miniaturadeimagen|Representación plana de los símbolos en el exterior de una Cocina de Brujo de los Chonos que simboliza una Poza de Catequil La mitología de Ecuador son el conjunto de historias míticas que se desarrollaron en este país durante la época preincáica con sus sucesivos sincretismos posteriores ya sea entre los distintos señoríos étnicos de Ecuador, así como los que resultaron producto del encuentro entre la cultura cayapa con los cimarrones durante el Reino Zambo de Esmeraldas.
Narra mitos cosmogónicos como el de los matutatas (ancestros) que llegan al mar en el origen de los tiempos (in illo tempore). También cuenta los mitos sobre inundaciones de los ríos y diluvios causados por serpientes como la Pini. Destaca además importantes ritos astronómicos en las montañas como el de Jatequillá y ritos sociales que relacionan la comunidad con los árboles como el Achiote y Wituk. Por último narra los mitos relacionados con la diosa Umiña, deidad la salud y el mar, responsables de desastres naturales y el fin del mundo.
Se incluye además las reconstrucción mítica de las culturas de la costa como la Jama Coaque y Tolita, destacando su cercanía con la mitología mesoamericana y también la mitología de los pueblos afroecuatorianos que surge del sincretismo de sus creencias ancestrales bantú con la cosmovisión de los indígenas Cayapa y Tsáchila. Por último se recoge una lista de leyendas, que no son consideradas míticas sino solo parte del folclore de Ecuador, pero que tienen popularidad en dicho país.
Mitología durante el desarrollo regional
Esta mitología se desarrolló durante los periodos 300 a. C. - 800 d. C. Se caracteriza por haberse reconstruido a partir de análisis semióticos de la cerámica de las culturas que habitaron en este periodo. En específico las culturas de la costa tenían una cerámica muy adornada y cargada de símbolos en especial Jama Coaque y la Tolita. A partir de esto, más los conocimientos arqueológicos se han logrado reconstruir las deidades, criaturas fantásticas y principales ritos.
Deidades Sobre la cultura Jama Coaque encontramos las siguientes deidades: miniaturadeimagen|Jama o reptil femenino, muchas veces interpretado como una iguana, con una vasija ceremonial atrás
Jama o la iguana: principal divinidad que habitaba la tierra en esta cultura se encontraba en la tierra, o el mundo intermedio entre el cielo y el inframundo. Murciélago: Esta deidad habitaba el cielo nocturno y el agua del inframundo. Se caracteriza por tener ojos gigantes y redondos, carece de nariz, su boca tiene colmillos y una lengua colgante. Se cree que esta divinidad era compartida por Mesoamérica y en la cultura Zapoteca y cultura Mixteca correspondería al dios Cocijo, relacionado con la lluvia. En lenguas barbacoanas se lo llamaba shupa y era común relacionarlo con palabras como "su'panu", "aa'shupa", "chii shupa". Dios de la muerte: Se caracteriza por habitar el inframundo y es por lo general representado con una cabeza con una figura mítica que parece una calavera con ojos redondos y hundidos, ausencia de nariz y labios mostrando dientes. Aunque no se conoce mucho a profundidad las caratcterísticas de esta deidad, en relación con el resto de deidades Jama Coaque, se cree que podría estar relacionado con el dios Mictlatecutli, dios de la muerte de los Aztecas.
