alt=Instrumento de tortura|miniaturadeimagen|La violencia es un acto objetivamente inmoral en todos los casos, pero la desconexión moral permite justificarla engañosamente en algunos casos como un mal menor. La desconexión moral o desvinculación moral es el proceso por el que una persona se convence a sí misma de que las normas morales no se le aplican en un contexto particular. Esto se logra separando las reacciones morales de las conductas inhumanas y deshabilitando el mecanismo de la autocondena. Por lo tanto, la desconexión moral implica un proceso de reconstrucción cognitiva o reformulación del comportamiento destructivo como moralmente aceptable sin cambiar el comportamiento ni las normas morales. Es un concepto de psicología social.

En la teoría cognitiva social de la moral, los mecanismos de autorregulación integrados en las normas morales y las autosanciones traducen el razonamiento moral en acciones. Por lo tanto, el yo moral se sitúa en una teoría sociocognitiva del yo más amplia, que consiste en mecanismos de autoorganización, proactivos, autorreflexivos y autorreguladores. Tres subfunciones principales están operando en este sistema de autorregulación en el que se basa la acción resultado de un razonamiento moral (denominada "agencia moral"). La primera subfunción es la consciencia de la propia conducta, que es el paso inicial para controlarla.«En la persona que realiza la acción, esta da lugar a reacciones (denominadas "autorreacciones", porque son de la persona ante sus propias acciones) a través de una función de juicio que evalúa la conducta frente a las normas internas y las circunstancias situacionales». Los mecanismos autorreactivos y de juicio constituyen las subfunciones segunda y tercera.

Generalmente, las normas morales se adoptan para servir como guías para el buen comportamiento y como disuasivas de la mala conducta. Una vez que se ha internalizado el control, las personas regulan sus acciones según las normas que se aplican a sí mismas y esto les da satisfacción y autoestima. Las personas se abstienen de comportarse de maneras que violen sus normas morales para evitar la autocondena (sentirse culpable). Por lo tanto, las autosanciones (castigos que la persona se inflige a sí misma) desempeñan un papel importante en mantener la conducta en línea con las normas morales internas y, por lo tanto, también en la regulación de la conducta inhumana. Sin embargo, las normas morales solo funcionan como reguladores internos fijos de la conducta cuando se han activado los mecanismos de autorregulación. Muchos procesos sociales y psicológicos diferentes impiden la activación de la autosanción. La activación selectiva de las autosanciones y el control moral interno o la desconexión permiten, con las mismas normas morales, una amplia gama de comportamientos.

La desvinculación moral funciona en la perpetración de inhumanidades a través de la justificación moral, el etiquetado eufemístico, la comparación ventajosa, el desplazamiento o la difusión de la responsabilidad, la indiferencia o tergiversación de las consecuencias perjudiciales y la deshumanización de la víctima. En lugar de operar de forma independiente, estos mecanismos cognitivos están interrelacionados dentro de un contexto socioestructural para promover conductas inhumanas en la vida cotidiana de las personas.

Mecanismos

Justificación moral Un método de desvinculación es atribuir un propósito moral a un comportamiento inhumano para hacerlo socialmente aceptable. La justificación moral es el primero de una serie de mecanismos sugeridos por Bandura que pueden inducir a las personas a eludir la autosanción y violar las normas personales. Por ejemplo, la tortura, con el fin de obtener la información necesaria para proteger a los ciudadanos de la nación, puede considerarse aceptable. Esta forma de desvinculación ocurre antes de la decisión de participar en un comportamiento; por lo general, las personas solo se involucran en una conducta reprobable después de haber justificado las acciones con un fundamento moral. A través de la reconstrucción cognitiva, los comportamientos incorrectos pueden percibirse como correctos.

Los principios religiosos, los imperativos nacionalistas y las ideologías justicieras se han utilizado durante mucho tiempo como medios para justificar conductas reprobables y destructivas. Un ejemplo es el terror sagrado justificado por principios religiosos documentados por Rapport y Alexander.

Las justificaciones morales pueden ser muy eficaces para influir en la opinión pública, debido a la dificultad para detectar afirmaciones morales engañosas. La revisión de la literatura realizada por Kathleen encontró que la dificultad surge de las siguientes 4 fuentesː

Las personas son generalmente susceptibles de engaño. La comunicación política suele realizarse a través de los medios, lo que elimina las señales no verbales que podrían ayudar a detectar el engaño. Las personas se centran demasiado en el individuo debido a los sesgos de juicio social. Que los políticos se acusen unos a otros de mentir no es la norma de la cultura política, por lo que no es habitual que el público sospeche de la falsedad de las afirmaciones morales.

Kathleen también identificó 4 variantes de justificaciones de reivindicación moral en la políticaː

Normas morales personales. Valores políticos compartidos. Valores no comúnmente compartidos, por ejemplo, principios específicos de la religión. Una promesa de beneficios colectivos.

Se ha hallado que, entre estas variantes, las justificaciones que apelan a normas morales personales y beneficios sociales colectivos son las más eficaces para conformar la opinión pública.

Las personas con altos principios morales no son inmunes a infringirlos en algún caso, y utilizar entonces la justificación moral. Es menos probable que se ajusten a las demandas sociales arbitrarias; sin embargo, cuando se violan sus principios, también es más probable que muestren un comportamiento agresivo hacia quienes los han violado.

