miniaturadeimagen|Homenage a Colón, de Alirio Rodríguez. La ciencia ficción venezolana es un subgénero literario y artístico nacido en este país en el seno del romanticismo a mediados del , aunque conocerá un auge relativo durante el , con el surgimiento de figuras como Julio Garmendia, Enrique Bernardo Núñez, Ida Gramcko, José Balza, Luis Britto García, Mauricio Odremán y posteriormente en el con autores como Ana Teresa Torres, Fedosy Santaella o José Urriola.

No existe un consenso sobre la definición de la ciencia ficción venezolana como un género separado de la ciencia ficción, aunque algunos autores hablan de ciertos rasgos comunes que tienen que ver con la situación periférica del país, como por ejemplo: un uso más libre de la justificación científica; la ausencia del alto grado de desarrollo tecnológico; una frontera poco clara con respecto a lo fantástico; un interés particular por la metaficción, lo mítico y lo telúrico. Tan es así, que en 1940, en su libro Formación y proceso de la literatura venezolana, Mariano Picón Salas acuñará el término fantasía científica, en vez de ciencia ficción.Daniel Arella afirma que la ausencia de un alto grado de desarrollo tecnológico hace que la relación con la ciencia y la tecnología sea en muchas ocasiones crítica y paródica. Así mismo, destaca cómo este fenómeno se repite en otras tradiciones de la ciencia ficción latinoamericana.

Daniel Medvedov, en su prólogo al libro Las criaturas de la ciencia ficción, de Iliana Gómez Berbesí, considera que el origen de la ciencia ficción se encuentra en el mito, y afirma: "(l)os comentadores de la ciencia ficción pretenden ver, con bastante frecuencia, una serie de nuevos ritos en las aventuras de sus héroes, cuando en el fondo se trata de reiteraciones del eterno y singular mito del hombre: la gran aventura del alma acaecida en la materia; el nacimiento y la muerte, polos intermediarios de una ecuación mucho más extensa y compleja que la vida humana." Para Luis Miguel Isava, "la ciencia ficción lleva a cabo una operación que parece ser el reflejo especular de dos prácticas que tienen todo el prestigio de las ciencias humanas. La primera sería la escritura de la historia. (...) La segunda sería la praxis y la teoría psicoanalíticas. Esta, por su parte, indaga no sin especulación, sobre los posibles eventos o “traumas” que originaron los síntomas ahora presentes. Ambas prácticas, como vemos, son esencialmente retrospectivas, característica que comparten con la proto ciencia ficción”.

Si bien en Venezuela la ciencia ficción ha dejado su impronta principalmente en la literatura, otras artes como el cine, la música o las artes plásticas también han sido influenciadas por el género.

Literatura

Antecedentes Como señala Luis Miguel Isava, la ciencia ficción no es sino la continuación razonada y físicamente posible del mito, con sus bestiarios y sus arquetipos. En este sentido, el androide, el robot o la inteligencia artificial tendrían relación con el golem; así como la utopía o la distopía pueden ser reflexiones en torno a los paraísos perdidos.Para Isava "(s)i pensamos hacia atrás, pensamos en religión, en mito o, con una especulación un tanto más rigurosa, en historia y en psicoanálisis; si pensamos hacia adelante, podemos hacerlo a través fantasías desbocadas o, con un poco más de rigor especulativo, a través de la ciencia ficción." Por eso, encontramos en la ciencia ficción venezolana una influencia importante de las cosmogonías indígenas y africanas, así como de la tradición judeocristiana y las mitologías europeas.miniaturadeimagen|Retrato de Juan Vicente Camacho en el Parnaso venezolano. : el romanticismo Según el crítico Carlos Sandoval, la historia de la ciencia ficción venezolana comienza con el relato de Juan Vicente Camacho, publicado en La Revista de Lima (Perú, 1859-1863) en 1861: Confesión auténtica de un ahorcado resucitado. En este relato se recrea el arribo a Estados Unidos de un barco de gran caladura pilotado por un solo navegante. Al principio, el marino informa haber sobrevivido al ataque de unos piratas; luego cambia de historia y dice que una epidemia de tifus acabó con sus compañeros. Finalmente, admite haber asesinado a la tripulación. El protagonista es condenado a muerte, pero una junta médica le ofrece devolverlo a la vida después mediante ciertos procedimientos electromagnéticos.

Es importante señalar que Juan Vicente Camacho es también uno de los primeros latinoamericanos en escribir un cuento fantástico, con La estatua de bronce, publicado en 1854. De hecho, Carlos Sandoval considera que La estatua de bronce sería el primer cuento fantástico latinoamericano, antecediendo a Gaspar Blondín de Juan Montalvo. Por esta misma época, en 1873, Julio Calcaño publicaría los relatos de terror fantástico El sello maldito, La danza de los muertos. Más adelante Calcaño publicará uno de los primeros relatos vampíricos en lengua española, titulado Tristán Cataletto.miniaturadeimagen|Nicanor Bolet Peraza.Otro ejemplo del es el relato Metencardiasis (1896) de Nicanor Bolet Peraza (1838-1906), en el que protagonista, Van-der Meulen-Heinsterfalen, “sabio holandés que ha adquirido misteriosos y profundos informes en sus viajes por remotos sitios del planeta, monta consulta en su natal Róterdam, donde trata pacientes con agudas deficiencias cardíacas. El científico ha creado una máquina que trasplanta corazones”.La máquina funciona mediante un imán encontrado en el círculo polar. Bolet Peraza también escribiría relatos fantásticos como Las tres vidas de Antón de 1893, El monte azul de 1893, El espejo encantado de 1893, Un golpe de suerte de 1894, El gran infame de 1894, Calaveras de 1894, o Historia de un guante de 1895. Primera mitad del : las vanguardias Es durante el que podemos hablar de un auge del género, especialmente con el surgimiento de las estéticas de vanguardia (por ejemplo, el futurismo o el surrealismo) y el nacimiento de un interés mayor en el género fantástico y de lo insólito en escritores como Pedro Emilio Coll, Julio Garmendia, Salustio González Rincones, Enrique Bernardo Núñez, Pepe Alemán, entre otros.

