Tametsi futura prospicientibus, en español, Aunque las perspectivas del futuro, es la septuagésima sexta encíclica del papa León XIII, escrita el 1 de noviembre de 1900, cuando se aproxima la clausura del año santo, convocado por el papa para 1900; en ella trata de Cristo redentor, continuando así el mensaje de su encíclica Annum sacrum sobre la consagración del género humano al Sagrado Corazón.

Contexto histórico El 11 de mayo de 1899, mediante la bula Properante ad Exitum Saeculo,ASS, vol. XXXI, pp. 641-646. León XIII proclamó el Año Santo Universal para 1900. Era la primera vez que volvería a celebrarse este jubileo tras la unificación de Italia, y por tanto recluido el papa en el Vaticano, ya que en 1875 Pío IX, estando tan próxima la toma de Roma, no consideró oportuno celebrar ese año santo.

Ya iniciado el año santo, el 25 de mayo, León XIII, publicó la encíclica Annun sacrum, en la que anuncia la consagración del género humano al Sagrado Corazón, como un reconocimiento del reinado de Cristo. En esta nueva encíclica, escrita cuando faltan solo unas semanas para la clausura del año santo prevista para el 25 de diciembre, completa esas enseñanzas, tratando de la Redención obrada por Jesús, de este modo amplía el significado del reinado de Cristo,

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Entre esos indicios de renovación espiritual, la encíclica se refiere a la respuesta de los fieles al Año Santo convocado y que pronto sería clausurado: multitudes de católicos, tanto italianos como de otras países, han acudido a Roma respondiendo a la invitación del papa, mostrando así su veneración a Nuestro Salvador.

Defender y propagar el Reino del Hijo de Dios Estas circunstancias llevan al papa a recordar que el principal deber de la Iglesia consiste precisamente en defender y propagar el Reino de Dios. Esto supone en esos momentos difundir cada vez mejor el amor de Jesucristo y el valor de su Redención, pues .

El papa recuerda los frutos que produjo la Redención de Cristo desde el primer momento, cómo hizo revivir en los hombres la conciencia de la dignidad humana, la difusión de la fraternidad universal, se ejercitaron virtudes inimaginables en la filosofía pagana, los objetivos, la vida y los hábito de los hombres recibieron una nueva dirección; un cambio en el mundo se extendió con la civilización cristiana. Estos recuerdos muestran la gratitud que debemos a nuestro Divino Salvador, y que los que lo abandonan se hacen culpables de su propia ruina.

El papa recuerda que

A partir de este punto, la encíclica expone las consecuencias que llevan consigo la eliminación de cada una de estas tres condiciones.

Cristo el camino Recuerda la encíclica que Dios es el único fin del hombre y Cristo el camino para alcanzar ese fin; para ello nos dejó los preceptos de su ley. Pero, aunque por la gracia de Nuestro Señor la naturaleza ha sido regenerada, queda aún en los individuos una tendencia al mal, a seguir lo placentero en lugar de la ley de Cristo. Es necesario, por tanto, esforzarse para resistir esas inclinaciones; por lo demás Cristo no ha prometido la bienaventuranza del cielo en las riquezas, ni en la vida cómoda, o en los honores y el poder, sino en el amor a la justicia y a la limpieza del corazón. Por el contrario, Cristo junto con los preceptos naturales y la Ley Antigua, perfeccionada y sanada, nos ha dejado su doctrina y su Iglesia.

Desviarse de ese camino conduce a los hombres a la ruina, y del mismo modo sucede con las naciones. La ley debe prevalecer en la sociedad humanas y ser guía tanto de la vida pública como de la privada.

Cristo la verdad Lo mismo que desviarse del Camino lleva a la ruina espiritual, lo mismo sucede si se abandona la verdad de Cristo. Por supuesto hay muchos y amplios campos del conocimiento en los que la mente humana puede libremente investigar y especular, y esta actividad es una necesidad de la naturaleza humana. Pero la mente humana debe respetar sus límites. La enseñanzas de Cristo, de las que depende nuestra salvación, abarca muchos temas que no son ciertamente contrarios a la razón, pero que no podríamos alcanzar con nuestro pensamiento. Rechazar el dogma supondría negar el cristianismo.

Por esto, en la vida de un cristiano, el intelecto debe quedar sometido a la autoridad Dios, de mismo modo que queda sometida la voluntad. Aquellos cuyo intelecto rechaza el yugo de Cristo luchan obstinadamente contra Dios, no son más libres por desprenderse de la autoridad de Dios; por el contrario caerán bajo algún dominio humano, elegirán a alguien a quien escuchará y seguirá como un guía.

Cristo la vida Si Cristo, como enseña el prólogo del evangelio de San Juan, es origen de toda la vida natural, también lo es de la vida sobrenatural Cristo preserva y alimenta la vida moral mediante el ministerio de su Iglesia. El intento de establecer una moral separada de la fe está condenado al fracaso.

Solo cuando se permita que el espíritu cristiano reviva, esa nación quedará sanada: la lucha de clases se extinguirá, se respetarán los derechos mutuos, la vida doméstica quedará fortalecida y la ley natural será respetada. Se trata de restaurar la vida de Cristo, de modo toda la sociedad se alimente de esa vida. Es la ignorancia, más que la mala voluntad, lo que mantiene a las multitudes alejadas de Cristo. El papa convoca a todos los cristianos para que se esfuercen en mostrar y dar a conocer a Cristo redentor, su caridad y su misericordia. Véase también

León XIII Encíclicas de León XIII Año Santo Redención

Referencias

Categoría:Encíclicas de León XIII del siglo XIX Categoría:Cristología Categoría:Jubileo