La resiliencia o entereza es la capacidad para adaptarse a las situaciones adversas con resultados positivos. Sin embargo, el concepto ha experimentado cambios importantes desde la década de los sesenta. En un principio se interpretó como una condición innata, luego se enfocó en los factores no solo individuales, sino también familiares y comunitarios, actualmente en los culturales. Los investigadores del entienden la resiliencia como un proceso comunitario y cultural, que responde a tres modelos que la explican: un modelo «compensatorio», otro de «protección» y por último uno de «desafío». Asimismo, la resiliencia es la capacidad de tener éxito de modo aceptable para la sociedad a pesar de un estrés o de una adversidad que implica normalmente un grave riesgo de resultados negativos.Cyrulnik, B. (2010). La resiliencia: estado de la cuestión. La resiliencia: resistir y rehacerse. Editorial Gedisa. pp.17-27. También se define como un proceso de competitividad donde la persona debe adaptarse positivamente a las situaciones adversas.

Etimología Resiliencia viene del término en latín resilio, «volver atrás, volver de un salto, resaltar, rebotar». El término se adaptó al uso en psicología y otras ciencias sociales para referirse a las personas que, a pesar de sufrir situaciones estresantes, no son afectadas psicológicamente por ellas.

La palabra resiliencia, en cuanto a la física y la química, designa la capacidad de cualquier material para recuperar su forma inicial después de que se ejerce una fuerza que lo deforma.

Historia El término resiliencia se ha utilizado de formas diversas. Entre los psicólogos se refiere a tres usos generales del término resiliencia: buen desarrollo a pesar de alto riesgo social; mantenimiento de las competencias pese al estrés continuo; y recuperación después del trauma.

Emily Hunter (1999) conceptualiza la resiliencia como un continuo entre dos polos: «resiliencia menos que óptima» y «resiliencia óptima». En el caso de adolescentes sometidos a riesgo psicosocial que responden en forma menos que óptima, este tipo de respuesta incluye «tácticas violentas de supervivencia, comportamientos de alto riesgo y abandono social y emocional», y el pronóstico más probable es que sean adultos mal adaptados.

Michael Rutter, entre 1999 y 2000, definió la resiliencia como la resistencia relativa al riesgo psicosocial, sin esperar necesariamente un resultado positivo, sino más bien enfocado en la forma o proceso en que la persona afronta el riesgo. Rutter desarrolló sus estudios a partir de tres áreas de investigación: el estudio de poblaciones de alto riesgo, como la de los hijos de padres con enfermedades mentales; los estudios sobre temperamento realizados en la década de los 60 y el estudio de las diferencias a nivel individual para enfrentarse a las distintas situaciones de vida.

Suniya Luthar, entre los años 2000 y 2006, definió la resiliencia como una adaptación positiva pese a la adversidad, enfatizando los dos elementos que la constituyen: la adversidad significativa y la adaptación positiva, lo cual lleva a la conclusión de que la resiliencia solo se mide indirectamente a través de estos elementos. Esta idea es compartida por varios investigadores.

El psiquiatra y psicoanalista Boris Cyrulnik divulgó este concepto que había extraído de los escritos de John Bowlby. Es un término que se toma de la resistencia de los materiales que se doblan sin romperse para recuperar la situación o forma original. Por ejemplo, un arco que se dobla para lanzar una flecha o los juncos bajo la fuerza del viento. Cuando un sujeto o grupo es capaz de hacerlo, se dice que tiene una resiliencia adecuada y puede sobreponerse a contratiempos o incluso resultar fortalecido por estos. Actualmente, la resiliencia se aborda desde la psicología positiva, la cual se centra en las capacidades, valores y atributos positivos de los seres humanos, y no en sus debilidades y patologías, como lo hace la psicología tradicional. El concepto de resiliencia se corresponde aproximadamente con el término «entereza».Según el diccionario de la RAE, acepción de 3.ª, «entereza» es ‘fortaleza, constancia y firmeza de ánimo’. Es superar algo y salir fortalecido y mejor que antes.

La resiliencia es la capacidad de afrontar la adversidad. Desde la neurociencia, se considera que las personas más resilientes tienen mayor equilibrio emocional frente a las situaciones de estrés, soportando mejor la presión. Esto les permite una sensación de control ante los acontecimientos y mayor capacidad para enfrontarse a retos (Instituto Español de Resiliencia).

Esa capacidad de resistencia se prueba en situaciones de estrés, como, por ejemplo, el debido a la pérdida inesperada de un ser querido, al maltrato o abuso psíquico o físico, a las prolongadas enfermedades temporales, al abandono afectivo, al fracaso, a las catástrofes naturales y a las pobrezas extremas.

Podría decirse que la resiliencia es la capacidad de sobreponerse a un estímulo adverso más allá de lo que permite la entereza. Dicho de otro modo, "un proceso dinámico que tiene como resultado la adaptación positiva en un contexto de gran adversidad" y, por consiguiente, veamos cada término que integra este concepto como, por ejemplo:

Adversidad: hace referencia a que el individuo logre una adaptación positiva a pesar de estar o haber pasado por una situación de adversidad (vivir en la pobreza).

Adaptación positiva: hace referencia a que el individuo llega alcanzar expectativas sociales asociadas a una etapa de desarrollo y cuando en esta etapa no ha tenido signos de desajustes.

Proceso dinámico: Hace referencia a la interacción dinámica entre múltiples factores de riesgo y factores resilientes, los cuales pueden ser familiares, bioquímicos, fisiológicos, cognitivos, afectivos, biográficos, socioeconómicos, sociales y/o culturales.

Procesos resilientes: Gracias a la experiencia y el aprendizaje de las personas hemos podido ver y experimentar el cambio de la palabra resiliencia a procesos resilientes. Esto se debe a que no es considerada como capacidad, sino como proceso que engloba multitud de factores. Cuando una persona está pasando por una situación extrema o delicada en la que influyen: área familiar, económica, social, y, cómo no, personal. Es por esto que nunca hablamos de la capacidad de una persona, sino de una consecución de sucesos en la cual intervienen varias personas y elementos para conseguir salir reforzado de esa situación y, por lo tanto, aprender de ello. Cuando esto sucede, se puede decir que esa persona ha llevado a cabo un proceso resiliente.

La resiliencia es un término que se construyó para definir o caracterizar a personas que, a pesar de haber tenido o vivir experiencias negativas en la vida, han logrado sobreponerse e incluso sobresalir de su condición, creándose y desarrollándose en un ambiente positivo, contrario al propósito que se podía pensar hubieran tenido ante la situación adversa.

Características de una persona resiliente El interés sobre la resiliencia en el campo de la Psicología se debe a diversos estudios de corte longitudinal que, a lo largo de varias décadas, ha demostrado que algunos niños y jóvenes, que se han enfrentado a circunstancias extremas o traumáticas, no desarrollan problemas mentales, drogadicción o conductas criminales cuando llegan a ser adultos. Cada persona tiene un nivel distinto de resiliencia, desde alto hasta bajo.

Identifican la situación: Se genera una expectativa de que toda persona optimista pueda superar las dificultades. El optimismo sistemático sólo conduce a continuos choques de situación.

Aciertan con sentido: Las personas resilientes deben contar con una misión, visión y valor, esta última con sentido común para ofrecer maneras de interpretar y encauzar los acontecimientos.

Organizan con estrategias: Saber hacer el máximo con lo que se tiene a mano. Ver posibilidades donde los demás sólo ven confusión. Ahora bien, la improvisación más efectiva es la que se elabora sobre la base de unas normas y unas rutinas sólidamente fijadas.

Resiliencia Educativa La escuela es un órgano privilegiado para la construcción de resiliencia ya que en ella se desarrollan no solo procesos de aprendizaje sino procesos más complejos de socialización y desarrollo subjetivo. Para generar sujetos capaces de desenvolverse en su mundo con respuestas saludables, es necesario construir resiliencia. Y en esta construcción, los docentes son agentes privilegiados que pueden oficiar como tutores y guías de la resiliencia de sus alumnos.

La resiliencia es una novedosa perspectiva sobre el desarrollo humano, contraria al determinismo genético y al determinismo social, que explica esa cualidad humana universal que está en todo tipo de personas y en todas las situaciones difíciles y contextos desfavorecidos que permite hacer frente a las adversidades y salir fortalecido de las experiencias negativas (Vanistaendel, 2002).

Lógicamente y como no podía ser de otro modo, los principales escenarios en los cuales se desarrolla la resiliencia coinciden con las instituciones principales de socialización: familia y escuela. En ambos escenarios, los dos de interés para el área de intervención psicopedagógica, se encuentran algunos de los factores de protección y conveniente desarrollo de la capacidad de resiliencia (Theis, 2003; Cyrulnick, 2002). El niño, ante situaciones traumáticas, además de sus propios recursos (C.I. elevado, capacidad de planificación competencias relacionales, alta autoestima…) que pueden y deben potenciarse en los ámbitos familiar y escolar, debería disponer de otros “mecanismos protectores” (Theis, 2003: 55) que favorecerán su capacidad de resiliencia:

• una buena relación con al menos uno de los padres o miembros de la familia más próxima

• apoyo social fuera de la familia, proporcionado por un vecino o un profesor.

La resiliencia también suele estar incluida entre las habilidades suaves (soft skills) más deseables en el ámbito laboral. En especial, algunos de sus pilares, como la prospectiva y el sostén recíproco (Vázquez, S.G, 2008; 2018).

Educación sobre el cambio climático

Ciudadanía verde

Resiliencia social Desde una perspectiva sociológica, la resiliencia se entiende como una serie de conductas o dinámicas adoptadas por grupos sociales para sobreponerse a los efectos nocivos de cualquier adversidad, así como la capacidad de encontrar recuperación tras haber sufrido experiencias notablemente traumáticas. El concepto está asociado a Victor Frankl, médico austriaco autor del libro El hombre en busca de sentido (1946). En el compilatorio, Frankl reflexiona sobre su tiempo como prisionero del ejército nazi y cómo él y el resto de los integrantes de los campos de concentración encontraron motivos de esperanza en el acompañamiento comunitario. miniaturadeimagen|Victor Frankl. Tenemos que dejar de hacernos preguntas sobre el significado de la vida, y en vez de ello, pensar en nosotros como en seres a quienes la vida les inquiriera continua e incesantemente. Nuestra contestación no debe ser en palabras, sino que debe ser una conducta y una situación rectas. (Frankl, 1946)Frankl, quien contribuyó al desarrollo de la logoterapia, se ha convertido en una de las principales referencias en el uso de la resiliencia como paradigma en contextos sociales de emergencia, como desastres naturales, crisis económicas y violaciones sistemáticas a los derechos humanos. Durante la pandemia de COVID-19, el concepto fue adoptado por gobiernos e instituciones privadas como un llamado a resistir las incertidumbres propias de la emergencia sanitaria global. Algunos de los logros más significativos de la adaptación a las condiciones de vida emergentes incluyen la consolidación del teletrabajo y la educación a distancia, el desarrollo de las economías digitales y la disminución de algunas enfermedades infecciosas.

Críticas a la resiliencia