El lema Viva el rey, muera el mal gobierno fue una arenga de propaganda propio de las revueltas en el Antiguo Régimen en el mundo hispánico (ajenas a tendencias Radicalistas). Consignaba en el soberano la defensa de sus súbditos (del Común) por las injurias que recibía de sus subordinados del Rey (las autoridades), sirviendo como lema de reivindicación local contra atropellos de malos funcionarios. Se presentaron variaciones regionales donde se decía «¡Viva la tierra, muera el mal gobierno!», «Viva el Rey, abajo el mal gobierno» o «Viva el Rey, fuera el mal gobierno».
Significado La arenga solía tener el propósito de asegurar el fidelismo de los alzados hacia la Monarquía Española, en tanto que la persona del Rey era percibida como una cabeza política legítima e imprescindible en la organización institucional de la sociedad política (no cuestionándose el sistema monárquico), pues era el máximo garante de justicia por su educación aristocrática en virtuosidad, y que como soberano tenía un deber de proteger el Pactismo (de deberes y servicios entre autoridad y súbdito) entre sus Vasallos.
Por lo que se asumía simplemente que el Rey de España era inocente de que algunas regiones estuvieran en un período de Corrupción política, y que más bien la culpa era de funcionarios ineficientes del Rey, el mal gobierno, que no estaban cumpliendo con rectitud la voluntad del Monarca por cumplir los pactos de la Monarquía tradicional y su sustento moral en la Ley eterna y divina, por tanto, dichos funcionarios del mal gobierno estaban abusando de la confianza del rey y causando daño a su Majestad por perjudicar al Reino en el Derecho natural.
Sería aceptado implícitamente de manera general y consolidado desde el como un fenómeno masivo, en base al principio Tomista de Justicia distributiva que permitía el rechazo del mal gobierno siempre que se mantenga la finalidad de asegurar el Bien común, que exigía a su vez mantener la Legitimidad política (y con ello el rey también tenía la obligación de cumplir con sus juramentos al pueblo, o no habría Legitimidad de ejercicio de su autoridad).
Uso
En España El "Viva el Rey" se habría estado usando desde tiempos inmemoriales en múltiples revueltas. Durante la Edad Media se destacaba para pedir la intervención del rey contra los Malos usos señoriales y otra clase de alteraciones al Statu quo en perjuicio del Siervo; mientras que en la Edad Moderna se destacó en el propósito de defender los Fueros locales que protegían las leyes y costumbres regionales de cada sociedad de los territorios integrantes de la Corona Española (agregándose y popularizándose el complemento de "muera el mal gobierno" para asegurar el Pluralismo jurídico y la Ley Moral que emanaba del Reino de Dios).
Se usó en varios eventos históricos, por ejemplo:
La ‘Revuelta Irmandiña’ de 1467 por la Irmandade Fusquenlla contra caballeros y clérigos acusados de abusos.Revueltas en la Monarquía española», en Jack P. Greene y Robert Forster (eds.), Revoluciones y rebeliones en la Europa moderna, trad. de Blanca Paredes, Madrid, Alianza, 1972, pp. 123-144. Las Germanías, apareciendo por primera vez el epíteto "Mori el mal govern" ("muera el mal gobierno" en Idioma catalán) en el Reino de Mallorca, como consecuencia del miedo a que Carlos I de España no respete las costumbres locales por ser un rey extranjero. La ‘Sublevación de Cataluña’ de 1640-1652, en el marco de la Guerra franco-española (1635-1659), con el Corpus de Sangre.Minguez Cornelles, Víctor (2004). «Rey patria en el mundo hispánico». El Imperio sublevado. Monarquia y naciones en Espana e Hispanoamerica (Spanish Edition). Consejo Superior de Investigaciones Cientificas. p. 22. Posteriormente se usaría contra los franceses en la Guerra de los Segadores. Durante la Revuelta de Masaniello en el Reino de Nápoles (parte de la Italia española como Virreinato de Nápoles), en su etapa moderada de 1647 como protestas reclamando por la subida de impuestos y las hambrunas por causa de la Guerra de los Treinta Años (luego se abandonaría en los partidarios de la República Napolitana). El 'Motín de la Feria' de 1652 en Sevilla durante las Alteraciones andaluzas. El Motín de Esquilache de 1766 Durante el ‘Pronunciamiento de Riego’ (1820), el bando liberal uso una versión que arengaba ¡Viva el rey constitucional!, posteriormente con la ‘Guerra Realista’ (1822-1823) el bando reaccionario usaría una versión ¡Viva el rey! ¡Abajo la constitución y los liberales que la quieran!. En la ‘Guerra de los Agraviados’ (1827) contra los Afrancesado y Masones de la Desamortización española.
