El tecnofascismo, igual que el ciberpopulismo, es un neologismo que hace referencia a diversos aspectos de la relación entre la sociedad, la tecnología y los individuos. Principalmente, el avance tecnocientífico es uno de los grandes retos de la humanidad. En su origen, es un concepto que intenta explicar cómo un sistema social totalitario busca instaurarse a través de la predominancia en la sociedad de la tecnociencia, usando medios tanto científicos como tecnológicos. Está relacionado también con el concepto de fascismo digital para referirse a realidades complejas en la interacción humana con la tecnología y sus usos politizados o maliciosos.

Tecnofascismo y ciberpopulismo Más allá de su formulación teórica, de su relevancia histórica o de su inspiración en la ciencia ficción futurista y distópica, el concepto de tecnofascismo y sus manifestaciones en la realidad se han vuelto más visibles que nunca durante las últimas décadas, en el contexto de la denominada Era Digital o Era de la Información. Esta visibilidad se relaciona especialmente con la proliferación de los bulos o fake news, la expansión del concepto de posverdad y, en determinados casos, con el control de la información ejercido por grandes estructuras de poder, grupos de presión o lobbies.

Asimismo, la creciente precarización de una información rigurosa, contrastada y de calidad ha favorecido la difusión de discursos e ideales tecnofascistas, incluso desde grupos minoritarios o potencialmente anónimos. Con frecuencia, estos discursos logran alcanzar espacios en medios de comunicación generalistas debido a las dificultades existentes para verificar y contrastar adecuadamente la información.

Se suele afirmar que, en un sistema tecnofascista, la fascinación de las masas por una determinada ideología es sustituida por la fascinación hacia la tecnología, fenómeno que puede describirse como una forma de tecnolatría. En este contexto, el tecnofascismo se caracteriza por una adaptación progresiva de los individuos y las sociedades a determinadas estructuras tecnológicas y de poder. Aunque este proceso no suele manifestarse mediante la violencia directa, la ciudadanía tampoco participa plenamente, ni de forma consciente, en la definición de sus fines y objetivos.

Sin embargo, el concepto de tecnofascismo —también relacionado en ocasiones con el de ciberpopulismo— pretende ofrecer una perspectiva crítica sobre las limitaciones y contradicciones de la denominada Sociedad de la Información. Desde este enfoque, el término invita a reflexionar sobre la evolución de las sociedades contemporáneas hacia un paradigma cada vez más marcado por la centralización, la optimización de recursos y la complejidad de las estructuras de poder. Como consecuencia, resulta cada vez más difícil comprender los mecanismos de control de la información y las dinámicas que condicionan la toma de decisiones colectivas.

Este fenómeno también se vincula al auge de la desinformación, cuya magnitud facilita la expansión de prácticas y discursos pseudocientíficos. La pseudociencia constituye un desafío relevante en los entornos digitales, donde su difusión crece año tras año gracias a la facilidad con la que circulan contenidos sin respaldo empírico. Desde esta perspectiva, puede considerarse un elemento relacionado con el tecnofascismo en la medida en que explota la vulnerabilidad informativa de los individuos, ofreciendo respuestas aparentemente simples y definitivas a cuestiones complejas, pese a carecer de evidencia científica sólida.

Un ejemplo significativo de manipulación informativa y mediática es el uso malicioso de bots en redes sociales y otras plataformas digitales. Estas prácticas pueden considerarse una manifestación del tecnofascismo, ya que aprovechan las carencias en alfabetización digital que afectan a amplios sectores de la población y generan beneficios para determinados actores, organizaciones o grupos de interés.

A todo ello se suman cuestiones relacionadas con la gestión masiva de datos (big data), el desarrollo de la inteligencia artificial y los avances tecnológicos en ámbitos como las telecomunicaciones, cuya creciente eficiencia y capacidad de procesamiento amplían las posibilidades de influencia y control sobre la información.

En los últimos años, la inteligencia artificial también ha comenzado a emplearse con fines de manipulación informativa, desinformación y generación automatizada de contenidos engañosos, fenómenos que algunos autores vinculan a las dinámicas propias del tecnofascismo.

A pesar de que el concepto puede utilizarse desde perspectivas críticas, analíticas o constructivistas, continúa siendo un término altamente controvertido tanto en el ámbito académico como en el debate público.

Historia

La novela 1984 del escritor George Orwell es un referente popular más conocido de un tecnofascismo, y es utilizada a menudo para trazar paralelismos con los miedos al progreso tecnológico que expresa la sociedad actual. Orwell describe en su novela a una sociedad controlada por medios tecnológicos bajo el dominio absoluto de un partido. Pero aunque la obra de Orwell es frecuentemente usada como referente, autores y filósofos posteriores han sido más precisos respecto a este tipo de fascismo. Han usado el término tecnofascismo explícitamente, y han tratado con más detalle el control tecnológico de las sociedades.

La etimología social del término aparece en los años 70 . El filósofo André Gorz utilizó este término como hipótesis para explicar que el modelo de crecimiento capitalista vive una crisis por su carácter industrialista y basado en la sobreacumulación. Esa tendencia a la acumulación y la reproducción por exceso es la causante de los problemas por los recursos naturales, resultando en una crisis ecológica, que en primera instancia es la que origina este crecimiento del denominado tecnofascismo.

