miniatura|200px|La bandera de Córcega, símbolo de su independencia nacional miniaturadeimagen|Retrato de Pasquale Paoli (1725-1807), por William Beechey, c. 1810. Este militar y político corso (nacido en Morosaglia) encabezó el levantamiento contra el control genovés y luego francés de la isla, por lo que posteriormente fue convertido en símbolo nacional corso. La historia de Córcega es rica y muy antigua. Córcega ha sido ocupada prácticamente de forma continua desde el Mesolítico. Los primeros habitantes llegaron de la península itálica, en particular de la Toscana. La historia de la Córcega está atada a Italia hasta 1753, fecha en que la monarquía francesa invadió y anexionó la isla.
Después de la fundación de la ciudad de Aleria por colonos griegos, Córcega se integró en los reinos etruscos en el Luego quedaría bajo dominio de la República romana, para convertirse junto con Cerdeña en una provincia más del imperio. Al igual que esta y Sicilia, la isla de Córcega sufrió las invasiones vándalas, en cuyo reino fueron integradas; si bien desde el año 550 formaron parte, como el resto de Italia, del Imperio Romano de Oriente.
En el , el reino lombardo se anexionó Córcega, si bien pronto se convirtió en dominio franco tras su conquista hacia el año 774. En virtud del Tratado de Verdún (843), que dividió el Imperio carolingio entre tres sucesores, la isla fue incluida en la Francia Media, cuyo gobierno correspondió al emperador Lotario I. Con la sucesiva fragmentación de los dominios francos e imperiales (Tratado de Prüm de 855), Córcega formaría parte de diferentes reinados, pero siempre vinculada al Reino de Italia.
En 1091 el papa Urbano II cedió la isla a la República de Pisa, en cuya rivalidad con los genoveses terminarían estos por conquistar la isla en 1284, tras vencer en la batalla naval de Meloria. Sin embargo, surgiría otro conflicto cuando el papa Bonifacio VIII volvió a donar Córcega en 1297, esta vez al rey Jaime II de Aragón. De este modo la isla se vería afectada por la pugna entre ambos poderes en el Mediterráneo, hasta que Génova la recuperó a mediados del , bajo control del Oficio de San Jorge, una banca privada genovesa.
Independiente entre 1755 y 1769, finalmente fue tomada a los genoveses por el Reino de Francia, del que formaría parte desde las guerras napoleónicas hasta la actual República Francesa. Ello pese a que en el la isla fue al centro de aspiraciones irredentistas italianas, quedando ocupada militarmente por tropas italianas en 1942.Italian irredentism in Corsica Asimismo, existe un movimiento nacionalista corso que defiende su carácter de nación, opuesta a la francesa, y reclama su soberanía y total independencia.
Condicionamiento físico de la historia de Córcega En la historia de Córcega, la geografía y la orografía han ejercido mayor influencia que cualquier otro factor. La gran isla mediterránea es una auténtica «montaña en medio del mar», dado que está atravesada, desde el noroeste hasta el sudeste, por un imponente sistema de cadenas montañosas cuyas cimas superan a menudo los 2500 metros. La cúspide de esas montañas son los 2706 metros del monte Cinto, cuya cumbre, a menudo nevada incluso en verano, se encuentra solo a 28 km del mar a poniente, ilustrando así el desarrollo vertical más que horizontal de este territorio.
Este sistema montañoso siempre ha dividido Córcega en dos partes: la del Nordeste (hoy Haute-Corse), llamada históricamente Cismonte ('acá de las montañas' o 'parte interior', con referencia a Italia), y la del Sudoeste (hoy Corse-du-Sud), llamada Pumonte ('allende las montañas' o 'parte de fuera'). Los pasos que cruzan las montañas (muchos de los cuales se encuentran a más de 1000 metros de altura) quedaban bloqueados durante semanas enteras por las nevadas, por lo que constituían junto a las montañas más una barrera que un verdadero vínculo entre las dos subregiones. Los valles escarpados, a menudo sin comunicación entre sí incluso en el ámbito de la misma parte, trazan una especie de tela de araña con compartimentos estancos en el interior de Córcega.