En América Tras consolidarse la Colonización española de América, se exportaría este lema entre los súbditos americanos, los cuales lo aplicarían para defender el Derecho indiano, sin cortar con los Habsburgos españoles, pues la figura del Rey era garante del cumplimiento de los pactos hechos entre las comunidades políticas americanas (representadas usualmente por Caciques y Encomenderos) y la Corona de Castilla.
Se empezaría a usar con mayor regularidad en los Virreinatos Americanos en el , como reacción al descontento que provocaron ciertas Reformas borbónicas de corte Regalista en la Sociedad política indiana. En los criollos como expresión de rechazo a empoderar muchos peninsulares "extranjeros" en los puestos de poder para supervisarles; y de los indígenas como una expresión de desprecio por los "Gachupines" y criollos que no respetaban sus derechos como comunidad o las libertades de los nobles indios.https://www.larramendi.es/es/catalogo_imagenes/grupo.do?path=1024499 Con el tiempo terminó expresando un rechazo general al Absolutismo español y sus tendencias centralistas propias del Regalismo español, exigiendo el pueblo que los Reyes españoles corrijan lo que consideraban era un atentado del estado central a su soberanía Corporativa, como también un lema anti-corrupción en los grupos rebeldes moderados (que no querían cortar con el Imperio español, si no que reformar las autoridades regionales, haciendo un llamado de justicia al Rey o el Virrey). Manteniendo la mayor parte del tiempo un carácter local. Usualmente las demandas americanas eran: abolición de monopolios comerciales, impuestos más bajos, reclamos contra el reglamento del comercio libre (debido a falta de protección frente a la competencia), expulsión de peninsulares corruptos que formen parte del aparato burocrático-administrativo, que se valoren los privilegios del clero y la Iglesia (junto a recorte de los impuestos eclesiásticos), el regreso de los Jesuitas tras su expulsión.O’Phelan Godoy, S. (1992). Rebeliones andinas anticoloniales. Nueva Granada, Perú y charcas entre el siglo XVIII y el XIX. Anuario De Estudios Americanos, 49(1), 395–440.
Durante las Guerras de independencia hispanoamericanas, sería invocado por los rebeldes durante la estrategia de Máscara de Fernando VII, donde los líderes revolucionarios-liberales fingían lealtad para evitar ser declaradores traidores por sus objetivos verdaderos, así como para evitar no conseguir el apoyo popular de las masas (mayormente fidelistas), dándose una imagen de defensores de los derechos del rey Fernando VII de España contra José I Bonaparte, mientras se negaban a jurar lealtad al Consejo de Regencia de Cádiz con el discurso erróneo de que la Invasión francesa de España fue culpa del mal gobierno peninsular (acusándolos a todos los Españoles peninsulares de manera genérica como Afrancesados, para así polarizar a la población que ya estuviera descontenta con los peninsulares). Por otro lado, paradójicamente sería invocado posteriormente por la facción más conservadora de los patriotas, en especial los de tendencia Monarquista que solo buscaban mayor autonomía política sin arruinar las relaciones con España o el Sistema señorial (a través de que Fernando VII los eleve a reinos con su propia Constitución política, o incluso lograr ser reinos independientes en Unión personal con la persona del Rey de España, o alguno de sus infantes hermanos, en vez del estatus de Unión dinástica de los Reinos de Indias con la Corona de Castilla a la que estaban sujetos a nivel institucional).
Por otra parte, antes de la Restauración absolutista, una facción liberal del Ejército realista también la invocarían con el objetivo paradójico de exigir que se cumpla la Constitución de Cádiz, puesto que por un tiempo se presentaron rumores de que en realidad Fernando VII había fallecido, o estaba prisionero (en ambos casos se asumía erróneamente que el Rey defendía las reformas gaditanas), y que los Virreinatos no acataban las reformas que los elevaban a Diputación provincial por culpa de un mal gobierno. A su vez, los realistas de corte Absolutista la invocaron para combatir a las autoridades coloniales (que consideraban infiltrados de los liberales españoles de las Cortes de Cádiz) que con jurar a la Constitución estarían atentando contra las libertades del Rey. Finalmente, durante el Trienio Liberal, una facción Tradicionalista se solidarizaría con la causa de las Partidas realistas (sobre todo los Apostólicos y proto-Carlistas) e invocarían la frase para defender una Reacción Contrarrevolucionaria a las autoridades liberales del mal gobierno que atentaban contra la religión, el rey y la nación con sus ideas Ilustradas (ello incluía también a los absolutistas por ser partidarios de las innovaciones del Despotismo ilustrado, como su Regalismo).
En el Perú Fue usada en varias protestas y rebeliones del en el Virreinato del Perú, que usualmente mantenían una tendencia fidelista. La única excepción fue la etapa radical de la Rebelión de Túpac Amaru II (en 1780 fue usada en un pasquín redactado por algún criollo arequipeño).
Posteriormente fue usada por los independentistas en las primeras etapas de la Independencia del Perú con la Insurrección de Tacna de 1811, Rebelión de Huánuco de 1812, Rebelión de Tacna de 1813, Rebelión del Cuzco de 1814, etc que usualmente estaban en línea con la moderación inicial de los rebeldes argentinos. Otros tantos porque solo exigían el cumplimiento de la Constitución de Cádiz. Posteriormente, en la fase inicial del Protectorado de San Martín se invoco por los conservadores monarquistas peruanos (aunque se abandono tras el fracaso de las Conferencias de Punchauca con el Virrey del Perú, José de la Serna). También fue usada por los realistas divididos durante la Rebelión de Olañeta, donde ambas partes se acusaban mutuamente de liberal (mayormente a La Serna) o absolutista (mayormente a Pedro Antonio Olañeta) y que atentaban contra los derechos del rey y el buen gobierno de la Monarquía Católica.
La última vez que se invoco fue en la República de Iquicha en la Guerra de Iquicha (1825-1828) por parte de Antonio Huachaca y los iquichanos con el lema "Viva el Rey, muera la Patria y sus Satélites" contra lo que consideraba el mal gobierno de los anticristos republicanos.
En México Fue invocado durante el Motín de 1692 en la Ciudad de México.Estrategias culturales en el tumulto de 1692 en la Ciudad de México: Aportes para la reconstrucción de la cultura política antigua. Natalia Silva Prada
Durante el Grito de Dolores, que inicio la Guerra de Independencia de México, varios testigos adujeron que el prócer Miguel Hidalgo y Costilla invoco la frase, aunque se presentan distintas versiones de lo ocurrido, en donde se incluirían otras frases en su arenga, como "Viva la Religión", " Viva la América", "Viva la Virgen de Guadalupe", "Viva Fernando VII", "Mueran los gachupines", etc que expresan el contexto regional y sus particularidades ideológicas del personaje.
En Argentina Se invoco durante una revuelta en 1724 en la localidad de Salta por parte de indígenas, mestizos y criollos pobres.