miniaturadeimagen|Escuela Universitaria de Arquitectura Técnica de la Universidad Politécnica de Madrid La arquitectura técnica es la disciplina tecnológica encargada de la construcción de los edificios. Etimológicamente, es una expresión compuesta por el vocablo «arquitectura» (del latín architectūra) y la palabra «técnica». El vocablo latino architectūra proviene del griego antiguo ἀρχιτέκτων (architéctōn), compuesto de ἀρχός (archós), ‘guía’, y τέκτων (téctōn), ‘construcción’; y la palabra «técnica» proviene del griego τέχνη (tekhne), y se refiere al arte, oficio o destreza, evidenciando la raíz del indoeuropeo *teks-, ‘fabricar o crear’. En conclusión, se puede decir que la arquitectura técnica es ‘el arte, oficio o destreza de guiar la construcción’.

La construcción es un arte y una Técnica. A la parte artística y conceptual se dedica la arquitectura y a la parte tecnológica se dedica la ingeniería.

Los profesionales de la arquitectura técnica se dedican a la parte tecnológica y por lo tanto a la parte inginieril de la construcción. Son tecnologos y al igual que pasa con el resto de tecnologías y ramas de la ingeniería son conocedores de los principios científicos y tecnológicos, que aplican a su ámbito del conocimiento, que es la construcción, mantenimiento y conservación de los edificios. Su objetivo es hacer posible los sueños y sus herramientas son el ingenio para dirigir la obra, planificando y resolviendo los problemas de su ejecución.

En la arquitectura técnica se utilizan conocimientos de:

las ciencias puras como las matemáticas y la lógica, las ciencias naturales como la física y la química de los materiales, la geología y la mecánica del suelo, las ciencias aplicadas como la geometría y la informática, las ciencias sociales como la economía y el derecho en la construcción, y de otras ciencias. Todos ellos son obtenidos a través del estudio, experiencia y práctica, para ser aplicados con criterio y conciencia en el desarrollo de técnicas para el beneficio de la humanidad.

También se utilizan algunos métodos empíricos, ya que los arquitectos técnicos buscan la obtención de resultados reales, pudiendo permitirse aproximaciones, valoraciones según la experiencia y aplicaciones de diversos métodos y conocimientos (científico, experimental, etc.). Son muy importantes los órdenes de magnitud, por ejemplo, y el planteamiento de preguntas y respuestas, puesto que el objetivo no es conseguir el mayor número de cifras decimales de un resultado, sino la obtención de la solución a un problema real de construcción.

Todos estos conocimientos son obtenidos a través del estudio de la teoría y la experiencia y la práctica para ser aplicados con criterio y conciencia en el desarrollo de técnicas para el beneficio de la humanidad.

Los profesionales de la arquitectura técnica miniaturadeimagen|Fachada de la Escuela Técnica Superior de Ingeniería de Edificación de la Universidad de Granada La arquitectura técnica es una profesión regulada en España con muchos años de historia. Los profesionales que se dedican a esta profesión son herederos de los maestros de obra y de los aparejadores. Los maestros de obras fueron los constructores de iglesias y catedrales de época medieval. Por otro lado, el nombre de aparejador indicaba que se trataba de un agente que conocía a los aparejos de las fábricas, técnicas y medios para su ejecución.Francisco Ramón Jiménez Valenzuela: Historia de la Profesión de Arquitecto Técnico ; dentro del sitio web Hermetécnica; 21 de octubre de 2010 (consultado el 7 de junio de 2010). Es por todo ello, que de los diversos nombres que ha tenido a lo largo de su historia, se trata de una profesión que ha estado siempre estrechamente relacionada con la construcción física de la obra de edificación, distinguiéndose plenamente del arquitecto, encargado de proyectar edificaciones o espacios urbanos.

En el resto del mundo, la arquitectura técnica se denomina mayoritariamente como «ingeniería de edificación». Con el fin de igualar la denominación a sus homólogos europeos, a partir del 2009-2010, los estudios de arquitectura técnica se sustituyeron por el Grado de Ingeniería de la Edificación, pero una sentencia de 9 de marzo de 2010, de la Sala Tercera del Tribunal Supremo Español, obligó a no poder utilizar esa denominación en España. El conflicto judicial, que afecta principalmente a la denominación del título de grado universitario, se basa en que la nueva denominación no produjera confusión, con la profesión regulada que la habilita en España y que se llama arquitectura técnica. Debido a este conflicto judicial respecto a la denominación del título de grado, impulsado por los colegios profesionales de Ingeniería Industrial y de Ingeniería Civil, algunas escuelas decidieron, temporalmente, cambiar su denominación, a fin de poder expedir los títulos universitarios que impartían. El conflicto se basa en que estos colegios no reconocen la profesión de Arquitecto Técnico en el ámbito de la ingeniería. Cabe añadir que este conflicto deriva de un enfrentamiento histórico, que se remonta al , para conseguir el monopolio de la ingeniería aplicada a la edificación, más que al cuestionar la formación tecnológica aplicada, lo que por otra parte es incuestionable en una profesión tan antigua y regulada. Por tanto, este procedimiento judicial responde más a una lucha entre lobbys profesionales, y no tanto a cuestionar la formación tecnológica del Arquitecto Técnico, ni de su evolución natural hacia el nombre de Ingeniero de la Edificación, ya que por legitimidad histórica, académica y moral, pertenece a los términos de Ingeniero y de Edificación. Actualmente existen algunas escuelas universitarias de arquitectura técnica en España que otorgan el título de ingeniero de edificación, pero la mayor parte han vuelto por imperativo legal a la denominación de arquitecto técnico.

