Carol Martha Browner (Miami, 16 de diciembre de 1955) es una abogada, ambientalista y empresaria estadounidense, directora de la Oficina de Política Energética y Cambio Climático de la Casa Blanca durante la Administración de Barack Obama de 2009 a 2011. Anteriormente se había desempeñado como administradora de la Agencia de Protección Ambiental (EPA) durante la Administración de Bill Clinton, entre 1993 y 2001. Actualmente trabaja como Consejera Sénior en Albright Stonebridge Group, una compañía de estrategia empresarial global.

Browner nació y creció en Florida y se licenció en la Facultad de Derecho de la Universidad de la Florida. Luego de trabajar para la Cámara de Representantes de ese estado, se vinculó con el grupo activista Citizen Action en Washington D. C. Más tarde se convirtió en asistente legislativa de los senadores Lawton Chiles y Al Gore, y dirigió el Departamento de Regulación Medioambiental de Florida de 1991 a 1993, convirtiéndolo en uno de los departamentos más activos del gobierno estatal.

Ha sido la administradora que más tiempo ha ocupado dicho cargo en la historia de la EPA, durante los dos mandatos de la presidencia de Clinton. Durante su gestión, reorganizó la estructura de ejecución de la agencia y supervisó dos nuevos programas diseñados para crear asociaciones flexibles con la industria como alternativa a la regulación tradicional. Puso en marcha un programa de gestión de terrenos contaminados en zonas urbanas, tomó la iniciativa dentro de la administración en la defensa de las leyes y presupuestos medioambientales existentes y se encargó de impulsar un estricto endurecimiento de las normas de calidad del aire, que dio lugar a una prolongada batalla política y legal.

Cofundó Albright Group y de Albright Capital Management en 2001, y formó parte de varios consejos de administración y comités relacionados con cuestiones medioambientales. Durante su labor en la administración Obama se ganó el apodo de «zarina de la energía» o «zarina del clima». Sus esfuerzos por conseguir la aprobación en el Congreso de una legislación integral sobre el clima y la energía fueron en vano, pero asumió un papel destacado en la respuesta del gobierno federal al derrame de petróleo de BP Deepwater Horizon en 2010. Dejó su puesto en 2011 y el propio cargo fue suprimido poco después; tras ello, se reincorporó al grupo fusionado Albright Stonebridge, siguió participando activamente en varios consejos de organizaciones ecologistas, se incorporó a los consejos de algunas empresas relacionadas con la energía y la agricultura y se convirtió en defensora de la energía nuclear en respuesta a los peligros del calentamiento global.

Primeros años y educación miniaturadeimagen|Browner creció en la ciudad de South Miami (en la imagen), donde tuvo la oportunidad de visitar constantemente los Everglades cercanos. Nacida en Miami, Florida el 16 de diciembre de 1955, Browner es hija de Isabella Harty-Hugues y Michael Browner, ambos profesores del Miami Dade Community College, en ciencias sociales e inglés respectivamente. Creció en la ciudad de South Miami, y sus caminatas por los cercanos Everglades —a sólo un paseo en bicicleta de su casa— le proporcionaron una estrecha conexión con la naturaleza: «Me formó mucho crecer en ese tipo de entorno en el que la naturaleza estaba justo ahí».

Cursó un bachillerato universitario en letras en la Universidad de la Florida en 1977, y dos años después se licenció en Derecho en la Facultad de Derecho de la misma institución.

Primeros años de carrera Entre 1980 y 1981, Browner trabajó como asesora general del Comité de Operaciones Gubernamentales de la Cámara de Representantes de Florida, donde ayudó a revisar el Programa de Conservación y Tierras Recreativas del estado. En 1983 se trasladó a Washington D. C. y trabajó como directora asociada del grupo nacional Citizen Action, una organización de activismo medioambiental. Ese mismo año conoció a Michael Podhorzer, especialista en temas sanitarios del grupo, con quien se casó en 1987 y se mudó a Takoma Park, Maryland. La pareja tuvo un hijo llamado Zachary, nacido en 1987.

Entre 1986 y 1988 se desempeñó como asistente legislativa en jefe del senador demócrata por Florida, Lawton Chiles. En ese puesto, trabajó en una compleja negociación para ampliar la Reserva Nacional del Gran Ciprés, así como en la prohibición de perforaciones en alta mar cerca de los Cayos de la Florida. En 1989 fue asesora jurídica de la Comisión de Energía y Recursos Naturales del Senado. No era reacia a la investigación sobre el terreno, y en una ocasión se sumergió en estado de embarazo en aguas costeras para realizar labores investigativas.

De 1988 a 1991 trabajó como directora legislativa para el senador Al Gore, con quien tuvo bastante cercanía y compartió proyectos a futuro. Asimismo, ayudó a preparar enmiendas a la Ley de Aire Limpio y dirigió al personal legislativo de Gore.

Secretaria de Regulación Medioambiental de Florida Como Secretaría de Regulación Medioambiental, Browner dirigió el Departamento de Regulación Medioambiental de Florida de 1991 a 1993, mientras residía en Tallahassee. En ese entonces, el departamento era la tercera mayor agencia estatal de ese tipo del país, con 1 500 empleados y un presupuesto de unos 650 millones de dólares. De acuerdo con Keith Schnedier de The New York Times, Browner se encargó de «revitalizar el desmoralizado departamento» y convertirlo en «uno de los más activos del gobierno del estado de Florida», además de reducir el tiempo que tardaba el organismo en examinar los permisos de urbanización de zonas afectadas por humedales y de plantas de fabricación. Esto generó molestias en algunos ecologistas, quienes pensaban que la agilización de los procedimientos tenía un efecto negativo en el control público.

