Practical Ethics es un libro de 1979 del filósofo moral Peter Singer, que trata sobre la ética aplicada. Desde el punto de vista del utilitarismo, en la obra se analizan la fundamentación ética de temas controvertidos como la eutanasia, la lucha contra la pobreza, el aborto y la igualdad entre humanos y animales. Las opiniones de Singer de temas como la eutanasia o el infanticidio provocaron controversia y la cancelación de varias de sus conferencias en países como Alemania, Austria y Suiza.

Contexto Desde mediados del varios filósofos y pensadores comenzaron a analizar un presunto declive de la moral en amplios sectores de la sociedad lo que los llevó a cuestionar la desconexión entre académicos encerrados en torres de marfil y los problemas sociales que se fueron profundizando desde la década de 1960.

Estas críticas provocaron la aparición en el entorno académico anglosajón de varios obras que trataban de dar respuesta o servir de guía ante las críticas al sistema. Entre estas propuestas destacaban las obras de corte político de John Rawls vinculado al liberalismo, las de Robert Nozick del libertarismo o anarcocapitalismo y las de Gerald Cohen y Herbert Marcuse asociadas al marxismo. Sin embargo, los escritos de estos filósofos tenían poco éxito entre la población general debido a su estilo de redacción compleja y el análisis a cuestiones teóricas y poco prácticas.

En cambio desde la década de 1970 el filósofo australiano Peter Singer se convirtió en uno de los principales promotores de la aplicación de la ética a problemas prácticos desde un punto de vista de la ética secular y con un lenguaje accesible. En sus escritos se centró en la aplicación de la filosofía moral a problemas concretos como el aborto, la eutanasia, el racismo, la pobreza, el medioambiente, etc. Mientras que dejaba en segundo plano las cuestiones abstractas, como el estatuto ontológico de conceptos morales como bueno y malo.

La postura de Singer, que se vio influenciada por las ideas de los filósofos Jeremy Bentham y R. M. Hare, se adhería a la visión consecuencialista de la ética, en particular al utilitarismo. De acuerdo a la versión clásica de esta corriente, se juzgan a los actos como buenos en función de si estos producen un aumento en la felicidad o reducción del dolor general. Aunque en la versión seguida por Singer, el utilitarismo de preferencia, se prioriza la máxima satisfacción de los intereses posible de todos los involucrados en una acción.

Las ideas de Singer comenzaron a ganar influencia tras la aparición del ensayo Famine, Affluence, and Morality en 1972. Donde uno de sus principales argumentos para combatir la pobreza era que si «está en nuestro poder evitar que ocurra algo malo, sin por ello sacrificar nada de comparable importancia moral, estamos moralmente obligados a hacerlo». Posteriormente su libro Liberación animal publicado en 1975, se convirtió en un best seller y en uno de los textos fundamentales de los movimientos que luchaban por los derechos de los animales. En obras posteriores, se centró en el estudio de la aplicación de la ética a cuestiones médicas, como el aborto o la eutanasia, haciendo contribuciones en el campo de la bioética.

Resumen Singer analiza, en detalle, por qué y cómo deben ponderarse los intereses de los seres. En su opinión, los intereses de un ser deben ponderarse siempre en función de sus propiedades concretas, y no de su pertenencia a algún grupo abstracto. Singer estudia una serie de cuestiones éticas como la raza, el sexo, el aborto, la eutanasia, el infanticidio, la experimentación con embriones, la condición moral de los animales, la violencia política, la ayuda exterior y si tenemos la obligación de ayudar a los demás. La segunda edición de 1993 añade nuevos contenidos sobre los refugiados, el medio ambiente, la igualdad y la discapacidad, la experimentación con embriones y el trato a los académicos en Alemania.«Reseña de Ética práctica de Peter Singer». 2006-09-20. Recuperado 2009-05-22.«Ética práctica 2ª edición». Recuperado 2009-05-22.

Una tercera edición publicada en 2011 omite el capítulo sobre los refugiados y contiene un nuevo capítulo sobre el cambio climático.«Cambridge University Press». Recuperado en 2011-03-17. En esta última edición, Singer asoma una transición del utilitarismo de preferencia a un utilitarismo hedonista o clásico. Basado en esta nueva postura considera que las vidas de las personas tienen el mismo valor que el de los seres sintientes, a diferencia de lo que expresaba en las ediciones previas del libro, en donde le daba un mayor valor a las vidas de las personas.

Capítulo 1. Sobre la ética Inicia el primer capítulo cuestionando la creencia de que la ética es un tema exclusivo de la religión o de los moralistas tradicionales. Singer ve varios problemas en tratar de sostener la ética o la moral en ideas religiosas, comenzando por los problemas derivados de la creencia de que dios es bueno y la incapacidad para explicar la existencia del mal. Otro de los problemas a los que hace alusión es que en algunas interpretaciones del pensamiento cristiano se motiva a actuar moralmente por el interés propio, pues aquellos que sean virtuosos lograrán ir al cielo y el resto se quemará en el infierno.

Tampoco se muestra partidario de la ética deontológica, la que se basa en normas inflexibles y de cumplimiento obligatorio como no mentir, no robar o no matar. Menciona que estas normas suelen ser útiles en la vida cotidiana, pero en ocasiones entran en conflicto ante situaciones de la vida real, lo que provoca que se creen normas más complejas y específicas. A modo de ejemplo muestra como el mentir en general es malo, pero si gracias a una mentira se logra salvar la vida de una persona inocente perseguida por una dictadura, el mentir sería éticamente correcto en esa situación.

