Cristóbal Benítez de Valdespino (Jerez de la Frontera, 1570 - Concepción, en algún momento posterior a 1628) fue un fraile de la orden de predicadores español, famoso por ser el primer catedrático de filosofía en arribar a Chile y responsable del inicio de su enseñanza en el país.

Biografía Primeros años Cristóbal de Valdespino nació en Jerez de la Frontera en 1570, España, hijo de Cristóbal Benítez de Valdespino y de Catalina de Sanabria. Existe quien se refiere a él como "Juan Cristóbal de Valdespino", pero la no existencia de otras menciones vuelve dudosa esta denominación.

Hizo sus primeros estudios en el Colegio de la Asumpción que los jesuitas mantenían en Córdoba, donde más tarde profesaría. Estudió en la Universidad de Granada, en donde recibió el grado de bachiller. Entre sus formadores se encontraba fray Gaspar de Córdoba.

Arribo a Chile e inicio de la enseñanza de la filosofía Los primeros domínicos llegaron a Chile en 1552, y fundaron su primer convento en Santiago en 1557. Una gran expedición hispana trazó rumbo a Chile y Perú en 1566, trayendo consigo capital humano ilustrado desde Europa. En el territorio chileno, el ingreso de novicios y la necesidad de formarlos teológica y artísticamente volvió necesaria la apertura de una casa de estudios.

La siguiente expedición zarpó de España el 31 de enero de 1594. Sería esta en la que el fraile se embarcaría. Habiendo llegado en 1595 o 1596 (las fuentes varían), Valdespino comenzaría su labor de inmediato. Al llegar, el contexto que lo recibió era bastante desafiante:

Además de maestro de filosofía, fue catedrático de gramática, lo que permite situarlo dentro del reducido núcleo de religiosos letrados que organizaron la enseñanza superior conventual en el Chile de comienzos del siglo . Según parece, para 1614 ya habría estado jubilado de su cátedra.

Faceta política y clerical miniaturadeimagen|346x346px|Templo de Nuestra Señora del Rosario en Santiago de Chile. Se tiene testimonio de que los dominicos —orden que, por su instituto, exige una alta formación intelectual— impartían cursos de artes y teología en su convento santiaguino desde fines del siglo XVI. En ese contexto, se haría célebre como maestro de filosofía el jerezano fray Cristóbal de Valdespino. Sus discípulos, especialmente sus hermanos de orden, se enorgullecían de ser los principales hombres de letras de Chile en su tiempo.Fue prior de Santiago (1599-1601), así como provincial dominica de San Lorenzo Mártir (1601-1602), el cuarto desde la creación del cargo, siendo sucesor de fray Acacio de Náveda. Se sabe que este se carteó con el rey de España al menos entre 1608 y 1621.

Socorro a las monjas Tras el alzamiento indígena que afectó a las ciudades del sur del Reino de Chile a comienzos del siglo , las religiosas del monasterio de Santa Isabel de Osorno debieron abandonar la ciudad y atravesaron diversas privaciones antes de llegar a la zona central. Según María Bichon, luego de pasar por Castro, Concepción, Valparaíso y San Francisco del Monte, las monjas aguardaban auxilios que les permitieran establecerse en Santiago, mientras el Cabildo discutía la forma de asistirlas con carretas, bastimentos, ganado y limosnas. En la sesión del 20 de febrero de 1604, el Cabildo ordenó a Valdespino que las visitara en nombre de la ciudad, les llevase una carta y les comunicara tanto la escasez de recursos de Santiago como la conveniencia de aceptar el traslado a la Ciudad de los Reyes, donde el Virrey del Perú ofrecía convento y auxilios para su reparación. Las religiosas, sin embargo, respondieron que no querían trasladarse a Lima.

Polémica sobre el trato indígena Su actividad eclesiástica posterior se desarrolló en un contexto de fuerte división interna dentro de la provincia dominica chilena. Desde fines del siglo y comienzos del , la Orden se hallaba tensionada entre dos orientaciones: una línea más cercana al legado de fray Gil González de San Nicolás, crítica del servicio personal de los indígenas y de la guerra ofensiva, y otra más próxima a fray Reginaldo de Lizárraga, partidaria de políticas más duras frente a los indígenas rebeldes.