Seres míticos A esto se suman los siguientes seres míticos: miniaturadeimagen|Dragón de la lluvia, relacionado con Coatlicue
Dragón de la lluvia: Tiene como base biológica el reptil y felino, su boca está entreabierta y se remarcan comillos. Su lengua es bífida como un reptil, su nariz está dividida en la mitad y rizada, por lo que hace una vuelta hacia atrás. A diferencia del murciélago, deidad de la lluvia identificada con Cocijo, el dragón se relaciona más bien con Coatlicue Monstruo cornado: Es un animal que usa poncho, tiene hocico cuadrangular, ojos antropomorfos, una nariz puntiaguda, boca con colmillos y lengua colgante. Se cree que es un ser mensajero que acompaña del dios murciélago. Generalmente no tiene brazos pero si unas pequeñas patas que se muestran en los extremos del poncho. Ave arpía: Este ser mítico combina una cabeza de mujer con el cuerpo y alas de un ave. Es un personaje que se encuentra siempre alado ya sea con sus alas extendidas o recogidas. Ave del amanecer: Esta deidad conocida frecuentemente en Mesoamérica como Coxcoxtli, es representada frecuentemente en sellos de México. Su cabeza es frecuentemente representada también en la cultura Tolita. Se caracteriza por la presencia de cresta de plumas sobre la cabeza, un pico grueso y con forma corta y curvada. Cabeza de mono: ser mítico que representa el viento y es común encontrarlas en culturas que están volcadas al mar y la navegación. Debido a que en las costas de Ecuador los vientos alisios soplan sin muchas variaciones y de vez en cuando el Fenómeno de El Niño golpea la costa trayendo consigo mucha lluvia, es probable que haya incentivado el surgimiento de estas deidades. Zarigüeya: conocido como monstruo lunar o zarigüeya, tiene cuatro patas, apéndice saliente, hocico cuadrado, largas garras. Se encuentra en la Cultura Tolita, en restos funerarios. En la Cultura Jama Coaque tiene al coatí como su alter ego.
Esta mitología se caracteriza por la influencia importante de la mitología mesoamericana, a partir de la cual se pueden trazar los siguientes paralelismos:
Deidad Jama con Itzamná: iguana mitológica origen de la estirpe de la cultura. Deidad murciélago con Tláloc o Cocijo: dios de la lluvia era considerado el dios del rayo y de la fertilidad. Dios de la muerte con Mictlatecutli: habita el inframundo y era invocado por el shaman-sacerdote durante los sacrificios. Dragón de la lluvia con Coatlicue: divinidad relacionada con la lluvia y el mar.
Mitología en los señoríos étnicos
Mitos principales miniaturadeimagen|340x340px|Mapa de las lenguas originarias de Ecuador que incluye lenguas muertas y vivas, clasificadas y no clasificadas. Esta mitología se desarrolló desde el final del periodo de Desarrollo Regional hasta la conquista española, es decir desde el 800 d. C. hasta el 1530 d. C. conocido como Periodo de Integración o de los Señoríos Étnicos. Corresponde a un periodo posterior en donde las deidades cobran más relación con el territorio (es decir se vuelven más locales) y expresan las distintas relaciones que existían entre los señoríos. Además de esto, la mitología de este periodo se ha reconstruido no solamente a partir de la arqueología y los análisis semióticos de las cerámicas sino con trabajo filológico especialmente orientado a la familia lingüística barbacoana. Esto se debe a que las lenguas awapit, tsafiki, cha'palaachi, caranqui (†), pasto (†), chonos (†), puruhá (†), panzaleo o shillipanu (†) se consideran dentro de esta familia y cubren tanto regiones de la costa, los Andes y una parte de la amazonía.Si bien muchas de estas lenguas se encuentran muertas, su presencia toponímica es importante y el levantamiento etnográfico de los mitos a partir de las lenguas que todavía se hablan en la actualidad ha permitido interpretar el significado de las palabras en las lenguas muertas. El trabajo arqueológico, las interpretaciones semióticas, el estudio filológico, los levantamientos etnográficos con las comunidades indígenas y las crónicas tempranas han sido los fundamentos sobre los cuales se han reconstruido estos mitos que son de mucha importancia para Ecuador. Entre los principales encontramos a cinco que son compartidos por varios señoríos étnicos y han tenido difusión en varias regiones de dicho país:
