Sed Tengo es una obra realizada por Gregorio Fernández y su taller entre 1612 y 1616. Procesionado el Viernes Santo por la Cofradía de las Siete Palabras, el grupo escultórico está ubicado en el Museo Nacional de Escultura, en Valladolid (Castilla y León, España).
Historia Origen En el cabildo oficiado el 17 de abril de 1612 por la Cofradía Penitencial de Nuestro Padre Jesús Nazareno, el maestro de pasamanería Pedro Márquez, en representación de todos los maestros del gremio de pasamaneros, dio como limosna a la hermandad un paso integrado por una imagen de Cristo crucificado y dos sayones, grupo que procesionó por vez primera en la Semana Santa de ese mismo año según el acta del cabildo precedente, con fecha del 14 de abril. Parece ser que inicialmente el conjunto fue concebido como una obra de mayor tamaño que con posterioridad se acabaría completando ya que resulta altamente improbable que se considerase suficiente un paso conformado tan solo por tres imágenes cuando en Valladolid había grupos escultóricos procesionales integrados por numerosas figuras, como La Elevación de la Cruz, obra realizada por Francisco del Rincón entre 1604 y 1606 para la Cofradía Penitencial de la Sagrada Pasión de Cristo. A mayores, la documentación conservada relativa a grupos procesionales de la época permite confirmar que los escultores elaboraban dibujos y bocetos en barro a pequeña escala destinados a ser examinados y aprobados por los clientes, siendo probable que este proceso se diese también en este caso y que en principio Fernández hiciese entrega de las tres primeras imágenes con la intención de completar el conjunto en cuanto las donaciones así lo permitiesen. De acuerdo con un acta del cabildo con fecha del 27 de febrero de 1616, hecha pública por José Martí y Monsó, se deduce que en los años inmediatamente posteriores el conjunto fue objeto de reformas: «[...] que en el año seiscientos y doce los señores pasamaneros desta ciudad abian dado de limosna a esta santa cofradía el paso de cristo con dos sayones y que para efecto de lo acabar esta santa cofradia les abia prestado setecientos reales y que rrespeto de tienpos tan esteriles no podían cumplir y hera bien desde luego se les perdonase a los dichos señores pasamaneros lo que esta santa cofradia les abia prestado». El acta no aclara si el paso contaba para entonces con más imágenes o únicamente con las tres del principio ni tampoco si el dinero prestado era para acabar de pagar la obra o para añadir más figuras, puesto que en 1662 se lo denomina «Paso Grande», indicativo de que había sido ampliado.
Desintegración y recuperación thumb|left|Santísimo Cristo de la Agonía (1684), por Juan Antonio de la Peña. Custodiado el conjunto en el Convento de San Agustín, primitiva sede de la cofradía, al poco de su creación los frailes solicitaron que la talla de Cristo fuese desmontada del paso e instalada en la Capilla de Nuestra Señora de Gracia en la iglesia conventual, pasando en 1616 a presidir la capilla mayor; los miembros de la hermandad, recelosos ante el temor de que la talla acabase perdiendo su función procesional, tomaron la decisión en 1651 de desvincularse de los agustinos, forzando a los frailes a firmar el depósito temporal de todas las imágenes de la cofradía con el fin de que las mismas se guardasen en el cenobio hasta que terminase la construcción de la que sería su nueva sede, la Iglesia de Nuestro Padre Jesús Nazareno, erigida en un solar ubicado junto a la plaza de la Rinconada, ofrecido por el regidor Andrés de Cabezón en 1627. Tras el fin de las obras en 1676, la cofradía constituyó una nueva regla y procedió a recuperar todos los pasos almacenados en el convento; el traslado se hizo de forma clandestina el 20 de abril tras el fin de la procesión del Viernes Santo, lo que desató un pleito de gran magnitud ya que los frailes reclamaron ser los legítimos propietarios de los pasos; la disputa llegó ante el nuncio papal, quien en 1678 resolvió a favor de los agustinos, ordenando el regreso de las obras al cenobio. La hermandad apeló al Tribunal de la Rota Romana, si bien para 1682 la disputa todavía no había quedado resuelta, llegándose entonces a un acuerdo amistoso en virtud del cual la cofradía seguía siendo la propietaria de los pasos, si bien la sentencia definitiva de 1684 obligó a la hermandad a devolver las imágenes al convento; entre ellas se encontraba la figura de Cristo, por lo que ante la ausencia de un crucificado la cofradía encargó el 10 de febrero de ese mismo año al tallista Juan Antonio de la Peña «hacer una hechura de un Santo christo de bulto al espirar, desnudo, de dos varas y cuatro dedos de alto, para que sirva en la procesión que a de zelebrar la cofradía de Jhesus Naçareno el biernes santo que viene d'este año y el peñasco donde se ha de fijar, y le he de dar puesto y asentado en el tablero que se ha de hacer entregándome los tornillos y lo demás que fuere necesario [...] dándome cada semana ciento cinquenta reales de vellón comenzando la primera semana que entrare desde oy dia de la fecha y a ello me obligo en forma [...]». Esta imagen, por la que de la Peña cobró 900 reales, recibe actualmente el nombre de Santísimo Cristo de la Agonía y es venerada en la Iglesia de Nuestro Padre Jesús Nazareno.
