thumb|Países con una población considerable de ciudadanos irlandeses y descendientes con derecho a la ciudadanía.

|300x300px Diáspora irlandesa (irlandés: Diaspóra na nGael) se refiere a las personas que pertenecen al grupo étnico irlandés y a sus descendientes que viven fuera de la isla de Irlanda. thumb|Emigrants Leave Ireland,  grabado de Henry Doyle (1827–1892), en el libro Illustrated History of Ireland de Mary Frances Cusack, 1868. El fenómeno de la emigración de Irlanda se encuentra registrado desde la época de la Alta Edad Media, pero sólo ha podido cuantificarse a partir del año 1700, aproximadamente. Desde entonces, han emigrado entre 9 y 10 millones de personas nacidas en Irlanda. Esta cifra es superior a la población de la misma Irlanda, que en su máximo histórico era de 8.5 millones en vísperas de la Gran Hambruna. Los más pobres se fueron a Gran Bretaña, sobre todo a Liverpool. Aquellos que podían permitírselo se fueron más lejos, incluidos los casi 5 millones que se fueron a los Estados Unidos.

Después de 1765, la emigración de Irlanda se convirtió en una empresa nacional breve, implacable y gestionada de manera eficiente. En 1890, el 40% de las personas nacidas en Irlanda vivían en el extranjero. Ya para el siglo , unos 80 millones de personas en todo el mundo afirman tener algún tipo de ascendencia irlandesa, lo que incluye a más de 34 millones de estadounidenses que afirman que el irlandés es su grupo étnico principal.

Tan recientemente como en la segunda mitad del siglo , la mayoría de los emigrantes irlandeses hablaban irlandés como lengua materna. Esto tuvo consecuencias sociales y culturales para el cultivo de la lengua en el extranjero, incluidas innovaciones en el ámbito del periodismo. La lengua continúa siendo cultivada en el extranjero por una pequeña minoría, como medio literario y social. Tras la Primera Guerra Mundial, la diáspora irlandesa se asimiló en gran medida en la mayoría de los países fuera de Irlanda. Seán Fleming es el Secretario de Estado del Departamento de Relaciones Exteriores a cargo del Desarrollo Internacional y la Diáspora de la República de Irlanda.

Definición miniaturadeimagen|izquierda|El Puente de las Lágrimas (en irlandés: Droichead na nDeor) en el Condado de Donegal, Irlanda. Familiares y amigos de los emigrantes les acompañaban hasta el puente antes de despedirse, mientras que los emigrantes continuaban su camino hasta el Puerto de Londonderry. El término «diáspora irlandesa» está abierto a muchas interpretaciones. La diáspora, en sentido amplio, incluye a todas aquellas personas de quienes se sabe que tienen antepasados irlandeses. Es decir, más de 100 millones de personas, lo que supone más de quince veces la población de la isla de Irlanda, que era de unos 6.4 millones en el 2011. Se ha argumentado que la idea de una diáspora irlandesa, a diferencia de la antigua identificación de la propia condición de ser irlandés (Irishness o «irlandesismo») con Irlanda misma, se vio influenciada por la llegada de la movilidad y la modernidad globales. Este irlandesismo podía ahora identificarse con individuos y grupos dispersos de ascendencia irlandesa. Pero muchos de esos individuos eran el producto de matrimonios étnicos mixtos y complejos en América y en otros lugares, lo que complicaba la idea de un único linaje. Por lo tanto, el irlandesismo podría entonces basarse primordialmente en la identificación individual con una diáspora irlandesa.

El Gobierno de Irlanda define la diáspora irlandesa como todas las personas de nacionalidad irlandesa que residen habitualmente fuera de la isla de Irlanda. Esto incluye a los ciudadanos irlandeses que han emigrado al extranjero y a sus hijos, que son ciudadanos irlandeses por descendencia según la legislación de Irlanda. También incluye a sus nietos en los casos en que hayan sido inscritos como ciudadanos irlandeses en el Registro de Nacimientos en el Extranjero que mantiene cada misión diplomática irlandesa alrededor del mundo. Según esta definición legal, la diáspora irlandesa es considerablemente menor: unos 3 millones de personas, de las cuales 1.47 millones son emigrantes nacidos en Irlanda. Dada la población estimada de la isla de Irlanda —6.8 millones en 2018— sigue siendo una proporción importante.

miniaturadeimagen|Placa conmemorativa en el Puente de las Lágrimas, en la que se lee (en irlandés): Fad leis seo a thagadh cairde agus lucht gaoil an té a bhí ag imeacht chun na coigrithe. B'anseo an scaradh. Seo Droichead na nDeor 

Sin embargo, el uso de la frase «diáspora irlandesa» no suele estar limitado por la condición de ciudadanía, lo que da lugar a un número estimado (y fluctuante) de miembros de hasta 80 millones de personas, es decir, la segunda definición, más emotiva. El Gobierno de Irlanda reconoció esta interpretación —aunque no reconoció ninguna obligación legal para con las personas de esta diáspora más amplia— cuando se modificó el Artículo 2 de la Constitución de Irlanda en 1998 para que dijera: [f]urthermore, the Irish nation cherishes its special affinity with people of Irish ancestry living abroad who share its cultural identity and heritage. 

Hay personas de ascendencia irlandesa en el extranjero —que incluyen a hablantes de irlandés (también llamado gaélico irlandés moderno)— que se rehúsan a que los incluyan en una «diáspora» irlandesa y que se refieren a su identidad de otras maneras. Es posible que vean la etiqueta de «diáspora» como algo que utiliza el gobierno irlandés para sus propios fines.

Causas

Los irlandeses, a quienes los romanos llamaban «escotos» —aunque ellos se llamaban a sí mismos «gaélicos»— habían hecho incursiones y se habían establecido a lo largo de la costa occidental de la provincia romana de Britania. A muchos de ellos se les permitió establecerse dentro de la provincia, donde el ejército romano reclutó a muchos irlandeses para formar parte de unidades auxiliares que fueron enviadas a la frontera germana. Es posible que los attacotti, que también fueron reclutados por el ejército romano, fueran irlandeses establecidos en Britania. Además, es probable que el movimiento entre Irlanda y Britania haya sido bidireccional, ya que las similitudes entre los relatos medievales de Túathal Techtmar y las pruebas arqueológicas indican que los romanos posiblemente apoyaron la invasión y la conquista de Irlanda por exiliados irlandeses de Gran Bretaña, con la esperanza de establecer un gobernante afable que pudiera detener las incursiones de los irlandeses en esta última. Algunos historiadores también han sugerido que los cruthin del norte de Irlanda podrían haber sido pictos. Tras la salida del ejército romano, los irlandeses empezaron a aumentar su presencia en Gran Bretaña, con la adhesión de parte del noroeste de la isla al reino irlandés de Dál Riata. Con el tiempo, las colonias irlandesas se independizaron, se fusionaron con el reino picto y formaron la base de la Escocia moderna.

Las zonas de Escocia tradicionalmente de habla gaélica (las Tierras Altas y las Hébridas) siguen denominándose en esta lengua como a' Ghàidhealtachd («el reino gaélico»). Los monjes irlandeses y la Iglesia celta propiciaron una oleada de emigración irlandesa hacia Gran Bretaña y Europa continental, y posiblemente fueron los primeros habitantes de las Islas Feroe e Islandia. Durante la Alta Edad Media, tanto Gran Bretaña como Europa continental experimentaron una inmigración irlandesa de intensidad variable, principalmente de clérigos y eruditos a quienes se les conoce colectivamente como peregrini. La emigración irlandesa hacia Europa Occidental, especialmente hacia Gran Bretaña, ha continuado a mayor o menor ritmo desde entonces. Hoy en día, las personas de origen étnico irlandés constituyen uno de los grupos minoritarios más numerosos tanto en Inglaterra como en Escocia. La mayoría acabó regresando a Irlanda.

La dispersión de los irlandeses se ha producido principalmente hacia Gran Bretaña o a países colonizados por esta. La conexión política de Inglaterra con Irlanda comenzó en 1155, cuando el Papa Adriano IV emitió una bula papal (conocida como Laudabiliter), que le daba permiso a Enrique II de Inglaterra para invadir Irlanda como medio de reforzar el control del papado sobre la Iglesia de Irlanda. A esto le siguió la invasión cambro-normanda de Irlanda en 1169, liderada por el general Richard de Clare.

La Corona inglesa no intentó afirmar el control total de la isla hasta después de que Enrique VIII hubiese repudiado la autoridad papal sobre la Iglesia de Inglaterra, y la posterior rebelión del conde de Kildare en Irlanda en 1534 amenazó la hegemonía inglesa en el lugar. Hasta la ruptura con Roma, existía la creencia generalizada de que Irlanda era una posesión papal, que se el concedía como mero feudo al rey inglés. Por lo que en 1541, Enrique VIII se proclamó rey de Irlanda para hacer valer la reivindicación de Inglaterra sobre una Irlanda libre del señorío papal.

Tras la Guerra de los Nueve Años (1594–1603), el poder político quedó en manos de una minoría de ascendencia protestante y estuvo marcado por la política de colonización de la Corona, que supuso la llegada de miles de colonos protestantes ingleses y escoceses y el consiguiente desplazamiento de los terratenientes católicos anteriores a esta colonización. A medida que se acentuaba la derrota militar y política de la Irlanda gaélica a principios del siglo , el conflicto sectario se convirtió en un tema recurrente en la historia de Irlanda.

Los católicos y los miembros de las denominaciones protestantes disidentes sufrieron graves privaciones políticas y económicas a causa de las Leyes Penales. El Parlamento de Irlanda fue abolido en 1801 a raíz de la Rebelión de los Irlandeses Unidos republicanos, e Irlanda se convirtió en parte integrante de un nuevo Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda en virtud del Acta de Unión.

La Gran Hambruna de la década de 1840 provocó que un gran número de personas huyera de la isla hacia todas partes del mundo. Entre 1841 y 1851, como consecuencia de las muertes y la emigración masiva —en su mayoría hacia Gran Bretaña y Norteamérica— la población de Irlanda se redujo en más de 2 millones de personas. Sólo en Connacht, la población descendió casi un 30%.

En su libro The Irish: Emigration, Marriage, and Fertility (1973), el profesor estadounidense Robert E. Kennedy explica, sin embargo, que el argumento común de que la emigración masiva de Irlanda fue una «huida de la hambruna» no es del todo correcto. En primer lugar, los irlandeses habían estado yendo a Gran Bretaña para construir canales desde el siglo , y en cuanto mejoraron las condiciones en Irlanda, su emigración no disminuyó. Una vez que la hambruna terminó, los cuatro años que siguieron se caracterizaron por una emigración mayor que durante los cuatro años de la plaga. Kennedy argumenta que la hambruna se consideró como la gota que derramó el vaso, ya que convenció a más gente a emigrar aunque otros factores influyeran en su decisión.

Ya para 1900, la población de Irlanda era más o menos la mitad de su máximo de 1840, y continuó descendiendo durante el siglo .

En las décadas que siguieron a la independencia en los años veinte, la emigración se aceleró por motivos económicos y sociales, y cuando el destino preferido cambió de los Estados Unidos a Gran Bretaña, más de 500000 emigraron en los años cincuenta y 450000 en los años ochenta. Asimismo, más de 3 millones de ciudadanos irlandeses residían fuera de Irlanda en el 2017.