El fascismo ha estado históricamente presente en Uruguay tanto en su forma clásica como en variantes locales.

Desde el ascenso al poder de Benito Mussolini el gobierno fascista italiano intentó influir en la política de otros países, particularmente entre la población migrante en América. A través de varias campañas propagandísticas y de la fundación de diferentes instituciones, el gobierno italiano intentó incorporar a los ítalo-uruguayos a la ideología fascista, eventualmente fomentando el desarrollo de movimientos autóctonos.

Comunidad italiana Los inmigrantes italianos constituían la mayor parte de la población migrante uruguaya y, por lo tanto, las relaciones diplomáticas y los vínculos culturales entre ambos países habían sido históricamente fuertes. Además, el caudillo italiano Giuseppe Garibaldi había luchado en la Guerra Grande, donde se había vuelto una figura clave de la identidad nacional uruguaya. La diplomacia fascista italiana buscó "despertar" un percibido "orgullo nacional" perdido de la comunidad migrante, con la intención de propagar el fascismo en América Latina. Esta iniciativa, sin embargo, no tuvo tanto éxito como inicialmente se esperaba debido a la prevalencia de las ideas de izquierda entre los inmigrantes de clase trabajadora.

En 1924, el príncipe Humberto de Saboya visitó el país y expresó su interés en promover las relaciones diplomáticas entre Uruguay e Italia, propuesta que fue bien vista tanto por los locales como por los inmigrantes. La legación italiana, bajo el liderazgo de Giovanni Giuriati, trabajaría luego ampliamente para influir en la política local y promover el fascismo entre los descendientes de italianos en el país.

Actividad institucional La legación italiana intentó replicar la organización totalitaria fascista en territorio uruguayo mediante la creación de diversas instituciones sociales. En 1923 se fundó el fascio de Montevideo bajo el patrocinio de diplomáticos italianos. El movimiento aseguraba no perseguir objetivos políticos, y se presentaba como una asociación de carácter estrictamente cultural y social. El fascio estaba dirigido por el coronel Ioanello Matteucci, el conde Alberto Compagnucci y el capitán Mario Longhini. Entre la comunidad italiana también se desarrolló una organización juvenil fascista, la Gioventù Italiana del Littorio al Estero. izquierda|miniaturadeimagen| Teatro Solís, donde el Fascio de Montevideo organizaba sus celebraciones. El fascio estaba directamente relacionado con la obra Dopolavoro local. La Dopolavoro, una organización fascista de ocio y cultura para adultos en Italia, abrió una filial en Uruguay con el fin de servir a los inmigrantes italianos y propagar la ideología fascista entre ellos. La asociación había comenzado sus actividades con un periódico en 1934 y abrió su sede oficial en 1938. En el acto de inauguración estuvo presente el presidente Gabriel Terra. La Dopolavoro abrió una sucursal nueva y más grande en 1939, ubicada en la Avenida 8 de Octubre, inaugurada con un partido de fútbol entre el Liceo Italiano y la Liga Deportiva Germánica.

Varios diplomáticos italianos visitaban regularmente lugares e instituciones asociados a la comunidad, tanto en Montevideo como en el interior. Los movimientos fascistas también participaron en actividades culturales y de caridad entre los inmigrantes, utilizándolas como propaganda encubierta. La legación invitaba frecuentemente a importantes figuras culturales a dar discursos en Montevideo y alquilaba teatros locales para celebrar los días festivos italianos. Algunos de los famosos banquetes celebrados por organizaciones fascistas vinculadas al gobierno italiano contaron con la presencia de relevantes políticos locales. miniaturadeimagen| Alberto Bellardi Ricci, plenipotenciario italiano en Montevideo entre 1938 y 1942. Los fascistas también intentaron influir en el sistema educativo uruguayo mediante la celebración de mítines y actos políticos en el Scuola Italiana de Montevideo. La escuela experimentó una transformación total durante la era fascista, viéndose obligada a adoptar el programa y la disciplina educativa italiana impuesta por órdenes del gobierno europeo. Un documento del Consejo de Educación Primaria de la dictadura de Gabriel Terra llegaba a afirmar que "el fascismo admite y fomenta el sentimiento de familia, el de nacionalidad, el de tradición, sentimientos todos ellos favorables a la cohesión y a la continuación de la organización social característica de la civilización de Occidente".

Los fascistas de la comunidad italiana también dirigieron un amplio número de medios de prensa en el país, tales como "Fiamma Italica" y "Fascismo" en Salto, "SPQR" en Melo, y "L'Italiano", "Marcia su Roma", "Il Piave", "La Verità", "L'Era Nuova", "Italia Nova", "Il Piccolo", "La Voce d'Italia", "Il Messagero d'Italia" y "Il Dopolavorista" en Montevideo.

El proselitismo fascista se redujo considerablemente tras el estallido de la Segunda Guerra Mundial. La amplia mayoría de los movimientos relacionados con el gobierno italiano fueron disueltos en 1940 por la Ley de Asociaciones Ilícitas.

Primeros movimientos locales El primer movimiento fascista local fue la Organización Patriótica Uruguaya, fundada en 1929 y de influencia principalmente dentro del Ejército Nacional. Más adelante, la organización evolucionaría hasta convertirse en el Frente Patriótico de Defensa Nacional en 1935. Hubo algunos intentos de crear un partido fascista nacional como el Partido Reformista o la Acción Nacional. Posteriormente, la Cámara de Representantes inició una investigación sobre estos movimientos, acusándolos de estar financiados por el gobierno alemán.

La mayoría de los primeros fascistas uruguayos admiraban al Integralismo brasileño y seguían a la AIB como modelo. El rechazo a la inmigración judía fue un tema recurrente entre las primeras agrupaciones.

La popularización del corporativismo como reacción al reformismo batllista entre los círculos intelectuales uruguayos condujo a la creación de dos partidos agrarios favorables a este sistema económico, el Partido Agrario y el Partido Ruralista, que a pesar de no ser explícitamente fascistas veían un modelo a seguir en el régimen de Mussolini. Los partidos abogaban por el desarrollo de un sistema de intervención dirigista que diera prioridad al campo.

Revisionismo miniaturadeimagen| Adolfo Agorio, 1921. Una de las principales figuras intelectuales del fascismo uruguayo fue el escritor Adolfo Agorio. Agorio fue el fundador de la Acción Revisionista del Uruguay, originalmente una organización explícitamente fascista que luego se uniría al Partido Colorado. La Acción editaba una revista llamada "Corporaciones" sobre teoría económica corporativa.

La Acción tenía un vínculo cercano con la Acción Integralista Brasileña, la cual veía como su principal modelo de inspiración, y también incorporó elementos del nazismo. La revista Corporaciones solía incluir textos de Gustavo Barroso, Plínio Salgado y otros referentes integralistas. La escritura del prólogo del libro de Barroso O integralismo e o mundo fue encargada a Agorio. El primero ya había escrito sobre el revisionismo uruguayo, ubicándolo dentro de una ola fascista global en la que también se encontraba el integralismo. Muchos líderes revisionistas como Ernesto Bauzá o el propio Agorio se habían comunicado a través de cartas con Barroso, a quien admiraban como su modelo político. Los brasileños vieron en el movimiento uruguayo a una forma de legitimar fácilmente la tesis de Salgado acerca de la naturaleza inherentemente apropiada del fascismo para América del Sur, y estaba en línea con el deseo del Chefe de unificar América Latina bajo una confederación integralista.

Varios intelectuales de renombre formaron parte del movimiento. Los revisionistas buscaron desarrollar una corriente política nacionalista que sirviera como alternativa a los partidos tradicionales. El movimiento era profundamente antisemita y se consideraba inspirado en Simón Bolívar. En 1934 Agorio escribió su libro "Roma y el espíritu de Occidente", en defensa del fascismo italiano. Agorio veía al fascismo desde una posición idealista, considerándolo sucesor de una tradición milenaria dentro de la política occidental. El fascismo y el corporativismo, según Agorio, representaban fielmente el espíritu de los occidentales y continuaban la tendencia histórica de dicha civilización. La obra también destaca el rol del fascismo en la derrota tanto del comunismo como del capitalismo, y critica la profesionalización de la política uruguaya.

Agorio se convertiría posteriormente en un destacado vocero de la propaganda nacionalsocialista en Uruguay. Fue invitado por diplomáticos alemanes a viajar en el LZ 129 Hindenburg y participó de numerosas reuniones políticas organizadas por la legación nazi.

Otra figura relevante de los primeros años del fascismo uruguayo fue Teodomiro Varela de Andrade. También miembro de la Acción Revisionista, Varela había sido batllista en su juventud y, tras algunos años de militancia conservadora, adhirió públicamente al fascismo en los años treinta.

Varela era un corporativista acérrimo y presentó varios proyectos fallidos de reforma constitucional tanto al gobierno como al Partido Colorado. Admiraba la abolición de los partidos políticos llevada adelante por la dictadura de Getúlio Vargas, aunque no quería un sistema similar para Uruguay. Varela apoyaba un sistema bicameral, compuesto por una asamblea corporativa y una cámara electa partidariamente. Su proyecto también incluía la creación de 3 nuevos ministerios, dedicados al Trabajo, al Crédito y a las Corporaciones, así como el fortalecimiento del poder presidencial.

Marzismo

Marcha sobre Montevideo y golpe de Estado Luego de la crisis de 1929, el modelo diárquico del poder ejecutivo uruguayo fue duramente criticado por su mal manejo de la situación económica. Percibiendo al gobierno como ineficaz, la élite económica uruguaya fundó el Comité de Vigilancia Económica como grupo de presión, con la intención de promover un cambio en las políticas económicas y el retorno del presidencialismo.

El presidente electo Gabriel Terra encabezó un golpe de Estado y disolvió el Parlamento y el Consejo Nacional de Administración en 1933. Terra ya había expresado opiniones filofascistas previamente.

Como muestra de apoyo público al golpe, importantes figuras políticas uruguayas como Luis Alberto de Herrera convocaron a una "Marcha sobre Montevideo" (similar a la Marcha sobre Roma encabezada por Mussolini) en abril de 1933 con el apoyo de intelectuales y medios conservadores. Apoyada por los agraristas que se habían opuesto a las reformas batllistas anteriores, la Marcha fue vista por sus defensores como una "cruzada ruralista " contra una ciudad corrupta moralmente. La manifestación fue comparada con una exhibición similar organizada por Getúlio Vargas. En el medio de crecientes tensiones entre el campo y las zonas urbanas, los periódicos locales habían presentado la Marcha como una revolución de regeneración nacional que derrotaría a la "ciudad corrompida" y destruiría su "miseria moral".¡Marchar sobre Montevideo! ¡Esa es la voz que, como un reguero de pólvora, se extiende por la campaña, desde Colonia a Cerro Largo, desde Artigas hasta Rocha, por los cuatro marcos de la patria!

¡Sí, marchar sobre Montevideo, con armas o sin ellas! ¡Acabar con el Colegiado antes de que el Colegiado acabe con el país! Tal la consigna de esta hora trágica y supremamente decisiva.

Dictadura de Terra (1933-1938) miniaturadeimagen| Gabriel Terra en su escritorio, firmando un autógrafo para una revista local. Los seguidores de Gabriel Terra fueron conocidos como marzistas debido a su adherencia a la "Revolución de Marzo", el nombre oficial del golpe.