Diego Felipe Betancur Túpac Amaru fue un mestizo cuzqueño del conocido por el conflicto legal que tuvo con el curaca y noble inca, José Gabriel Condorcanqui (más conocido como Tupac Amaru II). La disputa judicial duró entre 1777 a 1780, tiempo en el cual Betancur, afirmado ser descendiente del último soberano del estado neoincaico, Túpac Amaru I, presentó material abundante, pero de dudosa procedencia.

Pese a la probabilidad de ser un falso noble advenedizo, Betancur tenía el favor del Consejo de los 24 nobles electores Incas del Cusco y de algunos círculos peninsulares allegados al marido de su nieta y también su representante legal, de nombre Vicente García. Con el fin de poder reclamar el Marquesado de Santiago de Oropesa, proceso que había iniciado desde 1751, Diego Felipe intentó legitimar a sus ancestros a la vez que descalificaba los de José Gabriel, ante las instancias superiores del Virreinato del Perú en Lima. Finalmente, no lograría su ambición.

Biografía Diego Felipe de Betancur Túpac Amaru era hijo de Doña Manuela Túpac Amaru Arce y de Don Bernardo de Betancur Hurtado de Arbieto. En 1721 se casaría con Lucia de Vargas Urbina, con la que tendría 4 hijos (Juana, Rosa, Melchora y Petrona). De estas hijas, Melchora se ganaría el liderazgo de su dinastía, y se casaría con Don José Avendaño Flores. Del matrimonio de su hija Melchora nacería su nieta, María Gertrudis Avendaño Betancur, quien se casó con el capitán español, Vicente García Rodríguez (un Hidalgo gallego muy letrado e inteligente). A través de su descendencia, llegó a emparentarse con funcionarios coloniales de la República de españoles que eran muy influyentes en la sociedad virreinal cusqueña, dándole un gran estatus social. Esto último haría intensificar sus ambiciones personales, pues constantemente tenía deseos de aumentar su estatus, por ejemplo, solicitando en 1770 y 1777 su admisión en el Consejo de los 24 Electores Incas del Cuzco (sin conseguirlo), como menciona su memorial “Libro de genealogía de Don Diego Felipe Betancur Tupa Amaru”. Pero la mayor ambición que tuvo fue anhelar el Marquesado de Santiago de Oropesa.

Esto último se volvió su misión de vida cuando, en España, falleciese María de la Almudena Enríquez de Cabrera y Almansa (V marquesa de Santiago de Oropesa) en 1741, sin herederos. Ello provocaría que su título quedase retenido por la Corona al declarar que no existían descendientes directos, pues la condición de herencia era que corriera sangre real inca de la panaca de Sayri Túpac (en específico, descendencia de la 1° marquesa, Ana María de Loyola Coya Inca). Aquello generaría que surjan varios nobles del Imperio español que deseaban reclamar la herencia de dichoso marquesado de altísimo valor (pues, además de ofrecer el mayorazgo de tierras muy ricas con grandes rentas, así como un feudo autónomo del Virrey del Perú, te daba el honor de ser el legítimo heredero de los Emperadores Incas).

Frente a ello, desde 1751 (según declaró Vicente García Rodríguez), Diego Felipe Betancur Tupac Amarú buscaría litigar ese marquesado a través de que se le reconozca como el único descendiente que existía del soberano Felipe Túpac Amaru, puesto que para iniciar este proceso de probanza, que iba durar muchos años (y que además traía consigo muchos gastos) primero uno debía de ser reconocido como descendiente legítimos del soberano Sayri Tupac por vía patrilineal, siendo miembro certificado del Consejo de los 24 Electores Incas del Cuzco. Se sabe que Diego Felipe terminó enviando papeles y dinero a diferentes apoderados en España, aunque quedaría empobrecido en 1765 y desistíria por 10 años en luchar por este marquesado, hasta que se concretase el matrimonio de su nieta con Vicente José García en 1775, lo que renovó su ambición al tener el auxilio de un contacto en la notaría.

