Rufino Pelayo Gómez (Abionzo, Cantabria, 1877 – Santander, Cantabria, 24 de enero de 1925), fue un doctor en Medicina especializado en pediatría y concejal liberal castellanista del Ayuntamiento de Santander.
Biografía Estudió en la Universidad de Valencia.La Correspondencia de Valencia, 30 de julio de 1907, p. 2. Obtuvo la licenciatura en Medicina en 1907, bajo la dirección del doctor Gómez Ferrer.El Cantábrico, 7 de julio de 1908, p. 2. Se desplazó en numerosas ocasiones a Francia para incrementar sus conocimientos científicos y realizó estudios de especialidad en pediatría en L´Hôpital des Enfants Malades de París (Francia), con el afamado profesor Victor Henri Hutinel.El Cantábrico, 5 de diciembre de 1908, p. 2.
En 1909 inauguró su gabinete consultorio de enfermedades de niños en la calle Méndez Núñez de Santander.Revista Cántabra, 27 de junio de 1909, p.10.
Como médico de la Sociedad de Socorros Mutuos La Fraternidad, impartió conferencias didácticas sobre la salud dirigidas a las familias obreras. Entre ellas en la Casa del Pueblo de Liaño o en el Centro Obrero de Cabárceno.El Cantábrico, 7 de junio de 1913, p. 2.El Cantábrico, 15 de julio de 1913, p. 2.El Socialista, 23 de enero de 1916, p. 3.
En 1917 participó de la creación del nuevo Círculo Liberal, base del resurgimiento del partido liberal en la provincia de Santander.El Cantábrico, 5 de marzo de 1917, p. 1.
Implicado en todo lo que afectó a los obreros, en el mes de junio de 1917 sirvió como intermediario en el conflicto entre los trabajadores y la compañía Nueva Montaña de Peñacastillo. La Comisión de huelga mostró públicamente el agradecimiento a Rufino Pelayo por su labor en la solución del conflicto laboral.El Cantábrico, 17 de junio de 1917, p. 2.
En las elecciones municipales de diciembre de 1917 fue candidato liberal por el octavo distrito de Santander en el seno de la coalición entre mauristas y liberales.
Su programa político se centró en la higienización de la ciudad y especialmente de los barrios más abandonados: salubridad, alcantarillado y gestión de los residuos. La municipalización de los servicios públicos y la aspiración a la autonomía municipal fueron otras de sus preocupaciones.
Además de su sensibilidad hacia los sectores más vulnerables de la sociedad, fue un activista en lucha contra el maltrato animal, proponiendo actuaciones pioneras en la materia.La Atalaya, 11 de diciembre de 1917, p. 1.
El 1 de enero de 1918 tomó posesión como concejal liberal en el Ayuntamiento de Santander, formando parte de la corporación presidida por el alcalde Pereda Elordi.El Cantábrico, 2 de enero de 1918, p. 1.
Con la extensión por Europa de la Pandemia de gripe de 1918, se prestó como facultativo multiplicando sus servicios a las familias humildes y a los obreros convalecientes.La Montaña, 11 de enero de 1919, p. 20. Además se ofreció al gobernador civil para asistir a los pueblos de la provincia donde fuera necesario.El Cantábrico, 30 de octubre de 1918, p. 2. Su labor profesional y humanitaria tuvo una gran importancia en Laredo, localidad especialmente afectada por la epidemia.El Cantábrico, 1 de noviembre de 1918, p. 1.
A finales de 1918 celebró el triunfo de los aliados en la Primera Guerra Mundial. En un discurso manifestó: “Cantemos, señoras y señores en este día de júbilo para los pueblos libres”.El Cantábrico, 9 de diciembre de 1918, p. 1.
En 1919 el clima de conflictividad laboral era muy elevado. Rufino Pelayo se implicó en el conflicto entre las sociedades fabricantes de pan y los obreros panaderos,El Pueblo Cántabro, 25 de febrero de 1919, p. 2. y formó parte de la comisión municipal para intermediar en la solución de las forjas de Los Corrales de Buelna.El Cantábrico, 24 de septiembre de 1919, p. 2.
