Coa (en ortografía quechua-aimara contemporánea: Qhuwa o Quwa; a veces escrito en castellano como: Qhoa, Qowa, Ccoa, Caua) también conocido como Chuqui Chinchay, es un dios felino perteneciente a la mitología incaica. En su mayoría, las fuentes que refieren a la entidad felínica lo mencionan como una poderosa divinidad única o absoluta y, en menor medida, lo exponen como una especie de felinos divinos.
Del mismo modo, el felino cósmico era la encarnación de diversos astros y fenómenos meteorológicos; puesto que las crónicas y/o fuentes de la época resaltan su facultad de entidad celeste.
Etimología Las creencias en torno a esta divinidad sobreviven aún al día de hoy bajo el nombre de ; no obstante, el término no es de origen quechua sino que proviene de la extinta lengua puquina, la cual era hablada en el altiplano del Collao. Según el puquina, el término posee las siguientes interpretaciones: divinidad, ídolo y serpiente.
Es menester indicar que el significado de guarda una posible relación con la constante presencia ofídica-felínica (serpiente y felino) en variadas representaciones iconográficas realizadas por diversas culturas andinas. Como ejemplo a lo anterior, se tiene a la estela de Raimondi, la cual fue realizada por la Cultura Chavín. En dicha estela, se puede apreciar la figura de una divinidad antropomorfa que posee diversos rasgos felínicos, ofídicos y, en menor medida, rasgos pertenecientes a otros animales.
Por otro lado, el felino cósmico también es conocido con el nombre de Chuqui Chinchay. Dicho nombre se descompone del quechua: chuki (lanza o que brilla como el oro) y chinchay (felino). Este nombre de la divinidad hace alusión a su facultad como entidad celeste, pues en múltiples diccionarios y/o vocabularios de la época, al Chuqui Chinchay se lo asocia con los astros y/o fenómenos atmosféricos. Concepto
Representación miniaturadeimagen|371x371px|Felino Chavín, cuyas características se asemejan a las de un coa. El Coa es una deidad representada como un colosal felino de aspecto quimérico, es decir, reunía diversos atributos de otros animales. Esta forma de representación es compartida con su contraparte ofídica: el Amaru.
Debido a estas características, al Coa se le denomina con el apelativo de "felino volador" y su culto antecede a los incas puesto que, de manera general, los diversos pueblos andinos manifestaban un profundo grado de veneración y respeto hacia los felinos. A raíz de ello, dichos pueblos asociaron a los felinos con elementos célicos como lo son los astros y/o fenómenos meteorológicos; por lo que la figura de estos animales fue mutando hasta adquirir un aspecto peculiar y mítico. Como ejemplo de ello, se tienen a los felinos alados representados en la iconografía de culturas como: Chavín, Moche, Huari, Tiahuanaco, etc.
Mediante el transcurso del tiempo, el Coa iba adquiriendo una figura mucho más sobrenatural, hasta consagrarse como una divinidad de alta jerarquía en el panteón religioso. La raíz de su adoración se debe a que el mítico felino estaría representando al dios del agua y la fertilidad. Aun en mitos contemporáneos, su presencia es vinculada con el advenimiento de la lluvia y los fenómenos atmosféricos como el rayo, el trueno y el relámpago.
Naturaleza Al igual que otros dioses andinos, el Coa es una deidad ambivalente. Esto se ve reflejado en su aspecto de entidad benefactora, que norma el suministro del agua y regula a voluntad propia la intensidad y la frecuencia de las lluvias; no obstante, la deidad también manifiesta su aspecto de entidad destructiva porque escupe granizo y mata con sus rayos. De su arbitrio dependen las sementeras y la vida misma.
Facultades y asociaciones miniaturadeimagen|Estela de Raimondi, un claro ejemplo de representación del vínculo «felino-ofídico».
