Juan Manuel González Arbeláez (Rionegro, Antioquia, Colombia 17 de enero de 1882-Roma, Italia, 4 de enero de 1966), fue un eclesiástico y escritor católico colombiano.
Fue obispo de Manizales (1933-1934) y arzobispo Popayán (1942-1944).
Biografía
Primeros años y formación
Nació en Rionegro, Antioquia, el 17 de enero de 1892 en una familia católica. Fueron sus padres José María González Arrubla y Obdulia Arbeláez Pérez. De este matrimonio nacieron 3 hijos, 2 mujeres y un varón. Mercedes, la mayor se casó con Lázaro Escobar y Ana, la menor, fue religiosa de la Presentación. Su padre murió cuando Juan Manuel tenía 3 años de edad. Desde entonces la familia quedó al cuidado de sus abuelos maternos Joaquín Arbeláez y Obdulia Pérez. Fue bautizado el 28 de enero de 1892 en la iglesia parroquial de Rionegro, por el pbro. Francisco Martín Henao, con el nombre de Juan Manuel de Jesús de la Concepción. En la niñez temprana entró al jardín de infancia de las señoritas Campuzano, parientas suyas, donde aprendió las primeras letras. Su tatarabuelo José Joaquín González, tomó el sacerdocio después de enviudar, fue párroco de Rionegro y reedificó el templo parroquial, inaugurado el 8 de septiembre de 1804. Otro de sus tatarabuelos, José María Montoya, fue uno de los firmantes del Acta de Independencia de Antioquia.
El joven González cursó la primaria y la secundaria en el colegio de Rionegro, bajo el cuidado del párroco Sotero M. Martínez, y en 1906, antes de cumplir los 15 años terminó el bachillerato. En febrero de 1907, ya con los 15 años cumplidos, ingresa al seminario mayor de Medellín, donde destaca académicamente; allí realizó la filosofía que terminó en sólo 2 años y cuatro años de teología, terminando sus estudios en 1913 a los 21 años. El 22 de noviembre de 1912 recibió el subdiaconado. Fue nombrado profesor en el mismo seminario a principios de 1914 y en ese mismo año recibió el Diaconado. Además, tuvo una facilidad con los idiomas, llegó a ser el mejor latinista del seminario y logró sobresalir en griego, hebreo y también en italiano, francés, inglés y alemán.
Sacerdocio El arzobispo Manuel José Cayzedo quien ya estaba al tanto de las cualidades académicas y vocacionales del joven González, decide solicitar a la Santa Sede la dispensa requerida para poder ordenarlo antes de cumplir la edad canónica para la ordenación. Obtenido el permiso, el mismo arzobispo le informa que lo ordenaría antes de lo establecido y que lo haría en la iglesia parroquial de Rionegro, donde había sido bautizado, y en donde había hecho la primera comunión y la confirmación. El joven González, emocionado por la noticia le agradece arzobispo Cayzedo por este gran gesto.
Es así, que el 17 de enero de 1915, el día preciso en que cumplía 23 años, en la abarrotada iglesia parroquial de Rionegro, recibió la ordenación sacerdotal de manos del arzobispo Cayzedo. Al día siguiente, en el templo parroquial y nuevamente abarrotado de gente, celebró su primera misa, en la cual usó el cáliz de su tatarabuelo José Joaquín González. Siguiendo la tradición, el padre Juan pidió de rodillas la bendición de su madre y la de su abuelo materno Joaquín Arbeláez, en representación de su padre, antes de comenzar la misa. Luego el arzobispo Cayzedo lo nombra prefecto general del seminario.
El arzobispo Cayzedo empeñado en mejorar el nivel del seminario, decide enviar al padre Juan a Europa a perfeccionar sus estudios en ciencias sagradas y régimen de seminario en el afamado Seminario de San Sulpicio de París. El 4 de agosto de 1921 salió de viaje rumbo a Francia y en octubre se matriculó en dicho seminario parisino, donde destacó y empezó a ser solicitado para predicar en varias comunidades religiosas o en algunas parroquias de París. Allí aprendió los mejores sistemas en la formación sacerdotal, que luego pondría en práctica en Medellín. Un año después y de tener finalizado sus estudios en San Sulpicio, pasó a Roma por orden de Cayzedo a doctorarse en teología. Allí estudió en los colegios (hoy universidades) Angelicum y en el Lateranense; estando allí el cardenal Basilio Pompili le ofreció una cátedra, la cual declinó amablemente. Obtuvo el doctorado en teología en 1925 y regresó al país, acompañando en el barco al nuevo nuncio apostólico en Colombia mons. Paolo Giobbe (quien luego sería cardenal).
