia Cefalonia con las naves de remo, zarpando el 8 de septiembre.

El 12 de septiembre fondeaban en Cefalonia, donde dos galeotes fugados de la armada otomana advirtieron de que Uluj temía combatir directamente debido a la inferioridad artillera de su flota. Tres días después pasaron por Astanfaria, cuyo monasterio había destruido Uluj tras su fuga de Lepanto. Don Juan planeó navegar de noche y sorprender a la flota otomana en Navarino, pero Uluj había seguido rumbo al ser. Las fragatas exploradoras pronto informaron de que Uluj se había refugiado con su flota en Modona y Navarino, donde había quedado muy debilitada a causa de epidemias a bordo. Era así una oportunidad para destruir la nueva armada otomana y conseguir otra victoria comparable a la de Lepanto.

Movimientos previos Los coaligados se dirigieron sigilosamente hacia Sapientza por la noche, planeando bloquear Modona y aislarla de Navarino para así dividir a los turcos, pero un error de rumbo provocó que Uluj se apercibiera y pasaron ambas escuadras a Modona. Sólo Colonna dio alcance a la flota de Navarino y la persiguió un trecho, aunque debiendo retirarse ante cincuenta galeras de la flota de Modona, comandadas por Uluj. A continuación, la flota de la Liga se aproximó en unidad a Modona, por lo que Uluj desplegó toda su armada en orden de batalla, sólo para regresar apresuradamente al puerto cuando la vanguardia cristiana comenzó a bombardear su flota.

Viendo que no podía sacarle de Modona debido a la orografía y las defensas locales, Juan de Austria ordenó hacer base en Sapienza. Al darle la espalda, Uluj salió una vez más con otra cincuentena de galeras intentando atacarles por la retaguardia, pero huyó de nuevo tan pronto como las galeras cristianas dieron la vuelta. Otros enfrentamientos se dieron aquellos días. Uluj intentó capturar varias galeras retrasadas del escuadrón de Giacomo Soranzo, pero Bazán las rescató con su propia escuadra, obligando al turco a retroceder para no verse acorralado. Un combate terrestre sucedió el día 18 mientras hacían aguada en la cercana Corón, donde los arcabuceros católicos repelieron una emboscada de jenízaros.

El veneciano Giacomo Foscarini propuso tomar el promontorio enfrente de Modona, o no pudiendo hacerse, simplemente incursionar en la cala con todas sus fuerzas, incluso ofreciendo encabezar el ataque con su propia galera, razonando que aunque las primeras pocas galeras fueran destruidas, las baterías enemigas acabarían por ser abrumadas. Juan de Austria inmediatamente desechó el plan, considerándolo un suicidio y señalando que unas pocas galeras hundidas en el canal podían obturar el canal y hacer fracasar el proyecto.

Juan de Austria ordenó fondear todos en Navarino, donde estarían mejor aprovisionados y protegidos. Las condiciones de Uluj comenzaban a empeorar, con las epidemias y un temporal perjudicando su posición, pero los cristianos también veían sus operaciones comprometidas al acercarse cada día más el clima de otoño. El 20 de septiembre, Bazán ahuyentó a otra flotilla otomana de treinta galeras, tras lo cual una partida de galeotes fugados y desertores llegó al campamento de la Liga, informando de que Uluj había decidido concentrar sus recursos en treinta galeras y dejar todas las demás varadas, aprovechando sus cañones para fortificar todavía más la entrada a la bahía.

Asedio Ofensiva terrestre El día 20, Juan de Austria envió a veinte galeras a Zante bajo Giovanni Mocenigo para que trajeran a remolque los galeones, cargados con tropas y material de asedio, aunque otro temporal provocó que la travesía tardase seis días. Los almirantes discutieron largamente sobre cómo acometer Modona, decidiéndose atacar con ayuda de una batería flotante similar a la que García de Toledo había inventado en la toma de Mahdía. Se encargó al ingeniero toscano Giuseppe Bonello, construyendo una plataforma parapetada con diez cañones sobre dos galeras, pero el plan se abandonó cuando se consideró que la plataforma resultante sería demasiado impráctica y poco marinera. También se propuso que utilizar toda la artillería de la flota en un bombardeo masivo, que habría abrumado las posiciones otomanas, pero los venecianos y papales se opusieron, no confiando en que sus flotas prevalecieran ante las baterías terrestres.

Los exploradores trajeron a la atención de la Liga el castillo otomano de Navarino, que los venecianos exhortaron a la Liga a tomar para disponer de una base terrestre, advirtiendo que estaría mucho menos defendido que Modona. La noche del 2 de octubre Juan de Austria desembarcó en Navarino un contingente de 5.000 españoles y 3.000 italianos comandados por Alejandro Farnesio, que durante tres días intentaron forzar el castillo, resistente debido a sus defensas naturales y su artillería. Cuando don Juan en persona fue a inspeccionar la posición, ordenó abandonar la operación, llegando a que gastarían más tiempo en tomar la fortaleza de lo que valía obtenerla. El beylerbey otomano de Grecia también llegó con 20.000 soldados de caballería para socorrer la posición, por lo que don Juan ordenó a Farnesio y los suyos volver a embarcar. El clima otoñal llegaba y las provisiones se acababan, por lo que Juan de Austria ordenó finalmente abandonar Navarino y dejar a Uluj Alí lo que parecía camino libre hacia Constantinopla, esperando emboscarle en la mar cuando llegara a salir.

