miniaturadeimagen|220x220px| Bandera utilizada por los ruralistas uruguayos, basada en la bandera nacional de Uruguay . El fondo verde representa el campo, mientras que las bandas blanca y roja simbolizan a los partidos tradicionales. El ruralismo es una ideología política tradicionalista de derecha en Uruguay.
Los ruralistas defienden el modelo económico agrario tradicional de Latinoamérica basado en la ganadería extensiva, el capitalismo liberal, el conservadurismo social y la austeridad fiscal, y reivindican el sistema productivo de haciendas y estancias. Tradicionalmente asociado a la población rural y a los intereses de los ganaderos, el movimiento ha estado presente tanto en las facciones blanca y colorada como en grupos de presión económica o partidos políticos de corta duración.
Ideología miniaturadeimagen| Familia rural uruguaya (1890) El ruralismo uruguayo se remonta al , aunque alcanzó su mayor extensión durante el . El movimiento ha sido situado por los académicos dentro de la oposición liberal-conservadora al reformismo social de José Batlle y Ordóñez.
El ruralismo ve la magnitud del campo uruguayo como la principal ventaja comparativa del país frente al mercado mundial. Por lo tanto, el movimiento considera al desarrollo rural como el modelo económico idóneo para el país y rechazó los programas de industrialización por sustitución de importaciones impulsados por los gobiernos del .
Los ruralistas son fiscalmente conservadores y tienen una visión reivindicativa de la política fiscal decimonónica, en la que casi no había impuestos directos a excepción de un impuesto a la propiedad rara vez recaudado. Los ruralistas se opusieron firmemente a las varias reformas fiscales promulgadas por Batlle y Ordóñez, la mayoría de las cuales se centraban principalmente en los propietarios rurales y lograron aumentar considerablemente los ingresos gubernamentales. El movimiento también se opuso a la tributación progresiva, considerándola inmoral y calificándola de "latrocinio fiscal". izquierda|miniaturadeimagen| Uno de los tres chiripás por Juan Manuel Blanes (1881) Los ruralistas reivindican a la población rural como a personas que apelan al "esfuerzo propio" y mantienen "salud física y moral" en contraposición a los ciudadanos urbanos hedonistas, materialistas y "corrompidos". En 1933, convocando a la Marcha sobre Montevideo, el diario El Debate alentaba: Montevideo, sibarita y materializada, residencia oficial del colegiado, fatal sede de la legislatura que sigue creando gabelas (...), nido de los políticos rapaces (...) Montevideo, egoísta y sensual, que no quiere ver los males terribles que padece la campaña, que desdeña su dolor (...) Recién entonces despertará Montevideo de su molicie y comprenderá la oligarquía (...) que corren algún riesgo las achuras y los placeres de Capua!El aspecto principal de la retórica ruralista uruguaya se basa en un supuesto ataque de parte de una ciudad fastuosa, desordenada, improductiva y derrochadora a una sociedad agraria productiva, comunitarista y moralmente superior. La defensa de los intereses rurales, por lo tanto, implicaría posiciones antiestatistas que detuvieran las agresivas políticas fiscales y de intervención económica mediante las cuales el gobierno buscaba financiar su aparato burocrático y desviar recursos del campo hacia las áreas urbanas. Históricamente, los ruralistas han mostrado desprecio hacia los funcionarios públicos y los políticos profesionales que "viven del presupuesto estatal " y "envidian" la prosperidad meritocrática lograda por la población rural. miniaturadeimagen| El peón de estancia, monumento a los trabajadores rurales. Los ruralistas más tempranos veían la moral como algo que derivaba de "la tierra y la sangre" y no de la razón abstracta, considerando que la sociedad rural naturalmente hacía virtuosos a sus habitantes debido a la exigencia de trabajo duro y honestidad, en contraste con un contexto urbano que promovía la inmoralidad. En teoría, la vida cotidiana en las zonas rurales forjaba el carácter de las personas y las mantenía alejadas de la pereza y la indecencia. Como afirmaba Luis Alberto de Herrera, la estancia era vista como un "taller de hombres de bien, hogar de trabajo y de nobleza, donde la holgazanería no cabe, y donde nada malo se aprende" y un "sinónimo de decencia, de honradez, de hospitalidad a la antigua, de decoro y de serena alegría, vale decir, de felicidad". El ruralismo elogiaba a los terratenientes por defender a sus trabajadores de las enfermedades, el juego y la embriaguez, "males" que abundaban en los rancheríos. Herrera señaló que "el hacendado debe ser y es entre su peonada un constante preconizador de las excelencias de la sobriedad". Por tanto, las estancias suponían una "cuna" de la civilización local y de los valores tradicionales, y su prevalencia social era clave para el futuro del país y su supuesto "destino rural". izquierda|miniaturadeimagen| Estancia del señor Rodolfo del Pino (1910) En sus formas más ortodoxas, el ruralismo está radicalmente en contra de cualquier tipo de reforma agraria redistributiva y defiende el modelo tradicional de tenencia de la tierra en estancias, así como el derecho a la propiedad. Los ruralistas mantienen una visión favorable de los estancieros y defienden su papel económico y social, considerando la producción ganadera como una actividad positiva tanto para la economía nacional como para quienes la practican, y contradiciendo así los proyectos desarrollistas que buscaron promover la agricultura intensiva.
El pensamiento ruralista está profundamente influenciado por el liberalismo clásico y por la teoría económica y moral del capitalismo temprano. La mayoría de los ruralistas estaban a favor del principio de laissez-faire, a pesar de que algunas facciones minoritarias defendían la creación de un sistema dirigista de carácter agrario.