No obstante y según Gorz, aunque la crisis ecológica agrave la crisis del capitalismo, éste podrá encontrar nuevas fuentes de negocio en la mercantilización de bienes de tipo natural cada vez más escasos, o en la creación de sustitutos artificiales que den respuesta a las necesidades que el propio capital crea. En este escenario, la gestión de un ambiente empobrecido dejaría a un tecnofascismo como la salida más probable a los límites del crecimiento.

En la hipótesis de una evolución hacia un tecnofascismo, las grandes corporaciones industriales ceden el relevo a otras tecnológicas y los estados-nación tienden a desaparecer definitivamente. La principal preocupación de estos supra-entes de control será imponerse en todos los ámbitos de la vida individual y social, utilizando la vigilancia y la invasión de espacios individuales y sociales mediante dispositivos tecnológicos

Por su lado, otros autores, como Sheldon Wolin definen al tecnofascismo como un «totalitarismo invertido», en el cual el poder absoluto ya no tiene la apariencia de actuar como tal. Lo que hace importante al concepto tecnofascismo por tanto es la adaptación de viejos ideales fascistas a la estructura tecnológica, donde ya no se identifica con viejos regímenes políticos, dictaduras militares, campos de concentración, ni con el carácter punitivo o de obligatoriedad de una uniformidad ideológica, ni suprimir a los elementos disidentes siempre que no cobren un perfil demasiado intelectual.

En el tecnofascismo, el uso de las telecomunicaciones y de las computadoras se utiliza como medio de vigilancia absoluta, a la vez que se logra la adhesión de la población que percibe una sensación de progreso. La aparente horizontalidad de una sociedad altamente tecnológica sería por tanto una mera apariencia. En este sentido, para Wolin el elitismo es un principio político fundamental aquí, mediante el cual se asume que la existencia de habilidades desiguales es un hecho ineludible, lo cual la sitúa finalmente en una contradicción con un sistema democrático horizontal.

El filósofo Lewis Mumford denunció la falsedad de que la realidad esté basada en principios de centralización, control, y eficiencia. El autor realiza una interpretación antropológica del avance tecnocientífico y un enfoque crítico del mismo.

El pensador austriaco Ivan Illich planteó la aparición de un tecnofascismo debido a la esclavitud de las necesidades energéticas, al identificar el bienestar con el más alto consumo de energía y la necesidad de establecer el sistema de planificación que lo haga posible. "La maximización del sistema industrial bajo un techo energético más allá del cual cesa la viabilidad del sistema requiere la transformación de nuevos poderes a un leviatán tecnofascista.".

Controversia

A pesar de su generalización en la cultura, a menudo el concepto tecnofascismo es controvertido, peyorativo y subjetivista, por haberse convertido en un concepto empleado para desmontar a un rival político, o para criticar al propio rumbo que pueda tomar el uso de una tecnología concreta, como pueden ser, los sistemas de control de la información, el auge de las criptomonedas y el mercado negro en torno a ellas, o el desarrollo en materia de ciberseguridad, o de una videovigilancia cada vez más amplia y limitante de las libertades del individuo para el uso de la tecnología en sí.

Muchos intelectuales y autores han hecho un uso demasiado agresivo del concepto tecnofascismo para referirse a medidas impopulares de Gobiernos o de Corporaciones empresariales, quizá más relacionadas con el concepto más neutro de tecnocracia.

A pesar de que la concentración de poder en el mundo va en aumento y de que se generen situaciones que atenten contra la libertad del individuo o la manipulación informativa, el concepto de tecnofascismo a menudo ha sido generalizado y usado incorrectamente, o con intenciones claramente políticas para una crítica a ideologías de origen liberal, conservadoras o de derechas. A menudo en ciertos sectores del ciberactivismo es posible ver este uso politizado del concepto de tecnofascismo.

Durante la Pandemia de 2020 y el periodo de confinamiento, el concepto de tecnofascismo comenzó a emplearse más asiduamente, debido al momento tan grande de restricción de libertades que la sociedad mundial vivió, debido al brote descontrolado de Covid-2019. No fue sino gracias a las ventajas de la tecnología que fue posible que la sociedad fuera recluida en casi todos los países del mundo, a pesar de que en algunos lugares, el control de la población se tuviera que ejercer mediante medidas coercitivas igualmente.https://temas.publico.es/un-mundo-por-construir/2021/05/12/del-pasalo-y-el-ciberactivismo-al-tecnofascismo/

Véase también

Desinformación Ciberdelincuencia Sociología de Internet Antropología Cultural Posmodernidad Criptofascismo Pseudociencia Tecnocracia

Referencias

Bibliografía

Bosquet, M. (Gorz, A) "Ecología y Libertad: Técnica, técnicos y lucha de clases" Editorial Gustavo Gili, 1979 Wolin, Sheldon S. "Democracy Incorporated: Managed Democracy and the Specter of Inverted Totalitarianism" Prcenton University Press, 2010 Illich I. "Energía y Equidad" Barral, 1974 Orwell, G. "1984". Destino 2009.

Categoría:Populismo Categoría:Movimiento tecnocrático Categoría:Política y tecnología