Miguel de Cervantes, que participó en el asedio, describe así el fracaso de la ofensiva terrestre en Don Quijote de La Mancha:

Cervantes exculpa a los comandantes del fracaso de la operación, aunque la descoordinación y la indecisión fueron indudablemente culpables, y Juan de Austria quedó disgustado con el término de la jornada.

Batalla naval El 7 de octubre, aniversario de la batalla de Lepanto, las naves de remo levaron anclas en dirección a Modona con objeto de hacer una última exploración, mientras las naves gruesas zarparon para dirigirse a Zante. Entonces el plan pareció tener algún éxito, ya que una nave procedente de Corfú, española o veneciana según la versión, pasó también ante Modona y atrajo la atención de Uluj, que envió a veinte o veinticinco galeras en su persecución. Al verlo, Juan de Austria mandó formar a la flota y lanzarse hacia Sapienza para interponerse entre las galeras y la tierra, aislándolas así de su base. Uluj Alí salió además de Modona con otras quince galeras, con lo que se trabó una batalla. Don Juan ordenó a Soranzo acorralar a Uluj contra el mar mientras Bazán y Juan de Cardona perseguían a las galeras iniciales, pero Uluj inmediatamente comprendió el desenlace y huyó de vuelta a Modona el primero de su escuadra, movimiento que imitaron sus galeras.

Sin embargo, una gran galera otomana dio la vuelta mientras Bazán la perseguía con su propia galera insignia, La Loba, llevándose a cabo un combate encarnizado entre ambas. La galera turca llevaba 250 soldados y 100 jenízaros, pero Bazán consiguió rendirla al coste de seis muertos y treinta heridos, matando a un centenar de turcos y tomando prisioneros al doble, y liberando a 220 galeotes cristianos. Se descubrió entonces que la comandaba el joven Mahomet Bey, sanjak de Mitilene e hijo de Hasán Bajá de Argel, y por tanto nieto de Jeireddín Barbarroja y yerno de Turgut Reis. Mahomet fue muerto por sus propios galeotes cristianos antes de que Bazán le alcanzase, descuartizado a mordiscos según Cervantes.

Su galera fue incorporada a la flota, y más tarde puesta al servicio de España en Nápoles bajo el nombre de La Presa. Tras el combate, Juan de Austria decidió intentar el último plan que quedaba e irrumpir en el puerto de Modona con toda su flota, como ya se había propuesto, pero esta vez tampoco hubo acuerdo entre los almirantes cristianos. Al final, con la llegada de los temporales, don Juan dio orden de terminar la campaña y zarpar el día siguiente rumbo a las bases cristianas. Por agotar todos los recursos, Juan de Austria liberó a un renegado, Pietro Paolo de Arcuri, para llevar un mensaje a Uluj Alí ofreciéndole grandes beneficios si desertaba de los otomanos, como en su día se había intentado con Barbarroja.

Consecuencias El día 9 llegaron a Zante, donde recobraron las naves, y en Gomenizza se reunieron con tardío refuerzo de trece galeras mandadas por Doria y Gonzalo Fernández de Córdoba, nieto del Gran Capitán. En Corfú se dividieron las flotas, con don Juan llegando a Mesina el 26 de octubre y Colonna continuando hacia Roma. No habiéndose logrado gran cosa pese al gran gasto de recursos, la discordia entre los miembros de la Liga llegó a su máximo punto. Foscarini, que tendría que soportar en Venecia la el fracaso de la operación, acusó a los españoles de sabotearla y a Juan de Austria de estar más interesado en las noticias de la Guerra de Flandes que de lo que ocurría allí. Colonna también estaba descontento con don Juan, y don Juan con él, acusándole de favorecer demasiado a los venecianos.

Se hicieron grandes promesas para el futuro, ya que Don Juan, Colonna y Foscarini habían prometido desenvolverse mejor el año próximo, y el papa Gregorio XIII recomendó incrementar la armada de la Liga Santa. Felipe II comenzó un programa de construcción naval para hacerlo realidad, pero los venecianos no hicieron lo mismo. Poco después Venecia, con constante intermediación francesa merced a la alianza franco-otomana, firmó por su cuenta una paz humillante con el imperio otomano. Aunque Juan de Austria no creía que la paz fuera a durar demasiado, coincidió con Felipe II y el resto de almirantes españoles seguir haciendo la guerra en solitario, esta vez centrándose en el el norte de África, cercano a España. En respuesta a un ataque de Uluj Alí sobre Apulia, lanzaron una campaña contra la Berbería. Bazán había recomendado conquistar Argel, pero don Juan consideraba mejor opción Túnez, y ésta fue la elegida, siendo conquistada sin sangre poco después, aunque retenida por poco tiempo.

Referencias

Bibliografía

Categoría:Historia militar de Grecia Categoría:Batallas de España en el reinado de Felipe II (1556-1598) Categoría:Batallas del Imperio otomano en el siglo XVI Categoría:Historia de Grecia Categoría:Conflictos en 1572 Categoría:Batallas de Grecia Categoría:España en 1572 Categoría:Grecia en el siglo XVI