Julio Garmendia: cosificación y metaficción A los 19 años, Julio Garmendia publica sus tres primeros relatos en el diario El Universal de Caracas: El camino de la gloria (enero de 1917), El gusano de luz (mayo de 1917) y Una visita al Infierno (abril 1917).

Una visita al Infierno es considerado uno de los relatos de pioneros de la ciencia ficción venezolana y latinoamericana y marcará el tipo de literatura que acompañará a Garmendia el resto de su carrera, con predominio de lo fantástico y la ciencia ficción. En este relato, el narrador descubre que el infierno es una utopía altamente desarrollada desde el punto de vista científico y tecnológico, que dista mucho de las miserias del mundo terrenal.

En este sentido, antes de que el término ciencia ficción fuese acuñado en 1926 por Hugo Gernsback, cuando lo incorporó a la portada de una de las revistas de narrativa especulativa más conocidas de los años 1920 en Estados Unidos: Amazing Stories, Garmendia estaba utilizando métodos similares a los de escritores anglosajones.Si bien en Garmendia hay una renovación de la tradición fantástica dieciochesca, este interés no es totalmente aislado, sino propio de las primeras vanguardias venezolanas y el surgimiento de un nuevo fantástico latinoamericano, de lo maravilloso y de eso que luego Uslar Pietri denominó realismo mágico. Algunos ejemplos de literatura fantástica contemporáneos con Garmendia son: Cubagua (1931) de Enrique Bernardo Núñez; los primeros cuentos de Arturo Uslar Pietri publicados en 1928: Barrabás y otros relatos y en 1936: Red, así como su primera novela (de corte fantasmagórico, onírico, una especie de trance alucinatorio), publicada en 1931: Las lanzas coloradas; y la poesía de José Antonio Ramos Sucre (publicada en su totalidad entre para 1929).

Así mismo, en El gusano de luz, un relato breve, de apenas unas 500 palabras, dos interlocutores no identificados dialogan, sin que medie narrador, sobre la guerra y la ceguera que esta produce en la humanidad. Ambos interlocutores son solados, uno de ellos pone en duda la realidad, achacando al gusano de luz (una especie de monstruo cósmico) los males de la humanidad, mientras que el otro replica poniendo en duda la tesis del primero. El final es este diálogo ambiguo, que no permite determinar quién tiene la razón: — ¿Pues no dijiste ha poco que no era luz, sino un gusano?

— ¿Y quién no se equivoca? ¡Toma tu lanza y vamos!miniaturadeimagen|Muñeca y Autorretrato, de Armando Reverón.Luego, en su relato Aunque pasen 3000 años más..., de 1924, asistimos al descubrimiento, en el año 4923, de las ruinas de un templo en Suramérica destinado al culto a un héroe de finales del siglo veintiuno, una forma de criticar el caudillismo latinoamericano y específicamente, el llamado cesarismo democrático.

En 1927, Julio Garmendia publica su libro La tienda de muñecos, un hito para la literatura fantástica y de ciencia ficción venezolana, en el que encontramos un cuestionamiento de un mundo cosificado, artificial y mecanizado. Hay que notar que, como afirma Jorge Romero en su conferencia Julio Garmendia y el "alma" de lo mecánico, mientras Garmendia proponía esta estética basada en lo artificial, Armando Reverón hacía lo propio con la performance, el ensamblaje, y la instalación.

En esta antología se encuentra el cuento La realidad circundante, que por mucho tiempo fue considerado erróneamente como el primer cuento de ciencia ficción venezolana. Este relato describe el invento de una máquina que otorga al usuario la “capacidad artificial especial para adaptarse incontinenti a las condiciones de existencia, al medio ambiente y a la realidad circundante”. Para Diego Rojas Ajmad, La realidad circundante no puede ser, sin embargo, calificado de ciencia ficción, puesto que "no hay una alteración del orden de la realidad ni se emplea el discurso científico para elaborar sobre él una ficción. No hay asombro ni maravilla y es por ello que no se me muestra el carácter fantástico del cuento, menos el de la ficción científica", para Rojas Ajmad se trataría de una "representación de los poderes de la publicidad y de cómo un producto, sea las píldoras del doctor Ross o los peines magnéticos para detener la caída del cabello, puede encontrar a incautos compradores". Se trataría pues de la historia de una estafa.

Para el escritor argentino Gastón Germán Caglia, La realidad circundante, puede ser calificado de Ubik (en referencia a la novela de Philip K. Dick) latinoamericano, enmarcado en el subgénero de la distopía. Se trata de "un relato en formato publicitario en donde el personaje principal vende un artefacto para adaptarse a la realidad que se llama Capacidad artificial especial para adaptarse incontinenti a las condiciones de existencia, al medio ambiente y a la realidad circundante y que sirve a los inadaptados a la realidad circundante, a los fantaseadores. Quien lo compra, un inadaptado que desea tomar ventaja sobre los neo-adaptados, pero lo deja sobre su escritorio sin usarlo. Este comprador es alguien que padece del mal crónico de fantasear." No se trataría pues de que el aparato no funciona, o de que sea una estafa, sino de que el protagonista se negó a adaptarse, y prefirió continuar fantaseando.

Para Daniel Arella, La realidad circundante es uno de los relatos fundamentales de la ciencia ficción latinoamericana.