miniaturadeimagen|Cruz de Lorena en el paseo de los Fueros de San Sebastián La tuberculosis en Guipúzcoa (España) hace referencia a la incidencia histórica de esta enfermedad infecciosa en la provincia vasca, especialmente significativa entre el y el primer tercio del .
La tuberculosis, causada por la bacteria Mycobacterium tuberculosis, fue identificada por Robert Koch en 1882 y representó una de las principales causas de mortalidad en la región durante ese periodo.
Su alta prevalencia en Guipúzcoa estuvo estrechamente relacionada con las precarias condiciones de vida de amplios sectores de la población: una alimentación deficiente, el hacinamiento en viviendas insalubres y la existencia de infraviviendas contribuyeron a la rápida propagación de la enfermedad, especialmente en los núcleos urbanos e industriales.
A comienzos del siglo XX se desarrollaron en la provincia distintas iniciativas para combatir la enfermedad, entre ellas dispensarios, sanatorios, campañas de prevención y posteriormente de vacunación. Desde mediados del siglo XX, la introducción de tratamientos antibióticos eficaces y la mejora de las condiciones de vida redujeron considerablemente su incidencia.
Descripción de la enfermedad La tuberculosis afecta principalmente a los pulmones, aunque también puede afectar a otros órganos, entre ellos los ganglios linfáticos, los riñones, el sistema nervioso y la columna vertebral.
La infección por Mycobacterium tuberculosis no implica necesariamente el desarrollo de la enfermedad. Una persona con infección tuberculosa latente no presenta síntomas y no transmite la bacteria. La transmisión se produce fundamentalmente a través del aire cuando una persona con tuberculosis pulmonar o laríngea activa expulsa aerosoles que contienen el microorganismo al toser, hablar o realizar otras actividades respiratorias.
Antes del desarrollo de los métodos modernos de diagnóstico y tratamiento, las personas enfermas podían mantener durante periodos prolongados el contacto con familiares, compañeros de trabajo y otras personas, favoreciendo la transmisión. Las fuentes históricas guipuzcoanas describieron la expectoración de los enfermos de tuberculosis pulmonar, denominados tradicionalmente tísicos, como uno de los principales factores de propagación de la enfermedad.
Históricamente también tuvo importancia la tuberculosis causada por Mycobacterium bovis, que podía transmitirse al ser humano mediante el consumo de leche no pasteurizada procedente de ganado infectado. La pasteurización de la leche y el control sanitario de la ganadería redujeron considerablemente esta vía de transmisión.
Tratamientos Hasta finales del siglo XIX no existieron tratamientos específicos eficaces contra la tuberculosis. A partir de esa época proliferaron en Europa los sanatorios antituberculosos, frecuentemente instalados en lugares con abundante aire libre y exposición solar, de acuerdo con las concepciones médicas de la época.
Los sanatorios proporcionaban reposo, alimentación y cuidados a los enfermos y, al mismo tiempo, permitían separarlos temporalmente de la población general, reduciendo las oportunidades de transmisión. La mortalidad por tuberculosis comenzó a disminuir antes de la aparición de los primeros antibióticos eficaces, en un proceso relacionado también con la mejora progresiva de la alimentación, la vivienda, las condiciones laborales, la higiene y las medidas de salud pública.
En los inicios del , con el desarrollo de la cirugía, proliferaron los tratamientos quirúrgicos como las resecciones pulmonares pero no dejaban de ser tratamientos paliativos.
En 1921 comenzó a utilizarse la vacuna BCG, desarrollada por Albert Calmette y Camille Guérin a partir de una cepa atenuada de Mycobacterium bovis. Su introducción constituyó un avance importante en la prevención de determinadas formas graves de tuberculosis, especialmente en la infancia.
Según una investigación de Carlos Alustiza, la Casa Cuna de Fraisoro, que acogía entonces a 256 niños, junto con el Hospital Civil San Antonio Abad de San Sebastián, estuvo entre los primeros centros de Guipúzcoa en los que se administró la vacunación contra la tuberculosis, a partir de 1930.
Los primeros fármacos eficaces contra la tuberculosis fueron la estreptomicina, introducida en 1944, y la isoniacida, disponible desde 1952. La incorporación de estos tratamientos mejoró de forma significativa el pronóstico de la enfermedad y transformó su manejo clínico. miniaturadeimagen|Sello postal de la lucha antituberculosa
Mortalidad por tuberculosis A finales del siglo XIX y comienzos del XX, la tuberculosis constituía una importante causa de mortalidad en Guipúzcoa.
En 1899, el boletín de la Real Sociedad Bascongada de Amigos del País señaló que, de 961 defunciones registradas en San Sebastián, 612 correspondían a adultos y, de estas, 128 habían sido atribuidas a la tisis. Según estos datos, la enfermedad representaba aproximadamente el 21 % de las defunciones de adultos registradas en la ciudad.
En 1914, el médico Luis Alzúa informó a la Junta del Patronato contra la Tuberculosis de Guipúzcoa de que el 13,10 % de las defunciones registradas en la provincia eran causadas por tuberculosis. Según la misma fuente, Guipúzcoa presentaba una de las proporciones más elevadas de España, únicamente superada por Vizcaya.
La magnitud del problema favoreció la creación de instituciones específicamente dedicadas a la prevención, diagnóstico y asistencia de los enfermos.
Primeras instituciones antituberculosas en Guipúzcoa
En 1910 se inauguró en Éibar el denominado Jardín de Convalecientes destinado a pacientes que habían padecido tuberculosis. Lo fundó el médico Niceto Muguruza.
Uno de los primeros centros específicamente antituberculosos en Guipúzcoa fue el Sanatorio Nuestra Señora de las Mercedes inaugurado en 1912 en San Sebastián.
Fue promovido por el médico Emiliano Eizaguirre a través de la Junta Municipal Antituberculosa y se ubicó en Loyola. Contaba con 40 camas para acoger exclusivamente a mujeres y fue inaugurado por los Reyes Alfonso XIII y Victoria Eugenia.
Para su mantenimiento económico, Emiliano Eizaguirre instauró por primera vez en España la colecta de la Fiesta de la Flor.
En 1913 el propio Eizaguirre logró crear un dispensario antituberculoso en el Hospital Civil San Antonio Abad y en 1932 creó el pabellón Docker en el mismo hospital para niños con primoinfección tuberculosa.
En 1928 instaló otro en la calle San Bartolomé en San Sebastián. A éstos siguieron los de Éibar (fundado por el médico Ciriaco Aguirre), Irún, Tolosa, Azpeitia y Vergara.
En 1933 se inauguró el Sanatorio Antituberculoso de Andazárrate en terrenos de Asteasu. Este nuevo centro sanitario se dedicó desde su creación a la asistencia de hombres y contaba con 80 camas.
Para su sostenimiento contaba con 15 Hermanas Mercedarias, que junto a 3 médicos, 2 practicantes internos, 10 personas de servidumbre y 1 capellán, formaban la plantilla del sanatorio. El sostenimiento del centro se realizaba a partes iguales entre el Estado, la Diputación y los ayuntamientos de la zona.
En marzo de 1956 se clausuró este sanatorio, incorporándose los pacientes al nuevo Hospital de Amara.
Durante las décadas de 1920 y 1930 se amplió la red asistencial dedicada a la tuberculosis. Además de los sanatorios, los dispensarios permitían examinar a pacientes y familiares, realizar labores preventivas y mantener un seguimiento de las personas afectadas.
En 1934 el Estado aumentó su participación en la lucha antituberculosa y estableció dispensarios en San Sebastián y Éibar. El de San Sebastián estuvo dirigido por el médico Salvador Bravo.
A lo largo del siglo XX existieron también clínicas privadas relacionadas con el tratamiento de la tuberculosis y las enfermedades pulmonares, entre ellas la Clínica San José, inaugurada en 1922, y Villa Luz, creada en 1948 por Salvador Bravo y José Labayen.
Hospital de Amara En 1952 comenzó su actividad el Hospital de Amara, aunque su inauguración oficial tuvo lugar el 12 de agosto de 1953. Concebido inicialmente como un centro dedicado a la tuberculosis, tenía capacidad para 300 enfermos. La Diputación cedió el solar al Patronato Nacional Antituberculoso, que pretendía reunir en un único centro los sanatorios antituberculosos existentes en Guipúzcoa.
Al nuevo hospital se trasladaron las pacientes del sanatorio femenino de Nuestra Señora de las Mercedes y los niños del pabellón infantil Doker del Hospital San Antonio Abad. En 1955 ingresaron los pacientes procedentes del sanatorio masculino de Andazarrate.
Se estableció una doble dirección médica, formada por José Luis Martínez de Salinas, procedente de Andazarrate, y Bartolomé Martínez de la Pera, procedente de Nuestra Señora de las Mercedes.
Con el descenso de la tuberculosis, el centro amplió progresivamente su actividad hacia otras enfermedades respiratorias. En 1974 pasó a denominarse Hospital de Enfermedades del Tórax-Amara-San Sebastián. Posteriormente fue transferido al Gobierno Vasco en 1981 y en 1985 recibió el nombre de Hospital de Amara.
Epílogo La mortalidad y la incidencia de la tuberculosis descendieron notablemente a lo largo del siglo XX. Este proceso había comenzado antes de disponer de tratamientos farmacológicos eficaces y estuvo relacionado con transformaciones sociales y sanitarias, entre ellas las mejoras de la alimentación y la vivienda, la reducción del hacinamiento, las medidas de higiene y salud pública y la creación de instituciones especializadas.
Desde mediados del siglo XX, la disponibilidad de tratamientos antibióticos eficaces aceleró considerablemente el control de la enfermedad y modificó la función de los antiguos sanatorios.
La tuberculosis, sin embargo, no fue erradicada. A finales del siglo XX adquirió nuevamente relevancia internacional por su asociación con la epidemia de VIH/sida y por la aparición de cepas resistentes a los medicamentos.
El médico Emiliano Eizaguirre desempeñó un papel destacado en la lucha antituberculosa guipuzcoana. Participó en la creación de un dispensario antituberculoso en el Hospital San Antonio Abad, introdujo la Fiesta de la Flor para recaudar fondos y fundó una Escuela de Tisiología en San Sebastián.
Otro médico destacado en la lucha antituberculosa fue Ciriaco Aguirre al que el municipio de Éibar le dedicó una calle.
Uno de los símbolos internacionales de la lucha antituberculosa fue la Cruz de Lorena. En San Sebastián se conserva una representación tallada en piedra en un edificio de la calle Prim, vinculada a la historia de la asistencia antituberculosa de la ciudad.
Véase también
Difteria en Guipúzcoa Gripe española en San Sebastián Tosferina en Guipúzcoa Viruela en Guipúzcoa
Referencias
Categoría:Historia de Guipúzcoa Categoría:Tuberculosis