Fidentem piumque animum (en español, Confiado y piadoso ánimo) es la sexagésima segunda encíclica de León XIII, publicada el 20 de septiembre de 1896, en la que una vez más pondera el valor del rezo del santo rosario.
Magisterio de León XIII sobre el rosario Así sucede en esta encíclica en la que el papa, continuando la intención que el año anterior había expuesto con más amplitud en Adiutricem populi, pide que se rece por la restauración de la unidad de la Iglesia y la reconciliación de los otodoxos.
Contenido de la encíclica
Tras exponer su experiencia personal el papa recuerda cómo ha exhortado a través de otras encíclicas la práctica del rosario y cómo han respondido los fieles a esa petición. Desea insistir una vez más en esa exhortación, insiste por esto en la necesidad de la oración y señala como la eficacia de la oración esta unidad a su constancia y en la oración en común. El mismo Jesús lo afirmó cuando dijo: "si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra sobre cualquier cosa que quieran pedir, mi Padre que está en los cielos se lo concederá"Mt 18, 19.
Valor del rezo en común del rosario El rezo del rosario en familia o en el templo cumple esas dos condiciones; recomienda por eso el rezo del rosario en las familias, al finalizar el día. Además, considerando la eficacia de la oración en común, recoge el papa su decisión
La confianza en el socorro de la Virgen no es exagerada pues como enseña Santo Tomás, aunque Jesús es el único mediador, nada impide que otros sean llamados también, secudum quid, mediadores entre Dios y los hombres, pues colaboran a la unión del hombre con Dios;Santo Tomás de Aquino, Suma Teológica, III, q. XXVI, a. 1-2. esta es una gloria, añade el papa, que conviene especialmente a María, pues de ella es madre de Jesús, y por tanto mediadora para con el Mediador.
Frutos del rezo del rosario El rosario nos recuerda, a través de sus misterios, cómo se realizó la redención de los hombres, y se ve lo que significa María en esa obra. El rezo del rosario fortifica la fe, pues hace sentir de una manera poderosa la acción de Cristo.
Además, el mismo rezo del rosario supone una profesión de fe, en las oraciones vocales expresamos nuestra fe en Dios, en su providencia, en la vida futura, en la remisión de los pecados, y en los misterios de la Santísima Trinidad. Considera el papa necesario añadir a este propósito algo de los deberes que exige la fe; entre ellos la penitencia; este también es un motivo para recomendar el rosario, pues la meditación de los sufrimientos de Cristo y su Madre, puede mover a la penitencia. Insiste la encíclica en la facilidad del rosario, que puede ser utilizado con fruto por cualquiera medianamente instruido, y que tampoco exige dedicarle un tiempo excesivo.
Petición a María por la reconciliación de los disidentes A todas las razones expuestas el papa añade otro motivo para el rezo del rosario, obtener de María la deseada unidad.Un objetivo especialmente presente en la pastoral del papa en esos años, y a la que ya se había referido en su encíclica Adiutricem populi, del 5 de septiembre de 1895. Como Jesús pidió en una oración dirigida a su Padre le pidió que sus discípulos fuesen uno solo en la fe y en la caridad, así podemos pedir que su Madre repita esa misma oración.
Así concluye el papa la encíclica pidiendo que se redoble esta devoción para obtener la santa unidad, pues nada puede ser más agradable a María que el que todos los hombres que han recibido un mismo bautismo se unan a Jesús y entre sí en perfecta unidad de fe y caridad.
Véase también
León XIII Encíclicas de León XIII sobre el rosario Adiutricem populi
Notas
Referencias
Bibliografía , Enrique (2004), "El papa León XIII y la teología mariana", en Galindo, Ángel y Barrado, José (ed.), León XIII y su tiempo, Publicaciones de la Universidad Pontificia de Salamanca, Salamanca, pp. 489-515.
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