thumb|300px|Paleoamericanos cazando un gliptodonte. El Paleoamericano es la era inicial y la más larga de la historia americana (comprende todos los sucesos ocurridos aproximadamente antes del 8000 a. C.). Durante ese tiempo se desarrollaron las primeras herramientas de piedra y las bases de la diversidad étnica y lingüística de América precolombina. Por extensión, se aplica también los términos paleoamericano o paleoíndio para designar a los seres humanos que vivieron en el continente durante esa fase; y cuyos actuales descendientes han recibido la denominación de amerindios.
Si bien todos están de acuerdo en que inicia con la primera presencia humana en América, no hay consenso sobre el momento en que esto ocurrió y las rutas migratorias que siguieron esos grupos. Por muchas décadas, la propuesta dominante fue la llamada teoría del poblamiento tardío, para la que los primeros humanos no pudieron haber llegado antes del 11 000 a. C. debido a condiciones más climatológicas y a que no hay evidencia arqueológica válida que respalde una fecha anterior.
Algunos descubrimientos posteriores a los años sesenta pusieron en tela de juicio la validez de esta propuesta. Algunos sitios ubicados en el centro y sur del continente arrojaron fechas por radiocarbono más antiguas que las ofrecidas por los partidarios de la teoría del poblamiento tardío ―también llamada «Clovis primero»―, lo que dio pauta al fortalecimiento de la teoría del poblamiento temprano. Muchos de estos hallazgos han sido objetados por inconsistentes, generalmente con el argumento de una contaminación del yacimiento por factores no humanos. Sin embargo, la solidez de la evidencia hallada en Monte Verde (Chile) no deja lugar a duda, y sus fechas por radiocarbono (12 800 a. C.) son anteriores a las de cualquier otro yacimiento norteamericano libre de objeción.
Los datos disponibles para la historia de este período son escasos, particularmente en las época más antiguas, y generalmente se trata de inferencias a partir de los hallazgos arqueológicos, que consisten principalmente en herramientas de piedra y restos orgánicos ―humanos, animales y vegetales― o de antiguos campamentos. A partir de ellos se observa una complejidad creciente y una exploración tecnológica que dio como resultado una mayor diversidad de materiales para la confección de herramientas y la especialización de estas para diversas actividades.
Poblamiento de América thumb|350px|Evolución del puente de Beringia (1000 años/s).
Durante la última glaciación (glaciación de Würm), la concentración de hielo en los continentes hizo descender el nivel de los océanos en unos 120 metros. Este descenso hizo que en varios puntos del planeta se crearan conexiones terrestres, como por ejemplo Australia con Tasmania y Nueva Guinea; Filipinas e Indonesia; Japón y Corea. Uno de esos lugares fue el denominado Puente de Beringia. Debido a que el estrecho de Bering, que separa Asia de América, tiene una profundidad de entre 30 y 50 metros, el descenso de las aguas dejó al descubierto un amplio territorio que alcanzó 1500 kilómetros de ancho, uniendo las tierras de Siberia y Alaska, hace aproximadamente 40 000 años.
Este fenómeno natural sucedió dos veces: la primera hace aproximadamente 40 000 años y se mantuvo por 4000 años, la segunda formación se produjo aproximadamente hace 25 000 años por 11 000-10 500 según Scott A. Elias.Don Alanshano Hall: «Bering land bridge was open until after 11,000 years ago - Scrub tundra grew in lowland Beringia, not “mammoth steppe”» , 1997. Después, al final de la glaciación, se inundaron los territorios y se separó definitivamente Asia de América en lo que hoy es el estrecho de Bering. Esas dos ocasiones fueron una oportunidad propicia para que tribus de Siberia cruzaran hacia América.
Una de las teorías sobre la llegada del hombre a América, es la del cruce por el puente de Bering: los científicos afirman que el puente de Bering, en condiciones de ser transitado por hombres y animales, duró un "breve" período durante la última glaciación, cuando el nivel del mar llegó a bajar 120 metros aproximadamente, y el actual estrecho de Bering, se convirtió en istmo, durante dos etapas. La primera etapa duró unos 4000 años y la segunda etapa, unos 15 000 años. Es decir, el puente de Bering se mantuvo en condiciones de tránsito durante unos 19 000 años.
La ruta que siguieron los primeros humanos que cruzaron, pudo haber sido por los valles ubicados al sur de la Cordillera de Chukotka en Asia y el ingreso a América, pudo haber sido por la península Seward. Entre ambos puntos extremos en Siberia y Alaska, no hay más de 75 km.
La ruta de Bering es indiscutible y está confirmada por pruebas arqueológicas, genéticas y culturales. Lo que actualmente se discute es si esta fue la única ruta para el ingreso del Homo sapiens a América y la época de las migraciones. La misma ruta de Bering presenta dos posibilidades: una netamente terrestre y la otra costera, incluso de cabotaje. La primera de ambas probabilidades hasta hace poco casi "oficial" en la comunidad científica, actualmente es objetada ya que la ruta netamente terrestre significaba atravesar zonas glaciares o casi glaciares en donde la supervivencia humana era muy difícil, mientras que un cabotaje sin dudas fue perfectamente practicable y, esto explicaría que se encuentren en Norteamérica yacimientos más antiguos en las zonas costeras del Pacífico cercanas a California y que los ―hasta el presente hallados― yacimientos en zonas más septentrionales de Norteamérica, sean más tardíos. Los primeros yacimientos norteamericanos presentan restos humanos de un fisiotipo diferente al de los indoamericanos típicos, se encuentran más semejanzas con los paleosiberianos del yacimiento del Yana. De este modo, se habla de una primera población de paleoamericanos a la cual luego se sobrepuso la de los nativos americanos.
La llegada de los primeros hombres a América, se habría producido hace alrededor de 35 000 años atrás.
Otras rutas de probables migraciones, fueron las siguientes:
Península de Kamchatka (Siberia), islas Aleutianas (Pacífico), costa sur de la península de Alaska. Procedencia: asiática. Habrían utilizado embarcaciones rudimentarias. Islandia, Groenlandia, Labrador, Terranova. Procedencia: europea. Remy Coteville-Giraudet documentó entre 1928 y 1931 la hipótesis del origen europeo (Cro-Magnon) de los "pieles rojas" (algonquinos). Emerson Greenman en 1963 planteó la ruta hipotética de la migración europea a América durante el paleolítico superior y el origen europeo de los beotucos de Terranova. Bruce Bradley y Dennis Stanford replantearon en 1999 la existencia de esa migración basados en las similitudes entre la industria lítica solutrense, y la cultura clovis. Oceanía, Antártida, América del Sur. Debieron usar balsas primitivas (teoría del antropólogo portugués A. Mendes Correia). Melanesia, Polinesia, América. También debieron usar balsas, del tipo polinesio actual (teoría del antropólogo francés Paul Rivet).
Periodos Dentro del periodo paleo-indio se pueden distinguir dos etapas:
Cazadores-recolectores indiferenciados: culturas caracterizadas por una industria lítica arcaizante (cantos tallados, lascas musteroides, bifaces...). Los restos son escasos pero pueden ponerse ejemplos datados por encima de los 30 000 años de antigüedad en todo el continente: Topper (en Estados Unidos), Pedra Furada (en Brasil), Tlapacoya (en México) y Monte Verde (en Chile).
Puntas de proyectil: culturas de tecnología lítica muy avanzada y con una economía basada en la caza de animales de tamaño mediano y grande. Aparece hace unos 13 000 años y se caracteriza por diversos tipos de puntas de lanza foliáceas finamente elaboradas, las más famosas son las de la cultura Clovis (sur de EE. UU.), aunque, por supuesto, hay muchas más. A destacar, por situación geográfica, la Cueva Fell (en Pali Aike, Chile), cuyas puntas, llamadas de «cola de pescado», se datan en el 11 000 a. C.
Subperiodos del paleoíndio
Periodo proto-indio
Con una fecha de arranque que queda abierta, ya que todavía no se ha dicho la última palabra en cuanto al momento de la llegada de los primeros hombres al continente, este sub-período se prolonga hasta aproximadamente 20 000 a. C. En este lapso los inmigrantes inician su adaptación al nuevo medioambiente y se expanden por todos los confines. Los proto-indios eran básicamente buscadores de comida que cruzaron el estrecho persiguiendo a sus presas (mamuts, antiguos bisontes, etc.) integrando bandas de cazadores-recolectores que lentamente fueron desplazándose con rumbo sur. Su instrumental era preferentemente fabricado en madera, hueso y piedra, trabajando esta última mediante la talla por percusión. De esta manera produjeron grandes choppers (hachas de mano), raspadores, martillos y herramientas bifaces que se han encontrado en las excavaciones arqueológicas en abundancia. En Venezuela (Jobo y Cumaré), en California (Farmington), aparecen sepultados por material aluvional. En Texas e Idaho (Estados Unidos), en Muaco (Venezuela), en Tequixquiac (México), en Pikimachay (Perú) se encuentran asociados a restos de fauna extinta de hace 22 000 años. En Argentina, en el altiplano andino y en la región valliserrana aparecen restos semejantes.
Debido a las circunstancias geográficas con la disposición de recursos naturales, y conforme al grado de desarrollo de estos migrantes y sus descendientes, a los que se les ha denominado como proto-indios se integraban en pequeños grupos o clanes, compuestos por familias de cazadores menores y recolectores que se cubrían con las pieles de los animales que mataban en los alrededores de los glaciares. Algunos grupos con mayor movilidad fueron desplazándose hacia el sur, sobre regiones que ofrecían mayor variedad de alimentos vegetales y animales. Los hallazgos de menos de 20 000 años muestran una variación en el modo de vida de estos cazadores-recolectores, lo que nos indica el comienzo de una nueva etapa.
Periodo paleoíndio En este período, que se extiende desde el 20 000 hasta el 8000 a. C. es abundante la cantidad de restos arqueológicos hallados en Estados Unidos, México, Centroamérica y Sudamérica. Aparece una nueva industria lítica, la de las puntas de proyectil, talladas finamente en piedra que presentan variedades denominadas clovis, lanceoladas, Folsom, inca, fell, cola de pescado, etc. que dan cuenta de la gran difusión de esta técnica, que llega hasta el noroeste argentino, el Río de la Plata, Patagonia y Tierra del Fuego. El especialista alemán Müller Beck afirmaba que esta técnica pudo ser aportada por nuevos inmigrantes procedentes de Asia que pasaron por Bering hace entre 28 000 y 23 000 años, antes de que el último avance de la glaciación Wisconsin cerrara el corredor de Alaska.
La otra gran innovación del período lo constituyó el atlatl o propulsor, artefacto que aumentaba la eficacia en el lanzamiento de las jabalinas por parte de los cazadores. Estas mejoras tecnológicas constituyeron la base de las grandes culturas cazadoras del Pleistoceno, que habitaron las praderas y valles boscosos norteamericanos de clima benigno y abundancia de animales de presa. Los yacimientos excavados señalan sitios de campamento y matanza, con restos industriales y huesos de bestias fósiles.
Aunque no han quedado testimonios, se supone que fabricaron redes, cuerdas, adornos de hueso y plumas, etc. En Mesoamérica (México y América Central) y Sudamérica se han reconocido versiones de estas formas culturales perfectamente adaptadas al medioambiente, que complementaban la caza mayor con la recolección, desarrollando un estilo de vida que perduró por siglos sin modificaciones sustanciales.
Periodo mesoíndio