Etiquetado eufemístico El uso de un lenguaje eufemístico para describir una conducta reprobable es otra forma en que las personas pueden desvincularse de sus normas morales. El lenguaje modela formas de pensamiento individuales que constituyen la base para las acciones. Estas acciones pueden adoptar diferentes "apariencias" según los nombres que se les asignen. El lenguaje eufemístico es un medio para hacer respetable el comportamiento dañino y reducir la responsabilidad de la persona. Con la ayuda de una reformulación intrincada, el comportamiento perjudicial se vuelve aceptable, y las personas que forman parte de él se liberan del sentimiento de culpa. Es más probable que los adultos participen en una conducta agresiva cuando se denomina aceptablemente que cuando se etiqueta como una agresión.

Existen diferentes variedades de eufemismos. Uno de ellos es omitir las palabras de fuerte carga negativa (por ejemplo, "daños colaterales" en vez de "muertos en bombardeos"). Al disfrazar lo nocivo con palabras inocentes, el comportamiento perjudicial en sí mismo se vuelve más respetable. Los soldados "desperdician" a las personas en lugar de matarlas. Las misiones de bombardeo se ejecutan en nombre de "servir al objetivo" y en aras de la utilidad pública. Los terroristas se autodenominan "luchadores por la libertad". Los ataques se describen como "golpes limpios y quirúrgicos" y las víctimas se despachan como "daños colaterales". Este tipo de eufemismos también se usa en actividades cotidianas menos abominables. Desde el punto de vista de varias agencias gubernamentales, no se despide a la gente, sino que se les proporciona una "mejora alternativa de carrera". El profesor puede enseñar a los estudiantes de negocios a llamar "tergiversación estratégica" a las mentiras en transacciones comerciales competitivas. La industria de la energía nuclear tiene su propio conjunto de eufemismos para los efectos perjudiciales causados por accidentes. Una explosión se describe como un "desmontaje energético" y un accidente de reactor se etiqueta como una "aberración normal". Por último, pero no menos importante, la contaminación por plutonio se etiqueta como "infiltración".

Las personas que trabajan en televisión intentan presentar al público algunos de los programas más brutales sobre la crueldad humana con las etiquetas eufemísticas de "acción y aventura". La lluvia ácida que destruye lagos y bosques tiene su propia etiqueta eufemística de "deposición atmosférica de sustancias ácidas de origen antropogénico".

El estilo pasivo sin agente (en general, sujeto de la oración) en la presentación de sucesos es una segunda herramienta lingüística con la ayuda de la cual las personas pueden aparentar que los actos censurables provienen de fuerzas indescriptibles en vez de ser realizados por ellas mismas. Las personas se omiten como agentes de sus propios actos. Cuando un conductor explicaba a la policía cómo derribó un poste de teléfono, dijo: «El poste de teléfono se acercaba. Estaba tratando de desviarme de su camino, cuando golpeó mi parte delantera». La jerga especializada de una empresa legítima puede incluso ser utilizada indebidamente en circunstancias ilícitas por el forajido para embellecer sus comportamientos nocivos. En el vocabulario de Watergate, la conspiración criminal recibió el apelativo de "plan de juego" y los conspiradores se autodenominaban "jugadores de equipo".

Comparación ventajosa Además de la justificación moral, otro mecanismo que los individuos pueden utilizar para que el comportamiento dañino parezca moralmente aceptable se denomina comparación ventajosa. Este proceso explota el principio de contraste, que sigue la suposición de que la percepción de la conducta humana está influida por aquello con lo que se compara. Es decir, los individuos contrastan su conducta con otros ejemplos de comportamiento más inmoral, y al hacer esta comparación se trivializa su propio comportamiento. Cuanto más inmoral es el comportamiento contrastante, más probable es que el comportamiento destructivo de uno parezca menos malo. Por ejemplo, «la destrucción masiva en Vietnam se minimizó al presentar la intervención militar estadounidense como una forma de salvar a la población de la esclavitud comunista».Bandura (1999). p. 196.

Estas comparaciones, denominadas exculpatorias, se basan en la justificación moral según las normas utilitarias. Dos conjuntos de juicios facilitan que el comportamiento destructivo sea moralmente aceptable. En primer lugar, las alternativas no violentas se juzgan ineficaces para lograr los cambios deseados y, en consecuencia, se eliminan como opciones. «En segundo lugar, los análisis utilitaristas afirman que las acciones perjudiciales de uno evitarán más sufrimiento humano del que causan». Albert Bandura sugirió que aplicar el cálculo utilitarista en situaciones específicas es "bastante resbaladizo", debido a las incertidumbres que encierra el futuro y los sesgos en el juicio humano. Considera que la estimación de la importancia de las amenazas potenciales es subjetiva.

Albert Bandura también argumenta que la justificación moral y la comparación ventajosa son los "autodesinhibidores" más eficaces, porque eliminan la autocensura y cambian la autoapreciación de la persona respecto a los actos inmorales en los que incurre. «Lo que antes era moralmente condenable se convierte en fuente de autovaloración».Bandura (1999). p. 196.

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