thumb|Sacrificios humanos mostrados en el Códice Magliabechiano. El sacrificio humano en el mundo precolombino fue una práctica religiosa que se realizaba en el contexto de ciertos cultos de los pueblos indígenas de América. Esta práctica fue prohibida por los españoles a los pocos años de arribo a América. Gran diversidad de documentos y relatos son corroborados con abundante evidencia arqueológica e histórica dando cuenta de ello. – artículo de Michel Graulich La arqueología desde el da clara muestra de su extendida práctica en Mesoamérica, – artículo de La Jornada donde el sacrificio humano solía incluir el de niños de incluso 3 años de edad.

Fuentes principales

Durante y después de la Conquista de México, se notificaron incidentes en los cuales se involucraba el ofrecimiento ritual de seres humanos en sacrificio a las deidades mesoamericanas. Uno de los incidentes más famosos y utilizados por investigadores a nivel mundial es el que sucedió después de la Noche Triste, cuando Hernán Cortés escapaba con sus tropas de Tenochtitlan. Mientras rodeaba el lago de Texcoco para dirigirse a territorio aliado en Tlaxcala, observó desde la orilla del lago el sacrificio ritual de españoles que no lograron escapar. Este evento fue documentado por Bernal Díaz del Castillo en su Historia verdadera de la conquista de la Nueva España y por Hernán Cortés en sus Cartas de Relación dirigidas al rey Carlos V.

miniaturadeimagen|Representación ilustrativa de sacerdotes y un cautivo español de la expedición de Hernán Cortés a punto de ser sacrificado, este se encuentra despojado de su vestimenta, vestido solo con un maxtlatl, sandalias y tiene pintado y adornado su cuerpo para ser sacrificado. Ilustración del libro The conquest of México de William H. Prescott, 1796-1859.

Uno de los mayores ejemplos de esta práctica se localiza en el Templo Mayor, la ofrenda 111 excavada por el arqueólogo López Luján. Además de múltiples representaciones en códices precolombinos y estelas mayas.

La evidencia arqueológica es abundante, entre los que destacan varios techcatl (piedra de sacrificios) con restos de hemoglobina, herramientas de obsidiana para esta labor, esqueletos humanos ejecutados por cardioectomía con marcas de corte en las costillas, decapitaciones, etc.

Esta afirmación es duramente criticada como una falacia por parte del etnógrafo alemán Peter Hassler, ya que en ambas obras se afirma observar al detalle dichos hechos mientras los españoles se encontraban en el campamento de Pedro de Alvarado en Tlacopan (actual Tacuba). Afirma que la distancia entre Tlacopan y el Templo Mayor donde presuntamente se realizaron los sacrificios, era demasiada para observar que sucedía y mucho menos distinguir si un corazón palpitaba. La distancia entre Tacuba y el centro de la Ciudad de México es de aproximadamente 6 kilómetros. Sin embargo, este autor no toma en cuenta la evidencia arqueológica para su afirmación.

Un autor antiguo que negó la existencia de los sacrificios fue Bartolomé de las Casas quien ejerció como encomendero y luego como fraile dominico. En su Historia de Indias afirma que nunca se realizaron sacrificios humanos:

