El coro de la Catedral de Orense es una obra realizada por Diego de Solís y Juan de Angés el Mozo con ayuda de su taller entre 1587 y 1590. Desmantelado en 1937, el conjunto se conserva casi en su totalidad en la Catedral de Orense (Galicia, España).
Historia Coro primitivo A finales del siglo , durante el episcopado de Diego de Fonseca y recién terminadas las naves de la seo, se procedió a instalar el coro; este ocupaba el espacio correspondiente a los tres primeros tramos de la nave central que se hallaban junto al crucero, directamente frente al presbiterio, con el cual conformaban un conjunto escultórico de carácter único. Debido a que el coro debía estar separado de los feligreses, toda la obra fue cercada con muros altos a base de piedra de sillería rematados con piezas labradas con «vistosa y delicada ornamentación ojival» según Manuel Sánchez Arteaga, quien relató que «al construirse los muros que cierran el coro, los pedestales de los seis machones comprendidos entre aquellos fueron rozados en parte, perdiendo, por consiguiente su forma octogonal». Sobre estas piedras que coronaban el conjunto se dispondrían con posterioridad los paramentos del coro cuando se elaboró la última sillería, de una altura superior a la primitiva. Estos muros se encontraban a su vez circundados por una banqueta corrida de piedra idéntica a la que actualmente recorre los paramentos del crucero y las naves laterales. Esta sección de asiento pétreo unificaba con su disposición la totalidad del área a la que los fieles tenían acceso en torno a la zona de uso exclusivo para los canónigos. De esta primera versión del coro catedralicio se conserva una descripción realizada en el siglo por el canónigo Juan Pérez de Noboa: thumb|200px|Fragmento de la traza del coro de la Catedral de Orense (c. 1580), por Diego de Solís. Museo Arqueológico Provincial de Orense.Se cree que el dibujo, hallado entre escombros durante una reparación de las bóvedas de la catedral, representa a San Pablo.
Gracias a este registro se sabe que en el coro cada autoridad contaba con un lugar asignado en función del nivel jerárquico, indicándose que un número de sitiales quedaban reservados para las autoridades civiles y el monarca. Por razones de alternancia de la salmodia, el coro se dividía en dos secciones simétricas: el coro del deán (lado del evangelio) y el coro del chantre (lado de la epístola). En la zona del deán, siguiendo un orden ascendente según su proximidad al altar mayor, tenían un asiento fijo por razón de antigüedad el rey, el deán, el arcediano de Castela, el arcediano de Varoncelle, el maestrescuela, el arcediano de Celanova, una silla vacía (tal vez perteneciente al arcediano de Caldelas, suprimido por anexión del territorio a la maestrecolia), cuatro canónigos cardenales y nueve canónigos diáconos. En lo que respecta a la parte correspondiente al chantre, en ella tenían asiento el chantre, el arcediano de Limia, el arcediano de Búbal, el tesorero, el abad de la Trinidad, el arcediano titular de Orense, y la otra mitad de los canónigos. En los sitiales del coro bajo y distribuidos a ambos lados se ubicaban los doce racioneros, los cuatro capellanes curados, los cuatro dobleros, y los capellanes y clérigos del coro, disponiéndose también asientos en el coro alto para los huéspedes en función del rango que ostentaban, asientos en el coro bajo para los canónigos que se encontraban en el periodo de seis meses de noviciado, y asientos para aquellos castigados por la entonces vigente jurisdicción Beate Martine. Cabe destacar que en un capítulo dedicado a las dignidades, prebendados y ministros de la catedral, el obispo Juan Muñoz de la Cueva dejó por escrito que el cabildo ostentaba «Hermandad» para «entrar y residir en el Coro» junto con los cabildos de las iglesias de Turón, Santiago de Compostela, Tuy, Mondoñedo, Oviedo, Lugo y Astorga. Este coro sería desmontado en 1580 con el fin de instalar uno nuevo de más capacidad, obra que se terminaría en 1590. Una parte del antiguo conjunto fue obsequiada al Convento de San Francisco de Ribadavia mientras que varias piezas fueron vendidas por un precio inferior al valor real. Algunas obras pétreas serían sin embargo destinadas tanto al altar mayor como a los sepulcros de las dos naves, hallándose a día de hoy unos pocos fragmentos sueltos en el Museo Municipal, si bien una parte de los muros se dejó en su sitio y pasó a formar parte del nuevo coro.
