San Buenaventura es una obra realizada por Juan de Acosta Losada hacia 1631. Está ubicada en el Museo Catedralicio de Orense (Galicia, España).

Historia Origen Pese a la ausencia de una descripción de la iglesia del Convento de San Francisco (lugar de donde procede la imagen) antes de ser trasladada a su actual emplazamiento en 1928,Tal y como apunta Francisco Fariña Busto, no existe ninguna descripción pormenorizada del interior de la iglesia ni de los altares laterales de la nave en los estudios publicados a finales del siglo y comienzos del . se conoce que existieron en el templo las siguientes capillas: Villajuán, Alonso de Castro (Nuestra Señora o San Ildefonso), San Juan Bautista, Buen Jesús o Niño Jesús y San Amaro, San Benito, Nuestra Señora de la Anunciación, San Francisco Blanco, San Juan Evangelista, Nuestra Señora de la Misericordia o la Nueva, San Diego, Nuestra Señora de la Consolación (Socorro) o La Vestida, Santa Ana, capilla mayor, Nuestra Señora de la Encarnación o Concepción, San Bernardino, San Buenaventura, San Benito de Palermo y Santa Clara, San Luis y San José o de las reliquias, Ecce Homo, Veracruz, Nuestra Señora de la Anunciación o la Preñada, San Blas, San Jacinto, Santiago y Tres Reyes Magos. La capilla dedicada a San Buenaventura se encontraba en el extremo izquierdo del transepto, a la izquierda del acceso a la capilla absidal del evangelio y a la derecha de la puerta que daba acceso a la sacristía; la misma recibía el nombre de Capilla de San Buenaventura, si bien en algunas ocasiones fue denominada Capilla de San Buenaventura y Santa Clara y, desde comienzos del siglo , Capilla de San Buenaventura, Santa Clara y San Benito de Palermo. Uno de los santos más influyentes que tuvo la orden franciscana, la fundación de su capilla tuvo lugar casi con toda probabilidad por iniciativa de la propia comunidad, la cual depositaría a mediados del siglo una imagen del santo con el fin de fomentar su culto entre los fieles, pieza que sería reemplazada a comienzos del siglo . Pese a que varias personas solicitaron ser sepultadas junto a la capilla desde 1568, esta no ostentaría ningún patronato hasta que a inicios del siglo este le fue concedido a Francisco de Buján, comisario del Santo Oficio en el Reino de Galicia además de párroco de Alongos (Toén), quien en virtud de su testamento, otorgado el 10 de julio de 1614, dotó a la capilla con una considerable fundación de misas perpetuas, disponiendo a su vez la instalación de una imagen del santo y ordenando que nadie más que él pudiese ser enterrado en la capilla:

Pese a que el documento se fecha en 1614, la imagen de San Buenaventura no sería elaborada hasta aproximadamente diecisiete años después tal y como se desprende de unas cartas de pago otorgadas hacia 1631 por «Antonio Araujo y Sandoval, veçino de çiudad de Orense con benefiçio de inventar de Pedro Diaz Cadorniga e inés de Puga, mis padres», donde consta el pago de 15 ducados por la hechura y policromado de una imagen representativa del santo para la capilla homónima más otros 27 por un relicario y unas crismoras de plata; en estas cuentas no figura el nombre del autor de dichas obras, aunque hay constancia documental de que fue Juan de Acosta quien facturó la talla,La imagen fue atribuida erróneamente a Francisco de Moure por María Dolores Vila Jato, quien llegaría a emplear una fotografía de la talla como portada de un libro dedicado al escultor compostelano. la cual Miguel Ángel González García, antiguo delegado de patrimonio de la diócesis, fecha sin embargo en 1620. En cuanto a la imagen ubicada en Medina del Campo, esta sirvió a su vez de modelo para otra talla de San Buenaventura realizada en palo de nogal que fue comisionada en 1620 para la Iglesia de San Martín de Alongos por el regidor y abogado de Orense Inocencio Salgado, quien actuó en calidad de testamentario de Buján, siendo Acosta su artífice; de acuerdo con la documentación conservada, la pieza debía ejecutarse «al modelo y trassa de una que está en la villa de Medina del Campo, en la Capilla de Don Alvaro de Bricianos», si bien se indicaba que en caso de que el contratante no hiciese entrega de la traza que para tal efecto había enviado Álvaro de Bricianos, «y por estar entre sus papeles no se halla», el propio Acosta la habría de traer por su cuenta, constando por su parte que la imagen debía ser entregada en un plazo de cuatro meses por un precio de 200 reales, a vista de oficiales.Este documento figura en el protocolo de Gregorio López de Cárdenas y está fechado el 8 de febrero de 1620.La imagen de Medina del Campo debió de resultar destruida en el incendio ocurrido durante la guerra de la Independencia.