Los sacrificios en contexto

Como cualquier hecho histórico los sacrificios humanos de los americanos precolombinos o la conquista de América por los europeos ha de ponerse en contexto. Los sacrificios humanos han sido practicados en muchas culturas, especialmente en la antigüedad. Se mataba a las víctimas ritualmente de una forma que pretendía apaciguar a los dioses en caso de sequías, epidemias o similares desgracias o para obtener algún favor como la victoria sobre un enemigo. El sacrificio de prisioneros de guerra a la deidad y el de servidores, esclavos y concubinas en ocasión del funeral de un soberano para que lo acompañaran al otro mundo también se dio. Sacrificios de este tipo fueron practicados en las regiones celtas y germánicas de la Edad del Bronce y del hierro así como en los rituales relacionados con la adoración de algunos dioses en Escandinavia. Plinio el Viejo informa que Roma prohibió los sacrificios humanos en 97 a. C. aunque para entonces ya eran muy raros y la medida fue más bien simbólica. Para los habitantes de la antigua Cartago, el sacrificio de infantes era también una manera de aplacar a sus dioses. Excavaciones en el palacio de Cnosos muestran que también los primeros griegos, minoicos y micénicos, sacrificaban personas en casos difíciles. En la India contemporánea, el antiguo ritual llamado sati, en que la viuda de un difunto tiene que arrojarse a la pira funeraria, aún ocurre ocasionalmente, especialmente en las áreas rurales.In India, case links mysticism, murder: John Lancaster, Washington Post, 29 de noviembre de 2003). A la llegada de los europeos a América los sacrificios humanos fueron observados con horror por estos pues los consideraban actos de barbarie primitiva.

En Mesoamérica

Los historiadores conocen mejor el Posclásico del altiplano que de otras regiones. La práctica de exponer los cráneos de los sacrificados ya se observa en Huamelulpan (Oaxaca) a principios de nuestra era; y en sitios de períodos posteriores como Copán, Honduras y Uxmal. Estos tzompantli alcanzaron grandes proporciones, mayores incluso que las de los posteriores tzompantli de la gran capital azteca Tenochtitlán.

Sacrificios olmecas Los olmecas fueron la primera gran civilización mesoamericana. Aunque no existe evidencia irrefutable de sacrificio de infantes en esta cultura, se han encontrado esqueletos completos de recién nacidos, así como fémures desmembrados y calaveras, en un sitio olmeca en el estado de Veracruz llamado El Manatí. Estos huesos han sido asociados con ofrendas sacrificiales, particularmente, unos bustos de madera. Aún no se sabe cómo murieron los infantes.Ortíz C., Ponciano; Rodríguez, María del Carmen (1999) "Olmec Ritual Behavior at El Manatí: A Sacred Space" en Social Patterns in Pre-Classic Mesoamerica, edición a cargo de Grove, D. C.; Joyce, R. A., Dumbarton Oaks Research Library and Collection, Washington, D.C., págs. 225-254. miniaturadeimagen|El Señor de Las Limas. Algunos investigadores también han asociado el sacrificio de infantes con el ritual olmeca que muestra a bebés laxos o flácidos, siendo el más famoso la enorme piedra labrada que se encuentra en el Altar 5 de La Venta, o la figura de Las Limas. Podría ser indicio de que ya entonces existía el sacrificio infantil al dios de la lluvia.

Sacrificios teotihuacanos

En Teotihuacán, la gran metrópolis del Clásico, el sacrificio por extracción del corazón fue una práctica importante, como se observa en la pintura mural. Muy poco se sabe de Teotihuacán. No se conoce el nombre de un solo rey y el mismo nombre de Teotihuacán es una invención mesoamericana posterior. Los huesos encontrados en las pirámides del Sol y de la Luna hacen suponer que se realizaban sacrificios a Tláloc. – artículo sobre los hallazgos en la Pirámide de la Luna. En 2007 análisis del ADN confirmaron que las víctimas eran traídas de pueblos conquistados. La antigua civilización de Teotihuacan trajo a víctimas humanas de sacrificios desde cientos de kilómetros.

Sacrificios mayas

El sacrificio de prisioneros recreaba el mito cósmico y fue clave en la ideología de los señoríos mayas. Michael Coe explica el gran cambio producido por los nuevos estudios de la civilización maya, a partir de que descifraron los jeroglíficos:

La extracción del corazón aparece en algunos cuantos casos del arte maya. Los sacrificados casi siempre parecen haber sido niños. La extracción de corazones de niños se ve en la cerámica pintada. Otro caso conocido es la Estela 11 de Piedras Negras en Guatemala, en que se ve la cavidad pectoral de un niño sacrificado.