Ya en Colombia, fue nombrado temporalmente vicario sustituto en el pueblo de El Retiro, donde estuvo hasta finales de 1925, pues el 12 de diciembre de ese año fue nombrado rector del Seminario Mayor de Medellín cargo que desempeñó por 8 años desde su posesión en enero de 1926 hasta el 23 de noviembre de 1933. Durante esos años dictó clases de teología dogmática, de sagrada Escritura, oratoria sagrada… etc., en la escuela de derecho fue profesor de derecho romano; en ese entonces se destacó como filósofo humanista y sociólogo. Fue reconocido como un gran orador, pronunció la oración fúnebre a la muerte de mons. José Joaquín Arteaga, prefecto apostólico de Urabà, y a la muerte del presidente Marco Fidel Suárez. Desde su regreso de Roma se hablaba entre el clero sobre su nombre para el episcopado y así en este tiempo le fueron ofertadas varias sedes en el país, como la sede de Pasto (1930) que no aceptó, y la coadjutoría en la sede Metropolitana de Medellín, pero el arzobispo Cayzedo se opuso a que le designaran un coadjutor.
Episcopado
En 1933, el entonces presidente de la República Enrique Olaya Herrera presenta, de acuerdo con lo estipulado con el concordato, la terna para el nombramiento para elegir el obispo de Manizales, sede que había quedado vacante ante la promoción de mons. Tiberio de Jesús Salazar y Herrera a la de arzobispo coadjutor de Medellín. El presidente Olaya Herrera ya tenía excelentes referencias del padre Juan, gracias a su amigo el nuncio Paolo Giobbe y no es de estañar que dicha lista la encabezara el pbro. González. Por tal motivo, el Papa lo preconizó obispo de Manizales el 3 de julio de 1933.
El nuncio Giobbe le comunicó efusivamente el nombramiento al padre Juan y le pidió, al mismo tiempo, le concediera el honor ser él quien lo consagrara. En estas circunstancias el padre Juan no pudo negarle a su amigo dicha petición. Inevitablemente, ésta decisión fue dolorosa para mons. Cayzedo, ya seriamente afectado por el nombramiento de Salazar y Herrera como su coadjutor. Cayzedo quiso ser quien lo consagrara obispo, siendo él quien lo había ordenado presbítero y formado con especial predilección.
Finalmente, el 29 de octubre de ese mismo año (1933) recibió la consagración episcopal de manos del nuncio apostólico Paolo Giobbe, como consagrador principal; y fueron co-consagrantes Tiberio de Jesús Salazar y Herrera, coadjutor de Medellín, y Francisco Cristóbal Toro, obispo de Antioquia y Jericó. La ceremonia consagratoria se llevó a cabo en la nueva catedral de Medellín, siendo la primera consagración episcopal realizada en dicho templo desde su inauguración. La ceremonia fue todo un acontecimiento en la ciudad, la catedral resultó insuficiente para albergar a tantas personas. Antes de viajar a Manizales se trasladó a Rionegro a colocar a los pies de la imagen de Nuestra Señora del Rosario de Arma, la mitra con la que fue consagrado. El 4 de diciembre de 1933 tomó posesión y terminó así la sede vacante.
En esa sede trabajó diligentemente, organizó la curia, el Seminario y la Administración diocesana. En diciembre de 1933 fundó la «Comunidad de Hijas de María Deificadora» que se extinguió en 1943. El 6 de mayo de 1934 consagró a su Vicario General el pbro. Diego María Gómez Tamayo, como obispo de Pasto. Realizó visita a las parroquias del noroeste de la diócesis. Además fundó el teatro San Juan Bosco al lado de la Catedral; y fundó el Colegio de Nuestra Señora del Rosario, que fue una de sus principales obras. En la sede de Manizales, realizó varias ordenaciones sacerdotales. Continuó la obra de la catedral e hizo avanzar la obra de la Acción Católica. En esta sede gobernó poco menos de un año.
