miniatura|derecha|200px|Plano esquemático de Pontevedra en 1861 según Pedro Alonso, del Cuerpo de Ingenieros del Ejército. El urbanismo de Pontevedra, capital de la provincia española del mismo nombre, se desarrolló conforme a los cambios históricos y territoriales de la ciudad, y en consonancia con otros factores definitorios del espacio público, como la arquitectura, las infraestructuras urbanas y la adecuación y mantenimiento de espacios naturales, parques y jardines. La posición estratégica de la capital, en la confluencia de la ría de Pontevedra con los ríos Lérez, Gafos y Rons, así como el arroyo Valdecorvos, ha influido decisivamente en su desarrollo urbanístico a lo largo de la historia.

Origen de la ciudad miniatura|derecha|Puente del Burgo. El origen de la ciudad se remonta a la época romana, cuando existía un núcleo urbano primitivo conocido como Turoqua (Torre sobre el agua), situado en la Vía XIX, cerca del antiguo puente romano que cruzaba el río Lérez.• Asimismo, el actual barrio de Mollavao tuvo su origen como zona portuaria en el Imperio romano, sirviendo como antepuerto de Pontevedra.

Este asentamiento urbano inicial de Turoqua, vital en su tiempo, dejó de ser relevante tras la caída del Imperio romano, y las noticias sobre Pontevedra no están documentadas durante varios siglos.

En el se reactivó la actividad de la zona, con barcos y galeras navegando por la ría de Pontevedra. Sin embargo, no fue hasta el cuando se tuvieron referencias documentales que describen la estructura emergente del asentamiento actual. En este período, el antiguo puente romano, que había sobrevivido en estado de deterioro, finalmente fue reemplazado por una nueva construcción medieval, el actual puente del Burgo. Este puente renovado marcó un momento decisivo en el desarrollo de la ciudad, simbolizando el inicio de su evolución hacia el asentamiento urbano de hoy en día.

La ciudad medieval Orígenes de la villa medieval En el , Pontevedra, entonces conocida como Ponte Veteri, comenzó a forjar su identidad urbana a partir de la concesión de su primer fuero. La ubicación estratégica de la villa, situada en un promontorio rodeado por los ríos Lérez y Tomeza, desempeñó un papel crucial en su desarrollo. Este espolón, con una amplia plataforma aplanada en su cima, ofrecía una defensa natural y una posición privilegiada en la Depresión Meridiana, especialmente significativa en el contexto de las constantes luchas fronterizas con el Portugal de Alfonso Henríquez.

La concesión del Fuero de Pontevedra en 1169 fue un hito decisivo. Este fuero no solo elevó a Ponte Veteri a la categoría de villa, sino que también le otorgó importantes libertades y exenciones fiscales.• • Estas ventajas legales impulsaron su crecimiento y fomentaron el aumento de la actividad comercial, posicionando a Pontevedra como un puerto de escala clave en las rutas que conectaban el Atlántico con el Mediterráneo.

Estructura urbana y funcionalidad En la Pontevedra medieval, la ciudad se organizaba en dos áreas urbanas distintas con funciones bien definidas: la villa amurallada y el arrabal marinero de A Moureira. miniatura|derecha|160px|Calle Isabel II. La Villa Amurallada: Este núcleo central, inicialmente asentado sobre un montículo dominado por la primitiva iglesia románica de Santa María, se convirtió en el corazón comercial y artesanal de la ciudad, además de cumplir funciones defensivas. La disposición de sus calles y edificios reflejaba un diseño estratégico, con la villa estructurada en torno a dos colinas dominantes. En una de ellas se erigía la antigua iglesia de Santa María, predecesora de la actual basílica, mientras que la otra albergaba la iglesia de San Francisco. El trazado de la villa seguía el patrón característico de las ciudades medievales, con dos calles principales que se corresponden con las actuales Isabel II y Sarmiento, y una red de calles secundarias paralelas que configuraban un plano urbano en espina de pez. miniatura|izquierda|Casas en A Moureira. El Arrabal de A Moureira: Esta zona, situada a lo largo del río Lérez y extendiéndose desde las proximidades del puente del Burgo hasta la desembocadura del río Gafos, era el centro de las actividades pesqueras y de salazón. A Moureira estaba separada de la villa amurallada y desempeñaba un papel crucial en la economía local, enfocándose en la producción y comercialización de pescado. Ambos sectores, con sus funciones específicas y su disposición urbanística, reflejaban la complejidad y la importancia de Pontevedra en la Edad Media.

Privilegios reales y expansión La lealtad de Pontevedra hacia los monarcas de León y posteriormente de Castilla fue recompensada con una serie de privilegios que impulsaron significativamente el crecimiento y la vitalidad de la ciudad, consolidando su papel como un puerto próspero, centrado en el arrabal de A Moureira. Por otra parte, el actual barrio de Mollavao, primer antepuerto de Pontevedra, ya es citado como Mollia Vada (muelle de descarga), en un documento de 1220.

En 1229, Alfonso IX concedió a Pontevedra el derecho exclusivo para la cura y distribución del pescado en todo el Reino, estableciendo así una base sólida para su industria pesquera. Posteriormente, en 1238, Fernando III otorgó a la ciudad el privilegio de fabricar grasa de saín, aumentando aún más su influencia económica. En 1452, Juan II elevó su estatus al concederle el título de puerto de carga y descarga de Galicia, mientras que Enrique IV autorizó el establecimiento de una Feria Franca anual de 30 días, que atrajo más comercio a la ciudad.

Estos privilegios marcaron el inicio de un período de esplendor urbano que perduró hasta el . Durante esta época de auge, la ciudad experimentó dos ampliaciones de su muralla, adaptándose a su creciente importancia comercial y demográfica. Este reconocimiento real no solo subrayó la importancia estratégica de Pontevedra, sino que también catalizó su desarrollo y consolidación como un importante centro urbano.

Desarrollo medieval de la trama urbana miniatura|derecha|190px|Calle Don Gonzalo. En el , el plano de la ciudad correspondía a una ciudad-bastida con un trazado ortogonal planificado en la zona más occidental del actual centro histórico, organizada en torno a tres calles paralelas (Platería Vieja, Amargura-San Martiño y Alta-Sor Lucía) y una transversal central, correspondiente al tramo alto de la calle Isabel II. El progresivo auge económico y la consiguiente presión demográfica se materializaron hacia 1250 con la primera expansión del recinto fortificado. El nuevo trazado circular, con un entramado de calles radiocéntrico a partir de la plaza de las Cinco Calles, descendía hasta el puerto y llegaba hasta la calle Don Gonzalo por el este y hasta la calle del Comercio por el sur. En las proximidades de esta calle se situaba la iglesia de San Bartolomé Viejo.

En la Pontevedra medieval, la mayoría de las viviendas eran de tamaño modesto, con una o dos plantas, situadas en calles angostas. Estas casas, construidas principalmente con madera, barro, teja y hierro, reflejaban la simplicidad de la arquitectura popular de la época. La piedra, por otro lado, se reservaba exclusivamente para las residencias de la clase burguesa, que eran más ostentosas.

Órdenes mendicantes y nuevas ampliaciones de la muralla A finales del , el crecimiento económico y demográfico de Pontevedra se hizo evidente con la llegada de tres órdenes mendicantes: los dominicos, las clarisas y los franciscanos. Estas comunidades religiosas se establecieron alrededor de la muralla, lo que evidenció la prosperidad y la expansión de la ciudad en ese período.