Matutatas: en lenguas barbacoanas significa ancestros y abarca los mitos cosmogónicos que ubican en el mar el origen de los primeros pobladores. Se cree que el nombre de los primeros pobladores era A Arucu y A Achimbu, que emergerían de las profundidades del mar durante un eclipse y llegarían a las costas guiados por un tigre (quela en lenguas barbacoanas). Este mito cosmogónico es la base del resto de mitos y es reproducido frecuentemente a través del principal rito de iniciación del catequillado. Pini: mito de un pez serpiente que desarrolla la relación simbólica entre el agua, expresado con el vocablo pi y el fuego expresado con el vocablo ni. Fue difundido por la cultura cayapa o chachi, aunque también se encuentra en la cultura Puruhá y en la cerámica de las cocinas de brujo de la cultura chono. Esta criatura fantástica se encontraba en el rito del catequillado y era el último animal al que debía enfrentar mientras se bañaba en una poza de catequil. Pini es además la causante del diluvio que en lenguas barbacoanas se conocen como pillumaanu shutimbu. La palabra pilu hace referencia a una poza de agua, maanu expresa la inundación y shutimbu significa repentino. Jatiquillá: es un rito de iniciación que tiene como objetivo conectarse con los ancestros o matutatas. La persona que lo realizaba se lo conocía como catequillado y se lo hacía en pozas de agua sagradas que se encontraban tanto en la costa, como en los Andes y el piedemonte de la cordillera oriental andina, donde empieza la amazonía. Existen siete lugares con el nombre de catequilla, dos de ellos se encuentran en la línea ecuatorial. Con la conquista incaica este rito se sincretizó con el culto a Catequil, dios preincaico del trueno que tenía su huaca en Cajamarca. Sin embargo por la evidencia arqueológica preincaica en los catequillas y el levantamiento etnográfico de los mitos en lenguas barbacoanas, permite afirmar un origen preincaico y una raíz lingüística barbacoana, no quechua. Achiote y huito: es un mito que se encuentra presente en la amazonía de Ecuador, especialmente en las culturas Quijos y Shuar. Sin embargo el uso de ambos árboles para teñir el cuerpo y el cabello era generalizado en la costa también. Para los tsáchilas, los chachis y los chonos, el uso del achiote era muy común. Los manteños lo usaban en sus sellos también. A esto se suma el achiote andino que era usado como tinte frecuentemente. Por esta razón el achiote y el huito simbolizan tres cosas: la dualidad y dialéctica entre lo masculino y femenino en la sociedad; la relación del hombre y mujer con los árboles o ancestros, en este caso el hombre con el achiote y la mujer con el huito; y por último las primeras expresiones simbólicas con contenido numérico y caracteres lingüísticos como una proto escritura. Umiña: principal dios de los Manteños, que estaba representada en una esmeralda gigante. Aunque no se ha podido establecer relación lingüística entre el idioma manteño y la familia de lenguas barbacoanas, se cree que su nombre puede tener relación con la palabra "ulmina" quien era el supremo sacerdote de la cultura caranqui y yumbo. La devoción por Umiña fue importante y es uno de los dioses con más referencias históricas, arqueológicas y culturales de Ecuador. Se le representaba como una gema sentada en una silla en U. Reflejaba la unión del poder mítico con el de la salud. Su culto era muy difundido y llegaban desde muchos lugares a visitarla por su fama y poder para curar. Su altar se encontraba en el Cerro Montecristi donde fue reemplazado por una iglesia con una imagen de la Virgen de Montserrate de Montecristi. En la actualidad una provincia de Ecuador se llama esmeraldas y en muchas referencias mitológicas y literarias, la esmeralda es el símbolo de poder de señoríos étnicos de los Andes, lo que da testimonio de que la fama de esta deidad trascendió su región y difundiéndose por el Ecuador en general. Es por último la deidad que se relaciona con el cataclismo puesto que se creía que de perderse la esmeralda, los astros caerían del cielo y se inundaría la tierra.
Principios filosóficos