Carenas es un municipio y localidad española de la provincia de Zaragoza, en la comunidad autónoma de Aragón. El término municipal tiene una población de .
Localización Carenas se localiza en la comarca de Calatayud, a unos 20 km de distancia del límite provincial de Zaragoza, y a unos 112 km de esta capital autonómica. Está situado en el valle del río Piedra, en la falda de un pequeño montículo, y rodeado de suaves colinas. Los pueblos más cercanos son Castejón de las Armas, Ateca, Alhama de Aragón, Ibdes y Nuévalos. La presa del embalse de la Tranquera está en el término municipal de Carenas, compartiendo su cabecera con Nuévalos. Al mencionado embalse se puede acceder por un desvío de la carretera A-1501 dirección Alhama/Nuévalos.
Clima
El clima es mediterráneo-continental con crudos inviernos, registrándose las temperaturas más bajas en los meses de diciembre, enero y febrero, llegando los termómetros a -12 °C. Los veranos son calurosos y secos, con máximas en julio y agosto, que alcanzan temperaturas de hasta 40 °C. Las precipitaciones son escasas, giran en torno a los 400 mm anuales, alcanzándose las máximas precipitaciones en primavera y otoño. Entre 1960 y 1985 las precipitaciones medias registradas, para esta zona, eran de 456 mm anuales, mientras que en la década de 1990 y en los últimos años del hubo un descenso, registrándose en el año 1999 unas precipitaciones de 398,2 mm anuales, y en el 2001 se acentuó la sequía, registrándose 234 mm anuales. Haciendo un cuadro comparativo, del año 1999, entre los pueblos colindantes, Alhama de Aragón, Ateca y la Tranquera, muestra los siguientes resultados: en Alhama se recogieron unas precipitaciones anuales de 322’6 mm, en Ateca 426,8 mm y en la Tranquera 373,8 mm. En estos datos se incluyen las precipitaciones por nieve, con registros para el mismo año de: 13 mm en Alhama, 22 mm en Ateca, y 27,3 mm en la Tranquera.
Las temperaturas bajo cero, se alcanzan en Alhama, Ateca y Tranquera, en los meses de diciembre, enero y febrero, respectivamente, con mínimas de -8,5 °C en Alhama y la Tranquera, y -10 °C en Ateca. En cuanto a las máximas, en Alhama fueron de 40 °C en agosto, de 39 °C en Ateca en el mes de agosto, y de 38 °C en La Tranquera, en el mismo mes.
Referente a las riadas, la más fuerte fue la del 20 de mayo de 1971 con 120 m³/s de caudal, se produjo como consecuencia del desbordamiento del embalse de la Tranquera, que se inició el 15 de mayo, día de San Isidro. La gran cantidad de agua caída ese mes rebosó el embalse, llegando a desbordarse por encima de las compuertas. Las precipitaciones suelen registrarse en forma de: aguaceros, con gruesas gotas; temporales con lluvia fina que duran dos o tres días; tormentas acompañadas de gran aparato eléctrico y que a veces van acompañadas de granizo o en forma de nieve en los inviernos.
Entre los vientos predominan: el cierzo, de dirección norte, procedente del Moncayo, muy frío y seco; el «Huesca», de dirección nordeste, menos frío; el levante o bochorno, de dirección este, de aire caliente; el viento solano, de dirección sureste, aire fresco que servía para aventar en las eras; «el sur», de dirección sur, también llamado viento del desierto o siroco, tormentoso con lluvia de barro; el ábrego, de dirección suroeste, también denominado «regañón alto» o castellano (de Guadalajara) y que suele traer agua segura y siempre asociado a fenómenos tormentosos; el «regañón medio», de dirección oeste, que barre las Muelas y es desecante e inestable.
Vegetación El clima ha dado lugar a montes áridos con escasa vegetación. Predomina la vid, que ha sufrido un gran retroceso, el almendro, el cerezo, con abundancia de aliagas, romero y el tomillo. En los últimos años del se han producido plantaciones forestales de pinos, que aportan un nuevo paisaje en un terreno donde nunca existieron. En los aledaños del embalse se llevó a cabo una extensa plantación de pinos, más de 700 hectáreas, con el objetivo de evitar arrastres de tierra al embalse, dándole un agradable aspecto con el verdor de sus riberas; su monte de chaparras y encinas, con una extensión aproximada de 72 hectáreas, evita igualmente, los arrastres de sedimentos a la vega; no obstante, el manto vegetal está subordinado al clima continental de la zona. Su vega fue exuberante, debido a un amplio sistema de regadíos con abundancia de agua, lo que originó unos fértiles y verdes valles, que ahora se están abandonando. En la vega de Carenas han predominado, siempre, el cultivo de frutales: ciruelos, perales, cerezos, manzanos, etc., destacando los cultivos de huerta, como las judías, que dieron renombre a Carenas, por su apreciado consumo en la Corte y que junto con sus tomates, se comercializaban en amplias zonas de la península.
Merece especial atención el vino de Carenas. A finales del los monjes del Cister, fundadores del monasterio de Piedra, promovieron la plantación de la vid en sus dominios, y las bodegas del Monasterio dan buen fe de la importancia que tenían los caldos de esta zona; le prestaron especial atención a la uva blanca, de la clase malvasía, que les permitía elaborar vinos espirituosos de una gran calidad. La viticultura ha continuado, desde entonces, con un sistema de cultivo claramente tradicional. La variedad predominante suele ser la garnacha negra y en segundo término, otras variedades blancas. Los calurosos días del verano, pero frescos por las noches, le dan a las vides un factor natural de calidad, al mantener una tersura y fragancia en el fruto que se transmite, posteriormente, al vino. La vendimia se inicia, por lo general, a finales de septiembre. En los años 1960 se constituyeron diversas cooperativas en Calatayud, consiguiendo la Denominación de Origen, y en las que se agruparon los viñedos de los términos municipales colindantes, entre ellos Carenas.
Fauna A lo largo de la historia se conocen especies de animales que tuvieron su hábitat en los montes de Carenas: águila, ánade, azor, búho, cernícalo, ciervo, codorniz, conejo, corzo, garduña, gato montés, gavilán, graja, halcón, jabalí, lince, lobo, oso, perdiz, tejón, zorra, y la nutria y marta en las riberas del río Piedra; aunque muchas de estas especies ya a finales del había desaparecido, principalmente por su caza descontrolada, como en los casos del: oso (debió desaparecer en la época medieval), lobo (caza descontrolada), ciervo (desapareció en la época medieval, por la caza), lince (desapareció a principios del ), nutria y marta (desaparecieron al poco de construirse el embalse de la Tranquera, al no haber un caudal, mínimo, ecológico), junto con la anguila.
Diversos topónimos recuerdan la existencia de aquella fauna como: La hoya lonsa (en aragonés osa = onsa), «la lobera» (lugar de cría de lobos), «valdarcón» (valle del halcón), «peña grajera» (poblada de grajos), «cerro de los conejos» (con abundancia de conejos), «barranco de los burros» (lugar donde se echan los animales muertos para ser alimento de los carroñeros), «cueva del búho» (existencia de búhos reales), etc.
Historia De sus orígenes prehistóricos hay constancia del Neolítico medio (4000-3500 a. C.) en el paraje de la Muela y de varios parajes más; se han encontrado distintas herramientas de sílex, donde, parece ser, fueron pequeños poblados. En el yacimiento de Somet se encontraron, igualmente, herramientas de sílex, de cobre y otros fragmentos metálicos, pertenecientes a la época del Bronce Medio (1500-1100 a. C.). Durante la segunda Edad del Hierro, las herramientas metálicas alcanzan una alta producción. El material minero se extraía de las distintas explotaciones mineras de Carenas y alrededores, dando fama a las espadas que, en la zona, se templaban. Se encontraron, igualmente, cerámicas, algunas monedas de la época celtibérica, época romana y época musulmana.
