La Biblioteca Pública de Castropol es una biblioteca municipal española ubicada en la villa asturiana de Castropol. Es la continuadora, como biblioteca pública municipal, de la Biblioteca Popular Circulante de Castropol (BPCC) inaugurada el 2 de marzo de 1922 e incautada y clausurada en 1936 durante la guerra civil española. Fue un proyecto de iniciativa popular e independiente desarrollado en el medio rural que constituyó una red de una biblioteca central y catorce bibliotecas filiales autónomas. Se reabrió en 1945 como Biblioteca Municipal Menéndez Pelayo, bajo los auspicios del Centro Coordinador de Bibliotecas de Asturias. En 2021, y en conmemoración del centenario de su apertura, adoptó la denominación Biblioteca Popular Circulante Menéndez Pelayo.

Historia Biblioteca Popular Circulante de Castropol La Biblioteca Popular Circulante de Castropol (BPCC) nace en 1922, promovida por un grupo de jóvenes castropolenses que el 20 de octubre de 1921 habían publicado en la prensa local un manifiesto titulado Por nuestra cultura, en el que presentan su idea para mejorar la situación cultural de la comarca. El manifiesto, redactado con un lenguaje que lo acerca a movimientos culturales de inspiración regeneracionista, expone la penosa situación cultural, muestra escepticismo a esperar soluciones desde las instituciones y defiende la mayor eficacia de la acción particular. Los ocho firmantes puntualizan su intención de crear una biblioteca con el fin de fomentar la propagación de la cultura. Quienes firman: Miguel García Soubelet, Román Penzol Vijande, Francisco Vior Prieto, Ramón Díaz Canel, José Manuel Piñeirúa Ferrería, Laureano Acebo Fernández, Agustín García Pérez y Vicente Loriente Cancio, se conocían desde la niñez y en ese momento la mayoría eran estudiantes o licenciados universitarios.

Para regir la biblioteca se constituye un patronato en el que, además de los firmantes del manifiesto, se nombran otros tres cargos entre personas de más edad, con lo que se pretende dar una imagen de prestigio a la institución que se pretende crear. El Patronato queda formado por Máximo Cancio y Menéndez de Luarca, como presidente; Victoriano García de Paredes, vicepresidente; Ramón García González, secretario-tesorero, y los ocho firmantes del manifiesto, que asumen el cargo de vocales, siendo nombrado bibliotecario Agustín García.

Al mismo tiempo, son aprobados los estatutos por los que se ha de regir la BPCC. En sus artículos destacan los dos rasgos fundamentales del planteamiento de la biblioteca: un carácter progresista e independiente de cualquier partido político, sindicato u otro tipo de organización y en segundo lugar, que señala como beneficiario de su acción al sector de la población más abandonado por los poderes públicos: los campesinos.

La financiación de la BPCC se basó en las aportaciones de simpatizantes recogidas mediante suscripciones populares, organizadas tanto en Castropol como entre las colonias de emigrantes castropolenses en varios países de Hispanoamérica, especialmente en Cuba. Además, los miembros del patronato, así como otras personas cercanas a la biblioteca, abonaban una cuota anual. La institución recibió también alguna pequeña subvención del Ayuntamiento de Castropol y la Diputación Provincial, ayuda que fue retirada durante la dictadura del general Primo de Rivera (1923-1930).

Una de las claves de su éxito fue ofrecer libros de forma gratuita a los campesinos, sin cuotas ni carnet de socio, con el único requisito de cuidar los libros y devolverlos en un mes.

Sucursales Los responsables de la BPCC ya previeron en los estatutos la creación de sucursales para facilitar el acceso a la cultura a toda la población del concejo, la cual, mayoritariamente, vivía diseminada en pequeñas aldeas y caseríos, en un amplio territorio de complicada orografía y con una deficiente red de comunicaciones. A partir de 1926, y hasta 1936, fue creada una red de catorce bibliotecas filiales, en un principio en el concejo de Castropol, pero que pronto traspasan las fronteras municipales. Estas sucursales fueron: Tol (1926), Figueras (1927), Balmonte (1928), Seares (1929), Barres (1932), San Juan de Moldes (1932), Piñera (1933), Las Campas (1934), Quinta de Paleiras, Vegadeo (1934), La Veguina, Tapia (1934), Vilavedelle (1935), Añides (1935), Vinjoy, Vegadeo (1936) y La Caridad, El Franco (1936); además de una filial de menor entidad, a la que se denominó estación, en San Cristóbal (1933). Los libros de estas sucursales se renovaban periódicamente con el objetivo de favorecer la variación. A partir de 1931 esta labor de expansión de filiales recibió un fuerte impulso del recién creado Patronato de Misiones Pedagógicas, que aportaba lotes de libros como primera dotación para las nuevas bibliotecas.

La idea inicial era ubicar las sucursales en las escuelas de los pueblos, pero ante las reticencias y obstáculos puestos por algunas autoridades municipales o educativas, se buscó otro tipo de locales. Unas veces fueron viviendas particulares, otras en algún tipo de comercio y en algunas ocasiones, se instalaron en el edificio de los sindicatos agrícolas locales.

Este conjunto de biblioteca central y sucursales constituyó la primera y más desarrollada red de bibliotecas rurales que funcionó en España antes de la guerra civil. Para coordinar la labor de la red de bibliotecas se decide la celebración de asambleas anuales, que servían para cambiar impresiones sobre su funcionamiento, unificar criterios y consensuar una estrategia común.