Respecto de su posición institucional como concejal tuvo que aclarar que sus peticiones solían caer en saco roto. Su labor crítica le llevó a adoptar el apodo o añadido de concejal regionalista, vinculándolo a la necesidad de posponer los ideales políticos ante las necesidades del pueblo al que se representa. Entendía que el resto de concejales del Ayuntamiento convivían de forma admirable dentro de un sistema de autoridad que imponía el alcalde y en el cual él “¡estaba solo¡”.El Cantábrico, 22 de diciembre de 1919, p. 3.
El 23 de abril de 1920 el Ayuntamiento de Santander, por iniciativa de Rufino Pelayo, colocó una placa de mármol en el salón de sesiones con la siguiente inscripción: “El excelentísimo Ayuntamiento a los heroicos defensores de las libertades castellanas, cuyos jefes, don Juan Padilla, don Juan Bravo y don Francisco Maldonado, murieron decapitados en Villalar, el 24 de abril de 1521”. La iniciativa iba encaminada a la conmemoración en 1921 del IV Centenario de la batalla de Villalar, acordando invitar a todos los Ayuntamientos de Castilla para organizar conjuntamente los actos solemnes que se llevarían a cabo. Se propuso celebrar previamente una recepción a la que asistirían los 102 alcaldes montañeses.El Cantábrico, 23 de abril de 1920, p. 1.
Días después el Ayuntamiento de Santander constituyó una comisión, formada por los concejales Isidro Mateo, Mañueco, Vega Lamera, Oria y el propio Rufino Pelayo, para encargarse de los trabajos preparatorios.El Cantábrico, 4 de mayo de 1920, p. 1.
Otras ciudades castellanas también prepararon la forma de conmemorar el IV centenario en 1921. En el Ayuntamiento de Burgos los siete concejales de la minoría regionalista, con el apoyo de varios concejales de otros partidos, adoptaron una propuesta parecida a la del Ayuntamiento de Santander.La Voz de Castilla, 2 de mayo de 1920, p. 2. Por su parte el diputado José María Zorita, al frente de una comisión de la que formaban parte alcaldes de varias localidades castellanas, solicitó un crédito especial al Ministerio de Hacienda para erigir en Villalar un monumento en honor a los Comuneros de Castilla.
En el mes de julio de 1920 Rufino Pelayo asistió representando al Ayuntamiento de Santander y a Castilla a la Semana municipalista celebrada en Barcelona. Entre los actos incluidos en la Semana destacó la “Diada castellana”, en la que alcalde de Barcelona se felicitó de que Castilla desease también la autonomía municipal, fiel a su tradición, y de que los Municipios castellanos figuraran en la cruzada emprendida por los catalanes a favor de las libertades municipales.La Correspondencia de España, 9 de julio de 1920, p. 3.El Pueblo Cántabro, 14 de julio de 1920, p. 1.
El 7 de septiembre de 1920 el diario El Cantábrico matizó la propuesta del Ayuntamiento de Santander para conmemorar el IV Centenario del levantamiento de las Comunidades de Castilla más allá de celebrar meros actos protocolarios. Proponía “que al calor de la memoria de los Comuneros se incuben unas Comunidades castellanas, pacíficas, pero permanentes, con su junta central, órgano de las necesidades solidarias y del pensamiento único de la triple Castilla. ¡Así la batalla que no pudieron ganar los Comuneros de vivos, la vendrán a ganar de muertos¡”.El Cantábrico, 7 de septiembre de 1920, p. 7.
Inspirada en la Diada nacionalista de Cataluña, la iniciativa comunera de Rufino Pelayo tenía un elevado componente político soberanista, lo que posiblemente impidió la unidad de programa con otras ciudades castellanas. Frente a los actos oficiales de exaltación que preparaban otras ciudades -en el caso de Segovia con la invitación al rey Alfonso XIII-, Rufino Pelayo manifestó en la prensa que: “Por lo que a nosotros respecta, el Ayuntamiento de Santander tiene sus iniciativas, sus planes, sus propósitos y sus métodos a fin de que ese Centenario sea lo que debe ser: el alma rediviva de las Comunidades regionales de Castilla y de las libertades municipales, que vengan, si es posible, a ponerle coto a ese abuso intolerable, mezquino y usurpador del Poder Central”.El Cantábrico, 14 de septiembre de 1920, p. 1.