Respecto a la capilla, se cree que esta consistía en un sencillo altar pétreo pintado sobre un arcosolio medieval reaprovechado al que a lo largo del siglo se le añadiría un pequeño retablo de madera en el que se dispondrían varias imágenes de santos, entre las que destacarían las tallas de San Buenaventura, Santa Clara y San Benito de Palermo, aunque la inclusión de esta última es dudosa. La primera mención a la capilla data de 1568, cuando Aldonza Gómez afirmó tener en propiedad unas sepulturas delante de ella: «Mando enterrar mis carnes pecadoras en el monesterio de S. Françisco desta çiudad y en la sepultura donde esta enterrado mi padre questa frontero del altar de Nra. Sra. del dicho monesterio e si estuviere [...] me entierren en una de las dos sepulturas delante del altar de S. Buenabentura, las quales tienen señaladas unos […]». Desde entonces la capilla sería mencionada en múltiples testamentos, como el otorgado en 1588 por Leonor de Moure, esposa del carnicero Francisco Carreño, quien dispuso ser enterrada frente a la misma,  y el otorgado en 1608 por el zapatero Juan Vázquez, hijo de Alonso Vázquez y vecino de Pasadán (Taboadela), quien ordenó ser enterrado «en la yglesia de S. Françisco delante del altar de S. Buenabentura a la puerta questa entrando para la sacrestia del dicho convento». El 15 de octubre de ese mismo año Isabel Alonso de Cadórniga, hija de Antonio López de Guadalupe, mandó por testamento ser sepultada «en el monasterio de S. Françisco desta çiudad delante el altar de S. Buenabentura en la sepultura de medio donde mi padre esta enterrado».

Posteriormente, Jerónimo López Guadalupe (hermano de Pedro Díez de Cadórniga), en virtud de su testamento, firmado el 12 de enero de 1625, ordenó ser sepultado junto a sus antepasados en la capilla: «[…] mi cuerpo sea sepultado delante del altar de S. Buenabentura en S. Françisco desta çiudad en una de las tres sepulturas que estan delante de dicho altar, en la tunba que esta junto a dicho altar, que altar, tres sepulturas e tunba son mias e quedaron de mis antepasados». Poco después la capilla pasaría a ser conocida como Capilla de Santa Clara según consta en un testamento de 1630 firmado por Antonio Ortega: «Mando que mis carnes pecadoras sean sepultadas en el monesterio de S. Francisco delante el altar de Sta. Clara», figurando en las últimas voluntades de Amaro González, fechadas en 1652, el deseo de ser enterrado delante de esta capilla, la cual sitúa junto a la puerta de la sacristía. La identificación de este espacio como una capilla dedicada a San Buenaventura y a Santa Clara queda confirmada en el testamento otorgado en 1668 por Magdalena Losada, esposa de Juan Francisco de Ocampo, quien dispuso ser enterrada «en una sepultura junto a la pila del agua bendita que entra para la sacristia donde esta el altar de S. Buenaventura a donde esta sepultado Julian Garcia Tubero, mi primer marido». Finalmente, en 1688 Petronilla García, viuda del carpintero Francisco Conde, mandó ser enterrarda en la sepultura donde se hallaba su primer marido, José de san Martiño, la cual se encontraba situada «delante del altar de S. Buenaventura que es junto al nicho de S. Gonzalo».

Por otro lado, destaca el hecho de que en esta capilla tuvo muy probablemente su sede la Archicofradía del Cordón de Nuestro Padre San Francisco; en una carta enviada el 7 de diciembre de 1589 al cabildo catedralicio, el entonces guardián del convento solicitaba permiso para procesionar hasta la seo con el fin de publicar la bula de fundación:

Fundada originalmente en el Convento de San Francisco de Asís de Umbría (Italia), la archicofradía orensana tuvo un recorrido efímero; consta su existencia para 1594, cuando López de Guadalupe dictó su primer testamento, en el que dispuso «que mi cuerpo sea sepultado en el monesterio de san Françisco desta çiudad de Orense delante de la capilla de S. Buenabentura donde se aze la cofradia del cordon en una de las sepulturas que Biolante Diaz de Cadorniga, mi muger y sus deudos alli tienen en la sepultura que estuviere mas desocupada y que a la dicha mi muger le pareçiere», mientras que su última mención se realiza en 1600, cuando López de Guadalupe otorgó su segundo testamento.

Desamortización Tras la desamortización del Convento de San Francisco en 1835, la iglesia quedó sin culto aunque todavía en posesión del obispado por deseo de la reina regente María Cristina. Por su parte, el ayuntamiento de la ciudad, propietario del convento, cedió las instalaciones el 25 de abril de 1843 al Ejército, que ese mismo año las convirtió en cuartel de infantería (tras lo cual el edificio pasó a denominarse Cuartel de San Francisco), trasladándose en 1844 desde La Coruña un batallón al mando del teniente coronel Ángel Martín Mouriño.El cuartel dejaría de funcionar en 1984 y sería definitivamente cerrado el 31 de diciembre de 1987, entregando el coronel Isidoro Formoso las llaves al ayuntamiento el 18 de junio de 1993. En 1883 se procedió a la redacción de un proyecto firmado por el coronel, comandante y capitán Gerardo Dorado y Gómez destinado a restaurar el cuartel, procediéndose a elaborar hacia 1905 un memorándum firmado por el comandante Bonifacio Menéndez Conde en el cual se detallan las obras necesarias para la reparación de las instalaciones, efectuadas con el fin de poder albergar un batallón de infantería que se instaló en el cuartel ese mismo año. Por su parte, la Venerable Orden Tercera, sita en la calle Ervedelo, se ocupó de la Iglesia de San Francisco desde 1867 hasta 1920, tras lo cual quedó abandonada durante casi una década, siendo trasladada en 1928 a su ubicación actual, si bien para entonces gran parte de sus bienes habían sido desperdigados por diversas zonas de la capital, yendo a parar la talla de San Buenaventura al Museo Catedralicio junto con otras obras del convento.  

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