El patrón de los aparejadores y, por extensión, de los arquitectos técnicos e ingenieros de edificación es San Juan de Ortega.

Historia de la profesión

Maestros de obra miniaturadeimagen|El maestro de obras Anton Pilgram en el púlpito de la Catedral de San Esteban de Viena. miniaturadeimagen|Baumeister (‘maestro de obras’), grabado de Jost Amman, 1536. Los maestros de obra eran los constructores de iglesias y catedrales de la época medieval. Se llamaban magister operis o magister domorum, es decir, maestro de obra o maestro de casas. Estuvieron siempre ligados a otros oficios como los carpinteros. Su organización era gremial y el acceso se hacía por cooptación, mediante una selección o reclutamiento de nuevos miembros por nominación interna. Esta estructura cerrada en sí misma dio pie a la creación de la masonería o francmasonería. Hasta el fin del Antiguo Régimen pertenecieron al estamento menestral. En el , los maestros de casas de Barcelona se constituyeron independientes y recibieron privilegios de Carlos V, de Felipe II (1585) y de Felipe III (1599); eran gobernados por tres cónsules. Mencionados por primera vez en 1415, recibieron diferentes ordenaciones durante el (1743, 1762, 1796). Antes del , los arquitectos de cargos oficiales eran llamados Maestros Mayores del Reino.

Formación académica de los maestros de obra En 1787, empieza la formación académica y aparece el título de Maestro de Obras en la Academia de San Fernando de Madrid, dejando atrás el aprendizaje de gremios, únicos oficios existentes desde la Edad Media. En 1855, la Ley Luján, eliminó los estudios de maestro de obras, ya que a su juicio éstos se habían creado para cubrir una necesidad puntual de construir y la carencia de arquitectos. A los maestros de obras carecía el estudio del arte, que necesitaban los monumentos. Pero el título de Arquitecto sólo podía obtenerse en la Escuela Especial de Madrid. En 1858, se volvieron a reanudar las clases con la Ley General de Instrucción Pública y la Escuela pasó a formar parte de la Universidad que restablecía la enseñanza. En 1871, la enseñanza de maestro de obras se extinguió definitivamente dando alguna posibilidad de recuperación a los alumnos que estaban en curso.

Aparejadores «Aquí yace Guillen de Rohan, maestro de la iglesia de León y aparejador de esta capilla» : La cita corresponde a uno de los sepulcros de las capillas de Santa Clara (Tordesillas) y supone la primera referencia escrita que se conserva sobre la profesión de aparejador. Guillen murió en la primera mitad del , confirmando que esta profesión técnica es una de las más antiguas de nuestro país. La función de los aparejadores era organizar, supervisar y ejecutar las obras en los aspectos técnicos y económicos cotidianos, y aparece definida con claridad en la segunda mitad del , y tuvo una gran importancia durante la construcción de los grandes edificios del renacimiento.

La denominación profesional (no confundir con la titulación académica) se comenzó a recoger en la abundante documentación de las grandes obras de nobles y reyes de mediados del . Su primera acepción profesional es la de técnicos y ejecutores de la estereotomía de la piedra. La cualificación de Aparejador se otorgaba a los maestros mayores ante la demostración de la práctica profesional y de sus conocimientos técnicos ante un tribunal integrado por los mejores artistas, que eran peritos en Arquitectura, Escultura y Pintura, un primer antecedente de las actuales «oposiciones». En abril de 1620, Francisco de Potes fue seleccionado por un Tribunal para ocupar la plaza de Aparejador de las obras reales de la Alhambra de Granada.

Formación académica de aparejador A partir de 1757 (cuando se crea la Real Academia de Nobles Artes de San Fernando), el modelo gremial del maestro constructor empieza a ser sustituido por la profesionalización del arquitecto-artista diseñador de la obra. En esta estructura organizativa, los Aparejadores se promocionaron a la categoría de maestros mayores o arquitectos de las grandes obras reales. Fue el 24 de enero de 1855 cuando el denominado «Decreto Luján» instituyó el título de Aparejador en sustitución del de maestro de obras. En 1895 se dispone que los estudios correspondientes se realizarían en las Escuelas de Artes y Oficios, pero sus atribuciones no se fijan hasta 1902. La Real Orden del 5 de enero de 1905 plasma, por primera vez, el logro político de un órgano corporativo de la profesión: la Sociedad Central de Aparejadores. En 1919, el Real Decreto del 28 de marzo recoge la intervención obligada del Aparejador en todas las obras dirigidas por los arquitectos del Estado, provincia o municipio cuyo presupuesto supere las 15.000 pesetas. Asimismo, este Real Decreto alude por primera vez a la responsabilidad civil o criminal en que puede incurrir el Aparejador, derivada de su actuación a las órdenes del arquitecto.

Hitos históricos. Los dos hitos históricos en los que culminaron las aspiraciones de la profesión para el ejercicio liberal se forjaron en los Decretos de 1935 (donde surgió la configuración actual de la profesión, al establecer la obligatoriedad de intervención de los Aparejadores en todas las obras de arquitectura).

Académicamente, también constituyó un hito importante la Ley de Enseñanzas Técnicas de 1957, al configurar los estudios que se impartían en las Escuelas de Aparejadores, introduciendo el Curso Preparatorio más los tres años de carrera, y que estableció las especialidades de urbanismo, organización de obras e instalaciones.

Arquitectos técnicos La titulación universitaria de Arquitecto Técnico apareció en España con esta denominación en 1964 y se integraron los estudios en la Universidad a partir de la Ley General de Educación de 1970. Las Escuelas Universitarias de Arquitectura Técnica se constituyeron por Decreto del 10 de mayo de 1972.