En la conmemoración del l´Onze de Setembre, Diada Nacional de Catalunya, se publicó en La Veu de Catalunya un artículo de Rufino Pelayo bajo el título: “Una veu castellana amiga”. El concejal santanderino manifestó: “…me asocio yo en este día glorioso de llorados recuerdos, con toda mi alma, para deciros, catalanes ilustres, que mi pobre región, mi Cantabria querida, también trabaja y centuplica sus iniciativas y fuerzas activas del alma popular, para romper de una vez y para siempre, estas odiosas cadenas en las que vivimos amarrados, como por juro de edad, llenos de dolor y de miseria al absolutismo del poder central. Castilla, como vosotros, española y viva, pretende conmemorar en breve plazo aquel día infausto en que el verdugo cesarista asesinó sus libertades. Al evocar hoy vosotros la figura de Casanova y el crimen que con vosotros cometió aquel despotismo implantado aquí en maldita hora, acordaos de vuestros hermanos de Cantabria y de Castilla que también recuerdan sus sufrimientos y vejaciones y que irán con vosotros, en defensa de la restauración del derecho legítimo de las regiones, a donde sea preciso, confundidos en fraterno abrazo hasta recobrar lo perdido”.La Veu de Catalunya, 11 de septiembre de 1920, p. 9.
Ese día remitió al CADCI una transferencia para que en su nombre se adquiriera una corona que rogó fuera depositada en el monumento a Rafael Casanova.ANGUERA, P.: L´Onze de Setembre. Història de la Diada (1886-1938), Barcelona, Centre d´Història Contemporània de Catalunya. Publicacions de l´Abadia de Montserrat, 2008.La Tierra de Segovia, 12 de septiembre de 1920, p. 3.
El compromiso de Rufino Pelayo con las aspiraciones de Cataluña tuvo precedentes en otros castellanistas montañeses como el jurista Ramón Ruiz de VillaLa Atalaya, 15 de enero de 1919, p. 2. o el doctor Enrique Diego-Madrazo. Este último había escrito en un artículo que “Desde Villalar no hay más que escombros”, en alusión al panorama descrito por Julio Senador Gómez. Diego-Madrazo afirmó que “No ya la autonomía integral, sino la misma independencia catalana prefiero, a verla perdida entre la truhanería centralista. Al menos nos serviría de campo de experiencia y desde fuera podría lanzarnos un cabo de salvación”.El Diluvio, 4 de febrero de 1919, p. 14.
Rufino Pelayo defendió sus convicciones con respecto a Cataluña, lo que generó reproches y mofas desde ciertos medios de prensa tanto de Cantabria como de Madrid.La Atalaya, 8 de enero de 1921, p. 4.El Imparcial, 26 de febrero de 1921, p. 2. Por el contrario, la prensa republicana de Cataluña volvió a agradecer su solidaridad en la conmemoración de la Diada de 1921: “la adhesión del nacionalista castellano don Rufino Pelayo, concejal de Santander quien dedica una magnífica corona”.El Diluvio, 8 de septiembre de 1921, p. 15, 16.
El 23 de abril de 1921, efeméride de la batalla de Villalar, Rufino Pelayo lanzó un llamamiento para honrar la memoria de los Comuneros: “porque Castilla reviva de sus cenizas y haga retoñar el jugo de sus energías con fe, hasta darle cima a la conquista de sus libertades municipales, llevando como lábaro santo en su bandera el recuerdo glorioso y el nombre inmaculado de sus comuneros. Que con la vista y el corazón puestos en las independencias regionales es como únicamente podremos hacer patria”.El Cantábrico, 23 de abril de 1921, p. 1. Ese día en el local del Sindicato de empleados y obreros municipales de Santander se celebró una velada con la intervención del escritor Federico Iriarte de la BandaEl Cantábrico, 24 de abril de 1921, p. 2. y un año más se colocó una corona de flores en la lápida dedicada a los Comuneros de Castilla del salón de sesiones del Ayuntamiento.La Atalaya, 26 de abril de 1921, p. 4.