alt=Postcard advocating women's suffrage, New Zealand|miniaturadeimagen| Postal de Nueva Zelanda que aboga por el derecho a voto para las mujeres. Nótese que las mujeres ya podían votar en las elecciones locales (la rueda pequeña del biciclo)
Ciclismo y feminismo es el análisis sobre la influencia del ciclismo en el desarrollo del feminismo. La bicicleta tuvo gran relevancia en diversos ámbitos de la vida de las mujeres llegando a ser especialmente importante durante la década de 1890, momento en que se desarrolló una auténtica fiebre por la bicicleta en la sociedad europea y estadounidense.
Durante este periodo, la bicicleta contribuyó al movimiento feminista permitiendo a las mujeres una mayor movilidad social. Por ejemplo, fue en estos años cuando la feminista Annie Londonderry se convirtió en la primera mujer en realizar un viaje en bicicleta alrededor del mundo. Por otro lado, debido a su precio y a las diversas formas de financiación que ofrecían las empresas estadounidenses, la bicicleta estaba al alcance de la mayoría de la población. Sin embargo, su impacto fue mucho mayor en mujeres blancas de clase media y alta. Todo ello transformó su papel en la sociedad, pasando de ser relegadas a la esfera privada o doméstica como cuidadoras, esposas y madres a tener una mayor presencia pública y una mayor implicación en la comunidad. Todavía en el , montar en bicicleta sigue siendo un tema polémico abordado por las feministas de países como Arabia Saudita e Irán.
Historia
Draisiana: antes de la década de 1860 Las draisianas, precursoras de las bicicletas, se inventaron en 1817 y gozaron de gran popularidad durante un par de años. Podían moverse aproximadamente al doble de la velocidad de una caminata. No tenían pedales ni manivelas, sino que se impulsaban con los pies como una bicicleta de entrenamiento sin pedales moderna. Denis Johnson vendió una versión con cuadro bajo para damas.
Velocípedos: de 1860 a mediados de 1880 izquierda|miniaturadeimagen|318x318px| Velocípedo, etiqueta de tabaco, 1874. derecha|miniaturadeimagen|225x225px| Un biciclo Ariel y Lady Ariel, un diseño de 1874 destinado al uso de damas que vistiesen ropa para equitación. Tiene un asiento lateral sin nariz, manubrios asimétricos, un solo pedal en lugar de pedales y las ruedas no están en línea. No está claro si era lo suficientemente práctica para ser utilizada. Entre la década de 1860 y el año 1885, la bicicleta estándar era el biciclo o bicicleta de ruedas altas, que resultaba difícil de dominar y peligrosa de usar. El biciclo era de uso exclusivo para hombres, mientras que a las mujeres se les permitía usar bicicletas como la llamada bicicleta sociable, que tenía dos plazas, la bicicleta tándem y el triciclo.
A partir de los últimos años de la década de 1860, montar en bicicleta acompañado se convirtió en una actividad social popular entre hombres y mujeres. Estos vehículos les permitían desarrollar nuevas formas de socialización mixta. Sin embargo, hasta mediados de la década de 1880 las mujeres dependían principalmente de los hombres para practicar el ciclismo. El hecho de que un hombre llevase el control de la bicicleta sociable implicaba que este podría mantener a la mujer a salvo de los peligros que se consideraban inherentes a montar solo en bicicleta, validando así la autoridad masculina.
Por tanto, si bien montar en bicicleta en compañía fue revolucionario para el desarrollo de la sociabilidad entre hombres y mujeres, mantuvo a las mujeres en una posición inferior a los hombres al asumir que en esa situación el hombre tenía el poder sobre la bicicleta.