Coro actual Elaboración
El nuevo coro, realizado en madera de nogal y de estilo manierista,Arteaga lo define como de estilo «grecorromano». se ordenó en sillas altas (cuarenta y una contando la del prelado) y bajas (veintinueve). El asiento correspondiente al rey, el primero del lado del evangelio, y el del prelado, el primero del lado de la epístola, pasaron en el nuevo conjunto a ser los de los contadores de horas, mientras que el sitial del obispo fue desplazado al fondo y situado en un plano más elevado. En cada uno de los lados del coro se invirtió el orden primitivo de proximidad al altar: las sillas de las dignidades se dispusieron junto a las del obispo, quedando enfrente, en el coro bajo, las del hebdomadario y los dos ministros asistentes. Las sillas, sin contar la del obispo, correspondían al deán, al chantre, a los canónigos, a los racioneros y al resto de servidores del coro, con un número de asientos reservado para los grandes señores, las dignidades, los visitadores del obispo, los caballeros de las órdenes, los abades, los sacerdotes, el corregidor de la ciudad y los regidores del concejo, quedando los legos excluidos. Respecto a los oidores, estos se sentaban en sillas ubicadas junto a las gradas, en el interior de la capilla mayor, mientras que los regidores lo hacían junto a los capitulares más antiguos, de modo que cada integrante disponía de un lugar acorde a la labor desempeñada y siguiendo una jerarquía.
Toda la obra fue promovida por el obispo Juan de Sanclemente y Torquemada, quien ante escribano y en presencia de varios capitulares la contrató el 10 de junio de 1580,La obra fue contratada por 3076 ducados. poco antes de ser nombrado arzobispo de Santiago, durando la ejecución de la misma de 1587 a 1590:
La traza fue diseñada por Diego de Solís y la misma fue ejecutada por el propio Solís y Juan de Angés el Mozo con ayuda de su taller y bajo la supervisión de Esteban Jordán,Jordán fue llamado en 1587 para aprobar los diseños presentados por los artistas, los cuales calificó de exquisitos, aunque se cree que hizo algunas modificaciones dado el carácter castellano del conjunto. Solís y Angés fueron elegidos en base a las condiciones y las trazas, siendo varios los escultores que presentaron propuestas. quien una vez concluida la obra informó de ella junto con Juan Bautista Celma, autor de los púlpitos y de las rejas de estilo plateresco que cerraban tanto el coro como la capilla mayor.Estas rejas tienen tres cuerpos rematados por un coronamiento decorado al igual que el tercer cuerpo con estatuas y medallones alusivos a la liturgia y a San Martín, patrono de la catedral. En lo que respecta a los púlpitos, estos son de planta octogonal y cuentan con elaborados relieves en los zócalos, estando dispuestos sobre pedestales conformados por tres sirenas unidas. Existían a su vez unas rejas o cancillas de hierro facturadas por Lozano en 1588 que conectaban la capilla mayor con el coro cerrando el acceso de los feligreses a estas áreas, que sin embargo podían ser admiradas desde ambos lados. Las puertas que daban acceso al coro eran tres: la puerta principal, situada frente al crucero y cerrada con una reja de Celma; y las de los lados, abiertas en los paramentos que cerraban el coro y ornamentadas en la cima con esculturas representativas de Adán y Eva cuando fueron tentados por la serpiente así como de la expulsión del Paraíso.
Respecto a la obra del coro, iniciada en 1587, una de las condiciones impuestas era que esta debía ejecutarse en un periodo de cinco años; los tres primeros comprendían el corte y secado de la madera, la cual fue financiada por el cabildo, quien a mayores dio a los artistas alojamiento y talleres para que tanto ellos como sus oficiales pudiesen trabajar.En las cuentas de fábrica de 1586 a 1590 aparecen varias cantidades pagadas por el alquiler de las casas en que habitaron, expresándose en las de 1588 que «Gonzalo Fatón, maestro de cantería, abrió la puerta del coro». Las sillas del coro alto fueron valoradas en 50 ducados y las del coro bajo en 22, mientras que a las sillas desparejadas de la zona alta se les puso un precio de 50 ducados y al sitial del obispo y los ornamentos un precio de 50 ducados,«Por cada silla del coro alto y bajo, 72 ducados; las que en el alto se encuentran sin compañera, 50 ducados, y otros 50 la silla obispal y el decorado de los rincones». con la madera, procedente de Allariz, secándose por tres años tal y como estaba previsto. En lo que respecta al traslado del material a Orense, las vicisitudes del mismo figuran plasmadas en un registro de 1588:Estos datos, así como los relativos al coste del traslado, el pago de la madera, los pagos en concepto de herrajes y cerraduras y las cuentas de 1591 vinculadas a Angés, fueron descubiertos por Miguel Ángel González García, antiguo delegado de patrimonio de la diócesis de Orense, en un cuadernillo en el Archivo de la Catedral. Las páginas se hallaban muy deterioradas y en algunas la tinta había desaparecido por completo, siendo necesario el uso de una luz ultravioleta.
En lo tocante al coste del traslado, este figura registrado el 13 de enero de 1588:
Respecto al pago de la madera, este se anotó el día antes:
En las cuentas de 1589 figuran pagos por los herrajes y cerraduras del coro:
Unas cuentas de 1591 relativas a Angés resultan de gran importancia por plasmar de forma detallada varios aspectos no especificados en el contrato:
En lo que a la financiación de la obra se refiere, hubo un benefactor muy destacado: el obispo Fernando Tricio de Arenzana, quien aportó 500 ducados. Con esta suma de dinero, más algunas cantidades donadas por el cabildo haciendo uso de sus ahorros, Solís y Angés iniciaron su labor,Angés fungió como escultor y Solís como ensamblador y entallador, lo que explica las diferencias de estilo entre las figuras y los relieves del ensamblaje. A mayores, hay constancia de la ayuda prestada a Solís por Cristóbal de la Fuente. alargándose el plazo establecido a causa de varias vicisitudes y, sobre todo, por diferencias entre los maestros y el cabildo.El plazo era de cinco años; debido a que los tres primeros comprendían el corte y secado de la madera, el periodo destinado a la labor de talla quedaba reducido a los dos años restantes, si bien este proceso acabaría durando tres. Finalmente, la tarde del 24 de marzo de 1589, con el conjunto aún sin acabar, Pedro González Acebedo, obispo bajo cuyo mandato se finalizó la sillería, celebró un solemne festejo para inaugurar el coro, con los miembros del mismo entrando a la catedral en procesión mientras entonaban el «Te Deum» en agradecimiento. Para mediados de 1590 los tallistas aún no habían concluido su labor ni estaban trabajando en la obra, por lo que el cabildo intentó forzarles a regresar y terminar el remate de serafines así como otras tallas y ornamentos; los artistas no se mostraron dispuestos a volver, muy probablemente por la pena de 600 ducados que pesaba sobre ellos y que se desconoce cómo la saldaron. Ante este inconveniente, Arenzana, ya obispo de Salamanca, entregó 900 ducados para finalizar el conjunto, lo que le valdría como recompensa el que su escudo fuese incluido en el coro, el cual estaba terminado para el mes de octubre: