thumb|Múnich, septiembre de 1910. Último ensayo para el estreno absoluto de la Octava Sinfonía de Mahler, en el Neue Musik-Festhalle. La Sinfonía n.º 8 en mi bemol mayor de Gustav Mahler es una de las obras corales de mayor escala del repertorio orquestal clásico. Debido a que requiere una enorme cantidad de instrumentistas y coralistas, con frecuencia se la denomina «Sinfonía de los mil», aunque la obra a menudo se interpreta con menos de mil intérpretes y el propio Mahler no aprobó dicho sobrenombre. La pieza fue compuesta en un único periodo de inspiración, en Maiernigg (villa) en el sur de Austria en el verano de 1906. Fue la última obra que Mahler estrenó en vida y contó con un gran éxito de crítica y público cuando la dirigió en el estreno absoluto en Múnich, el 12 de septiembre de 1910.
La fusión de la canción y la sinfonía había sido una característica de las primeras obras de Mahler. En su período «medio» de composición a partir de 1901, un cambio de rumbo lo llevó a producir tres sinfonías puramente instrumentales —la 5.ª, 6.ª y 7.ª—. La Octava, que marca el final del período «medio», vuelve a una combinación de orquesta y voz en un contexto sinfónico. La estructura de la obra no es convencional; en lugar de seguir la estructura normal en varios movimientos, la obra se divide en dos partes. La primera parte se basa en el texto latino de un himno cristiano del para Pentecostés, Veni Creator Spiritus («Ven, Espíritu Creador»), y la segunda parte es un arreglo de las palabras de la escena final del Fausto de Goethe. Las dos partes están unificadas por una idea común, la de la redención a través del poder del amor, unidad transmitida mediante temas musicales comunes.
Mahler estaba convencido desde el principio de la importancia de la obra, al renunciar al pesimismo que había marcado gran parte de su música, ofreció la Octava como una expresión de confianza en el eterno espíritu humano. En el período tras la muerte del compositor, las interpretaciones fueron relativamente poco comunes. Sin embargo, desde la mitad del en adelante, la sinfonía ha sido programada con regularidad en las salas de conciertos de todo el mundo y se ha grabado en muchas ocasiones. Sin dejar de reconocer su amplia popularidad, los críticos modernos tienen opiniones contrapuestas sobre la obra, algunos encuentran su optimismo poco convincente y consideran que es artística y musicalmente inferior a otras sinfonías de Mahler. Sin embargo, también ha sido comparada con la Novena Sinfonía de Beethoven como una declaración de la definición humana de su siglo.
thumb|Estreno en Estados Unidos (1916), por parte de la Orquesta de Filadelfia y coros, bajo la dirección de Leopold Stokowski (1068 músicos en total).
Historia Antecedentes
thumb|left|Gustav Mahler en 1909. Hacia el verano de 1906, Mahler llevaba ya nueve años como director de la Ópera de la Corte de Viena (Wiener Hofoper en alemán). Como cada verano, desde entonces, se marchaba de Viena cuando finalizaba la temporada del Hofoper, dedicándose en cuerpo y alma a la composición. Desde 1899, este refugio había estado en Maiernigg, cerca de la ciudad turística de Maria Wörth en Carintia, al sur de Austria, donde construyó un chalet con vistas al lago Wörthersee. En este relajante entorno completó su Cuarta, Quinta, Sexta y Séptima sinfonías, los Rückert-Lieder y su ciclo de canciones Kindertotenlieder (Las canciones a la muerte de los niños).
Hasta 1901, las composiciones de Mahler habían estado fuertemente influidas por la colección de canciones populares alemanas titulada Des Knaben Wunderhorn (El cuerno mágico del niño), con las que tuvo el primer contacto hacia 1887. La música de los numerosos arreglos sobre los Wunderhorn se refleja en su Segunda, Tercera y Cuarta sinfonías, las cuales emplean efectivos vocales así como instrumentales. Sin embargo, desde aproximadamente 1901, su música se sometió a un cambio en carácter a medida que avanzaba hacia el periodo «medio» de su vida compositiva. Es aquí donde los poemas de Friedrich Rückert, más austeros, reemplazan la colección Wunderhorn a modo de influencia principal; dichas canciones están menos relacionadas con el folclore y se infiltran de manera menos amplia en los temas de las sinfonías que antes. Durante este periodo se escriben la Quinta, Sexta y Séptima sinfonías, todas ellas obras puramente instrumentales, descritas por el estudioso de Mahler Deryck Cooke como «más severas y directas, [...] con más tensión sinfónica y una orquestación sólida como el granito».
En junio de 1906, Mahler llevó consigo a Maiernigg el borrador manuscrito de su Séptima Sinfonía, con la intención de revisar la orquestación hasta que surgiera una idea para una nueva obra. Alma Mahler, la esposa del compositor, explica en sus memorias que, durante quince días, Mahler estuvo «perseguido por el espectro de una inspiración infructuosa»; sin embargo, según recuerda el propio Mahler, el primer día de vacaciones fue capturado por el espíritu creativo, y se sumergió de inmediato en la composición de la obra que se convertiría en su Octava Sinfonía.
