Una licencia menstrual (también llamado permiso menstrual, baja menstrual o día femenino) es un tipo de derecho laboral contemplado para mujeres y otras personas menstruantes trabajadoras por motivos relacionados con su menstruación, ya sean malestares producto de los síntomas del sangrado, cólicos severos que resulten incapacitantes o por cuadros de trastornos menstruales. Consiste desde recesos adicionales en horario laboral hasta ausencias justificadas con paga por uno o más días. Los empleadores pueden negociar a su vez modificaciones en las tareas, flexibilizar los horarios o permitir el teletrabajo.
Como figura se encuentra en la legislación laboral de países y jurisdicciones específicas, y el primer antecedente es de 1922, en la Rusia soviética. En Asia existe en Japón desde 1947, y se incorporó más tarde en Indonesia, Filipinas, Corea del Sur, Taiwán, Vietnam y ciertas provincias y territorios de China y de la India. En Zambia se conoce coloquialmente como «Día de las madres» y se contempla formalmente desde 2017, mientras que España es el único país de la Unión Europea en reglamentar el permiso remunerado por baja menstrual en 2022. En el resto del mundo puede existir en estados y subdivisiones nacionales específicas, o como parte de los beneficios otorgados por algunos convenios colectivos de trabajo y empresas particulares. También se ha propuesto implementarlas en ámbitos académicos como una medida destinada a mejorar la experiencia de aprendizaje, y evitar que las alumnas pierdan la regularidad de sus estudios a raíz de ausencias por malestares.
Las licencias menstruales han sido objeto de debate y controversia. Los sectores que promueven su adopción las comparan con las otorgadas por motivos de maternidad, y las consideran una herramienta para lograr mayor igualdad de género dentro del ámbito laboral. Por otro lado, se ha indicado que su uso indiscriminado podría perpetuar la idea asociada al sexismo de que la menstruación se equipara a una enfermedad. También existe una preocupación de que generen un coste extra inviable para el empleador y promueva un sesgo discriminatorio en la contratación o ascenso laboral de mujeres.
Historia y alcance izquierda|miniaturadeimagen|Los primeros antecedentes de permisos menstruales fueron concebidos para las trabajadoras del sector industrial. Imagen: obreras de una fábrica de cigarrillos en Japón, 1955.
Se estima que la primera regulación laboral específicamente vinculada con la menstruación se dio en 1922 en la Rusia Soviética. Las ausencias menstruales con paga fueron ratificadas por decreto, y se consideraron medidas pro natalistas. Estaban orientadas a proteger a las empleadas fabriles de padecer amenorrea o alteraciones de su ciclo producto de esfuerzos excesivos en el trabajo, cuadros que se creía podían comprometer a futuro su fertilidad y capacidad de tener hijos. La medida tenía por objetivo consolidar el incremento demográfico de la clase obrera, la futura fuerza laboral necesaria en un contexto de expansión industrial. Las fábricas textiles, operadas casi en su totalidad por mujeres, eran uno de los rubros con mayor cantidad de casos registrados de enfermedad y cuadros de dismenorrea. Los sectores de corte y planchado de telas se señalaron como prioritarios para incorporar licencias menstruales, con un tercio de trabajadoras experimentando problemas durante su sangrado, particularmente la contracción y tensión abdominal producto de la posición que debían adoptar al realizar sus tareas. Las medidas se fueron extendiendo a otros campos laborales como el artístico, donde ya existía el antecedente de trabajadoras del teatro ausentándose durante su menstruación en la previa era zarista. Gimnastas, acróbatas, bailarinas, jinetes, caminantes de cuerda floja, entre otras, eran las categorías específicas que podían gozar hasta tres días de ausencias retribuidas al mes. Otros grupos como imitadoras (en especial del género de parodia o parodistiki) fueron excluidos de este beneficio.
Para 1926 las licencias pagas por menstruación se había incorporado en más sectores laborales de los que originalmente se había previsto, lo que levantó dudas sobre su correcta implementación. El Comisariado del Pueblo de Trabajo de la URSS se expidió sobre el asunto y ratificó que las condiciones de las licencias serían gestionadas por los sindicatos. Para este punto el beneficio laboral también enfrentaba críticas inclusive por parte de las mismas trabajadoras, de quienes se esperaba el mismo nivel de productividad aún tomando las ausencias legales, y se discutió la necesidad de que se hicieran modificaciones, entre ellas que solo se adjudiquen a quienes pudieran acreditar cuadros de dolor con un certificado médico. La regulación se mantuvo vigente durante los años 1920, y fue renovada nuevamente por decreto en 1930.