Browner impulsó la paralización de la construcción de nuevas plantas de residuos peligrosos e incineradoras de desechos municipales, alegando que no se conocían suficientemente las consecuencias para la salud y el medio ambiente de estas prácticas. Intermedió en un acuerdo con Walt Disney World que le permitiría construir en humedales de su propiedad, a cambio de 40 millones de dólares destinados a la restauración de humedales cercanos en peligro. De igual manera, convenció a Chiles, quien ya era gobernador en ese momento, para que negociara un acuerdo en un pleito federal sobre los daños causados al Parque Nacional de los Everglades y obligara a la industria azucarera de Florida a sufragar gran parte del coste de 1 000 millones de dólares. El director de la mayor asociación empresarial de Florida la describió: «[Browner] abre la puerta de una patada, lanza una granada de mano y entra a disparar a quien quede. No le gusta comprometerse. Sin embargo, ha hecho un buen trabajo. La gente se queja más de sus formas que de sus resultados».

Administradora de la EPA

Nombramiento y confirmación Tras las elecciones presidenciales de 1992, Browner se convirtió en directora de transición del Vicepresidente Gore. El 11 de diciembre de 1992, el presidente electo Bill Clinton la eligió para dirigir la Agencia de Protección Ambiental (EPA). Aunque Clinton y Gore habían criticado durante la campaña el compromiso de la administración de George H. W. Bush con la protección del medio ambiente, la elección de Browner —a quien The Washington Post describió como una persona «con la mente y la formación de una legisladora, pero con el alma de una activista»— fue considerada un indicio de que el fuerte ecologismo de Gore se había impuesto sobre la mentalidad más proempresarial de Clinton. Este último manifestó en su autobiografía que no la conocía, pero que Chiles la había recomendado encarecidamente y que Gore le había solicitado personalmente su nombramiento. Bill Turque, biógrafo de Gore, manifestó en su libro Inventing Al Gore que la elección de Browner y de otros funcionarios que él mismo recomendó ayudaron a consolidar la posición del vicepresidente dentro de la administración. En las audiencias de confirmación ante el Comité de Medio Ambiente y Obras Públicas del Senado de Estados Unidos, Browner se mostró pragmática y disipó los temores de que estuviera excesivamente influida o vinculada a Gore. El Senado confirmó su nombramiento por unanimidad el 21 de enero de 1993.

Regresó con su esposo a Takoma Park, Maryland, donde él siguió vinculado laboralmente con Citizen Action. El objetivo de Browner era, según sus propias palabras, «dejar un mundo un poco mejor», por lo que puso en marcha en su hogar diversas prácticas para favorecer el medio ambiente. Al no haber recurrido a los servicios de una niñera durante este periodo, logró evitar los inconvenientes suscitados por el «Nannygate».

Primer cuatrienio miniaturadeimagen|Browner como administradora de EPA. En la EPA, Browner supervisaba a unos 17 000 empleados y manejaba un presupuesto de 7 000 millones de dólares. Al comienzo de su mandato, tuvo problemas con algunos empleados de la agencia al declarar públicamente que carecía de responsabilidad y disciplina de gestión y que malgastaba el dinero de los contribuyentes. Poco después de asumir el cargo, Browner y sus principales colaboradores, entre ellos el administrador adjunto Steven Herman, reorganizaron varias estructuras de la agencia para crear una Oficina de Cumplimiento de la Normativa. Sin embargo, las oficinas regionales de la EPA dispusieron de flexibilidad para modificar sus propias estructuras, lo que provocó algunos conflictos burocráticos.

Recibió críticas de ambos bandos en cuestiones medioambientales y se enfrentó a muchos ecologistas, quienes se opusieron a su apoyo a la derogación de la cláusula Delaney de 1958 relativa a los niveles permitidos de carcinógenos en los alimentos. Sin embargo, su anuncio en mayo de 1993 de que la EPA impondría una moratoria a la concesión de nuevas licencias a incineradoras y hornos industriales obtuvo el favor de gran parte de los activistas ambientales. A finales de 1993, una iniciativa de Clinton para elevar a la EPA y a Browner a la categoría de ministros no obtuvo el apoyo suficiente en el Congreso. Muchos de sus deseos legislativos quedaron relegados a un segundo plano ante la prioridad del plan de salud de Clinton de 1993.

Cuando el Partido Republicano logró mayoría en el Congreso tras las elecciones de 1994, Browner se puso al frente de la administración Clinton para luchar con éxito contra los esfuerzos de este partido, especialmente en la Cámara de Representantes, por modificar la Ley de Agua Limpia y hacer retroceder otras normativas medioambientales. Sin embargo, logró trabajar de forma bipartidista con los republicanos en la elaboración de enmiendas a la Ley de Agua Potable y en la aprobación de la Ley de Protección de la Calidad Alimentaria. Durante las negociaciones para recortar el presupuesto que rodearon el cierre del gobierno federal en 1995, Browner protegió exitosamente los poderes de revisión y aplicación de la EPA y consiguió aumentar el gasto de la agencia en más de 750 millones de dólares. Su eficacia burocrática ilustra lo que uno de sus principales ayudantes definió como su principal talento: «una concentración extrema en una sola cuestión en la que está completamente segura de tener la razón». izquierda|miniaturadeimagen|Browner a mediados de la década de 1990.