Además del Cristo original, se devolvieron a los agustinos dos de los cinco sayones que componen el paso: el Sayon del rótulo y el Sayón de la esponja. Filemón Arribas Arranz llevó a cabo una investigación que sacó a la luz una serie de gestiones de larga duración que culminaron en 1717 con la readquisición de las dos imágenes al boticario Andrés Urbán, a quien los agustinos habían entregado dichas piezas a cambio de que Urbán les perdonase una deuda. Ambas figuras, con cuya reincorporación el paso quedó armado tal y como puede verse hoy día (salvo por la imagen original de Cristo, la cual no sería reintegrada hasta el siglo ), poseen un estilo que dista de los otros tres sayones ya que sus formas son más alargadas, sus cabezas de menor tamaño, sus rasgos más pronunciados y en general están dotadas de una mayor plasticidad además de exhibir una pose más intrincada y una calidad superior, sobre todo el gallardo Sayón de la esponja, lo que ha llevado a considerar que estas imágenes fueron las que se entregaron junto con el crucificado en 1612, hallándose a su vez más próximas al catálogo de Fernández. Según la documentación conservada parece ser que la hermandad no fue forzada a entregar al convento los tres sayones restantes; existe la certeza absoluta de que las figuras se hallaban en poder de la cofradía para 1699, momento en que fueron sometidas a una intervención consistente en reintegrar diferentes fragmentos y aplicar una nueva encarnadura, labor ejecutada por el pintor José Díez de Prado. Es posible que la condonación al gremio de pasamaneros de un préstamo para finalizar el grupo escultórico otorgase a la cofradía la propiedad de estas piezas, derecho que habría mantenido tras abandonar a los agustinos. El menor grado de estilización de estos tres sayones y el menor nivel de plasticidad, mayormente en el Sayón de la lanza y el Sayón descalabrado, sugieren la participación del taller del maestro, aspecto presente en otros conjuntos procesionales de Fernández.
Hay constancia de que en 1842 fueron retiradas del templo las imágenes de ocho sayones para su traslado al Museo Nacional de Escultura; pese a no especificarse qué sayones eran, generalmente se asume que esos ocho eran los cinco sayones del paso Sed Tengo y los tres del grupo Santísimo Cristo Despojado, conservándose a día de hoy el paso íntegramente en el museo, entidad que logró rearmar el grupo con todas las imágenes originales desde su desintegración en 1684. El conjunto fue a su vez intervenido en varias ocasiones a causa de su tamaño, lo que originaba problemas en el montaje: en 1723 Ignacio de Prado varió el entramado que mantiene sujetas las imágenes mientras que entre 1726 y 1733 Manuel de Ávila restauró el Sayón de la lanza, reparando Ramón Olivares la policromía de todas las figuras en 1795. Es posible que fuese de los primeros pasos en desfilar sobre ruedas, pues constan pagos de reparaciones de ruedas por parte de la cofradía en 1728 y 1730, aunque tal vez solo se usaran para sacarlo de la iglesia. Probablemente dejó de salir en procesión a finales del siglo debido a la decadencia de las cofradías, si bien volvería a desfilar en la década de 1920 con la restauración de la Semana Santa llevada a cabo por el arzobispo Remigio Gandásegui; asignado en principio a la Hermandad de la Sagrada Familia, antecedente de la actual Cofradía de la Exaltación de la Cruz, en 1944 pasaría a procesionar con la Cofradía de las Siete Palabras, hermandad que a día de hoy ostenta su titularidad.
Controversia Datación Los tres sayones que quedaron en poder de la hermandad (el Sayón de la lanza, el Sayón descalabrado y el Sayón de los dados) han suscitado dudas acerca de su datación. Arribas Arranz fue el primero en vincular el conjunto escultórico con Fernández, postura actualmente considerada correcta y reforzada por Jesús Urrea al aportar el dato de que el 14 de agosto de 1612 un grupo de pasamaneros (entre ellos Márquez) aceptó un pago a favor de Fernández consistente en 50 ducados, abono que ante el desconocimiento de por qué se efectuó ya que el motivo del mismo no consta documentalmente, Urrea asume como parte del pago en concepto de la hechura del grupo que el gremio regaló a la hermandad. Se cree que las dos imágenes que se entregaron en 1612 junto con la talla de Cristo crucificado son el Sayón del rótulo y el Sayón de la esponja con base en sus caracteres estilísticos, cercanos a la producción de Fernández en aquel entonces. Los otros tres sayones lucen una técnica más depurada perteneciente también al catálogo del entallador, descartándose a día de hoy que estas imágenes puedan ser posteriores a 1678 al tiempo que se relaciona su ejecución con la condonación hecha por la hermandad en 1616 al gremio de pasamaneros por el préstamo realizado «para efecto de lo acabar», texto que podría hacer referencia a acabar el conjunto escultórico, el cual posee gran armonía a nivel compositivo pese a haber sido ejecutado en dos momentos distintos.
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