El primer documento conocido sobre Carenas data del año 1128, en una concesión del Alfonso I de Aragón a uno de sus nobles, Pere Ramón, por servicios prestados, definiéndola con el nombre de ‘Carengena’. El segundo documento aparece con el nombre de ‘Carenis’ y data del año 1169, donde el Concejo de Calatayud concede los cañizares de Carenis a Andrés Iben Fabib (Andrés hijo de Fabib o Hbib: probablemente judío) y ese mismo año, Alfonso II concedía a los de Carenis, el boalar antiguo, (lugar donde pastaba el ganado). En 1174, Andrés Iben Fabib y su esposa María, autorizan a su hijo Domingo a ingresar como monje en el Monasterio de Santa María de Juncería, dando como dote el castillo de Carenas. En 1174, Andrés Iben aumenta la dote de su hijo Domingo, para el monasterio, dando la heredad de Carenis. En 1182, los Fueros de Calatayud son ratificados, en los aspectos religiosos, por el papa Lucio III, citando las iglesias de la Comunidad y por consiguiente la iglesia de la Pardina de Somet, de la que eran propietarios Carenas y los monjes de Piedra, sin que estos fueran partícipes de las décimas y primicias de este derecho, que correspondía a los Capítulos eclesiásticos de Ibdes y Munébrega, que regían esta primera iglesia cristiana del término de Carenas.
En 1119, el abad Jimeno, del Monasterio de Sta. Mª. de Juncería, vendió la heredad y el castillo de Carenis al abad Gaufrido, del Monasterio de Piedra, por 650 sueldos jaqueses, pasando el monje Domingo, hijo de Andrés Ibn Fabib, a residir en Piedra para estar más cerca de sus padres; al trasladarse el monje Domingo a Piedra, pasó con él la dote quedando los monjes del Monasterio de Piedra, propietarios de Carenas con todas sus pertenencias; esta posesión fue ratificada, en 1201, por el obispo Inocencio y en 1207, por Pedro II de Aragón.
En el año 1257, Jaime I el Conquistador concede a Piedra la potestad de poblar y construir en Carenis. Un año después, 1258, los de Carenis firman en Piedra la Carta Puebla o Primera Población; en este documento a los 30 nuevos repobladores de Carenas se les exigía vivir dentro del núcleo habitado para fomentar el crecimiento del pueblo. En 1260, viendo los monjes que no aumentaba la población para poder cultivar todas las tierras, conceden la Segunda Población en los mismos términos que la primera; estos nuevos pobladores, de procedencia franca y catalana, habían sido, anteriormente, propiedad de Andrés Ibn Fabib, por donación de Alfonso II.
De 1467 al 1469, según una leyenda, Fernando de Aragón cortejaba a Isabel de Castilla, a pesar de la prohibición de su padre Enrique IV; por ser zona fronteriza y que los monjes bendecían los encuentros, en algunas ocasiones se alojaban en Carenas en la Casa Posada Real (calle Santa Ana). Todavía se conserva la habitación de Fernando el Católico con decoración de época y los escudos de Castilla, León, Navarra y Aragón, más un retrato de Isabel la Católica, pintado en el techo.
En 1488, Carenas tenía una población de 415 habitantes. En 1508, Fernando el Católico concede a Carenas el título de villa, con su correspondiente escudo, similar al Señal Real de Aragón, con la diferencia de una borla más en el remate de la corona. En 1543, la población de Carenas era de 455 habitantes. En 1604 murió en Carenas Gerónimo de Pasamonte, considerado uno de los posibles autores de El Quijote de Avellaneda.
Durante el apareció en Carenas la Inquisición en la figura del Santo Oficio. En 1627, Carenas inició el intento de independizarse del Monasterio de Piedra; tras largos y costosos litigios, consiguió sentencia favorable en 1664. En 1674, Carenas fue atacada por 300 hombres armados, procedentes de Ibdes y Munébrega alegando ocupación de pasos de ganado, en Somet; mataron, robaron e hicieron todo tipo de pillajes, talando los campos y las viñas; en 1682, la Real Audiencia dictó sentencia favorable a Carenas, consiguiendo nuevos derechos.