En el sacrificio de adultos, existe una imagen pintada sobre una vasija en que se ve el sacrificio ritual de un prisionero atado a un cadalso y un grotesco personaje que le saca las entrañas con una lanza, mientras los músicos tocan tambores y trompetas —«una de las escenas más terribles del arte maya». En los muros de Bonampak también hay terribles imágenes de tortura ritual.

Otra forma de sacrificio maya era arrojar a la víctima al interior de un cenote.

Sacrificios toltecas thumb|Tzompantli asociado al Templo Mayor, Códice Ramírez. En 2007 los arqueólogos anunciaron que habían analizado los restos de dos docenas de niños, de cinco a quince años, encontrados enterrados con figurillas de Tláloc. Los niños, encontrados cerca de las viejas ruinas de Tula, la capital tolteca, habían sido decapitados. Los restos fueron fechados de 950 a 1150 d.C.

«¿Cómo explicar que existan 24 cuerpos reunidos en un mismo espacio? Pues la única forma es pensar que hubo un sacrificio humano», afirmó el arqueólogo Luis Gamboa, responsable de la exhumación de los restos en Tula.Mónica Medel, "México descubre primer sacrificio de niños en cultura tolteca"

Sacrificios totonacas Los totonacas en ocasiones sacrificaban niños para extraerles la sangre, la cual era mezclada con semillas para hacer una pasta la cual era comida entre los adultos en un banquete ritual.González Torres, Yólotl, Animales y plantas en la cosmovisión mesoamericana, Plaza y Valdés Editores, 2006, pág. 51.ISBN 968-856-852-X La isla de Sacrificios, actualmente en el estado de Veracruz y descubierta por el español Juan de Grijalva, recibió ese nombre debido a que en ella se hallaron cuerpos sacrificados de indígenas durante una ceremonia de ofrenda a sus dioses.

Sacrificios aztecas (mexicas)

En Xochimilco, al sur de la actual Ciudad de México se encontraron los restos de un niño de tres a cuatro años cuyos huesos presentaban una coloración naranja o amarilla traslúcida; texturas tersas o vítreas, y compactación del tejido esponjoso, además de estallamiento del cráneo debido a elevadas temperaturas. Dado que después de sacrificarlos los mexicas solían hervir algunas de las cabezas, brazos y piernas para banquetes caníbales los arqueólogos concluyeron que el cráneo fue hervido y estalló debido a la ebullición de la masa encefálica. Fotografías del cráneo han sido publicadas en revistas especializadas.

En Tula, los toltecas asociaban la práctica de sacrificios humanos a la veneración de Tezcatlipoca. En la mitología mexica, a partir de las reformas de Tlacaélel el sacrificio era el recurso humano para salvar al universo de su destrucción, asegurando la supervivencia del sol, y con ello la vida misma. Un ciclo de 18,980 días se repetía cada 52 años, al término del cual el «Quinto Sol» (Nahui Ollin) corría el riesgo de extinguirse para siempre, y la tierra de ser dominada por los seres de la noche. Un enemigo debía entonces ser sacrificado en el monte Huixachtépetl para hacer brotar el fuego nuevo, después de lo cual sangre y corazones humanos debían, periódicamente, nutrir al dios durante los siguientes 52 años. La práctica servía también a una estrategia de dominación: garantizar los privilegios de las clases dominantes.

Para interpretaciones más modernas como la de Lloyd deMause, resulta significativo que las víctimas fueran investidas de un profundo significado cosmológico. Según los psicohistoriadores el sacrificio era una forma inconsciente de vengar los métodos brutales de puericultura en la América precolombina (a la vindicación sobre chivos expiatorios los psicólogos denominan desplazamiento).

Las ceremonias ligadas a la Guerra Florida o Xochiyáoyotl también fueron formas sacrificiales. Los prisioneros capturados podían ser guerreros enemigos de poblaciones aledañas a Tenochtitlan.

Los sacrificados a Xipe Tótec eran desollados después de muertos. Su piel era utilizada por los sacerdotes que, poniéndosela encima, personificaban al dios.

thumb|Códice Tudela.