Delegados o agentes de la biblioteca Para reforzar la labor de las sucursales se establece, en 1931, la creación de la figura del delegado o agente de la biblioteca en cada pueblo o aldea. Estas personas, vecinos que hacían su trabajo desinteresadamente, actuaban como representantes de la biblioteca. Provistos de los catálogos de la institución, se encargaban de recoger las peticiones de vecinos de los pequeños y aislados núcleos de población y servirlas a domicilio. Asimismo, eran distribuidores de guías de lectura y propagandistas de las actividades organizadas por la biblioteca.

Las misiones pedagógicas Como complemento del objetivo de propagar la cultura en la comarca, el patronato de la Biblioteca Popular Circulante decide, desde 1923, la organización de actos culturales. En un principio se organizaron en la villa de Castropol, pero pronto los responsables de la biblioteca ofrecieron en pequeños pueblos y aldeas conferencias, audiciones musicales, veladas literarias, sesiones de cuentos, proyecciones de cine, exposiciones, teatro, guiñol, concursos de gaita y canción tradicional, cursillos, estudios de folklore, divulgación agropecuaria, etc. Se calcula que el número de actos culturales organizados por la Biblioteca Popular Circulante en el periodo 1922-1936 pasó de cuatrocientos. Entre las muchas actividades de extensión bibliotecaria sobresalieron dos iniciativas: Los Currillos, un teatro de guiñol de la biblioteca, sobre el que sus responsables recibieron indicaciones de Federico García Lorca, quien, junto con los componentes del grupo de teatro La Barraca, visitó la biblioteca de Castropol el 31 de agosto de 1932, y el Teatro Aldeano, compañía de aficionados que representaba obras de carácter local. Ambos proyectos fueron puestos en marcha en 1933 y su repertorio constaba de obras, principalmente en gallego-asturiano, con una mayoría de piezas escritas por los hermanos Manuel y Francisco Marinero.

Las actividades culturales organizadas por la BPCC experimentaron un notable impulso a partir de 1931 con la creación, promovida por el Gobierno de la Segunda República, del Patronato de Misiones Pedagógicas, el cual prestó un decidido apoyo a la biblioteca de Castropol, por considerar que los planteamientos de esta se ajustaban plenamente a los objetivos del Patronato. Los responsables de la BPCC sabían que Manuel Bartolomé Cossío, presidente de Misiones Pedagógicas, era su defensor más entusiasta en las reuniones del patronato. Según algún miembro de esta institución, Cossío, más de una vez, citaba a Castropol como ejemplo a imitar, con la elocuente frase «¡Quisiera mil castropoles en España!

Además de los lotes de libros que enviaba para la red de bibliotecas de la BPCC, a partir de 1932 el Patronato de Misiones Pedagógicas aporta gramófonos, lotes de discos, un proyector de cine, un considerable número de películas tanto culturales como de entretenimiento, un proyector de opacos, un amplificador, un micrófono y varios juegos de acumuladores para permitir las proyecciones de cine en pueblos que no disponían de acometida de electricidad. Con estos medios se multiplican el número de actividades, llegando a establecer un doble itinerario, con actos en dos localidades distintas a la vez. Otra muestra de la estrecha relación entre la BPCC y el Patronato de Misiones Pedagógicas fue la presencia en Castropol, a finales de noviembre de 1933, del Museo del pueblo, una muestra itinerante de reproducciones de las principales obras de la pintura española que se, acompañaba de charlas divulgativas. También, durante casi todo el mes de agosto de 1935, estuvieron en Castropol, enviados por el Patronato de Misiones, el poeta Luis Cernuda y el pintor Miguel Prieto junto con el Retablo de fantoches, la compañía de guiñol del Patronato. Con su participación se organizaron quince actos en diversos pueblos de la comarca, que consistían en lecturas de romances y de cuentos asturianos, la representación de una obra por el guiñol, proyección de una película y una charla de Cernuda sobre las Misiones Pedagógicas.

Publicaciones En los primeros años, la BPCC utilizó el periódico decenal Castropol (1905-1924) para exponer sus ideas y actividades. En 1924 el patronato de la Biblioteca decide crear su propio boletín, El libro y el pueblo, que se distribuyó gratuitamente. Tuvo una periodicidad irregular y alcanzó cinco números en cuatro años. En octubre de 1929 comienza a publicarse un nuevo proyecto editorial: El Aldeano, periódico quincenal que nace con el objetivo de ser el órgano de difusión del pensamiento que caracteriza al grupo fundador de la Biblioteca y a la vez ser boletín de la institución y guía del lector. La publicación de El Aldeano finaliza en agosto de 1933, después de cinco años y noventa y tres números publicados. Posteriormente se pone en marcha otra publicación, el boletín La Biblioteca. Su primer número se publica en marzo de 1934 y el quinto y último número aparece en mayo de 1936.

Relaciones interbibliotecarias Otro de los aspectos del planteamiento de los impulsores de la Biblioteca Popular Circulante fue la búsqueda, a través del intercambio de conocimientos, de cómo la expansión del movimiento bibliotecario contribuiría al desarrollo de la cultura. Con este fin la biblioteca estableció lazos con numerosas instituciones culturales españolas, europeas y americanas. La base de estas relaciones era el intercambio de libros, folletos y experiencias. A continuación se consignan algunas de las instituciones con las que la BPCC mantuvo relación.

En América: Sala de Lectura de Dolores, Popayán, Cauca y Biblioteca de Bolívar, ambas en Colombia; Biblioteca Casa Montalvo, de Ambato, Ecuador y Biblioteca Acosta de Huaylas, Perú. También hubo intercambios con la Biblioteca Nacional de Guatemala, la Biblioteca Nacional de Colombia, la Dirección General de Enseñanza Industrial de Uruguay, el Departamento de Bibliotecas de la Secretaría de Educación de México y la Corporación Carnegie de Nueva York.