Madroñera es un municipio y localidad española de la provincia de Cáceres, en la comunidad autónoma de Extremadura. El término municipal tiene una población de .

Geografía Madroñera está situada entre las tierras de la meseta Trujillano-Cacereña y la sierra de las Villuercas. Atraviesan sus tierras las aguas de los ríos Almonte y Magasca. Predomina el paisaje adehesado, combinando con olivares y tierras de labor. Pertenece al partido judicial de Trujillo.

El término municipal de Madroñera limita con:Entidades Locales Diputación Provincial de Cáceres

Trujillo al oeste; Torrecillas de la Tiesa al norte; Aldeacentenera al este; Herguijuela al sur.

Naturaleza Fauna En la avifauna destacan perdices, tórtolas y patos. En cuanto a mamíferos; liebres, conejos, jabalíes y zorros son comunes en su término municipal. Las especies piscícolas, destacando tencas y carpas, pueden pescarse en sus pantanos y charcas.

Flora Su vegetación es típica de bosques mediterráneos, pues cuenta con encinas y alcornoques, también robles, melojos o rebollo, castaños y, por supuesto, madroños, que dan nombre a esta tierra.

Historia

miniatura|Estela de Madroñera

Madroñera se fundó probablemente a finales de la Edad Media como pueblo perteneciente a la tierra de Trujillo, tras reconquistarse Trujillo e iniciarse el proceso repoblador en sus alrededores. Según cuenta una leyenda local, la repoblación del lugar la hicieron unos colmeneros de Serradilla. Esta leyenda podría tener cierta base real por las similitudes en la lingüística de ambas localidades, pues el dialecto tradicional de Madroñera es similar al dialecto extremeño que se habla en Serradilla.Historia Ayuntamiento de Madroñera

No se sabe el año exacto de su fundación, pero sí que en 1551 lo estaba. En 1558 Gutierre Vargas Carvajal, obispo de Plasencia, compró a Su Majestad haciéndole villa, y falleciendo en 1559, hizo cesión de la compra en Alonso Ruiz de Albornoz, regidor de la ciudad de Trujillo. A su muerte, la villa pasa a ser propiedad de Isabel Martínez, su viuda, y tras ella a su nieto Pedro Ruiz de Avilés, quien una vez superada su minoría de edad se emplea a fondo en el gobierno de la villa. De este momento datan las primeras ordenanzas municipales propias de la villa, redactas en 1592. Tras la muerte de Pedro Ruiz de Avilés, el señorío de la villa recae, primero, en María de Sanabria y, después, en Teresa Carrillo de Albornoz, siendo tras la muerte de esta última en 1621 cuando la villa pasa a manos de Alonso de Santa Cruz y Sanabria, produciéndose un cambio de linaje dentro del señorío que culminaría con la consolidación del mismo por medio de la fundación de un mayorazgo. Será en manos de esta línea familiar en manos de quien permanecerá el señorío durante todo el Siglo de Oro, hasta la llegada en la segunda mitad del de los Chaves-Mendoza y los Pizarro-Carvajal. En 1791 era señorío de Juan Calderón Laso, vecino de Almodóvar del Campo. GONZÁLEZ SOLÍS, Esther; DE ORELLANA-PIZARRO, Juan Luis; SÁNCHEZ ABRIL, José Luis. “Ni soldados de fortuna ni caballeros famosos: señores de Madroñera”. XXXIX Coloquios Históricos de Extremadura (2011), págs. 335-361 http://www.chdetrujillo.com/ni-soldados-de-fortuna-ni-caballeros-famosos-senores-de-madronera/

A la caída del Antiguo Régimen la localidad se constituye en municipio constitucional en la región de Extremadura, desde 1834 quedó integrado en el partido judicial de Trujillo. Cervantes Virtual En el censo de 1842 contaba con 580 hogares y 2082 vecinos. Municipio Código INE -10.113 A mediados del , la villa tenía contabilizadas 350 casas. Aparece descrita en el decimoprimer volumen del Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de Ultramar de Pascual Madoz de la siguiente manera:

Demografía Madroñera cuenta con una población de .

Administración y política

Servicios públicos Educación Hasta el año 2010, Madroñera contaba con dos colegios de educación primaria: el CEIP San Fernando y el CEIP Marciano Curiel, que recibe su nombre de Marciano Curiel Merchán. Actualmente y desde esa fecha, en Madroñera se encuentra el CEIP Sierra de Madroños, el cual utiliza las instalaciones del antiguo San Fernando para primaria, asimismo, el pueblo cuenta con su propio IESO, el IESO Cerro Pedro Gómez.Relación de IES e IESO de Extremadura fp.educarex.es

Patrimonio miniatura|Fachada con anuncio de Nitrato de Chile en la plaza Calvo Sotelo De sus monumentos destacan: La iglesia parroquial católica bajo la advocación de Purísima Concepción, en la archidiócesis de Mérida-Badajoz, diócesis de Plasencia, arciprestazgo de Trujillo:Listado de parroquias por localidad, Diócesis de Plasencia, Edificio del , construido durante el barroco popular. Mona del Rollo o Picota: pertenece al tercer cuarto del , rematada por blasones de los señores de la villa (actual escudo de Madroñera) Ermita "Vieja": dedicada a la Virgen de la Soterraña, patrona de la villa. Cuenta la leyenda que entre los años 1500 y 1600 se apareció la Virgen en una roca que se encuentra frente a la ermita, a un pastor que andaba por esas tierras aún despobladas. Una fuerte tormenta de nieve y granizo le sorprendió y se puso a rezar a la Virgen pidiendo auxilio y ella acudió en su ayuda ofreciéndole refugio en la cueva, es tradición llevarse del lugar un trocito de pizarra y tirarlo a su tejado para que les proteja de las tormentas. Cartel publicitario "Nitrato de Chile": publicita el fertilizante natural compuesto por nitrato de sodio que fue muy comercializado durante la primera mitad del siglo pasado. En España tuvo presencia especial en Andalucía, Extremadura y La Rioja, es decir, lugares donde la agricultura ha tenido un peso muy significativo. El diseño de este cartel publicitario, creado hacia 1929, corrió a cargo del por entonces estudiante de arquitectura Adolfo López-Durán Lozano, formado en la Institución Libre de Enseñanza en tiempos de su fundador D. Francisco Giner de los Ríos y su sucesor D. Manuel Bartolomé Cossio, y quien posteriormente sería catedrático de Dibujo de Formas de la Escuela Superior de Arquitectura Superior de Madrid. La obra se inscribe dentro del estilo artístico “Art Decó”, movimiento modernista predominante en los años veinte del siglo pasado con una pasión especial por lo geométrico.

Patrimonio cultural inmaterial

Festividades kintos

Los kintos, fiesta tradicional en la que los quintos se despiden de su villa, rememorando los tiempos en los cuales los jóvenes partían a realizar el servicio militar, se celebran en el mes de febrero, sin fecha fija. Los primeros testimonios que aparecen sobre esta tradición datan de principios de siglo, lo cual nos hace pensar que estemos ante una tradición centenaria, dicha tradición a pesar del paso del tiempo y de los avatares de la historia aún se conserva. Antiguamente, los quintos se celebraban allá por el mes de febrero, no tenían una fecha fija. Pero todo comenzaba por la festividad de La Pura cuando el quinto se comía los gallos en casa, acompañado de sus amigos y familiares, era el preámbulo del talleo. A lo largo del domingo, lunes, martes e incluso miércoles, los mozos deambulaban por las calles de Madroñera, acompañados de una buena dosis de vino; vino y aguardiente que con el tiempo fueron acompañados de otros licores.

El domingo, día familiar por excelencia, el kinto era acompañado por sus familiares, luciendo sus ropas recién estrenadas, al honroso momento de la talla “… donde nos midieron, donde nos tallaron, donde nos hicieron de quintos soldados…”. Ropas que durante los días anteriores, la madre del quinto había expuesto con orgullo en su casa para que todo el mundo las viese. Una vez tallado el quinto la celebración tiene lugar en la iglesia, dando paso a la misa de los kintos. A continuación, el quinto y sus familiares regresaban a casa, donde se daba buena cuenta del frite, el escabeche y los dulces que las mujeres de la casa habían preparado durante la semana, a los acompañantes se les obsequiaba con un puro adornado con algún bordado. Pasaban la mañana en compañía de la familia y continuaba la fiesta posteriormente con los demás quintos en los bares de la villa. Por aquellos entonces, existía la talla mínima de 1,50 para poder incorporarse a las filas, siempre había algún quinto que no daba la talla. Entre los 80, 90 e incluso 100 llegaban a componer las quintas; también cabe señalar que la edad de quinteo era de 21 años. Hoy día esta tradición centenaria registra toda la importancia de la mayoría de edad. La fiesta continuaba el lunes con los mozos pidiendo por las calles (pan, chorizo, patatera, morcilla…, rara vez algún dinero) todo venía bien para llenar las alforjas. Los vecinos del lugar suelen colaborar en todo, pues si no lo hacen, los quintos colocarán escrito en las fachadas y puertas de las casas “NO PAGÓ” que indicará a todo el mundo quién no quiso colaborar.

Otro momento destacable, y perdido en la primera mitad del , era el de correr los gallos. Parece ser que allá por 1936 fue la última vez que se corrieron. A la entrada de la villa fue donde primero se corrieron para finalmente correrlos en el camino de Trujillo. Allí colocaban un palo en cada pared, para unirlos con una cuerda donde posteriormente colgaban los gallos. Cada quinto llevaba un gallo para colgarlo, a la vez que buscaba un caballo y preparaban una especie de sable de madera. Finalmente, sobre el caballo, a la carrera y sable en mano el quinto intentaría cortar la cabeza a alguno de los gallos. A eso de las 4:30, después de comer por última vez todos juntos, iniciarán el recorrido hacia la Mona del Rollo, seguidos de todos los niños y genes de la villa, que por nada se perderán la bonita tradición de “Poner la Bandera”, el momento crucial de los quintos. Cuentan que allá por 1908-1910 un tal Juan Bartolo puso por primera vez la bandera, quizás por un alarde, no está muy claro, pero a partir de ahí ninguna quinta quiso ser menos y aquel hecho puntual pasó a convertirse en base de la tradición. Hecho que aunque en principio parece peligroso, no se conoce ningún percance reseñable. Cabe destacar alguna curiosidad como la de que dos quintos llegaron a las manos allí arriba, ante el estupor de la gente. Todos cantan y bailan, y los quintos en agradecimiento, tiran montones de caramelos a los acompañantes. El quinto elegido subirá a la Mona, en representación de sus compañeros y después de quitar la bandera que el año anterior hubieran colocado otros quintos, pondrá la de este año, entre los aplausos de todos los asistentes.

El martes terminaba con el baile de quintos, en algunas ocasiones, a los quintos les le había tocado servir en Melilla, para terminar con la despedida, que se celebraba el día antes de incorporarse a las filas, todo esto al año siguiente de haberse quinteado. “…Quinto fui me divertí, soldado y no tuve pena, mi madre llora por mí, yo lloro por mi morena…” Hemos podido comprobar que en tiempos pasados el tener un quinto en casa era todo un acontecimiento, una verdadera fiesta de la que participaban todos los familiares y amigos. Con el tiempo, la tradición se mantiene aunque con algunos ligeros cambios, pero el cambio fundamental es la forma de vivir la fiesta, ya no es un día tan señalado.

Niñeras Las Niñeras es una fiesta popular que se celebra el día de Navidad donde participan las mujeres solteras a partir de los 15 años. Las "mozas" de la villa visten las ropas típicas y van llevando al Niño Jesús de casa en casa.

La costumbre de salir con “El Niño” por las calles ha sido siempre una de las más arraigadas y podría tratarse de una tradición religiosa casi exclusiva de esta villa. Data desde hace 150 años, y fueron unas feligresas de la iglesia las que se lo propusieron al párroco, el cual aceptó. Y dado que la experiencia fue buena el párroco aprobó su continuidad.