Valdespino se ubicó entre los dominicos críticos de los abusos coloniales y afines a la primera corriente, lo que lo llevó a intervenir en las disputas políticas del reino. Vería con horror los malos tratos a los que los indígenas americanos eran sometidos bajo la figura de los "servicios personales", llegando a justificar el levantamiento indígena que tomaba lugar a finales del siglo .José Bengoa, Conquista y barbarie (Santiago: Ediciones Sur, 1992), 95. En sus cartas a Felipe III de 28 de marzo y 7 de abril de 1608, dirigidas en un momento de abierta crisis del gobierno de Alonso García Ramón, sostuvo que los indios eran libres por ley natural, divina y humana, y que la soberanía del monarca español sobre ellos solo podía justificarse en la medida en que garantizara la justicia, la paz y la doctrina cristiana. A su juicio, el fracaso de la evangelización no debía imputarse principalmente a los indígenas, sino al proceder indigno de los españoles y de los ministros reales. Ocupaba las más duras palabras para definirlos, así como a sus ejecutores:A.G.I, Chile, leg. 64, s. n.; fray Cristóbal de Valdespino a Felipe III, Santiago, 7 de abril de 1608.

miniaturadeimagen|Alonso García Ramón, gobernador del Reino de Chile en dos oportunidades, de julio de 1600 hasta febrero de 1601 y de marzo de 1605 hasta agosto de 1610. Desde la orden de los predicadores, Antonio de Montesinos, Pedro de Córdoba, y Gil González de San Nicolás (correligionario este último de Bartolomé de las Casas) le acompañaron en sus alegatos. Señaló nombres como el Alonso García Ramón a la hora de referirse a los corruptos que abusaban de las comunidades indígenas. Según él, bajo el gobierno de García Ramón prosperaban hombres sin escrúpulos, protegidos por redes de poder que impedían que sus abusos llegaran adecuadamente a conocimiento del rey. No dio los nombres de los obispos eventualmente cómplices de las vejaciones, pero la poca cantidad de estos en el país (dos por esos años), lo volvía innecesario: Juan Pérez de Espinoza, a quien seguramente no involucraba directamente en sus denuncias, y Reginaldo de Lizárraga, verdadero blanco de sus acusaciones.

Sus críticas al episcopado fueron especialmente severas. Denunció que algunos obispos obtenían sus dignidades mediante prácticas simoníacas, promesas de dinero e informes fabricados a la medida de sus deseos, y que muchos buscaban las sedes americanas no para pastorear a los fieles ni morir en la empresa misional, sino para disfrutar de sus rentas y usarlas como trampolín hacia cargos más altos.

La intervención de Valdespino en 1608 coincidió con la de fray Francisco de Riberos, quien también escribió contra García Ramón y denunció los agravios cometidos contra los indígenas. Ambos actuaron de manera coordinada en favor de una política distinta, favorable al retorno de Alonso de Ribera y próxima a las tesis del jesuita Luis de Valdivia, futuro impulsor de la guerra defensiva. García Ramón, consciente de la influencia de estos religiosos, había intentado previamente atraérselos recomendando ante Felipe III a Valdespino, Riberos y Jerónimo de Hinojosa como sujetos merecedores de cargos y dignidades. Sin embargo, Valdespino y Riberos terminaron alineándose contra su gobierno. izquierda|miniaturadeimagen|427x427px|Los "mártires de Elicura": sacerdotes jesuitas siendo asesinados por guerreros mapuches en 1612. Con la instauración de la guerra defensiva y el retorno de Alonso de Ribera en 1612, Valdespino quedó en una posición compleja. Ideológicamente simpatizaba con Luis de Valdivia y con la crítica al servicio personal, pero la mayoría de los dominicos chilenos tendía a rechazar la guerra defensiva y a favorecer políticas más duras contra los indígenas rebeldes. Tras el martirio de tres jesuitas en Elicura y el deterioro de la frontera, Valdespino escribió nuevamente al rey el 30 de marzo de 1614. En esa carta apoyó a Ribera, a la vez que destinaba palabras de respeto hacia la obra de Luis de Valdivia y pidió el envío de más soldados, procurando no abandonar del todo los principios éticos que había defendido en 1608. Reconoció la violencia indígena y llegó a emplear expresiones más duras que en sus escritos anteriores en contra de ellos, pero insistió en que los españoles habían dado grandes motivos para su accionar fruto de sus crueldades y agravios. Esta postura de 1614 muestra una inflexión importante en su trayectoria política, pues ya no atribuía la crisis solo a los abusos españoles, sino también a la violencia de los rebeldes. Con todo, no se integró plenamente en la línea más belicista de su orden; siendo la suya una postura de tipo intermedio.