Asia es la región con la mayor cantidad de países con algún tipo de política laboral menstrual. En Japón existen desde 1947, impulsadas por las fuerzas de intervención estadounidenses tras la Segunda Guerra Mundial. La Ley de Estándares Laborales de Japón permitió que una mujer pudiera ausentarse si padecía dolores menstruales severos, o si su tarea habitual pudiera resultar dañina para su salud mientras transite el menstruo. Este derecho laboral, conocido como seirikyuuka (licencia fisiológica o licencia menstrual), se concibió inicialmente para las trabajadoras del sector industrial cuando las mujeres estaban ingresando a la fuerza laboral en números récord y la mayoría tenían menos de veintiún años. El tema estaba ganando terreno en el país desde las décadas de 1920 y 1930, y en su momento se consideró un símbolo de la emancipación de la mujer al permitirles «hablar abiertamente de sus cuerpos y ser reconocidas en su rol de trabajadoras». Las condiciones como la paga garantizada o la cantidad de tiempo de descanso quedaron a discreción de los diferentes gremios y el empleador. Indonesia lo instauró un año después en 1948, también como una medida destinada para las mujeres del sector industrial y minero a raíz de las condiciones insalubres del trabajo. En 2003 estas licencias pasaron de dos días al mes de ausencias justificadas y pagas sin aviso previo, a ser medidas sujetas a negociación entre sindicatos y empleadores. El régimen de protección maternal para empleadas de Vietnam habilita recreos adicionales de treinta minutos por día durante la menstruación. En 2001 Corea del Sur adoptó la política de días remunerados de licencia menstrual; en caso de no utilizarlos la mujer puede requerir que se le abonen en su salario. Taiwán reguló en 2013 tres días anuales con paga al destinados para asuntos menstruales, no contemplados dentro de los 30 días de licencia por enfermedad. Otros mantienen medidas limitadas, como India, donde solo el estado de Bihar concede dos días al mes, o Filipinas, con el «Día menstrual» reglamentado solo para las empleadas del gobierno de La Unión. En China existió un intento de implementar la figura de licencia menstrual a nivel nacional en 2011, sin éxito. Legalmente existe en más de diez provincias, ciudades y territorios, entre ellos Hainan, Hubei, Shanxi, Anhui, Ningxia y Shanghái.
En Alemania cabe la posibilidad de que el empleador requiera a la mujer acudir primero a un médico personal para tramitar un permiso menstrual, que quedará a criterio del profesional. En 2017 llegó una propuesta sobre licencias menstruales al Parlamento italiano, lo que provocó debates al ser el primer país europeo en tratar el tema en el recinto. Finalmente no fue promulgada. El primero de la región en implementar las ausencias menstruales retribuidas fue España en 2022. La nueva Ley de salud sexual y reproductiva incluyó un paquete de medidas, entre ellas días de licencia paga por la presencia de dolores intensos; para solicitarlos, un médico deberá evaluar la gravedad del cuadro antes de otorgar el certificado que las justifique ante el empleador. De acuerdo con el Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones allí existen anualmente 6000 bajas laborales por razones de dismenorrea y cuadros de tensión abdominal a causa del menstruo.
En África, Zambia es el único país con una figura afín; conocido coloquialmente como «día de las madres», existía informalmente desde la década de 1990 y en 2017 fue oficializado. Las empleadas pueden ausentarse un día al mes por dolores menstruales y negar el beneficio puede resultar en acciones judiciales contra el empleador. La ley indica que no es necesario presentar previamente un certificado médico, pero no especifica las condiciones que debe cumplir la mujer que lo solicita, con antecedentes de despidos si es encontrada realizando otras tareas o actividades de ocio mientras se encuentra de licencia.
En el continente americano ningún país implementó la figura de licencia menstrual a nivel nacional. Brasil tuvo una propuesta en 2017, y en Chile se discutió para mujeres diagnosticadas con dismenorrea y endometriosis. Si es posible que estos permisos sean reconocidos en jurisdicciones específicas, tal es el caso de la provincia de Buenos Aires, Argentina, donde fue restituido en 1984. También forma parte de los derechos que mantienen algunos convenios colectivos de trabajo, como el sindicato bancario de Argentina que mantiene vigente el día femenino en todo el país para sus afiliadas, o las licencias de descanso para empleadas del sector público en México que padezcan dolor pélvico, náuseas, vómitos o mareos al menstruar.
Empresas particulares también pueden implementar paquetes de beneficios laborales por motivos de menstruación. Ejemplos de esto son la posibilidad de que las empleadas pueda trabajar en un sector más confortable de la oficina, se les permita el trabajo desde el hogar y tengan días de licencia paga disponibles. También se ha propuesto incorporarlas en ámbitos académicos como una medida destinada a mejorar la experiencia de aprendizaje de las alumnas, y evitar que pierdan la regularidad de sus estudios a raíz de ausencias por malestares. Como antecedente, una escuela gubernamental de India para niñas, ubicada en el actual distrito de Ernakulam, permitió en 1912 que tanto docentes como alumnas pudieran ausentarse durante la época de exámenes por motivos menstruales. En marzo de 2007, la Universidad Chung-Ang de Corea del Sur se convirtió en la primera en su país en incorporar esta política, medida que otros establecimientos del país imitaron. En 2008, la Universidad Sogang suspendió el beneficio por sospechas de un mal uso del mismo.
Contexto miniaturadeimagen|Imagen: mujer experimentando dolores menstruales.
Proceso fisiológico
La menstruación es un proceso fisiológico que contribuye a la fertilidad. Entre el y el de mujeres padecen sangrado menstrual anormal (variable, abundante o impredecible), y es habitual que se experimente cansancio, dolores de espalda, cambios en el ánimo, cólicos, inflamación en el abdomen y cefalea. Cada persona la vivencia de forma diferente; los síntomas pueden ser severos o, por el contrario, escasos o inexistentes. Los trastornos asociados al sangrado son endometriosis, dismenorrea (primaria y secundaria), fibroma uterino, síndrome de ovario poliquístico, trastorno disfórico premenstrual, entre otros. Entre un a de las mujeres experimentará dismenorrea primaria, las contracciones del miometrio provocadas por acción de las prostaglandinas para expulsar el menstruo. Este cuadro de dolor puede resultar severo a incapacitante en algunas personas y junto a otros síntomas puede impactar directamente en la vida cotidiana y afectar las tareas en el ámbito laboral. Una encuesta de 2017 a mujeres de Países Bajos halló que el había faltado a la escuela o su trabajo por este motivo, y dentro de ese porcentaje, un lo hacía con cada ciclo menstrual. A su vez, este estado puede exacerbar enfermedades crónicas como migrañas, diabetes o síndrome del intestino irritable.