La literatura LGBT de Brasil, entendida como literatura escrita por autores brasileños que involucre tramas o personajes que formen parte o estén relacionadas con la diversidad sexual, tiene una tradición que se remonta al , específicamente a la obra del poeta Gregório de Matos, quien a lo largo de su vida escribió una serie de poemas satíricos de carácter homosexual sobre sus adversarios políticos. Las primeras obras narrativas en referenciar la homosexualidad llegaron casi dos siglos después, en las décadas de 1870 y 1880, de la mano de escritores como Joaquim Manuel de Macedo, Aluísio Azevedo y Raul Pompéia. Las obras de estos autores, que en su mayoría se enmarcaban en la tendencia del naturalismo, presentaban una mirada de la homosexualidad basada en concepciones de la época, bajo un estereotipo negativo de desviación sexual. En medio de este contexto apareció la novela Bom-Crioulo (1895), escrita por Adolfo Caminha y tradicionalmente señalada como iniciadora de la literatura LGBT brasileña, además de ser considerada la primera novela LGBT de América Latina. Aunque también compartió una visión negativa de la homosexualidad, fue la primera en centrar su trama en una relación de personas del mismo sexo.
El inicio del vio la entrada de autores como João do Rio, que abordó la diversidad sexual en algunos de sus cuentos y de quien se sabía que era homosexual, y la publicación de obras como «Pílades e Orestes», relato homoérotico de Joaquim Machado de Assis, y «O menino do Gouveia» (1914), cuento anónimo considerado la primera obra LGBT pornográfica de Brasil. La novela Vertigem (1926), de Laura Villares, es notoria por ser la primera en abordar el lesbianismo escrita por una mujer brasileña, aunque también da una mirada moralista y condenatoria contra la protagonista.
Durante la época posterior al Estado Novo, varios textos continuaron presentando temáticas LGBT de forma sutil. La obra paradigmática de esta tendencia fue «Frederico Paciência» (1947), relato de Mário de Andrade sobre una amistad masculina con tintes homoeróticos que, a pesar de no volver la orientación sexual de los personajes explícita, fue uno de los primeros en mostrar esta atracción de forma positiva. La década de 1950 se vio caracterizada por la publicación de dos novelas clásicas de la literatura brasileña que incluyeron subtramas LGBT: Gran Sertón: Veredas (1956), de João Guimarães Rosa, y Crônica da casa assassinada (1959), de Lúcio Cardoso. Estas novelas abordaron la diversidad sexual de forma marcadamente distinta a obras anteriores, en tramas que exploraron conceptos como la espiritualidad, el travestismo, la metafísica y el deseo prohibido.
Hasta la segunda mitad del , la literatura homosexual masculina brasileña, a diferencia de la tradición anglosajona, tenía entre sus características comunes la reproducción de roles bien delineados en las relaciones que retrataba, con la figura de un hombre fuerte con características masculinas y otro mostrado como débil y sumiso, en un análogo de los roles sociales de la época presentes en las relaciones heterosexuales, como puede observarse desde Bom-Crioulo. Además de ello, era común que tanto las figuras homosexuales masculinas como femeninas fueran retratadas de forma caricaturesca o exótica. También destaca la figura del Carnaval de Brasil, que en la ficción era mostrada por varios autores como un tiempo en que las personas podían ocultar sus identidades mientras disfrutaban de una mayor libertad sexual y realizaban actos usualmente considerados ilícitos.
La etapa de la dictadura militar en Brasil está caracterizada por la fuerte censura ejercida por el régimen, aunque eventos como los Disturbios de Stonewall y el nacimiento del movimiento LGBT internacional ayudaron a la vez a iniciar un auge en la publicación de obras LGBT. La escritora más importante de este periodo fue Cassandra Rios, quien, a pesar de ser blanco recurrente de la censura por las temáticas lésbicas de sus obras, se convirtió en la más exitosa escritora brasileña de todos los tiempos, con periodos en que alcanzó la venta de 300000 libros por año, aunque, a la vez, fue ignorada por la crítica. Con el tiempo, Rios pasó a ser considerada la iniciadora de la tradición literaria lésbica brasileña. Otros autores LGBT destacados de los años de la dictadura fueron Gilberto Freyre y Aguinaldo Silva, particularmente con su novela Primeira carta aos andróginos (1975).
De aquella época son también las figuras de Caio Fernando Abreu, Silviano Santiago y João Silverio Trevisan, quienes iniciaron una nueva etapa en la narrativa LGBT brasileña, influenciada por la literatura LGBT global. Abreu abordó la diversidad sexual y la homofobia desde su primera colección de cuentos y continuó explorándola en años posteriores, en relatos como «Terca-feira gorda», de Morangos mofados (1982), que narra el encuentro entre dos hombres homosexuales durante el Carnaval de Brasil; o la novela Pela Noite (1983), tal vez la primera obra brasileña en abordar el VIH. De Silviano Santiago se distingue la novela Stella Manhattan (1985), una de las primeras en contar con una personaje travesti como protagonista; mientras que João Silverio Trevisan es reconocido por la novela Em nome do desejo (1983) y la obra de no ficción Devassos no paraíso (1986).
De la poesía de finales del se pueden mencionar autores como Francisco Bittencourt y Roberto Piva, quienes exploraron la homosexualidad y el cuerpo masculino en su obra; Waldo Motta, reconocido por enlazar temas relacionados con la diversidad sexual con motivos religiosos; y los poetas Glauco Mattoso y Horácio Costa, con obras centradas en el abordaje de prácticas tabúes y críticas a la sociedad heteropatriarcal brasileña.