Coa como divinidad atmosférica Diversas fuentes establecen al Coa como divinidad responsable de los fenómenos atmosféricos. Su figura se encuentra plasmada en el diagrama realizado por Santacruz Pachacuti, el cual muestra un resumen de la cosmovisión incaica. Dentro de dicho diagrama, se puede leer el nombre del felino mítico como: Caua o Chuqui Chinchay. De la misma manera, se asocia a la divinidad con la lluvia y el granizo.
Asimismo, diversos dioses andinos celestes han estado tradicionalmente relacionados con la teofanía felínica, cuya mítica representación es el Coa. Por lo tanto, el Qhoa es una de las manifestaciones más asiduas de esta clase de dioses: Illapa, Libiac, Tumayricapac, Kon, Huiracocha, etc.
La creencia del felino celeste aún perdura en la memoria de los pueblos andinos. De acuerdo con las investigaciones del antropólogo Federico Kauffmann Doig, se encuentran mitos en el área de los Andes centro-sur que refieren a la existencia de un felino sobrenatural que emerge de los puquios y manantiales. Esta divinidad se desplaza por los aires y crea diversos fenómenos atmosféricos: produce rayos por sus relampagueantes ojos, sus rugidos forman los mismos truenos, escupe el granizo, despliega el arcoíris y sus orines se convierten en las lluvias.
Del mismo modo, el antropólogo Bernard Mishkin expone su investigación acerca de la percepción actual de los pueblos andinos con respecto al Coa. Dentro del testimonio del antropólogo, se puede leer lo siguiente:
En el quechua moderno del Cusco, figura el término Quwa como: un animal parecido al gato montés, y que es un intermedio entre la onza y el gato doméstico. Nubarrón que presagia granizada, nube grande y negra.
Coa como divinidad estelar miniaturadeimagen|274x274px|Diagrama de Santacruz Pachacuti. Se puede observar una figura felínica con los nombres: Caua o Chuqui Chinchay. Asimismo, el nombre Choquechinchay es usado para designar a Venus de la tarde.Además de ser establecido como divinidad climática, otra característica frecuentemente citada del Coa o Chuqui Chinchay era su facultad como divinidad estelar. Son numerosas las fuentes que establecen al mítico felino como una deidad asociada a los astros. Como ejemplo de ello, se tiene al Vocabulario de lengua quechua escrito por el lingüista Diego Gonzáles Holguín. En dicha fuente, figura el término Chhoque Chinchay, el cual se puede leer como: "una estrella que parece al carnero" y "cometas que no se esparcen".
Como se vio anteriormente, la figura del Coa aparece en el diagrama de Santacruz Pachacuti; no obstante, también se usa el nombre Choquechinchay para designar al planeta Venus en su estado vespertino.
En su obra Historia natural y moral de las Indias, el jesuita José de Acosta expone un testimonio respecto a la veneración de las estrellas por los pobladores andinos. En dicha obra, se puede leer lo siguiente:
Algunos estudiosos sustentan que, posiblemente, el felino Chuqui Chinchay se encontraba personificado en determinadas constelaciones como: la constelación de Leo, la constelación de Escorpio y la constelación de Orión.
Coa como divinidad de los animales y protector de los viajes Múltiples cronistas han establecido al mítico felino como una divinidad guardiana y/o que determina el comportamiento de ciertos animales específicos. Por lo general, los animales que están bajo su custodia son: los tigres (jaguares), osos y leones (pumas). Asimismo, el felino cósmico era el protector de los viajeros en sus caminos de adversidades. El exponente que habla más a detalle con respecto al tema es la obra Historia General del Perú, la cual fue escrita por el historiador Martín de Murua. En dicha obra, el historiador expone una descripción semejante a la fuente escrita por José de Acosta; no obstante, Murua otorga más detalles al respecto:
Coa como divinidad hermafrodita Prosiguiendo con las múltiples facultades de la deidad, Santacruz Pachacuti es otro de los cronistas que resalta la facultad del Choque Chinchay como una divinidad protectora; sin embargo, el cronista no se limita en establecer la figura del felino divino como guardián de determinados animales, sino que también lo establece como una divinidad protectora de los hermafroditas e indios de dos naturas. En su obra Relación de antigüedades deste reyno del Perú, el cronista manifiesta la siguiente información respecto al nacimiento de Amaru Inca Yupanqui:
Algunos estudiosos sostienen que, al igual que otras fuentes, la información ofrecida por Santacruz Pachacuti parece hacer alusión al advenimiento de un cometa o aparición de una determinada estrella y/o constelación.
