derecha|miniaturadeimagen|421x421px|Un cuerpo en su ataúd comienza a sangrar en presencia del asesino en una ilustración de las leyes de Hamburgo en 1497. La cruentación (en latín: ius cruentationis o Ius feretri sive sandapilae) era uno de los métodos medievales para encontrar pruebas contra presuntos homicidas. La creencia común era que, llevado el criminal ante la víctima, el cadáver de esta comenzaría a sangrar espontáneamente.
Historia La cruentación se utilizó en el derecho germánicoBajo el término colectivo (no contemporáneo) de derechos tribales germánicos se resumen varios registros legales que, además del derecho franco aplicable principalmente en la Galia y en la zona al este del Rin, se emplearon en varios reinos germánicos sucesores del Imperio romano de mediados del siglo V al IX.
Después del comienzo de la recepción del derecho romano erudito en Europa a partir del siglo XII, los juristas humanistas hablaron de leges barbarorum (leyes bárbaras), por un lado, debido a su latín corrupto - en comparación con los textos jurídicos romanos clásicos - y por otro lado. por la inferioridad de esta cultura jurídica respecto a la del Corpus iuris civilis de Justiniano, redescubierto en la Alta Edad Media y que llegó a ser decisivo. La elección de la palabra bárbaro fue deliberadamente despectiva, ya que las tribus germánicas eran vistas como destructoras del Imperio romano y de la cultura antigua. en la Alta Edad Media, desde donde se extendió a Alemania, Polonia, Bohemia, Escocia y las colonias europeas de América del Norte.Milroy CM. A Brief History of the Literature on Postmortem Changes to the 19th Century. Acad Forensic Pathol. 2016 Mar;6(1):2-11. doi: 10.23907/2016.001. Epub 2016 Mar 1. PMID: 31239868; PMCID: PMC6474507. En Alemania se utilizó como método para encontrar pruebas de culpabilidad hasta mediados del .Barend A. J. Cohen; «Forensische geneeskunde: raakvlakken tussen geneeskunst gezondheidszorg en recht» (en neerlandés).
En los países de habla alemana se empleó el término Bahrprobe,”Bahre” significa en alemán «camilla». “Totenbahre” era un marco de madera sobre el que se llevaba al difunto al funeral, equipado con dos o cuatro ruedas y un asa. A veces el ataúd permanecía abierto sobre la camilla durante el transporte. El término «Bahrprobe» se traduce comúnmente al español como «prueba del féretro» (en inglés: the ordeal of the bier u «ordeal of the touch», «the ordeal of blood»). Se basaba en la conjetura de que el espíritu del difunto todavía estaba presente en el cuerpo («cadáver viviente») y quería vengar la pérdida de su cuerpo sangrando. La fuente jurídica más antigua de Alemania al respecto es el libro Freisinger Rechtsbuch del año 1328 (artículo 273), que describe la “Bahrprobe” como un método procesal, según el cual la ordalía debería realizarse incluso en víctimas de asesinato que ya habían sido enterradas. Se conocen en especial detalles de la “Bahrprobe” realizada en el caso de Hans Spiess en Ettiswil en 1503.Hans Spiess (* en Hergiswil cerca de Willisau; † 1503 en Ettiswil) fue un mercenario que fue condenado a muerte por asesinato. Se le culpó de haber asfixiado a su esposa Margret en la cama y luego haber salido temprano de casa, como de costumbre. Tan pronto como la mujer fue enterrada, se extendió el rumor de que su marido la había matado. Spiess fue torturado en Willisau. Dado que a pesar de las torturas alegó su inocencia, se ordenó una sentencia divina en forma de la “Bahrprobe”, en la que el acusado, desnudo y afeitado, debía jurar su inocencia sobre el cadáver de la víctima. Veinte días después del entierro, el cuerpo fue desenterrado nuevamente en Ettiswil. Según la tradición, el cadáver sangró cuando Spiess se acercó a él, demostrando así su culpabilidad, tras lo cual confesó el crimen. Fue declarado culpable y ejecutado en la rueda.Rudolf Emanuel Stierlin, Johann Rudolf Wyss (ed.): Valerius Anshelm’s, llamado Rüd, Berner-Chronik von Anfang der Stadt Bern bis 1526. Volumen 3. Bera 1827, p. 254 Baechtold, Jakob. «Ueber die Anwendung der Bahrprobe in der Schweiz». Romanische Forschungen, vol. 5, 1890, pp. 221–33. JSTOR, http://www.jstor.org/stable/27935308. Consultado el 4 de septiembre de 2023 (en alemán)
Los primeros juicios modernos privilegiaban el testimonio humano explícito sobre la evidencia forense, a menos que esa evidencia representara el testimonio de un ser divino (es decir, Dios). Pero no todos los casos podían resolverse simplemente obteniendo una confesión; en aquellos en que era difícil para los jurados determinar si alguien acusado de asesinato era culpable o inocente, el caso podía resolverse mediante la ordalía. En el caso de la cruentación, el acusado era llevado ante el cadáver de la víctima del asesinato y se le obligaba a poner las manos sobre él. Si las heridas del cadáver comenzaban a sangrar o aparecían otros signos visuales inusuales, se consideraba que era un juicio divino, que revelaba que el acusado era culpable. Al mismo tiempo, la cruentación por sí sola rara vez condenaba a un sospechoso; el impacto psicológico de la prueba hizo más a menudo que el sospechoso confesara. miniaturadeimagen|Bahrprobe y ejecución en la rueda. (Crónica de Diebold Schilling el joven., 1513) La cruentación también se citaba comúnmente en la Europa medieval como prueba contra los judíos acusados de cometer homicidios rituales.