Ante la dificultad de aplicación de una ética basada en normas, debido a que en ocasiones una misma acción puede tener consecuencias buenas o malas dependiendo de varios factores, apuesta por un enfoque que se ve poco afectado por estos problemas, el consecuencialismo y en particular la corriente del utilitarismo. Expresa como esta postura no comienza con las normas, sino por los objetivos, valorando los actos en función de las consecuencias que provocan.

A pesar de su postura, no aprueba el relativismo moral. Piensa que la forma de lograr un razonamiento ético aceptable es que estos deban basarse en principios morales universales similares a la regla de oro, el imperativo categórico o la idea utilitarista en la que «cada uno cuenta como uno y nadie como más de uno».

Singer cree que, a diferencia de otras corrientes que persiguen una ética universal basada en normas, el utilitarismo, en particular el utilitarismo de preferencia, logra una postura mínima aceptable para universalizar la toma de decisiones al dar igual importancia a los intereses de todos los involucrados al momento de realizar un razonamiento moral.

Capítulo 2 La igualdad y sus implicaciones El segundo capítulo inicia mencionando que el principio de que todos los seres humanos son iguales se convirtió en parte de la ortodoxia ética y política en la mayoría de las sociedades, por lo menos en la vida pública. A pesar de esto, opina que a medida que se analiza este principio a fondo comienzan a encontrarse problemas. Dice que los seres humanos tienen muchas diferencias, tanto físicas como de personalidad. Describe como existen mujeres y hombres, personas de diferente color de piel, unos más altos o con más fuerza física, otros que aparentan tener habilidades innatas en el deporte o las ciencias.

Por lo que debido a estas diferencias, según Singer, es difícil encontrar una base fáctica en la cual sustentar la igualdad. Lo que lo lleva a considerar que la igualdad no reside en el sexo, etnia, nacionalidad, inteligencia o cualquier otro atributo similar. Piensa que la igualdad es un principio ético básico y propone que este principio sea la igual consideración de intereses.

Singer considera que las personas, sin importar las diferencias físicas y de personalidad, tienen intereses fundamentales como evitar el dolor, satisfacer las necesidades básicas, tener buenas relaciones personales, el desarrollo de la propia personalidad y libertad para alcanzar aspiraciones personales. Expone como según el principio que propone al momento de realizar un razonamiento ético se le debe dar igual importancia a los intereses de todos los involucrados en nuestras acciones, valorando el interés más fuerte o la combinación de intereses que provoquen un mayor peso. Aunque reconoce que en algunos casos puede llegar a ser demasiado exigente, como al momento de evaluar los intereses entre seres queridos y extraños.

Singer hace la acotación de que debido a las dificultades teóricas para argumentar en favor de una forma de igualitarismo más completa, su idea es un principio mínimo de igualdad, pero que no establece igual tratamiento. Describe la forma de priorizar los intereses con un método similar al usado en el principio económico de la utilidad marginal decreciente, que determina que un bien es más útil para un individuo cuando le es más escaso. Pone de ejemplo el caso en que se necesite distribuir ayuda, en esta situación se le debe dar prioridad al interés de los más necesitados, dirigiendo la mayor cantidad a estos y menor a los que menos necesitan.

Ante las posibles críticas de ser un principio excesivamente formal y teórico, dice que es lo suficientemente fuerte para rechazar cualquier intento de justificar medidas desigualitarias. Lo ejemplifica con el caso hipotético de que se demostrara que genéticamente los blancos tuvieran un cociente intelectual medio superior a los negros o que los hombres en promedio tuvieran una personalidad más agresiva y competitiva que las mujeres y que por ende llegaran con mayor frecuencia a posiciones de liderazgo. En primer lugar dice que estos tipos de estudios medirían promedios por lo que a nivel individual existirían negros y mujeres con iguales o superiores atributos que los blancos y hombres respectivamente. En segundo lugar, menciona que basado en la igual consideración de intereses, la igualdad no depende del grado de inteligencia, competitividad o cualquier otro atributo, sino que reside en que todos poseen intereses vitales como evitar el dolor o satisfacer las necesidades básicas.

Posteriormente evalúa algunos sistemas que tratan de implantar la igualdad a gran escala. Se muestra crítico con el ideal de la igualdad de oportunidades en el que se permite, según su opinión, justificar grandes desigualdades siempre y cuando todos hayan tenido las mismas oportunidades. Dice que en la práctica la mayoría de las personas no tienen las mismas oportunidades, ya que muchas acceden a un sistema educativo deficiente o provienen de familias pobres o disfuncionales. Además, menciona que en el caso hipotético de que se lograra eliminar las diferencias del medio, según algunos estudios una parte de la personalidad e inteligencia puede estar influenciada por la genética, incluso dentro de individuos de una misma raza, por lo que probablemente seguirían existiendo ciertas desigualdades.

Prosigue evaluando como una sociedad que se rija por la máxima de cada cual según su capacidad, a cada cual según sus necesidades, cumpliría en general con el principio de igual consideración. Sin embargo, dice que tras el fracaso de los países socialistas, que seguían en teoría este principio, para que esto funcione se necesitaría un cambio radical en la naturaleza humana. Opina que si bien no todas las personas necesitan muchos estímulos para lograr metas que requieran grandes esfuerzos, en general premiar el esfuerzo puede llegar a ser positivo y beneficiar a la sociedad.