El último discurso de Salvador Allende, presidente de Chile, tuvo lugar el 11 de septiembre de 1973 a través de Radio Magallanes, en momentos en que se perpetraba el golpe de Estado liderado por el general Augusto Pinochet, y previo al bombardeo al Palacio de La Moneda en Santiago de Chile. Este discurso marcó un hito en la historia política del país sudamericano. Allende se suicidó horas después de pronunciar estas palabras.
Contexto El gobierno de Salvador Allende, que había asumido la presidencia en 1970, representaba un período de reformas radicales y cambios sociales en Chile. Su compromiso con una agenda de izquierda, que incluía avanzar con la nacionalización del cobre y la redistribución de la riqueza, había generado tensiones entre la derecha y la polarización en la sociedad chilena. Esta situación empeoró con la visita de Fidel Castro a Chile en 1971, el escándalo de los bultos cubanos, el paro de octubre de 1972, el incidente de Alejandrina Cox y la crisis económica en Chile de 1973.
El 11 de septiembre de 1973 a las 6:00 las Fuerzas Armadas iniciaron el golpe de Estado con la toma de Valparaíso por parte de la Armada de Chile; en Santiago, antes de las 7:00 los oficiales golpistas de las Fuerzas Armadas ya se encontraban instalados en sus puestos en el Ministerio de Defensa y otras instalaciones militares.
Primeras alocuciones de Allende A las 6:45 Allende ya estaba enterado de lo que estaba ocurriendo en Valparaíso. Salió de su casa de calle Tomás Moro a las 7:20 y quince minutos después llegó al Palacio de La Moneda. A las 7:55 el mandatario se dirigió por primera vez a la ciudadanía a través de Radio Corporación (perteneciente al Partido Socialista) e informó de los sucesos en Valparaíso.
Con Valparaíso bajo el control de la Armada, a las 8:00 el almirante José Toribio Merino informó al país que «las Fuerzas Armadas no pueden permanecer impasibles ante el derrumbe de nuestra Patria. Este no es un golpe de Estado, solo se persigue el restablecimiento de un estado de derecho». Veinte minutos más tarde, Allende habló por segunda vez, manteniendo la esperanza de que la insurrección en curso estuviera acotada solo a la Marina y en Valparaíso.
A las 8:40, las radios opositoras, lideradas por radios Agricultura y Minería, transmitieron en cadena el primer bando de la Junta Militar. Este, leído por el teniente coronel Roberto Guillard, exigía a Allende «proceder de inmediato a la entrega de su alto cargo a las Fuerzas Armadas y Carabineros de Chile», y también exigía a la prensa, radios difusoras y canales de televisión «adictos a la Unidad Popular» que suspendieran «sus actividades informativas a partir de este instante. De lo contrario recibirán castigo aéreo y terrestre».
Confirmada ahora la participación de todas las ramas de las Fuerzas Armadas, minutos más tarde Allende volvió a salir por Radio Corporación, donde aseguró: «Que lo sepan, que lo oigan, que se les grabe profundamente: dejaré La Moneda cuando se cumpla el mandato que el pueblo me diera, defenderé esta revolución chilena y defenderé el gobierno porque es el mandato que el pueblo me ha entregado. No tengo otra alternativa. Solo acribillándome a balazos podrán impedir la voluntad que es hacer cumplir el programa del pueblo».
A las 9:03 Allende emitió su cuarto mensaje por Corporación. En un discurso que se vio interrumpido, el mandatario reiteró que no iba a renunciar y consignó que en ese momento escuchaba el ruido rasante de un Hawker Hunter sobre La Moneda: «En estos instantes pasan los aviones. Es posible que nos acribillen. Pero que sepan que aquí estamos, por lo menos con nuestro ejemplo, que en este país hay hombres que saben cumplir con la obligación que tienen. Yo lo haré por mandato del pueblo y por voluntad consciente de un Presidente que tiene la dignidad del cargo entregado por su pueblo en elecciones libres y democráticas». Y agregó: «Pagaré con mi vida la defensa de los principios que son caros a esta patria [...] El pueblo debe estar alerta y vigilante. No debe dejarse provocar ni masacrar, pero también debe defender sus conquistas. Debe defender su derecho a construir con su esfuerzo una vida digna y mejor».