La moda de la bicicleta Desde mediados de la década de 1880 hasta mediados de la década de 1890 se desarrolló la bicicleta de seguridad moderna y montar en bicicleta se hizo muy popular. miniaturadeimagen|208x208px| "Montar en bicicleta", impresión en color de aproximadamente 1887 que muestra una de las pocas formas en que era socialmente aceptable que las mujeres montaran en bicicleta en los años anteriores a la invención de las "bicicletas de seguridad" y el "traje de bicicleta" para mujer.miniaturadeimagen|183x183px| Bicicleta sociable, 1886; usada más para recreación que para transporteminiaturadeimagen|184x184px| Triciclo tándem, Apto para damas o caballeros - seguro, practicable, rápido . El mundo de la bicicleta, 16 de septiembre de 1887.miniaturadeimagen|247x247px| Mujer con una bicicleta de seguridad, década de 1890.
Imperio Otomano izquierda|miniaturadeimagen| Fatma Aliye Topuz montando un triciclo, aparentemente embarazada, alrededor de 1900 Según Alon Raab, profesor de Estudios Religiosos en la Universidad de California Davis, la oposición al ciclismo en el Imperio Otomano surgió rápidamente entre conservadores y fundamentalistas religiosos, que frecuentemente se referían a la bicicleta como el Carro del Diablo. Los eruditos ortodoxos afirmaban que montar en bicicleta dañaría los órganos reproductivos femeninos, alentaría la permisividad sexual y conduciría a la destrucción de la familia. Raab también señala que el objetivo último de estas críticas era mantener a las mujeres recluidas en sus hogares y restringir el contacto no supervisado entre hombres y mujeres. Por otro lado, Raab comenta que muchas autoridades religiosas musulmanas criticaron severamente el ciclismo femenino por ser bid'ah (cualquier innovación técnica considerada herética). Señala también que el ciclismo femenino no solo fue sancionado en los medios de información y por la propia ley, sino que en algunos lugares las ciclistas llegaron a sufrir agresiones físicas. Sin embargo, Raab informa de que, a pesar de esta oposición, a principios del las mujeres del Imperio Otomano adoptaron el ciclismo para propósitos diversos con un nuevo sentido de libertad. En los esfuerzos de activistas feministas como Fatma Aliye Topuz para ampliar los derechos políticos de las mujeres, la bicicleta resultó de gran ayuda.
Vestimenta miniaturadeimagen| La "mujer nueva" y su bicicleta - habrá varias variedades de ella (1895) - F. Opper. miniaturadeimagen| Café-Restaurant Bonnaure et Blondelle Chalet du Touring-Club - Bois de Boulogne, documentos comerciales de restaurantes en París y la Isla de France. Puede verse a una ciclista en bombachos. Entre 1885 y 1895, los inventores e ingenieros mejoraron enormemente la generación anterior de bicicletas hasta llegar a lo que entonces se llamó bicicleta de seguridad. Con la inclusión de estas mejoras se diseñó un tipo de bicicleta de seguridad específico para mujeres con un cuadro bajo para que pudieran acomodar su ropa. Sin embargo, las faldas largas y los corpiños ajustados habituales en este período hicieron que montar en bicicleta fuera un desafío aún mayor. Por lo tanto, se ofrecían a las mujeres diversos conjuntos de ropa adaptados para que se acomodasen a la bicicleta. Algunas de estas modificaciones incluían faldas divididas, faldas que se acortaban con cordones, faldas que se convertían en bombachos, elementos de sujeción para las faldas que mantenían la tela cerca del tobillo y un corsé de bicicleta que constaba de un corpiño recto y resistente con soporte adicional para la espalda y un ajuste más holgado. De toda la vestimenta existente para montar en bicicleta, los bombachos fueron y siguen siendo los más conocidos de este período. Consistían en unos pantalones amplios, fruncidos en el tobillo, que se vestían con una falda hasta la pantorrilla y una chaqueta a la moda en la parte superior del cuerpo.