Los ruralistas niegan la existencia de la lucha de clases en un contexto agrario, argumentando que la presencia de una "cultura rural" unificadora convertía a las estancias en una "gran familia" armoniosa donde no existían intereses en conflicto entre los peones y los patrones. Herrera resumió sus creencias sobre el tema describiendo la estancia de sus padres:Éramos una familia ordenada y discreta. Montaban guardia en las puertas las viejas costumbres criollas, que son honra y prez del tronco español. Vivíamos dichosos en nuestra austera medianía. El patrón era amigo de sus obreros. El cariño del trabajo los unía. Los hijos del antiguo peón crecían junto a los hijos del estanciero, diciéndose de “tú”; y así sería por siempre en todas las escalas de la vida. Los pobres eran menos pobres que hoy, aunque había menos apariencia. Creíamos en el orden y en la feliz abundancia, sin sobresaltos en el corazón y sin fiebres en el cuerpo. Pero vinieron los reformadores y, después de reírse mucho de aquella compostura patriarcal, según ellos, signo de atraso y de imbecilidad, empezaron a hacer y deshacer.
Historia
Militarismo miniaturadeimagen| Coronel Lorenzo Latorre, dictador de Uruguay (1876-1880) El desarrollo del capitalismo en Uruguay a fines del fue un proceso complejo y lento por causa de la fuerte inestabilidad política que había sufrido el país desde su independencia. A pesar de que la mayor parte del campo pertenecía o bien a terratenientes individuales o al Estado en forma de tierras fiscales, los límites entre las diferentes estancias no eran claros y las constantes guerras civiles obstaculizaban la modernización rural y la inversión agropecuaria en el país.
Luego de la devastación económica provocada por la Revolución de las Lanzas (1870-1873), la mayoría de la elite económica uruguaya y los caudillos blancos apoyaron un golpe de Estado por el presidente Pedro Varela y el coronel Lorenzo Latorre con el objetivo de establecer un gobierno militar que impusiera la paz social y modernizase la economía nacional. Latorre finalmente tomó el poder en 1876, iniciando un período conocido como Militarismo.
A lo largo de la dictadura, el Estado implementó un modelo económico basado en la exportación de bienes del sector primario, utilizando el aparato militar para estabilizar el país y asegurar el derecho a la propiedad. El nacimiento de un nuevo sistema inició la intervención política de los grandes ganaderos, que colaboraron activamente con el régimen para defender sus intereses. izquierda|miniaturadeimagen| "Carneros padres" (1901). La llamada "Revolución del lanar" transformó los métodos de producción tradicionales. El proceso de modernización, impulsado activamente por los terratenientes, provocó una serie de cambios económicos y sociales que consolidaron el modelo agroexportador. La propiedad de la tierra se concentró notoriamente, lo que favoreció la construcción de la estructura latifundista imperante en Latinoamérica.
La introducción de la cría de ovejas y del mestizaje artificial mejoró las exportaciones y los ingresos nacionales, convirtiendo a la ganadería extensiva en la principal actividad económica del país. Por último, el desarrollo de un sistema de trabajo asalariado en el campo consolidó el capitalismo rural.
El modelo agroexportador sería el sistema económico predominante hasta las primeras décadas del , cuando fue reemplazado por la industrialización apoyada por el Estado.
ARU miniaturadeimagen| Integrantes de la Asociación Rural del Uruguay en una reunión. El proceso de modernización fue apoyado por la creación de la principal cámara de productores del país, la Asociación Rural del Uruguay, en 1871.
La ARU abogaba por una agenda bien definida y presionó al gobierno militar a adoptar una serie de medidas que en la mayoría de los casos se llevaron a cabo. La Asociación impulsó el desarrollo de proyectos de obra pública, la modernización de fuerzas armadas y policiales profesionales, así como una reforma jurídica encarnada principalmente en el Código Rural.
Durante sus primeros años, la Asociación apoyó la investigación científica en el campo uruguayo y fundó su propio laboratorio en 1898. El gremio también poseía una biblioteca con más de 3.000 tomos.
Tras el fin de la dictadura militar, los siguientes gobiernos fueron distaciándose progresivamente de la Asociación.
Revolución de 1904 miniaturadeimagen| Monumento al General Aparicio Saravia en Montevideo La Revolución de 1904 fue una revuelta campesina encabezada por el general Aparicio Saravia contra el gobierno colorado de José Batlle y Ordóñez.
Saravia se oponía a las políticas reformistas del gobierno y apoyaba la preservación de un modelo económico basado en el campo. El militar había triunfado en una revuelta anterior en 1897 en la que se había hecho con el control de varias policías departamentales, lo que le daba una mayor fuerza militar respecto de caudillos anteriores. A diferencia de la mayoría de los hacendados uruguayos, que habían desmilitarizado sus territorios desde la modernización, Saravia logró levantar en armas un poderoso ejército en su estancia norteña "El Cordobés", desde donde también había participado en la revolución federalista riograndense. izquierda|miniaturadeimagen| Aparicio Saravia en un desfile militar (1903) Después de que José Batlle y Ordóñez rompiera el Pacto de la Cruz, por el cual el partido gobernante estaba obligado a permitir que los políticos blancos participaran en su gobierno, Saravia ordenó a todos los ganaderos que vendieran su ganado, reclutaran a sus hombres y marcharan hasta "El Cordobés" para participar de una "protesta armada". Saravia reclutó entre 15.000 y 20.000 hombres y, ante la negativa del gobierno a negociar, declaró la revolución.