A las 9:10 Allende volvió a llamar a Corporación para emitir un nuevo mensaje, pero le informaron que habían bombardeado la emisora. Después intentó lo mismo con Radio Portales, y la respuesta fue la misma: la Fuerza Aérea de Chile (FACh) había bombardeado la antena de transmisión. Entonces llamó a Radio Magallanes.
Radio Magallanes Perteneciente al Partido Comunista (PC), Radio Magallanes tenía sus estudios en el sexto piso de Estado 235, a solo cuatro cuadras y media de La Moneda, y su planta transmisora en Renca. Al igual que Radio Corporación, además tenía línea telefónica directa con el despacho presidencial de La Moneda, a través de un teléfono a magneto, accionado a manivela.
Guillermo Ravest, director de Radio Magallanes, antes de las 7:00 ya estaba enterado del golpe de Estado en curso, por lo que al llegar a la radio, pasadas las 7:30, descubrió que en el estudio ya existía «una nerviosa actividad». Según el jefe de prensa Leonardo Cáceres, «se vivía un clima de máxima tensión, con la adrenalina a tope. Se intercambiaban las noticias con los rumores en medio de una sensación de caos. Sonaban todos los teléfonos al mismo tiempo».
Los primeros mensajes de Allende habían sido retransmitidos por Radio Magallanes como parte de la cadena voluntaria «La Voz de la Patria» que integraban las radios Corporación, Magallanes, Portales, Luis Emilio Recabarren (propiedad de la Central Única de Trabajadores), Sargento Candelaria (del MAPU) y Nacional (del MIR), todas las cuales serían silenciadas mediante ataques aéreos por parte de aviones Hawker Hunter de la FACh.
Durante esta hora, Magallanes además transmitió un mensaje del subsecretario general del PC Víctor Díaz, quien denunció el golpe y llamó «a los trabajadores y al pueblo a resistirlo organizadamente», y también un breve mensaje de la diputada y secretaria general de las Juventudes Comunistas Gladys Marín.
Alrededor de las 9:20, Ravest había ido a buscar un paquete de cigarrillos a su oficina cuando sonó de nuevo el teléfono: era Salvador Allende. El diálogo, recordó años después Ravest, fue el siguiente:
Ravest entonces le gritó —sin quitar la bocina de su oreja para que Allende le escuchara— al radiocontrolador Amado Felipe, quien se encontraba a unos tres metros de distancia frente al tablero de control, que instalara una cinta magnética porque iba a hablar el presidente, y le pidió a Leonardo Cáceres que corriera al micrófono para que lo anunciara. Tras dar estas instrucciones, Ravest se dirigió de nuevo a Allende:
Felipe puso los primeros acordes del himno nacional y Cáceres comenzó a anunciarlo, pero antes de que Cáceres terminara, Allende empezó su última alocución. Último discurso
miniaturadeimagen|Caricatura de Carlos Latuff, titulada 11 September 1973
Tras finalizar, Allende le dijo a Ravest: «No hay más, compañero, eso es todo», y el periodista solo atinó a responder: «Cuídese, compañero».
Durante su último discurso, Allende se encontraba en su despacho con las ventanas cerradas, sentado detrás de su escritorio y rodeado de al menos unas veinte personas, todas en silencio. Pronunció su mensaje sin un texto en mano, y acompañado por su hija Beatriz a su lado.
En su alocución, Allende abordó diversos temas y se dirigió a diferentes segmentos de la sociedad chilena. Agradeció la lealtad de sus seguidores y manifestó su compromiso con la ley y la Constitución. También denunció la traición de algunos sectores militares y civiles que habían participado en el golpe. Allende se refirió a la lucha contra el imperialismo y la reacción, y destacó que las Fuerzas Armadas habían roto su tradición constitucional al unirse al golpe. Hizo un llamado a la defensa del pueblo chileno y la no humillación, instando a que el pueblo no se sacrificara innecesariamente.
Dirigiéndose a la juventud, los trabajadores, las mujeres, los campesinos y los profesionales patriotas, Allende expresó su confianza en que Chile superaría este momento oscuro y que eventualmente se abrirían las «grandes alamedas» para construir una sociedad mejor. Finalmente, Allende concluyó su discurso con un enérgico «¡Viva Chile! ¡Viva el pueblo! ¡Vivan los trabajadores!» y expresó su convicción de que su sacrificio no sería en vano y que su legado sería una lección moral contra la traición y la cobardía.
A Amado Felipe se le quedó abierto el micrófono de ambiente, por lo que durante toda la alocución también se escuchan voces y ruidos ajenos, más claramente a Ravest al comienzo, pidiendo que cerraran «la puerta, por favor».
Preservación de la grabación Radio Magallanes después volvió a transmitir la última alocución de Allende, pero a las 10:27 aproximadamente las antenas transmisoras fueron bombardeadas y quedó fuera del aire.
Pasado el mediodía, y después de infructuosos intentos por contactarse con la planta transmisora, los trabajadores aún presentes en el estudio se fueron a sus casas y solo se quedaron Guillermo Ravest y Amado Felipe, junto con otros dos militantes del PC —cuyos nombres Ravest y Felipe nunca preguntaron— encargados de «tareas de seguridad». Debido al toque de queda instaurado desde las 18:00, el grupo se tuvo que quedar encerrado en el estudio hasta que se levantó recién al mediodía del jueves 13 de septiembre. Durante el largo encierro, Ravest y Felipe realizaron numerosas copias en cintas magnéticas —cuarenta en total— del último discurso de Allende; también limpiaron y ordenaron toda la radio, y eliminaron cualquier documentación que contuviera nombres o información sobre el Partido Comunista. Por alguna razón desconocida, el estudio no fue allanado durante el largo toque de queda.
Al mediodía del jueves 13, Ravest y Felipe abandonaron el estudio y cada uno se llevó veinte copias del discurso. Se despidieron a los pocos minutos y nunca más se volvieron a ver. Ravest, días después, envió diez copias a Américo Zorrilla y las otras diez —a sugerencia del propio Zorrilla— las entregó posteriormente a corresponsales extranjeros, en su mayoría alojados en el Hotel Continental en Huérfanos con Teatinos, con la ayuda del periodista italiano Guido Vicario del diario L'Unità.La verdadera historia del rescate del último discurso de Salvador Allende, CIPER Chile, 26 de junio de 2008
De los otros cuatro discursos pronunciados por Salvador Allende la mañana del 11 de septiembre de 1973, solo sobreviven registros de audio de la primera y cuarta alocuciones.
Legado La última alocución de Salvador Allende se ha convertido en un símbolo de la lucha por la justicia social y la democracia en Chile. A pesar de su trágico final, Allende sigue siendo una figura importante en la historia política de Chile. Su discurso final es recordado como un llamado a la resistencia y a la esperanza en tiempos de adversidad.
Ascanio Cavallo comenta que este discurso se caracteriza por ser «acusatorio, lírico, con volúmenes dramáticos, cambios de tono, giros anímicos, soplos vitales y a la vez fúnebres. Improvisado, pero de esas improvisaciones “que se ensayan muchas veces en la ducha”, como me dijo un testigo del momento en que lo pronunció». Agrega Cavallo que «sabemos que Allende era un gran orador, un virtuoso de ese Senado de los años 60 poblado de espadachines de la palabra. Pero esto es otra cosa. Es un discurso de muerte. Muerte y eternidad. Estas dos cosas solo se juntan en el pensamiento religioso».El último discurso de Allende, El País
Daniel Mansuy, en tanto, dice en su libro Salvador Allende. La izquierda chilena y la Unidad Popular (2023) que el discurso de Allende deja «un veneno y un enigma».
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