Juan Bustamante Carlos Inca fue un pequeño comerciante cusqueño y noble inca acriollado de inicios y mediados del , muy conocido por haber viajado a Madrid y ser integrado en las Cortes españolas como Gentilhombre de Fernando VI de España gracias a su linaje. Firmando como «el Inga» durante su reinado y en el de Carlos III de España.

También resaltó por haber sido un Genealogista apasionado (sobre todo por su reclamo al Marquesado de Santiago de Oropesa), un experto en Litigios (donde resalto mucho como procurador de indios indefensos, así como por sus ambiciones personales por reclamar más Mercedes) y ser un gran reivindicador político de la Nobleza indígena. Todo ello con ayuda de una formación autodidacta.

Aunque también tiene controversias de haber sido una persona arribista con las elites criollas, así como por haber sido un esposo abusivo y yerno maltratado.

Biografía

Primeros años Juan Bustamante Carlos Inca nació en 1707 en el Cuzco colonial, como un hijo Doña Juana Valdés y Salas (mujer de la elite criolla intermedia) y de Don Mateo de Bustamante Carlos Inga,«Rereal al árbolalógico de los reyes y emperadores ingas que fueron de los reynos de el Perú, y de sus descendientes, padres y abuelos del inga don Juan de Bustamante Carlos Inga, pretendiente al marquessado y estado de Oropesa por derecho de sangre», AHN, Consejos, 20161, Pza. 19. los cuales recibían constantemente el trato de Don como señal de respeto a personas de buen origen.

La familia era miembro de la Clase media virreinal, y realmente no pertenecía a las clases más altas de la ciudad, constituida por las autoridades cívicas y eclesiásticas, los propietarios de ingenios y obrajes, o los grandes comerciantes de los gremios (todos vinculados entre sí por nexos familiares o amicales de una red densa de uniones maritales, y coludidos con los Chapetones, apodo dado a los funcionarios peninsulares de las Reformas borbónicas). Aunque tampoco eran parte de los mestizos del común de la República de indios.

Su primer acto de presencia registrado fue cuando firmó, a los 19 años, el memorial de «los cabos militares, caciques principales y gobernadores y sus descendientes mestizos nobles de este Reyno Peruano», de 1726, que demandaba el acatamiento de un real decreto de 1697 de Carlos II (conocida como cédula de equiparación), y que había sido ratificado en 1725 por Felipe V, el cual autorizaba a los indios y mestizos de ser nombrados para los oficios cívicos y religiosos del Virreinato del Perú. Ello con el fin de politizar las demandas de las castas de indios y mestizos en el Imperio español.

Problemas intrafamiliares Juan Bustamante se casaría con Doña Andrea Chirinos de Cabrera, proveniente de una familia de comerciantes criollos de la Burguesía colonial. Sin embargo, la relación en 1734 se deterioraría y quedarían en una separación De facto por su disfuncionalidad. Las tensiones se evidenciarían cuando Don Juan la acusase de Promiscua porque «se a yntroducido a sentarse en el número de las rameras» (acusación muy grave por la violación del santo sacramento del Matrimonio), con el fin de no enviarle rentas. Por otro lado, Doña Andrea (quien fue recluida en el beaterio de las Nazarenas en el Cuzco como castigo) respondería con acusarle de ser una persona abusiva mental y físicamente, mientras que su padre, Don Agustín Chirinos, denunció a su yerno de tener múltiples deudas sin pagar, logrando enviar a Don Juan a la cárcel secular. Finalmente ambos escaparían de sus prisiones, y Don Juan obtendría una «concesión de esperas» por 5 años para que no se le exija pagar a sus acreedores. Pero por no acumular las firmas suficientes, su suegro lo volvería a mandar a prisión al denunciarlo con el Corregidor del Cusco. Mientras que Don Juan pidió la intervención del Virrey en 1736 para volver a recluir a Doña Andrea en el convento (pues Don Juan sabía que acudir a los superiores de Lima y enfrentar a los jueces cuzqueños era una estrategia efectiva, incluso entre las personas de clases bajas). Finalmente, por orden del Virrey, sería liberado de la cárcel al apelar a la Cédula de 1697, en donde se exigía que un noble indio debía ser tratado igual que un Hidalgo castellano (los cuales no podían ser recluidos en cárceles públicas y ordinarias), a la espera de investigarse su genealogía.

Aunque su suegro Don Agustín le acusó de haber malgastado una dote de más de 4000 pesos de su hija «por haverse empeñado a provar era desendiente de los reyes ingas», lo cual podría haber sido la raíz de todo el conflicto entre ambas familias, ya que Juan Bustamente tenía heredado un litigio (por herencia de Melchor Carlos Inca) debido a que una comunidad de indios ordinarios había ocupado tierras que reclamaba está panaca como suyas y que se ubicarían en una puna arriba de la fortaleza de Sacsahuaman (norte del Cuzco). Los indios plebeyos habían acudido al Corregidor local para evitar una orden de evicción de 1690 por parte de la abuela de Juan Carlos, y para 1730 esa ocupación ya era considerado un Hecho consumado (pero las Leyes de Indias permitían seguir reclamando Ad infinitum, lo cual solo enriqueció a los abogados a costa del dinero de la familia). La abuela de Juan Carlos era clara en su testamento cuando declaró que: «cuidado de que mueba[n] dicho pleyto, que lexítimamente es nuestro, y encargo no lo hechen en olbido supuesto que se ha gastado tanta plata en dicho pleyto».

Por estos motivos del litigio por sus tierras familiares, junto a la orden del virrey de investigar su genealogía, fue que renovaría con una intensa pasión el interés por documentar sus orígenes familiares como noble al descender de los Carlos Inga y Carlos Coya. Por tradición afirmaba ser descendiente de Huayna Cápac, a través de la panaca de Paullu Inca (por descender de su primogénito Carlos Inquilltopa Inga, a través de su tatarabuela Juana Carlos de Esquivel Yupangui Coya, que era una de las 4 hijas de Melchor Carlos Inca, hijo de Carlos Inquilltopa Inga, con su prima doña Francisca Quispesisa), y reclamando los privilegios que Carlos I de España otorgó en las Reales Cédulas del 1 de abril de 1544 y el 8 de mayo de 1545 por los servicios de Paullu en la Conquista del Imperio incaico del lado de los Conquistadores españoles, así como un fallo del Consejo de Indias a favor de su tatarabuela y sus hermanos que estuvieron en litigio con la esposa de Melchor Carlos Inca, doña María de Silva, por la herencia de los privilegios.La descendencia de Paullo fue investigada en 2 estudios de Ella Dunbar Temple: «La descendencia de Huayna Cápac. Prólogo de Raúl Porras Barrenechea. Presentación de Carlos Enrique Becerra Palomino y María Luisa Rivara de Tuesta.» Lima: Universidad Nacional Mayor de San Marcos, 2009; y «Azarosa existencia de un mestizo de sangre imperial incaica». Documenta. Revista de la Sociedad Peruana de Historia. 1 (1948), pp. 112-156. Para un análisis moderno de la estrategia política de Paullo como un títere efectivo de los españoles, ver Lamana, Gonzalo. «Identidad y pertenencia de la nobleza cusqueña en el mundo colonial temprano». Revista Andina. 27 (1996), pp. 73-106; y «Estructura y acontecimiento, identidad y dominación. Los Incas en el Cusco del ». Histórica. /2 (diciembre 1997), pp. 235-260. Bustamante incluiría en su memorial unas docenas de documentos relativos a la familia Carlos Inga, cuyos miembros se documentaba descendientes de Paullu.AHN, Consejos, 20161, Pzas. 1-4.

Viaje a la Corte del Rey de España Al estar acabando el plazo de espera por sus deudas (que eran muy grandes), empezaría a considerar un modo de escapar. La oportunidad se presentaría en 1739, cuando se dio la Conspiración de Oruro de 1739, que consistía en una intentona de rebelión liderada por Juan Vélez de Córdova (Juan Carlos Bustamente habría tenido correspondencia con él, pidiéndole que desista de rebelarse). Ante ese contexto, decidió pedir un pasaje a la Corte y viajar a España para representar los intereses de los indios plebeyos y sus reclamos. Sin embargo, debido a la Guerra del Asiento, demoraría 6 años en llegar a Europa, debido al peligro de la Marina Real británica atacando a los barcos españoles en las Indias Occidentales. En ese lapso de tiempo radicó en Cartagena de Indias, del Nuevo Reino de Granada, donde organizó sus documentos para defender los derechos de sus tierras familiares ocupadas. Finalmente arribó a Cádiz en 1746, en un contexto oportuno, pues estaba por fallecer Felipe V de España, lo cual hizo que Fernando VI de España estuviera en la necesidad de desarrollar una nueva Corte. Fue así que Juan Carlos Bustamante Inca fue nombre Gentilhombre de boca del Rey el 7 de agosto de 1747, recibiendo por tanto un oficio de gran prestigio (con un saldo de 2000 pesos), además de que el Rey fallo a su favor en las múltiples demandas que presentó (incluida el litigio de las tierras), lo cual sería una gran noticia en la sociedad virreinal peruana en pocos meses.

Los éxitos de Don Juan Carlos Bustamante Inca ofrecieron un excelente augurio entre los indios y mestizos (sobre todo a los nobles) para sus propias pretensiones y demandas, felicitando a su «hermano» o «primo», mientras que algunos funcionarios criollos se sintieron desdichados por el buen trato que tuvo su inferior social en las cortes, pero igual todos los altos mandos españoles se unieron en felicitarle. A su vez, el Rey de España desarrolló un interés por conocer la situación social de los descendientes de los incas, por lo que en una real cédula del 18 de febrero de 1748 ordenó que se realizara una investigación secreta, presidida por el virrey José Antonio Manso de Velasco, para saber las condiciones de vida entre los incas nobles sobrevivientes (mientras que Bustamante Inca comunico esto en anotaciones marginales). Para ello pidió que los nobles incas enviara probanzas de nobleza, en el que se debían incluir varios retratos pictóricos.Las panacas del Cuzco y la pintura incaica. Fernando Iwasaki Cauti. Universidad Católica del Perú (1986)

Pretensión al Marquesado de Oropesa Sin embargo, las ambiciones de Juan Carlos no acabarían aquí, puesto que para el año 1741 había fallecido María de la Almudena Enríquez de Cabrera y Almansa, la V Marquesa de Santiago de Oropesa (y última, pues tras quedar extinta la Casa de Borja-Loyola Inca, el título quedaría retenido por la Monarquía Española hasta 1982).Lohmann Villena, Guillermo. «El Señorío de los Marqueses de Santiago de Oropesa en el Perú». Anuario de Historia del Derecho Español. XIX (1948), pp. 5-116. Por tanto, Don Juan buscaría reclamar la herencia de dichoso marquesado (de gran importancia por ser un feudo autónomo dentro del Virreinato y que correspondía a los herederos directos del Imperio incaico), apelando que era el siguiente en la sucesión por descender de Paullu Inca, quien era uno de los hermanos de Manco Inca (que era el fundador de la panaca de los Incas de Vilcabamba, al quienes le correspondía este marquesado). Sin embargo, la monarquía rechazo sus reclamos porque exigían que la herencia sea bajo la condición de ser descendientes de Ana María de Loyola Coya [I Marquesa] o sería una usurpación a los legítimos herederos del trono de los Emperadores del Perú (aunque secretamente, los Borbones españoles simplemente no querían ofrecer el Marquesado por Razón de Estado, pues atentaba contra su noción Absolutista y Regalista de la soberanía del estado español; además del miedo a que algún heredero buscara restaurar el Tahuantinsuyo y negara el Translatio imperii a los monarcas españoles, razón por la que hasta los Habsburgos españoles les tenían en un exilio dorado en Europa).