Entre 1300 y 1325, la necesidad de reforzar la defensa de la ciudad y de gestionar los ingresos fiscales, llevó a la construcción de una nueva muralla que rodeaba el burgo en expansión. Este nuevo recinto amurallado se extendía desde las proximidades del convento de San Francisco, recorriendo la calle Pasantería y la plaza de la Herrería, hasta llegar a la actual calle Michelena. miniatura|derecha|190px|Paño de la muralla de Pontevedra. Las principales puertas de esta muralla, diseñadas para controlar el acceso a la ciudad, incluían las de Santa María, Santo Domingo, Trabancas y Rocheforte. Estas entradas estaban estratégicamente situadas frente a los caminos principales que conectaban la villa con las áreas circundantes, garantizando así un control efectivo sobre el tránsito y la seguridad de la ciudad.

A partir de 1450, se emprendió la tercera y última ampliación de la muralla de la ciudad. Esta expansión fue impulsada por la creciente necesidad de fortificaciones más robustas debido a la creciente amenaza de la nobleza y la demanda de un espacio adecuado para la Feria Franca. La nueva muralla, que se completó alrededor de 1480, definió el perímetro de la ciudad durante siglos y configuró lo que hoy se conoce como el centro histórico. Este recinto fortificado se mantuvo esencialmente intacto hasta su demolición en el , marcando una importante etapa en la evolución urbana de Pontevedra.

Plazas y otros espacios urbanos miniatura|izquierda|Plaza de la Verdura, antigua plaza de la Feria Vieja. La sinuosidad y estrechez de las calles de la villa medieval de Pontevedra se vieron aligerados con la incorporación de tres plazas clave. La actual plaza de la Verdura, documentada desde 1330 como lugar de la Feria, la plaza de Méndez Núñez, surgida durante la segunda extensión de las murallas en el , y la plaza de las Cinco Calles, tuvieron un papel determinante en la reorganización del espacio urbano. Estas plazas no solo proporcionaron puntos de referencia y áreas abiertas, sino que también facilitaron la circulación en una red de calles secundarias dispuestas en un patrón de espina de pez que conectaban con el eje principal formado por las actuales calles Isabel II y Sarmiento. Otras plazas, como Teucro, Leña y Pedreira, situadas a lo largo de estas calles, estaban rodeadas por pazos y casas con soportales, desempeñando una función esencial en la configuración de la vida social y la organización del tejido urbano de la villa.

Durante la Edad Media, también emergió el primer asentamiento en lo que hoy es el barrio de O Burgo. El Burgo Pequeño, el primero de los tres arrabales que se desarrollarían en la ciudad, surgió con la ermita de San Jacobo o Santiago del Burgo como su núcleo. Aunque de tamaño reducido, este nuevo asentamiento hizo que el puente del Burgo se convirtiera en un enlace vital entre la ciudad y el barrio, aumentando el perímetro urbano de Pontevedra.

La ciudad en la Edad Moderna Crecimiento y renovación urbana en el Durante el , la ciudad experimentó un notable crecimiento reflejado en numerosas iniciativas urbanísticas y nuevas construcciones. Se llevaron a cabo restauraciones y reformas en edificios, calles, plazas, murallas, muelles, hospitales y templos. Surgieron nuevas edificaciones como la antigua casa consistorial, el edificio judicial de los alcaldes, la alhóndiga, la carnicería, así como la traída de aguas y las fuentes de la Herrería y Santo Domingo, junto con un incipiente sistema de alcantarillado. Entre las edificaciones religiosas y asistenciales destacaban la capilla de Nuestra Señora del Camino, la iglesia de San Bartolomé el Viejo y el hospital de San Juan de Dios. La basílica de Santa María la Mayor, construida por el Gremio de Mareantes, fue la obra cumbre del siglo en Pontevedra, actuando urbanísticamente como nexo de unión entre las dos partes de la ciudad (el centro histórico y A Moureira). Por otra parte, en 1595 ya se describía el actual barrio de Mollavao en el primer plano de la ciudad, conservado en el Archivo General de Simancas, como lugar notable de la ría de Pontevedra. miniatura|derecha|160px|Fuente de la Herrería.

Obras públicas y trazado urbano