Los reclamos de Diego Felipe Betancur como un descendiente del Inca Túpac Amaru I se remontaría a un familiar suyo, su madre doña Manuela Tupac Amaru, quien el 11 de mayo de 1683 fue ante el corregidor del Cuzco, Pedro Balbín, para un pedido sobre su genealogía. Fue ahí donde ella presentó una probanza de nobleza al Magistrado del Cusco, al Protector de los Naturales y al Virrey del Perú (Melchor Portocarrero Lasso de la Vega) en 1683. Ahí declaraba ser hija de Lucas Tupa Amaro, cacique principal de Surimana, y nieta de Blas Tupa Amaro (supuesto hijo de Túpac Amaru I), argumentando que tenía 3 testigos (2 del Cusco y otro de Surimana en Quispicanchi). Pero habían inexactitudes porque no especificaba como Blas era hijo de Túpac Amaru, se contradecía con la realidad geográfica al estar Surimana en Tinta y no en Quispicanchi, y además, sus 3 hermanos (Pascual, Francisco y Juan) eran indios tributarios o plebeyos del común al que Manuela solicitaba que dejen de pagar el tributo indígena. Sin embargo, el Virrey y el Corregidor no se percataron del fraude (muy probablemente porque eran muy brutos debido a que no conocían la historia y geografía del lugar que decían gobernar, el Reino del Perú) y le otorgaron títulos de nobleza con reconocimiento de su ascendencia con Tupac Amarú I, sin siquiera invitar al Cacique de Surimana para que verifique el hecho. Para reforzar sus nuevos derechos, Manuela presentó 3 testigos más y afirmó tener 2 reales cédulas (1544 y 1545) que estaban dirigidas a Juan Tito Tupa Amaro (posteriormente se notaría que eran falsificadas y que eran copias de la real cédula de Alonso Tito Atauchi).

Litigio entre José Gabriel Condorcanqui y los Betancur (1777-1780) Ya había antecedentes del choque entre la familia de José Gabriel y de Diego Felipe Betancur. Esto fue a través de Bartolomé Tupac Amaru (tío abuelo de José Gabriel) y Manuela Túpac Amaru (madre de Diego Felipe), pues el primero en 1687 fue ante el corregidor del Cusco con una solicitud de información de su descendencia y declarando que era el único descendiente de Blas Tupa Amaro (quien era su padre y no había otro en el pueblo), lo que sería confirmado por el corregidor, para luego no volver a tocar el asunto hasta 1701 (donde pidió a su corregidor que tramitara la confirmación de 1687 a las autoridades de Lima), demostrando con esta demora que era un asunto de poca importancia para la familia de Bartolomé. Mientras tanto, el hermano de Diego Felipe, Gabriel de Betancur, solicitaría una provisión del Virrey Diego Ladrón de Guevara en 1714 para asegurar sus títulos (probablemente por tener problemas con la ley). Por otra parte, Bartolomé en 1715 buscaría que el corregidor del Cuzco le confirme su derecho a ser elector en el Consejo de los 24 nobles electores Incas del Cusco, y con ello también el Virrey, lo que lograría con éxito e implicaría el reconocimiento oficial de su dignidad sin algún conflicto directo con los Felipe Betancur. Sin embargo, ello implico que el mismo Virrey en tan solo 2 años reconoció 2 reclamos de nobleza que eran incompatibles, lo que dejó abierto una confrontación en potencia, que sería heredado.

Para apoyar sus reclamos al Marquesado de Oropesa, durante agosto de 1776, Diego Felipe Betancur Túpac Amaru denunció, ante las autoridades judiciales del Cuzco, a José Gabriel Túpac Amaru (quien también decía ser descendiente de Tupac Amaru I), con el cargo de ser un impostor, por lo que exigiría que le fuesen retirados todos sus cargos y privilegios que tenía como indio noble, ya que argumentaba que legalmente le corresponderían a él como único descendiente de Tupac Amaru I. Para ello, exigió que José Gabriel presentase para su defensa lo siguiente: su partida de bautizo, junto a la de sus antepasados. Agregó en su denuncia que era el legítimo heredero del Cacicazgo de Surimana, Pampamarca y Tungasuca (del que José Gabriel estaba siendo curaca), puesto que supuestamente su madre Manuela era hija de Don Lucas Túpac Amaru, “Cacique de Tungasuca”, y de Gabriela de Arce.

Pero Diego Felipe Betancur había tendido una trampa a José Gabriel, puesto que meses antes, Vicente José García (esposo de su nieta María Gertrudis Avendaño Betancur-Túpac Amaru) fue a Surimana y Pampamarca, para que través de engaños (autonombrándose apoderado de los nobles incas electores del Cusco) lograse extraer de los archivos parroquiales varias partidas de nacimiento, bautizo y casamiento, entre las que se incluían las del ayllu de José Gabriel Túpac Amaru. Su misión no era solo hacer desaparecer las partidas de bautizo de José Gabriel y sus ancestros, pero también manipular y falsificar información para favorecer a su suegro y trastocar su genealogía, con el objetivo de emparentarlo arregladamente con las Panacas de la Casa real incaica (pues, de hecho, Diego Felipe era alguien de baja nobleza indígena que buscaba regodearse en la Nobleza incaica, aunque tuviera que cometer corrupción de datos para ello).

Para asegurar su victoria, lograría obtener el apoyo de los funcionarios españoles del Cuzco, sobre todo los que eran amigos de Vicente García, dejando aislado a José Gabriel (quien de por sí, por sus ideas liberales, tenía muy malas relaciones con los nobles electores incas del Cusco de la República de indios). Ante ello, Don José Gabriel decidió acudir a la Real Audiencia de Lima en 1777, esperando encontrar justicia en esa instancia judicial, pues hacer enfrentar a diferentes instancias legales (los Fueros de Lima y Cusco) era una estrategia común entre los habitantes del Virreinato del Perú y que solía ser efectivo (incluso entre litigantes de clases bajas), más aún con una instancia superior como el de la capital.

Son varios autores que han argumentado que los documentos presentados por los Betancur Túpac Amaru fueron falsificaciones de principios del . Por ello, ante varias inconsistencias, el cacique Don José Gabriel Túpac Amaru manifestaría ante la Real Audiencia lo siguiente:

Sin embargo, debido a su avanzada edad y las enfermedades que estaba teniendo, Diego Felipe heredaría todos sus derechos como noble, así como sus procesos judiciales pendientes, a su nieta, María Gertrudis Avendaño Betancur-Túpac Amaru, y a su esposo Vicente García Rodríguez. Finalmente, fallecería en junio de 1778, pero su testamento terminaría siendo manipulado por su representante, Vicente García. Pese a ello, Vicente García lograría que el Consejo de los 24 Electores Incas del Cuzco lo aceptarán como su Apoderado (Representante legal) a finales de 1778, y con tal poder, lograría que su patrocinado Diego Felipe de Betancur Túpac Amaru fuese reconocido póstumamente como “Segundo Elector Inca de la Casa de Huayna Cápac”, según los archivos del Consejo del año 1779. Aunque todo a través de manipulación de datos, siendo así que se extraviarían los archivos correspondientes a los años 1595–1739 - 1676 y 1685-1780

Además, pese a que el Consejo de Nobles Electores era consciente de que José Gabriel era descendiente legítimo de los Incas de Vilcabamba, ya que la misma institución en el pasado si había aceptado a su tío-abuelo (Don Bartolomé Túpac Amaru) años antes, pero hubo preferencia a Diego Felipe Betancur, porque José Gabriel se atribuía la primogénita imperial, definiéndose a sí mismo como “Descendiente de la Sangre Real y Tronco Principal de los Reyes Incas que gobernaron estos Reinos del Perú”, desconociendo totalmente al Consejo y su autoridad, sin respeto por los protocolos y costumbres entre Nobles incas. Por lo que terminaron percibiendo a José Gabriel Condorcanqui como una persona soberbia que estaba excediendo sus reclamaciones por sus tintes mesiánicos, y que merecía un justo castigo por ello por parte de la institución (no habiendo influencia alguna, en la oposición del Consejo, la defensa de José Gabriel a los Indios plebeyos).Nobleza, identidad y rebelión: los incas nobles del Cuzco frente a Túpac Amaru (1778-1782). David Cahill. Universidad de New South Wales

Resultados de la disputa