Esta ropa fue recibida con opiniones encontradas. Elizabeth Cady Stanton, en sus notas sobre si las mujeres deben montar en bicicleta o no, declaró: "En resumen, diría que dejen que las mujeres monten en bicicleta". . . "Si algunas prefieren las faldas que vuelan al viento destrozadas en las ruedas, que corran el riesgo de su insensatez; si otras prefieren bombachos, déjalas disfrutar de su elección; si otras prefieren pantalones holgados, déjalas en paz". En manuales escritos para mujeres sobre cómo montar en bicicleta, muchos autores insisten en que usar indumentaria de ciclista facilita su manejo. En ambos casos, parece que la decisión de usar esta vestimenta deportiva fue una elección personal para las mujeres. Al hacer esta elección, las mujeres, hasta cierto punto, pudieron tomar el control de su vida. Al mismo tiempo, se presentaba como una elección lógica ya que vestir siguiendo la moda del momento podía hacer más difícil la práctica del ciclismo. Por ello, la decisión de llevar esta ropa estuvo muy relacionada con la decisión de montar en bicicleta.
Fundamentalmente fueron los hombres los principales opositores a que las mujeres usasen ropa de ciclismo y, en particular, bombachos . Esta oposición puede verse en muchas canciones de este período. Por ejemplo, una versión de " Mary Had a Little Lamb " de 1895 escrita por Stanislaus Stange tenía un verso que decía: "Querida Mary", dijo el corderito, "Me da miedo ver a las chicas en bicicleta, son cosa muy novedosa. ¿Por qué todas llevan bloomers? Su visión coagula mi sangre." Entonces Mary tocó su frente así, y suavemente murmuró: "Ruedas".
En este caso, la idea misma de la indumentaria para montar en bicicleta y la posibilidad de que las mujeres la usasen perturbó a algunos hombres. Vieron estas prendas y en particular los bombachos como feos o vergonzosos. En concreto, consideraron esta vestimenta como una representación física de la apropiación de las características de los hombres por parte de las mujeres, borrando así las líneas entre feminidad y masculinidad y lo que es socialmente aceptable para cada grupo. Lo que revela este miedo es una noción realista de que las mujeres estaban asumiendo un rol independiente mayor del que antes se había caracterizado como masculino.
Todavía en el en España, durante la dictadura de Francisco Franco, el arzobispo de Valladolid Antonio García y García llegó a prohibir en los años 40 a las mujeres que montaran en bicicleta por considerarlo pecaminoso.
Para atender cuestiones relativas al recato, una versión de bicicleta para mujeres propuesta en Irán tendría un "artilugio cuadrado que oculta la parte inferior del cuerpo de la mujer".
Salud miniaturadeimagen| Conferencias de la ginecóloga Volkova sobre el impacto de la bicicleta en la salud de la mujer (1897). A fines del , los médicos comenzaron a incentivar en público la práctica frecuente de ejercicio y el ciclismo alcanzó gran popularidad. Sin embargo, los médicos estaban preocupados por los efectos una práctica excesiva del ciclismo y en particular por cómo afectaba a las mujeres. Un artículo de 1895 en The Literary Digest revisó diferentes textos escritos en la época que abordaban la enfermedad denominada cara de bicicleta y señaló que The Springfield Republican advertía contra la práctica excesiva del ciclismo por parte de "mujeres, niñas y hombres de mediana edad". La cara de bicicleta fue descrita como una enfermedad consistente en mostrar una cara generalmente sonrojada, a veces pálida y a menudo con labios más o menos dibujados, además de con un principio de ojeras debajo de los ojos, y siempre con una expresión de cansancio. Estos artículos impulsaron la creencia de que montar en bicicleta en exceso hacía a las mujeres vulnerables a muchas enfermedades, como el desarrollo de bocio exoftálmico, la apendicitis o la inflamación interna. El artículo fue discutido y analizado posteriormente en The Advertiser .
Otra preocupación de los médicos relativa a las mujeres ciclistas era su salud sexual. Los médicos creían que el sillín de la bicicleta podía tener connotaciones sexuales para mujeres y niñas. Además, montar a horcajadas sobre un objeto se consideraba demasiado masculino para una mujer decente. Estos médicos describieron en detalle en revistas médicas acerca cómo la bicicleta podía usarse con fines sexuales: