El Movimiento Sadrista, Movimiento Sadr, Bloque Sadr o Corriente Sadr (cualquiera de esos nombres es usado para designar a esta organización) es un partido político iraquí de la mayoría árabe chií. Desde 2017 su popularidad ha ido en aumento y actualmente es la fuerza política más votada en el parlamento iraquí. Asimismo, la familia Sadr ha sido la dirigente de esta organización desde sus inicios y a día de hoy Muqtada al-Sadr es su dirigente.
El Movimiento ha transitado de ser una fuerza religiosa chií a convertir en un partido político con arraigo en toda la sociedad iraquí y por encima de las divisiones religiosas que atraviesan el país. Asimismo, su brazo armado fue, primero, el Ejército del Mahdi, y, tras su disolución en 2017, la Brigada del Día Prometido. Además, el Movimiento sadrista también cumple una función asistencial, proveyendo de servicios a los sectores más pauperizados de la sociedad iraquí e, incluso mostrándose como un gestor de la sociedad mucho más eficaz que el propio Estado iraquí.
Antecedentes
El Movimiento sadrista encuentra sus orígenes en la década de los 90, en los momentos posteriores al fracaso del levantamiento chií iraquí en 1991 y en la represión por parte del Estado iraquí que le precedió; así como a la imposición de sanciones internacionales que sucedió a dicha represión y orientadas a presionar al gobierno de Sadam Huseín, pero que mayoritariamente afectaron y empobrecieron a la población chií. Con este escenario, el movimiento chií liderado por Sadiq al-Sadr, encontró un amplio espacio político donde medrar y recabar apoyo social de un sector social, el chií, tradicionalmente excluido y marginalizado de la vida pública iraquí.
Sin embargo, las orígenes históricos del Movimiento sadrista se remontan a la Revolución Iraquí de 1920, en la cual los clérigos de la familia Sadr desempeñaron un papel crucial en tanto que principales referentes de la sociedad chií del país. Asimismo, políticamente las raíces del sadrismo se hallan en el Partido Islámico al-Dawa, fundado en 1958 por Baqir al-Sadr tras reinterpretar ciertos preceptos del chiismo vinculados al ascetismo y dotarles de un significado de rebeldía e insumisión política.
La creación de al-Dawa permitió vehicular el descontento chií hacia las políticas anti-baazistas puestas en marcha en Iraq y dotarle de un contenido claramente político cuya esencia era la respuesta de la clase clerical chií iraquí hacia la pérdida de su influencia por parte de otras ideologías seculares, particularmente el comunismo. Aunque inicialmente esta organización política operó clandestinamente con el objetivo de asegurar sus estructuras partidarias y dotarlas de solidez, una vez alcanzó dicho objetivo y conectó con la base social chií, al-Dawa emergió como un auténtico movimiento de masas. Así, al-Dawa asentó las bases para la aparición del Movimiento sadrista en calidad de una suerte escisión respecto al primero.
Por otro lado, en el aspecto religioso la aparición del Movimiento sadrista responde al cisma acaecido en el seno de la autoridad religiosa chií en Iraq debido a la elección de Abu al-Qasem al-Khoi como sucesor del Ayatolá Sayyid Muhsin al-Tabatata en lugar de Baqir al-Sadr.Esta decisión llevó al último a abandonar su puesto en al-Dawa; sin embargo, la relevancia política de Baqir al-Sadr era tal que su salida de al-Dawa inspiró a numerosos seguidores suyos a imitar su decisión. Esta escisión asentó las bases para la erección del futuro Movimiento sadrista; la influencia de Baqir al-Sadr, así como su apelación hacia la comunidad chií para adoptar la ley islámica y su rechazo hacia el Gobierno Baaz posicionó a Baqir al-Sadr como un símbolo de resistencia al Estado. Simultáneamente, dicha referencialidad le ubicó en el punto de mira del propio Estado en la medida que la amenaza representada por él aumentaba. Así pues, en 1980 el Estado iraquí asumió como solución la necesidad de acabar con los principales líderes de al-Dawa para cortar la potencial amenaza de raíz. Los principales líderes fueron arrestados, el movimiento político chií desarticulado y Baqir al-Sadr junto a su hermana ejecutados. Tras ello, la posición de Baqir al-Sadr fue reemplazada por Sadiq al-Sadr, quien se encargó de continuar consolidando el incipiente Movimiento sadrista.
Movimiento Sadrista como movimiento político La llegada de Sadiq al-Sadr significó un gran avance en la evolución del Movimiento sadrista, el cual iba expandiéndose cada vez más por la sociedad iraquí. La estrategia del nuevo dirigente sadrista se orientó hacia la reformulación del activismo chií con el fin de convertirlo en un movimiento efectivamente vinculado con su base social y lo suficientemente resiliente a las políticas represivas a través de una estructura organizativa construida sobre pequeñas organizaciones clandestinas que sirvieran de apoyo a la estructura central y la conectasen con su base social. Además, dentro de esta estrategia de expansión de la base social del movimiento, Sadiq al-Sadr comenzó a emplear el rezo de los viernes como altavoz político para arremeter contra el régimen de Sadam Huseín y como herramienta para la movilización política.
Durante la década de los ochenta, la represión contra la población chií continuó profundizándose, especialmente durante los años de conflicto bélico contra Irán (1980-1988). Empero, a pesar de la represión, el ejército iraquí, formado mayoritariamente por chiíes, mantuvo sus posiciones y permaneció fiel a Bagdad; no obstante, la fractura social alcanzó profundidad tal y la situación social empeoró de tal modo que a la invasión iraquí de Kuwait en 1990 le siguió un levantamiento chií en el país bautizado como la Intifada Shaaban por el mes en el que tuvo lugar. La revuelta fue rápidamente aplastada por el Estado, pero la situación forzó a Sadam Huseín a relajar las políticas sectarias aplicadas hasta ese momento, planteando la inclusión en el gobierno de algún líder chií; Sadiq al-Sadr fue visto por el régimen como la figura más apta para ello en 1992, mismo año que es liberado de prisión, pasando a ocupar un alto cargo clerical. Sin embargo, lejos de la imagen del Movimiento sadrista verse perjudicada, una imagen caracterizada por su actitud militante frente al quietismo del estamento clerical chií y su oposición al régimen, su figura y el movimiento salieron reforzados. Conforme avanzaba el periodo durante el que ocupó dicha posición y sobre todo tras las sanciones de la ONU a Iraq en 1990, Sadiq al-Sadr pasó a adoptar una posición de confrontación contra el Gobierno, desobedeciendo las órdenes de Sadam Huseín y omitiendo las advertencias que le lanzaban. Esta situación desembocó en su asesinato en 1999 a la salida de uno de los rezos del viernes tras haber continuado predicando contra el Gobierno iraquí. Al asesinato de Sadiq al-Sadr le sucedieron protestas por todo el país que rápidamente fueron sofocadas.
Desde ese momento y hasta 2003, año de la invasión estadounidense, el Movimiento sadrista se vio forzado a replegarse sobre sus propias estructuras partidarias y a mantener una actividad política reducida y de relativa tranquilidad. Asimismo, el heredero a Sadiq al-Sadr, Muqtada al-Sadr, fue puesto bajo arresto domiciliario durante cuatro años con la justificación de velar por su seguridad. De esta forma, el Movimiento sadrista se vio también cooptado desde su mismo aparato dirección a la hora de funcionar de manera regular.
Efectivamente, la década de los 90 fue el momento decisivo en el futuro del Movimiento sadrista. Su capacidad para postularse como alternativa real a los sectores sociales más pauperizados y su oposición a la situación social en la que Iraq estaba inmerso, produciendo una implicación directa del chiismo en político, le sirvió para auparse sobre un amplio sector social. De igual manera, a lo anterior coadyuvó la ruptura con la jerarquía tradicional chií. En la medida que Baqir al-Sadr no fue elegido ayatolá iraquí, el propio Movimiento sadrista se fue dotando de sus propias estructuras políticas y religiosas, así como tejiendo sus vínculos particulares con los sectores urbanos y rurales-tribales Con ello, el Movimiento sadrista marcaba claras diferencia con el estamento chií tradicional y su indiferencia hacia la situación política.
De tal modo, el Movimiento sadrista fue progresivamente penetrando en la sociedad iraquí. Con ello, el éxito del sadrismo descansa en la constitución de un amplio entramado de redes formales e informales a través de las cuales encuadrar dentro de su organización a la población chií. Destacan entre otras tantas los colegios religioso, los hospitales y los centros de caridad; todas ellas creadas a iniciativa del propio Movimiento sadrista. Así pues, estas organizaciones de apoyo social funcionaban en esencia como correas de transmisión entre el núcleo organizativo del Movimiento sadrista -Oficina del Mártir Sadr-, y su amplia base social. Por otro lado, dentro de todo este entramado organizativo debe subrayarse la ya mencionada importancia del rezo de los viernes: el uso de las mezquitas fue tanto uno de los principales espacios mediante los que el sadrismo movilizó a sus masas, especialmente durante el periodo de Sadam Huseín, como símbolo directo que la fortaleza de este movimiento.
La ligazón establecida entre los sectores chiíes urbanos pauperizados y los líderes tribales más influyentes del país aseguró al sadrismo la presencia a lo largo de todo el Estado iraquí. Una presencia, por otra parte, completamente vedada al resto de organizaciones chiíes dado su reticencia a aplicar la innovación sadrista descrita.
Situación del sadrismo tras la invasión estadounidense La deposición de Sadam Huseín en 2003 y el colapso de las estructuras estatales aparejadas al régimen tras la invasión norteamericana abrió un nuevo periodo de oportunidad política no sólo para el Movimiento sadrista, sino para el movimiento chií en su conjunto, el cual comenzó a organizarse notablemente en términos políticos. A partir de 2003, el sadrismo desplegó un discurso simultáneamente religioso y nacionalista, perfilándose como la principal organización contraria a la presencia estadounidense en el país; de la misma forma que durante el régimen de Sadam Huseín se caracterizó por su criticismo hacia el anterior, lo propio ocurrió durante los primeros años de ocupación a la par que en ambos escenarios mantenía su crítica hacia los otros líderes chiíes, especialmente hacia el Ayatolá Ali al-Sistani.
De tal modo, Muqtada al-Sadr, aprovechando el legado de su padre y a pesar de su reducida formación teológica, se erigió como una de las principales figuras políticas de Iraq. Con su discurso, el sadrismo defendió la ley islámica como una forma de vida para los iraquíes fieles, se opuso a la presencia extranjera en el país y declaró ilegítimos los mandatos de aquellos líderes chiíes no nacidos en Iraq. Junto a este discurso beligerante, el sadrismo continuó proveyendo de servicios y trabajo allí donde ni siquiera el propio Estado iraquí estaba presente. Además, en la medida que se autoproclamó como protector de los millones de iraquíes chiíes, todas sus actividades públicas estuvieron respaldadas por su propia fuerza armada: el Ejército del Mahdi.
Ejército del Mahdi