Las primeras décadas del se vieron caracterizadas por la normalización y el aumento de la presencia de protagonistas LGBT en obras literarias brasileñas, la mayoría de los cuales dejaron de ser presentados con los estereotipos existentes en obras pasadas. Temáticas relacionadas con la diversidad sexual empezaron además a aparecer en obras de géneros como el histórico, detectivesco, utópico y en particular en la literatura juvenil. Entre los autores de obras LGBT galardonadas en décadas recientes se encuentran narradores como Santiago Nazarian, Natalia Borges Polesso, Tobias Carvalho y Cristina Judar. Del lado de la poesía, han destacado figuras como Angelica Freitas, Tatiana Nascimento y Ryane Leão.
Narrativa
miniatura|derecha|Joaquim Manuel de Macedo, autor de Mulheres de mantilha (1870). La primera referencia de la que se tiene noticia a la homosexualidad en la narrativa brasileña tuvo lugar en la novela Mulheres de mantilha (1870), de Joaquim Manuel de Macedo. En esta obra, una muchacha llamada Inês se enamora de una visitante conocida como Isidora, que es descrita con rasgos tradicionalmente considerados masculinos. Sin embargo, al final de la novela se revela que Isidora era en realidad un hombre que se había disfrazado de mujer para evitar ser reclutado al ejército, por lo que ambos pueden finalmente casarse. A pesar de que la revelación final deja ver una intención moralizante, académicas modernas como Maria Cristina Ferraz han afirmado el carácter transgresor de la obra al mostrar en un principio como lésbico el deseo de Inês.
En 1882, Aluísio Azevedo publicó la novela A condessa Vésper, que incluyó un personaje secundario lésbico, aunque la representación fue negativa y la mujer parece ver su orientación sexual como incompatible con su propia humanidad, al afirmar: «mi cuerpo hoy tiene forma primitiva de mujer, pero ahora lo habita el alma de un demonio unisexual que se disgusta con las triviales caricias masculinas». Una representación igualmente negativa apareció en la novela naturalista Um homem gasto (1885), publicada bajo seudónimo por el doctor y escritor Ferreira Leal y considerada la primera obra narrativa brasileña en referenciar la homosexualidad masculina. La trama de la novela, que en su tiempo produjo un férreo debate entre críticos literarios, sigue la historia de un hombre llamado Alberto que ha vivido una vida de excesos y perversiones, entre ellas la homosexualidad, «error nefando» que empezó a practicar en su juventud. Al final de la obra, Alberto se suicida.
En los años siguientes aparecieron obras como la novela O Ateneu (1888), de Raul Pompéia y también naturalista, que narra la historia de un joven en un internado masculino en el que son comunes las relaciones homosexuales en que «muchachos tímidos, ingenuos» pasan a ser «dominados, celebrados, pervertidos como niñas indefensas». En 1890 fue publicada O cortiço, de Aluísio Azevedo, que además de presentar en Albino un personaje masculino afeminado y estereotipo del homosexual de la época, muestra una relación sexual entre dos mujeres. La escena, que fue atacada en la época por «promover el lesbianismo», involucra a una joven virgen de 18 años llamada Pombinha que es seducida por una prostituta de nombre Léonie. Aunque en un principio Pombinha se resiste, posteriormente se entrega al placer del acto sexual, como Azevedo deja ver en la descripción del hecho:
miniatura|izquierda|Portada de la primera edición de la novela Bom-Crioulo (1895), considerada la obra iniciadora de la literatura LGBT brasileña.
Bom-Crioulo Aunque en las obras antes mencionadas aparecieron personajes LGBT secundarios, la primera obra brasileña cuya trama central abordó directamente una relación entre personas del mismo sexo fue Bom-Crioulo (1895), novela del autor aracatiense Adolfo Caminha que, además de su puesto como iniciadora de la literatura LGBT del país, suele ser señalada como la primera novela LGBT de América Latina. La obra, que también se enmarca en la tradición del naturalismo, sigue la historia de un esclavo fugado llamado Amaro que se enamora de forma apasionada de un muchacho rubio de nombre Aleixo luego de unirse a la armada brasileña. Tras una etapa de romance en el barco en que navegaban, ambos se mudan a Río de Janeiro, pero Amaro pronto descubre que Aleixo lo había engañado con una mujer, por lo que lo asesina en un arranque de celos.
En la novela, Caminha reproduce la homofobia de la sociedad de la época y aborda a sus personajes bajo el paradigma de un hombre mayor y viril, en este caso Amaro, enamorado de un muchacho joven y de características tradicionalmente consideradas femeninas que toma el rol pasivo, papel cumplido por Aleixo. No obstante, a pesar de estar narrada desde la idiosincrasia de la época, la obra a la vez explora con un lenguaje directo la sensualidad y el deseo homoerótico entre ambos personajes, hecho inédito en la literatura local en ese entonces, como se puede apreciar en el siguiente fragmento:
Décadas después de su publicación, la novela fue prohibida y retirada de bibliotecas, posiblemente debido a su temática, por el régimen del presidente Getúlio Vargas durante el Estado Novo. Permaneció de este modo proscrita por varios años, hasta que fue reeditada en la década de 1980.
Primera mitad del miniatura|derecha|João do Rio, autor del relato «Impotência» (1899).