miniaturadeimagen|Destrucción de códices, atavios y ropas de los sacerdotes originarios llevada a cabo por los frailes fransciscanos españoles en México, Lienzo de Tlaxcala, circa 1585. La extirpación de idolatrías hace referencia principalmente a las políticas y prácticas institucionalizadas de la Corona Española de erradicación forzosa de las religiones originarias y suplantación de las mismas con la religión católica en el Virreinato del Perú durante los siglos y . En el Virreinato del Perú, la extirpación de idolatrías fue complementaria a las actividades de la Inquisición española (o Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición), ya que las personas nativas no estaban sujetas a la inquisición ya que se los consideraba neófitos en la fe católica.Gareis (1989): 56.Gareis (1989): 58.

La extirpación consistió en la destrucción de las huacas —adoratorios, apachetas, esculturas y piedras de adoración de los indígenas (como illas llama o bezoares)—,Duviols (196): 18. la prohibición de ofrendar y bailarle a las deidades andinas, y la confiscación de objetos de oro y plata, además de la incineración de tejidos finos, queros de madera, tambores y los cuerpos momificados de los antepasados (los mallki).Gareis (1989): 57, 67-68. Asimismo, se capturó, torturó y encarceló los practicantes de las religiones originarias.Gareis (1989): 62-64. A los condenados por los extirpadores se les daba, como castigo y penitencia: la pena de azotes, la confiscación de bienes, la exposición con corozas y humillación pública, el rapado de la cabeza y el corte de cejas, el portar la cruz al cuello a perpetuidad o por un cierto período mínimo de seis meses, la pena de destierro y la pena de galeras.Ocurría algunos casos en donde las torturas dejaban inválido al condenado, inclusive le provocaba la muerte, como el caso de Bernardo de Noboa quien causó la muerte de tres indígenas mediante el maltrato físico: Pedro Paucar Lloclla, Hernando Acaspoma y Cristóbal Acasmalqui. En 1638, el cacique de Atacama acusado de idolatría, Pedro Liquitaya, fue condenado a muerte. En una carta de 1582, Alonso Granero de Ávalos, obispo de la diócesis de la Plata hace alusión a los dogmatizadores (líderes religiosos andinos), “a los que no se sometía al castigo ejemplar del fuego, como se había hecho con otros”,Biblioteca Peruana (Ruben Vargas Ugarte), t. III, pp. 89-90. indicando que este castigo ya se había aplicado anteriormente. En 1614 los curas de Yauyos y Huachos acusaron de idolatría, torturaron y encarcelaron a 100 indígenas; ya en prisión, murieron 80 indígenas al negárseles alimentación y abrigo. En las Peticiones de Chuschi (una serie de quejas de varios pueblos contra sus curas), específicamente en las denuncias del anexo de Tomanga se registra la muerte de indígenas producto del exceso de azotes que recibieron:

Las grandes campañas de extirpación de idolatrías se aplicaron principalmente en el arzobispado de Lima (en las provincias coloniales de Huarochirí y de Cajatambo); también hubo otras campañas de igual magnitud (pero con registros escasos) en las provincias de Huamachuco, Huánuco, Bombón,Conchucos, Huamanga, Cuzco, Arica, Atacama, Huaylas (Ancash), Arequipa, y en las Audiencias del Río de la Plata, Quito y Charcas. No obstante, impactaron mucho en los pueblos donde se realizaron y aparte de atentar contra las religiones andinas y sus actividades de comunión con las deidades locales, también se afectó la identidad cultural de los pueblos afectados y disminuyó la cohesión social de los grupos étnicos.

Este tipo de actos promovidas por las autoridades virreinales y la corona española representan una destrucción deliberada y sistemática del patrimonio cultural; y caben dentro del concepto de "Etnocidio" propuesto por Pierre Clastres quien lo definió como una "destrucción sistemática de los modos de vida y pensamiento". También llega a ser "Genocidio cultural", cuya definición fue propuesta por Raphael Lemkin como «vandalismo» en perjuicio del patrimonio y la herencia cultural.Raphael Lemkin, Acts Constituting a General (Transnational) Danger Considered as Offences Against the Law of Nations (J. Fussell trans., 2000) (1933); Raphael Lemkin, Axis Rule in Occupied Europe, p. 91 (1944).

Etimología del término

Idolatría La idolatría hace referencia a la adoración a los ídolos. En el Concilio de Trento (1545-1563), la Iglesia católica afirmó que las imágenes religiosas cristianas de Cristo, de la Virgen y de otros santos no eran seres sagrados más si eran representaciones de estos, por lo que era correcto adorar a las imágenes a través de besos o el arrodillarse al estar frente a estas, o usarlas como medio para comunicarse con Dios.Echeverry Pérez (2012): 58. Cualquier adoración a otros ídolos, fueron calificadas como paganas, infieles o idolátricas.

El contexto de la época marca a los evangelizadores y conquistadores con ideologías cristianas como la del filósofo italiano del Tomás de Aquino, quien advierte que tanto la herejía como la idolatría son pecados contra la fe y «que cualquier cosa inventada por el hombre para hacer y adorar ídolos o para dar culto a una criatura es supersticioso».Cattan (2014): 43.

Extirpación en el Virreinato del Perú () Inicios de la extirpación en el La lucha contra las religiones originarias de América se dio desde el descubrimiento por parte de los europeos, como lo evidencian las Donaciones Papales de 1493 donde el Papa Alejandro VI encomendó a los Reyes Católicos la evangelización de los habitantes del Nuevo Mundo.

En el caso sudamericano; una de las primeras muestras de supresión forzosa de la religión andina es el incidente de Pachacamac en 30 de enero de 1533 donde Hernando Pizarro luego de arribar al pueblo de Pachacamac, en busca de metales preciosos por mandato de Francisco Pizarro, desenvainó su espada y quebró el madero de Pachacamac, luego ordenó desbaratar la bóveda que lo abrigaba frente a todos los sacerdotes "presentes que vieron con gran espanto … esperando una manifestación de ira del dios", Pizarro prosiguió a "hablarles del error de su idolatría y de que aquel madero no era dios sino la representación del mismo demonio" como lo cuenta el mismo:

La erradicación de las religiones andinas se ratifica en 23 de marzo de 1534 con la Fundación de la ciudad del Cuzco:

Los Concilios Limenses En el año de 1545, el arzobispo Geronimo de Loayza (quien años después lideraría el Primer Concilio Limense) redacta “La Instrucción” que contenía los lineamientos iniciales de la evangelización, uno de sus puntos está orientado a la “Destrucción de monumentos paganos”, en este texto se asientan las bases para las futuras “visitas de idolatrías”:

Con los Concilios Limenses realizados en 1551, 1567 y 1582 se considera la creación de campañas que consistieron en la destrucción de esculturas y piedras, adoratorios y huacas utilizados por la población local.

Campañas de Polo de Ondegardo en Cuzco El corregidor de Cuzco, Juan Polo de Ondegardo asumió su cargo desde 1558 a 1561, en sus dos primeros años de administración logró confiscar todos los mallkis incas que aún quedaban en la clandestinidad, destruyó la mayor parte de ellas y las mejor conservadas las envió a Lima.

También mando extraer la arena sagrada del Haucaypata (plaza del Cuzco, considerada la cuarta guaca), allí se extrajeron varias ofrendas y conopas de oro, es muy probable que durante estas campañas se quitó la huanca central, que Cieza de León la llamaba "Piedra de la guerra".

Para contrarrestar las idolatrías que aun permanecían, Polo de Ondegardo se empeñó en estudiar y clasificar las huacas incaicas, así logró redactar un informe sobre los ceques, líneas imaginarias alineadas con las huacas cuyo eje central era el Coricancha.

Campañas en Huamachuco en 1560 En la provincia de Huamachuco se adoraba a Apo Catequil desde épocas preincaicas, a la llegada de los españoles, los sacerdotes trasladaron la imagen a un sitio apartado por miedo a que estos destruyeran el santuario. Cuando los frailes agustinos iniciaron la campaña anti idolátrica en la década de 1560, tras varios años de labor evangelizadora, descubrieron el escondite, llevaron el ídolo de Catequil al monasterio y la molieron hasta convertirla en polvo, que arrojaron al río a escondidas; trasladaron a otra parte el pueblo de Porcon, que había estado al servicio del culto, y confiscaron el ganado que pertenecía a la deidad. Parece que no hallaron gran cantidad de oro y plata, pero si recogieron gran número de textiles y algunos instrumentos musicales, realizados en plata.

Los Agustinos notaron que sus esfuerzos por convertir a los indígenas no habían dado los resultados esperados. Aunque los pobladores aparentaban ser buenos cristianos, seguían practicando en secreto sus antiguos ritos religiosos. Esta forma de resistencia cultural, en la que los andinos aceptaban exteriormente las costumbres cristianas pero continuaban en la clandestinidad con sus creencias ancestrales, se mantuvo incluso durante el .Gareis (1989): 57. Las acciones que tomaron los Agustinos para eliminar los cultos locales consistieron en destruir piedras, estatuas y otros objetos sagrados que representaban a las divinidades andinas.

Campañas de Cristóbal de Albornoz contra el Taqui Oncoy Entre las décadas de 1560 y 1570, Cristóbal de Albornoz recorrió parte de la sierra central del Perú, con la misión de reprimir el movimiento nativista del Taki Onqoy, cuyo centro principal estaba en Huamanga (actual Ayacucho).

Durante su inspección, que marcó el final del Taki Onqoy, Albornoz también halló y destruyó templos, huacas y lugares de culto, castigando a los sacerdotes locales, como el caso de Juan Chocne que fue condenado a recibir azotes y encarcelado en Cusco, donde murió en circunstancias misteriosas en 1570.

Los protocolos elaborados durante su visita anticiparon el tipo de registros que caracterizarían a futuras campañas; incluyendo listas con los nombres de las huacas y de los sacerdotes autóctonos de cada comunidad, todo ello plasmado en su "Instrucción para descubrir todas las guacas del Pirú y sus camayos y haziendas"(1582), este escrito tenía el objetivo de:

Intentos de extirpación masiva en Cuzco Albornoz solicitó al rey en 1585, una "comisión" para llevar a cabo extirpaciones masivas en todo el arzobispado del Cuzco:

Intentos de sujetar a los indígenas en la Inquisición La década de 1570 estuvo marcada por la figura del virrey Francisco de Toledo, en su gobierno llegaron los jesuitas y la Inquisición al Perú. Toledo, reconocido por reorganizar la administración virreinal, propuso que los indígenas fueran también juzgados por la Inquisición, al igual que los demás habitantes del virreinato.

Es importante recordar que los indígenas no estaban sujetos a la Inquisición, ya que se les consideraba recién convertidos al cristianismo (neófitos) y, por tanto, no podían ser evaluados con las mismas normas que los “cristianos viejos”.

Sin embargo, hacia esa época ya había pasado suficiente tiempo desde la Conquista, y muchos comenzaron a cuestionar si los indígenas aún podían considerarse neófitos, pues sus padres ya habían sido evangelizados. En este contexto, el primer inquisidor del Perú Licenciado Serván de Cerezuela consultó al Consejo de la Inquisición en enero de 1570 sobre:

De igual forma, el dominico Fray Francisco de la Cruz escribió al Rey, recomendando que la Inquisición también se aplicara a los indígenas peruanos, puesto que “casi todos estaban ya baptizados”.