El 6 de junio de 1934 el papa Pío XI lo nombró arzobispo titular de Eno, y arzobispo coadjutor de Bogotá, con derecho a sucesión. Elevado a dicho cargo al que llegó siendo aún muy joven y con solo un año de ser obispo. En ese mismo año comenzó la presidencia de Alfonso López Pumarejo y Colombia se preparó a presenciar los grandes cambios del partido Liberal (anticlerical) con las reformas a la Constitución y al Concordato. En este tiempo asistió en Buenos Aires, Argentina, al XXXII Congreso Eucarístico Internacional, realizado entre el 9 y el 14 de octubre de 1934, viajó en barco desde Guayaquil, Ecuador, al lado del legado Pontificio y Secretario de Estado de la Santa Sede, el entonces Cardenal Eugenio Pacelli, futuro papa Pío XII. Después del evento regresó al país, llegó a Bogotá el 6 de enero de 1935 cuando llegaron las bulas y tomó posesión de su cargo en la catedral el 14 del mismo mes. El arzobispo Ismael Perdomo Borrero lo nombró vicario general de la arquidiócesis de Bogotá. Continuó como administrador apostólico de Manizales. Expidió el decreto para la celebración de Congreso Eucarístico Diocesano en Manizales. El 21 de junio de 1935 erigió canónicamente la casa de beneficencia de las Hermanas Consoladoras del Sagrado Corazón, y decretó la construcción del nuevo Seminario de Manizales. Se desempeñó como administrador apostólico de dicha sede hasta el 23 de diciembre de 1935 a la llegada y posesión del nuevo obispo de Manizales.
Participó en el segundo Congreso Eucarístico Nacional realizado en Medellín, que inició el 14 de agosto de 1935, en el cual tuvieron lugar las primeras confrontaciones entre la Iglesia y el Estado. En dicho Congreso habló contra la prensa anticatólica. Y se pronunció en contra de lo expresado por el Consejo de Bogotá, que había sido invitado al Congreso que tenía apoyo oficial, pero los miembros del Consejo señalaron que para unirse al evento “los prelados colombianos se pronunciaran favorablemente sobre la reforma del concordato, el establecimiento de la educación laica, la supresión de las misiones catequizadoras, la adopción del divorcio vincular” y otros puntos. Juzgó la propuesta del Concejo como “ruin, infame, desvergonzada y canalla” y tomó juramento a la multitud "de defender la religión católica a costa de la vida misma". Esta reacción le ocasionó la ira del gobierno y de los liberales. El arzobispo González fue la cabeza de la oposición a la reforma del concordato que intentaron los gobiernos liberales en la década de 1930.
A principios de 1936 fue nombrado Asistente Nacional de la Acción Católica. Alentó la creación de Sindicatos de orientación Católica, en contraposición a los de inclinación izquierdista y a la creación del Frente Popular del presidente Alfonso López Michelsen en 1936. En este tiempo se esparció el rumor de que el prelado no tenía el derecho a sucesión, pero esto era falso. Trajo la casa madre de las Hermanas Deificadoras a Bogotá y de allí surgieron hermanas a fundar las casas de Tunja, Villeta, Buga, Pamplona y Cúcuta. El 15 de junio de 1936 el arzobispo Perdomo viajó a Europa, pero antes pensando que el clero capitalino no estaría conforme de ser gobernado por un antioqueño, y, de acuerdo con el Nuncio, se determinó que lo más prudente es que no estuviera en Bogotá y que era mejor esconderse un tiempo hasta el retorno del arzobispo residencial. Obedientemente, se escondió en la finca “La María”, y se dice que desde ese momento empezó una especie de persecución en su contra. Colaboró con el obispo Francisco Cristóbal Toro Correa para restablecer la diócesis de Antioquia en ese momento unida a Jericó.