Por un lado, estas características del terreno han hecho de las invasiones largas y difíciles, con una penetración lenta que, además, habituó a los habitantes a practicar la guerra de guerrillas. Por otro, han contribuido de modo decisivo a mantener relativamente baja la densidad de población y a un patrón de asentamiento disperso y aislado.
La vertiente que mira hacia Italia ha tenido siempre una mayor influencia de los habitantes de la península, tanto en el terreno político-social como en el lingüístico, mientras la parte suroccidental ha mantenido una mayor originalidad (aunque también ha gozado de un menor progreso político, por lo menos hasta la invasión francesa). El hecho de que la población se estableciera en los valles montañosos (todas las grandes ciudades al borde del mar fueron fundadas o desarrolladas por los invasores) generó y difundió por todas partes una tendencia al particularismo, que se empujaba a veces hasta que desembocaba en una especie de anarquismo que tuvo consecuencias dramáticas, la más dramática de todas la difusión y consolidación, durante siglos, de la plaga de la venganza (vendetta) como sistema sumarísimo de justicia, y del fenómeno muy difundido del bandolerismo.
miniatura|400px|Vista desde el satélite de Córcega que muestra su relieve montañoso. Al fondo, el archipiélago Toscano y el Argentario.
La gran división orográfica longitudinal y las transversales (menores pero a veces no menos importantes), más marcadas en la zona suroccidental, han acabado por crear en la isla fronteras ideológicas, sociales, lingüísticas y políticas. Estas fronteras, filtradas por la historia, se han traducido en las subdivisiones administrativas que, con muy pocas variaciones, han permanecido inamovibles hasta nuestros días.
La insularidad de Córcega y sus notables dimensiones (casi 8800 km²), a pesar de que no le sirven para poder asegurar un desarrollo realmente autónomo, han constituido la premisa necesaria para conferir a su turbulenta historia una originalidad notable (y a hacer de los corsos más fieros montañeses que marineros) a la vez que han garantizado el nacimiento y crecimiento, hasta nuestros días, de un fuerte sentimiento nacional y de un tenaz deseo de independencia.
Situada en una posición estratégica en el Mediterráneo occidental, Córcega suscitó el interés de diversos pueblos que, uno tras otro, se encontraban frente a ella en ese mar, ya fuese como comerciantes o como conquistadores. Fenicios, griegos, romanos, vándalos, bizantinos, pisanos, aragoneses, genoveses y, por último, franceses (que con el Tratado de Versalles de 1768 de hecho obligaron a la República de Génova a ceder la isla e inmediatamente después la invadieron) se adueñaron de la isla en el transcurso de más de dos milenios.
Los primeros habitantes Como consecuencia de las glaciaciones, el nivel medio del Mediterráneo descendió; de ese modo se crearon diversos puentes naturales que permitieron el paso de la fauna (y quizás del hombre) desde la parte continental italiana al archipiélago sardo-corso, pasando por las islas del archipiélago Toscano y atravesando como mucho una estrecha franja marítima.
Hace unos 12 000 o 14 000 años, el clima empezó la evolución que lo llevó hacia su forma actual, y Córcega tomó su actual aspecto insular. Destacan alrededor del 9000 a. C. (Romanelliano) los primeros yacimientos paleolíticos de piedra tallada y los esbozos escultóricos que se han hallado hasta hoy en Córcega, en la región de Porto-Vecchio. Un esqueleto femenino denominado la dama de Bonifacio, datado del VII milenio a. C., se encontró cerca de la ciudad del mismo nombre. miniatura|left|250px|Menhires alineados en el recinto megalítico de Palaghju, cerca de Sartè, al suroeste de Córcega El Neolítico, representado en Córcega también con restos de obsidiana importados, termina alrededor del 1800 a. C. En este periodo se desarrolla una civilización megalítica de relieve que deja en la isla dólmenes (cerca de Cauria y Pagliagio), menhires y la mayor concentración de las características estatuas menhir del Mediterráneo, concentradas sobre todo en el Sur, en el yacimiento arqueológico de Filitosa, pero que también se pueden hallar en el Norte, cerca de San Fiorenzo. El yacimiento de Filitosa se halla en las cercanías de Sollacaro, en el lugar en que desemboca al mar el valle del Taravo.
También en el sur se desarrolla, con el advenimiento de la Edad del Bronce, la civilización Torreana, relacionada con la nurágica de la vecina Cerdeña. De esta cultura quedan hoy numerosas torres con estructura similar a la de los nuragas sardos, aunque menos imponentes. Por la naturaleza de los hallazgos, su época y su localización, se tiende a suponer que dicha civilización podría ser una extensión de la que se estaba desarrollando en Cerdeña. Mejor organizados y armados, los torreanos (que algunos identifican con el antiguo «pueblo del mar» de los shardana) colocaron mejor sus megalitos y los distribuyeron hacia el centro y el norte de la isla. El mismo recinto de Filitosa presenta las trazas de la destrucción violenta al anterior asentamiento y la superposición del torreano.
Hacia la Edad del Hierro parece producirse una progresiva fusión entre los herederos de ambas civilizaciones: toma así forma el pueblo que los Griegos llamarán kóruioi (Κὁρυιοι). Es significativo el hallazgo de algunas inscripciones Fenicias que datan del y que citan al pueblo del mar denominado KRSYM, establecido en Kition (Chipre). En la grafía sin vocales que usaban los fenicios y otros pueblos semitas, KRSYM podría representar KoRSos (ya que -im es el fonema marcador de las formas plurales). Los KRSYM fueron bastante importantes, hasta el punto de que los fenicios necesitaron instituir una figura llamada MLS HKRSYM, es decir, el intérprete de los Korsos.
La época clásica miniaturadeimagen|Corcega en la época etrusca
En este periodo cada nuevo invasor expulsa al anterior. Ocupan la isla en rápida sucesión Iberos, Ligures, Fenicios y Griegos, mientras los indígenas se refugian en las montañas.
Iniciada en la isla alrededor del a.C., la Edad del Hierro termina con la entrada de Córcega en la Historia cuando colonos griegos de Focea fundan la colonia de Alalia 565a.C., cerca del lugar en el que hoy está la ciudad de Aleria. Los griegos llaman a la isla Cyrnos o Kallisté.
Pero tampoco los griegos resisten mucho tiempo: en 535 a. C. son expulsados por una coalición entre etruscos y cartagineses. Pero los griegos de Siracusa siguen visitando regularmente la isla y en el , fundan Portus Syracusanus (Porto Vecchio) que también caerá en manos de los cartagineses en el ).
Siete siglos de Córcega romana miniaturadeimagen|Corcega en la época del Italia Romana
Lucio Cornelio Escipión ocupa Córcega en 259 a. C., durante la primera guerra púnica, empezando de ese modo una dominación ininterrumpida que durará unos siete siglos. Los romanos llamaban Corsica a la isla. Después de una serie de diversos acontecimientos, los Romanos tratan de ocupar Cerdeña partiendo de Córcega y luego se vuelven a enfrentar con los corsos. La expulsión definitiva de las últimas fuerzas púnicas termina en 227 a. C. En un principio los romanos se limitan a controlar la isla sin iniciar propiamente una verdadera colonización.
Mario funda la ciudad de Mariana (Colonia Mariana a Caio Mario deducta, situada cerca de la actual comuna de Lucciana) hacia la desembocadura del Golo en el 105 a. C. A partir de ese momento empieza propiamente la auténtica colonización y en la isla florecen las villas rústicas y suburbanas, pueblos y asentamientos de todo tipo, incluyendo las termas de Orezza y Guagno.
En 81 a. C. los legionarios de Sila encuentran en Córcega un lugar para obtener las asignaciones de tierras, ahora cerca de Aleria, seguidos por los veteranos de Julio César.