Composición
Dos notas del puño y letra de Mahler con fecha de junio de 1906 muestran que los primeros planes para la obra, la cual no tenía pensado hacer como una sinfonía coral en su totalidad, estaban basados en una estructura de cuatro movimientos en la cual dos «himnos» rodean un núcleo instrumental. Estos esquemas evidencian que Mahler tenía clara la idea de empezar con el himno latino, pero no había decidido la forma precisa del resto. La primera nota decía lo siguiente:
Himno: Veni Creator Scherzo Adagio: Caritas («Amor cristiano») Himno: Die Geburt des Eros («El nacimiento de Eros»)
La segunda nota incluye esbozos musicales para el movimiento del Veni Creator y dos compases en si menor que se cree que están relacionados con el Caritas. El esquema en cuatro movimientos se mantiene en una forma ligeramente diferente, aún sin una indicación específica de la extensión del elemento coral:
Veni Creator Caritas Weihnachtspiele mit dem Kindlein («Juegos de Navidad con el niño») Schöpfung durch Eros. Hymne («Creación a través de Eros. Himno»)
thumb|La casita que Mahler usaba para componer situada en Maiernigg, donde compuso la Octava Sinfonía a lo largo del verano de 1906.
De los últimos comentarios de Mahler sobre la gestación de la sinfonía, es evidente que el esquema en cuatro movimientos duró relativamente poco. Pronto reemplazaría los últimos tres movimientos por una única sección, esencialmente una cantata dramática, basada en la escena final del Fausto de Goethe y la Parte II incluiría la descripción de un ideal de redención a través de la feminidad eterna (das Ewige-Weibliche). Mahler aspiró durante mucho tiempo a poner al final de Fausto una música épica, «de manera bastante distinta al resto de compositores que lo habían hecho empalagoso y débil». En comentarios grabados por su biógrafo Richard Specht, Mahler no menciona en ningún momento el esquema en cuatro movimientos que tenía pensado en un principio. Le contó a Specht que habiéndose encontrado por casualidad con el himno Veni Creator, tuvo una visión repentina de la obra al completo: «Vi la pieza entera inmediatamente ante mis ojos y sólo tuve que escribirla como si me fuese dictada».
La obra fue escrita a un ritmo frenético, «en tiempo récord», según el musicólgo Henry-Louis de La Grange. Se completó lo esencial hacia mediados de agosto, ello a pesar de que Mahler tuvo que ausentarse durante una semana para asistir al Festival de Salzburgo. Mahler empezó a componer el himno Veni Creator sin esperar a que el texto le llegara de Viena. Una vez llegó, de acuerdo con Alma Mahler, «el texto completo encajaba con la música perfectamente. De manera intuitiva él había compuesto la música para las estrofas completas [versos]». Aunque se realizaron algunas correcciones y cambios en la partitura, apenas hay evidencias de que se hubieran reescrito páginas o hecho modificaciones radicales, a diferencia de anteriores sinfonías al ser preparadas para los ensayos previos al estreno. La sinfonía está dedicada a «su querida mujer Alma María».
Con el uso de elementos vocales durante toda la composición, más que en episodios al final o cerca de él, la obra fue la primera sinfonía completamente coral en escribirse. Mahler no tuvo dudas sobre el carácter innovador de la sinfonía, calificándola como la cosa más grande que había hecho, y mantenía que todas sus sinfonías anteriores no eran más que un preludio de la misma. «Traten de imaginar el universo entero empezando a sonar y resonar. Ya no hay voces humanas, sino planetas y soles girando». Fue su «regalo a la nación [...] un gran portador de alegría».
Efectivos instrumentales y vocales Orquesta
La sinfonía está escrita para una orquesta muy grande, de acuerdo con la concepción de Mahler de la obra como un «nuevo universo sinfónico», una síntesis de sinfonía, cantata, oratorio, motete y lied en una combinación de estilos. La Grange comenta al respecto: «Para expresar su visión cósmica, era [...] necesario ir más allá de los límites y dimensiones anteriormente conocidos». Los efectivos orquestales que se precisan son, sin embargo, no tan numerosos como los desplegados en el oratorio Gurre-Lieder de Arnold Schönberg, completado en 1911, o la Primera Sinfonía «Gótica» de Havergal Brian. La sección de viento-madera para la Octava consiste en dos flautines (uno doblando la quinta flauta), cuatro flautas, cuatro oboes, un corno inglés, tres clarinetes en si bemol, al menos dos requintos en mi bemol, un clarinete bajo en si bemol, cuatro fagotes y un contrafagot. La sección de viento-metal comprende ocho trompas, cuatro trompetas, cuatro trombones, tuba y un conjunto «situado aparte» de cuatro trompetas (la primera puede ser doblada) y tres trombones. Los efectivos de percusión consisten en dos juegos de timbales, platillos, bombo, gong, triángulo y campanas tubulares de registro grave. Mahler también añadió un carillón durante los ensayos finales. También se incluyen otros instrumentos: un órgano, un armonio, un piano (también añadido a posteriori durante los ensayos), dos arpas (aunque cuatro serían convenientes), una celesta y al menos una mandolina (pero preferiblemente varias). Mahler sugirió que, en salas muy grandes, el primer instrumento de cada sección de viento-madera fuera doblado y que los efectivos en la sección de cuerdas también se incrementaran.
Efectivos vocales y corales
Los efectivos corales y vocales comprenden dos coros SATB, un coro de niños y ocho solistas: tres sopranos, dos contraltos, tenor, barítono y bajo. En la Parte II los solistas representan papeles dramáticos del texto de Goethe, tal y como se muestra en la tabla siguiente.