Coa como devorador del Sol y la Luna Al igual que muchas culturas del mundo, los incas tuvieron su propia percepción sobre el advenimiento de los eclipses. Según las creencias de dicha civilización, la interpretación de los eclipses es veleidosa, pues se tienen explicaciones distintas para los eclipses solares y lunares; sin embargo, todas estas interpretaciones establecen dichos acontecimientos como señales infaustas.
Una de estas interpretaciones fue recopilada por el cronista Fernando de Montesinos en su obra Memorias antiguas, historiales y políticas del Perú. Dentro de la antedicha fuente, se hace referencia a la existencia de dos monstruos estelares: un felino y una sierpe (presumiblemente un Coa y un Amaru). Estos seres celestiales eran enviados por el todopoderoso Illatici (Illa Tiqsi Wiraqucha) para exterminar al Sol y la Luna y, de esa manera, se consuma la destrucción del mundo. Este castigo divino era efectuado para hacer escarmentar al mismo Rey (el Sapa Inca) por sus pecados y/o transgresiones cometidas.
La destrucción del mundo a raíz de la "muerte" del Sol y la Luna también es un tema estudiado dentro del manuscrito de Huarochirí. El cuarto capítulo del manuscrito empieza con la "muerte" del Sol. Este suceso marcó un periodo de completa oscuridad que duró 5 días. Durante ese periodo, se desencadenaron diversas calamidades y/o hechos sobrenaturales: las rocas comenzaron a moverse y chocar juntas, los batanes y los morteros cobraron vida y consumieron a los humanos, las llamas comenzaron a perseguir a los humanos, etc. La rebelión de animales y objetos es también un tema de la iconografía moche, que antecede al manuscrito en un milenio.
La estrategia que ejecutaban los incas para neutralizar las perniciosas intenciones de las bestias estelares fue corroborada por el afamado cronista Garcilaso de la Vega en su obra Comentarios Reales. Sin embargo, Garcilaso asevera que la raíz del advenimiento de los eclipses lunares era porque la Luna enfermaba, mas no era producida por el ataque de criaturas estelares.
El Coa en la mitología y su relación con otros dioses En lo que respecta a la mitología, la figura del Coa ha estado presente de manera implícita en diversos mitos andinos. Las fuentes no lo mencionan bajo el nombre de Coa o Chuqui Chinchay específicamente; sin embargo, la figura del felino mítico es palpable.
Por lo general, se establece al felino cósmico como una de las manifestaciones y/o avatares más recurrentes de los multiformes dioses celestes andinos o como él y/o los acólitos de estos mismos.
Libiac Cancharco
Yana Raman Libiac Cancharco (también conocido como: Yana Raman, Libiac Cancharco, Libiac Binac Vilca o simplemente Libiac) es un dios preincaico del rayo. Él es considerado el dios principal y creador de la etnia de los Yaros o Llacuaces.
La relación entre el Coa y la deidad Yaro se encuentra dispersa en diversas fuentes; no obstante, al aunar dichas fuentes, se percibe la evidente metamorfosis del dios bajo la figura del Coa.
De acuerdo con un testimonio ofrecido por el sacerdote Fernando de Avendaño, los Yaros se proclamaban así mismos como hijos del Rayo. Más concretamente, dicho pueblo concebía el pensamiento de haber surgido de la orina de su dios, Yana Raman.
El concepto de la creación de vida por medio de la orina también se encuentra presente en la figura del Coa.
Por otro lado, el dios Yana Raman es protagonista de muchos mitos andinos. En uno de ellos, se reza acerca del advenimiento de Yana Raman a la Tierra.