El Bonum universale de apibus (Sobre las abejas) de Tomás de Cantimpré tuvo posteriormente una amplia resonancia, ya que contiene (en el párrafo Cur Iudaei Christianum sanguinem effundant quotennisBonum universale de apibus, liber II, cap. XXIX, § 23, pp. 304–305 ) la primera teorización sistemática del llamado libelo de sangre antisemita, acusando a los judíos del asesinato ritual de cristianos. En un intento por comprender la razón detrás de estos supuestos rituales, de Cantimpré expuso una teoríaCf. Albert Ehrman, The Origins of the Ritual Murder Accusation and Blood Libel, in «Tradition: A Journal of Orthodox Jewish Thought», XV, n. 14, 1976, pp. 83–90, p. 86. según la cual, de que desde el asesinato de Cristo los judíos sufrieron hemorragias, basándose en el grito de la turba a Poncio Pilato: «Que su sangre caiga sobre nosotros y sobre nuestros hijos». (Mt 27, 25). Como consecuencia de ello, los judíos al parecer mataban a los cristianos, y luego usaban su sangre en rituales, creyendo, dice de Cantimpré, que de esta manera podían curarse a sí mismos. De hecho, afirmó, habían interpretado erróneamente al pie de la letra la indicación de uno de sus profetas de que «sólo la sangre cristiana podría aliviar este dolor», cuando en realidad la profecía se refería en sentido figurado a la sangre de Cristo, simbólicamente bebida durante la Eucaristía. La única posibilidad para los judíos habría sido, por tanto, la conversión a la verdadera fe. De Cantimpré afirma que se enteró de esto por un "judío converso" no especificado, probablementeThis is the opinion argued by H.L. Strack, (Blood Accusation, in The Jewish Encyclopedia, vol. III, New York, Funk and Wagnalls Company, 1902, p. 260), but also by Ehrman, The Origins of the Ritual Murder Accusation and Blood Libel, p. 89, n. 13. refiriéndose a Nicholas Donin. En la obra se describen múltiples casos de cruentación, en los cuales los judíos son acusados de torturar y matar a niños cristianos, Uno de los casos más notables fue el de Margaretha, una niña cristiana de siete años en Alemania. Si bien de Cantimpré describió la historia de Margaretha de manera bastante vaga, la historia se volvió cada vez más infame y detallada a medida que se extendía por toda Europa y fue elaborada por autores posteriores. De Cantimpré afirma que un grupo de judíos le compró a Margaretha a su madre. La amordazaron, la golpearon y la acuchillaron. Después, los judíos cargaron su cadáver con piedras y lo hundieron en el fondo de un río. Unos días más tarde, un pescador encontró su cuerpo y lo llevó por toda la ciudad, alegando que los judíos habían cometido este acto maligno. En el caso de Margaretha y otras historias de homicidios rituales, tan pronto como los judíos locales estuvieron en presencia del cadáver del niño cristiano, el cadáver comenzó a chorrear sangre y ocasionalmente a reanimarse como si suplicara venganza contra sus asesinos judíos. La crucifixión, afirma de Cantimpré, fue un testimonio de la culpabilidad de los judíos. La obra fue esencial para desarrollar el mito antisemita del asesinato ritual y también está relacionada con el libelo de sangre. Las obras posteriores a Sobre las abejas describen narrativas similares que se basan en la cruentación como prueba acumulada contra los judíos acusados de la muerte de niños cristianos en Europa. Es remarcable que de Cantimpré nunca nombra a la niña, pero historias posteriores la identifican como Margaretha. Además, ha habido incertidumbre en torno a la fecha y el lugar de lo sucedido.
La cruentación aparece también en muchos textos relacionados con el procedimiento penal: el Malleus maleficarum de Heinrich Kramer y Jacob Sprenger, o la DaemonologieJacobo I. Philomathes. En: Daemonologie. Edinburgh: Robert Waldegrave; 1597. p. 79. «In a secret murther if the dead carcase be at any time handled by the murtherer, it will gush out of blood, as if the blood was crying out to heaven for revenge of the murtherer». [En un asesinato secreto, si el homicida toca el cadáver en algún momento, brotará sangre, como si la sangre estuviera clamando al cielo por venganza del asesino.] de Jacobo I de Inglaterra y VI de Escocia. No obstante, los contemporáneos trazaron una distinción entre la cruentación y (para un observador moderno) prácticas igualmente ocultas. Otras formas de la ordalía desaparecieron durante los siglos anteriores a la desaparición de la cruentación, precisamente porque efectuaban (arrogantemente) el juicio divino.
A medida que la práctica de la disección anatómica se hizo más frecuente, las profesiones médicas se volvieron cada vez más conscientes de las circunstancias en las que los cadáveres podían emitir fluidos de forma autóctona. Los procedimientos de cruentación se volvieron por ello cada vez más estrictos y en 1545, Antonius Blancus fue el primero en cuestionar la confiabilidad de la cruentación como práctica. Sin embargo, la primera refutación publicada apareció en 1669, más de un siglo después. Sin embargo, el Systema jurisprudentiae medicae [Sistema de Medicina Forense] de Michael Alberti, publicado casi un siglo después, todavía alentaba los investigadores a confiar en la tortura y la cruentación.