Alonso de Ribera recompensó esta actitud con una recomendación al rey en la que destacó su integridad moral, humildad y altura intelectual. Sin embargo, ello no modificó sustantivamente su situación dentro de la provincia dominica, donde Valdespino quedó cada vez más aislado frente a los religiosos contrarios a la guerra defensiva. En 1621, cuando la política de Valdivia se hallaba desacreditada y la frontera volvía a arder por la rebelión encabezada por Lientur, Valdespino firmó junto al convento de Nuestra Señora del Rosario una carta a Felipe III que pedía refuerzos militares para asegurar la línea del Bío-Bío. La moderación formal de esa carta permitió su adhesión y, al mismo tiempo, cerró en parte la crisis abierta desde 1608 entre Valdespino y sus correligionarios.

En 1623, el provincial fray Gabriel de Covaleda, consultado por Felipe IV sobre los dominicos chilenos dignos de una mitra episcopal, señaló a fray Martín de Salvatierra y a fray Cristóbal de Valdespino como los principales hombres de la provincia. Sin embargo, recomendó en primer lugar a Salvatierra, antiguo adversario ideológico de Valdespino y representante de la facción dominante. La preferencia no fue casual: reflejaba la derrota relativa de la posición valdespiniana dentro de la provincia dominica chilena, cada vez más inclinada hacia una lectura dura del conflicto indígena. Ninguno de los dos fue finalmente promovido por el rey.

Últimos hechos destacables y muerte Valdespino poseyó esclavos como bien inmueble, llegando a vender una esclava en 1600. Se sabe que recibió el poder para testar en nombre de un tal coronel Miguel de Silva en 1624.Cabildo de Santiago, Actas del Cabildo de Santiago, tomo VI, en Colección de historiadores de Chile y de documentos relativos a la historia nacional, tomo XXI, pról. José Toribio Medina (Santiago de Chile: Imprenta Elzeviriana, 1900), VII. Se graduó en 1628 como doctor en teología en la Universidad Pontificia de Santo Tomás de Aquino, junto a Martín de Salvatierra, Pedro de Salvatierra y Diego de Urbina. Se desconoce la fecha exacta de su muerte. Se sabe que sus restos mortales reposan en Penco, Concepción.

Disputas con respecto a su mérito histórico izquierda|miniaturadeimagen|338x338px|Marcelino Menéndez Pelayo. Es un hecho que los inicios de la filosofía en Chile se deben fijar con los cursos de filosofía impartidos al amparo de congregaciones religiosas afincadas en Chile en esa época: dominicos, franciscanos, jesuitas, agustinos y mercedarios. No obstante, los historiadores han disputado sobre cuál es, realmente, la figura fundacional de la filosofía en Chile.

En la mayoría de textos, los dominicos son los que aparecen como padres fundadores. Marcelino Menéndez Pelayo ya ofrece los dos nombres más relevantes en esta disputa:

miniaturadeimagen|316x316px|Jaime Eyzaguirre. Jaime Eyzaguirre completa la discusión con el otro gran nombre, venido de la compañía de Jesús, que es el de Luis de Valdivia:

Al respecto, las posiciones son varias: