Desde el , comenzaron a surgir las primeras corrientes liberales en el Perú. El historiador Jorge Basadre emplea el término político «liberal» para catalogar al sistema político del país en aquella época.
Francisco García Calderón señaló en su libro de 1907, Le Pérou contemporain, que existieron dos procesos o «ciclos doctrinarios» importantes, la primera ocurrida entre 1824 y 1842, y la segunda resurgida entre 1842 y 1868 (aunque Basadre solo dio por concluido el ciclo a finales de los años 1860). Es en el último proceso, precisamente en la mitad del , que el movimiento ganó importancia en la opinión pública. El término caló en el vocabulario principalmente por ofrecer libertades a la clase indígena. Este último enfoque del liberalismo fue motivo de inspiración del movimiento socialista, reflejado en la visión indigenista del escritor y filósofo José Carlos Mariátegui.
Durante el gobierno de Manuel Pardo, el liberalismo empezó a perder popularidad. El sociólogo Gonzalo Portocarrero indicó que esta corriente solo tuvo relevancia en el ámbito político de la época por la postura que sus partidarios sostuvieron a favor de las libertades indígenas, propuestas que en sí eran promocionadas por la élite gobernante a través del Estado, pero que en la vida cotidiana, el conservadurismo social perduraba en la población, haciendo énfasis en el desprecio por lo indígena.
Los términos «liberal» y «liberalismo» a veces son usados de forma incorrecta para referirse a la doctrina del neoliberalismo y sus seguidores, denominados neoliberales. En otros casos, también se han empleado ambos términos para designar a seguidores del libertarismo, siendo un ejemplo Mario Vargas Llosa, escritor y expolítico peruano que en varias ocasiones ha sido descrito como liberal a pesar de su postura ideológica. En 2019, el periodista Federico Salazar consideró que existe ignorancia sobre los ideales liberales y que el término «neoliberal» se usa como un «cliché» para descalificar moralmente a sus rivales políticos, más que como una caracterización precisa de su ideología.
Historia del liberalismo La historia del liberalismo data desde la segunda década del , cuando se jugaban términos como «república» y «democracia». Es el término «liberal» tuvo que concebirse mucho después, en especial cuando se definió como reemplazo del sucedido vocablo «jacobinismo» en la obra Sermón de acción de gracias por el aniversario de la independencia del Perú del político religioso Bartolomé Herrera. Para el periodo reciente, la teoría fue respaldada una investigación de Víctor Samuel Rivera, impreso por el bicentenario de su natalicio. Franklin Pease García Yrigoyen sugirió que esta corriente republicana, por su origen, estuvo relacionada con el eurocentrismo.
Aun así, el conservador José de la Riva-Agüero y Osma documentó conceptos de la política liberal con «jacobinismo» de sinónimo; mientras que otras personas como el indigenista José Carlos Mariátegui adoptaron esa corriente francesa en sus obras de temática social. De hecho, un prototipo de socialismo liberal, planteado por Mariátegui con ideas de Piero Gobetti, sería posteriormente recibido en otros países como Argentina, convencido de que «el destino de todo liberalismo auténtico es preparar el camino al socialismo».
Primeros años
El liberalismo hispano fue una de las corrientes que dio cabida a iniciativas políticas peruanas en los años 1810, cuando estaba en su fase de independencia.
La participación de los diputados peruanos en las Cortes de Cádiz (1810-1814) fue importante. El número de representantes que efectivamente pudieron incorporarse fue de diecisiete diputados titulares y suplentes. Aunque se eligieron más, no todos pudieron viajar a la Península Ibérica. La implantación de la Constitución de Cádiz en el virreinato del Perú, por otro lado, tuvo una aplicación limitada y condicionada a la supervisión del virrey José Fernando de Abascal en relación al esfuerzo militar peruano centrado en frenar los movimientos independentistas en las fronteras del virreinato. En este contexto, las profundas reformas del liberalismo español entre 1810 y 1814 tuvieron en el Perú como ejes la definición de la ciudadanía y los procesos electorales, la supresión del tributo indígena, la libertad de imprenta, las transformaciones políticas e institucionales, todo ello en el marco de la aparición de rebeliones o conspiraciones en el propio Perú.
Tras la Rebelión de Riego y la instalación del Trienio Liberal, José de la Serna, el último virrey, puso en marcha los principios de la constitución de 1812, en una de las propuestas más afines a sus principios. Se propuso en la constitución temas sobre la ciudadanía y las elecciones (entre cabildos y diputados), la abolición del tributo indígena, la libertad de imprenta, las reformas políticas e institucionales y las rebeliones o conspiraciones. Sin embargo, la constitución de 1812 no duró mucho debido al golpe de Estado surgido en el país ibérico. La obra de investigación The Fall of the Royal Government in Peru de Timothy Anna sugirió que aquella corriente no tuvo suficientes adeptos a la causa de la independencia, sino que exacerbaba la confusión ideológica en la época para conllevar una polarización.
«Primer ciclo doctrinario» El primer liberalismo del Perú republicano, llamado por Jorge Basadre como «el primer ciclo doctrinario», se desarrolló en los años de 1822 a 1834 en un intento sin éxito de progreso cívico y paz en la nación, debido a sus limitaciones en visionar la realidad nacional. Se inspiró en las ideas de John Locke y se caracterizó por elaborar propuestas para fortalecer su autonomía en la lucha contra la monarquía y el colonialismo, según el escritor Santiago Távara. En esa década, el primer ciclo se asoció también a otras iniciativas republicanas como la separación de los poderes del Estado, el igualitarismo, la libertad negativa, la primacía de la ley y el sistema de gobierno constitucional.
En ese entonces el primer Congreso Constituyente obtuvo mayor influencia liberal. El político católico Francisco Xavier de Luna Pizarro fue uno de los promotores constitucionales en desarrollarlo. Luego de suspenderse la primera constitución hecha en Perú de 1822, Francisco de Paula González Vigil colaboró en la versión de 1828 y ganó fama por oponerse al autoritario Agustín Gamarra. Luis José de Orbegoso fue uno de los caudillos en defender tales ideas en su mandato con ayuda de sus promotores de Huanta, cuyo aporte fue otra versión lanzada en 1834 con límites en la intervención militar del caudillismo. La versión de 1834 se dio a cabo por la petición explícita de realizarse un nuevo congreso constituyente en 1833 para nuevas reformas.
Dentro de los representantes ideológicos también destacó José Faustino Sánchez Carrión, que según Luis Alberto Sánchez fue uno de los mayores pensadores republicanos durante el gobierno de Simón Bolívar. Formaron también parte de la primera generación de liberales peruanos a Hipólito Unanue, Mariano José de Arce, José Toribio Rodríguez de Mendoza, Mariano José de Arce, Benito Laso de la Vega y Francisco Javier Mariátegui. A esto se incorporan los hermanos Pedro y José Gálvez Egúsquiza, Manuel Toribio Ureta, entre otros.
Además de la presencia de intelectuales, estuvieron apoyados por movimientos denominados «liberales-regalistas», procedentes de sectores laicos y sacerdotales marginales. Tanto los regalistas como los jansenistas fueron, según Basadre, importantes en los estudios del liberalismo. Asimismo, la escritora Flora Tristán procuró catalogar a Arequipa como ejemplo una ciudadanía bajo modelo republicano, que resultó un fracaso tras el posterior dominio de Manuel Ignacio de Vivanco.
En el ámbito indígena Basándose en la idea de igualdad entre los hombres, Simón Bolívar suprimió los títulos y la nobleza indígena, eliminándose la figura del curaca. Además, se decretó, entre los año 1824 y 1825, la liberalización de las propiedades comunales por lo que los indígenas podían vender sus tierras al ser consideradas como propiedad privada, trayendo, como consecuencia, la disolución de las comunidades de indígenas. Esto derivó en la apropiación de las tierras indígenas por parte de los gamonales y hacendados.
Bolívar recurrió a suprimir el sistema económico de los indígenas para afianzar su integración en la ciudadanía liberal. La iniciativa terminó deshaciendose, en su lugar, optaron en 1826 por recurrir a un sistema de impuestos hacia el Estado.
«Segundo ciclo doctrinario»
Entre 1842 y finales de los años 1860 se formó «el segundo ciclo doctrinario», según Basadre. En ese periodo los hermanos Gálvez Egúsquiza aplicaron varios ideales que fueron incluso radicalizados. El año 1854 fue marcado por la historiografía como una nueva revolución liberal, en que se mostraba en oposición a las instituciones republicanas, incluida la Iglesia católica y, como respuesta, buscaron un programa político reformista para establecer el «progreso» nacional (bajo tendencia del galicanismo). La iglesia perdió una parte de la posesión física mientras se consolidaba la propiedad privada. En el libro Religión y Revolución en el Perú, 1824-1976 del investigador Jeffrey Klaiber señaló que se propuso «nuevas propuestas anticlericales», aunque no se han concretado por la fuerte relación entre lo clerical y la élite de la época. Sin embargo, es el ultramontanismo que ganó terreno en el ámbito religioso décadas después, cuya presencia eclesiástica estuvo en la memoria colectiva de los peruanos.
Producto de la revolución por la crisis institucional y las ideas de Manuel Toribio Ureta, que emergió de la ocurrida en Europa en 1848, y la instalación de un prototipo de un partido político frente a la falta de este en los conservadores, nace la constitución de 1856. La constitución tomó varias medidas como la abolición de la pena de muerte y un sistema de voto universal solo para aquellos que sepan leer y escribir. En ese entonces, también se tuvo en planificación la creación de un Estado menos centralizado y con economías abiertas; así mismo, se consideró un parlamento unicameral, un periodo de mandato de cuatro años sin reelección y la anulación de la concesión de facultades extraordinarias al presidente. Debido al temor de los conservadores, principalmente porque el sistema de sufragio directo aplicaba también a afroperuanos libertos y otra parte de la población que no sabía leer ni escribir, la constitución fue suspendida debido a la guerra civil entre 1856 y 1858.
Aparte de las reformas lacistas, uno de los legados civiles fue el derecho de petición para fomentar la participación política apenas indirecta. Otro legado relevante fue el derecho de asociación de forma individual y colectiva, que el investigador Marcial Rubio Correa refirió como una de las garantías constitucionales más variables que compartían posteriores normas fundamentales. Otro aporte de la mitad del , es el enfoque de un liberalismo democrático a los problemas sociales que estuvo aún inmerso en visiones tradicionales, caso que en los primeros años del republicanismo tuvo al tema de los indios en segundo plano. Uno de ellos es Juan Bustamante Dueñas, quien se enfocó en las libertades indígenas.
El liberalismo pragmático de Ramón Castilla Por otro lado, dentro del enfoque social, es el presidente Ramón Castilla quien entró a influenciar en sus primeros años como liberal, pero terminó siendo pragmático para estar al margen de un eventual conflicto ideológico. Este presidente fue responsable de la eliminación de la contribución indígena, uno de sus mayores logros sociales, junto con la abolición de la esclavitud, abolición que se realizó por segunda vez debido a su restablecimiento en 1826. El sentimiento americanista de Castillo se manifestó cuando estuvo a favor del gobierno de Benito Juárez durante la segunda intervención francesa en México.