El Anti Edipo: Capitalismo y esquizofrenia (en francés, Capitalisme et schizophrénie. L'anti-Œdipe) es un libro publicado en 1972 de los autores franceses Gilles Deleuze y Félix Guattari, el primero filósofo y el segundo psicoanalista. Es el primer volumen de su trabajo colaborativo Capitalismo y esquizofrenia; su segundo volumen es Mil mesetas (1980).

En el libro, Deleuze y Guattari desarrollan los conceptos y teorías del esquizoanálisis, una amplia práctica crítica que parte desde el punto de vista de la esquizofrenia y la psicosis, así como del progreso social que el capitalismo ha propiciado. Ellos relacionan estos conceptos con el psicoanálisis, la economía, las artes, la literatura, la antropología y la historia.Foucault (1977, 14). Contrariamente a los usos contemporáneos franceses de las ideas de Sigmund Freud, esbozaron una "psiquiatría materialista" modelada en el inconsciente visto como un agregado de procesos productivos del deseo, utilizando el concepto de producción deseante que interrelaciona las máquinas deseantes y los cuerpos sin órganos, y utilizan el materialismo histórico de Karl Marx para detallar sus diferentes organizaciones de la producción social, las "superficies de registro", la codificación, la territorialización y el acto de "inscripción". Las ideas de Friedrich Nietzsche sobre la voluntad de poder y el eterno retorno también tienen un influjo en la forma en que Deleuze y Guattari describen la esquizofrenia; el libro elabora en gran medida sobre el pensamiento de Deleuze en sus libros previos Diferencia y repetición y Lógica del sentido, los cuales utilizaban las ideas de Nietzsche para explorar una concepción radical del devenir.

El trabajo de Deleuze y Guattari también se basa en y critica las filosofías y teorías de Baruch Spinoza, Immanuel Kant, Charles Fourier, Charles Sanders Peirce, Carl Jung, Melanie Klein, Karl Jaspers, Lewis Mumford, Karl August Wittfogel, Wilhelm Reich, Georges Bataille, Louis Hjelmslev, Jacques Lacan, Gregory Bateson, Pierre Klossowski, Claude Lévi-Strauss, Jacques Monod, Louis Althusser, Victor Turner, Jean Oury, Jean-François Lyotard, Michel Foucault, Frantz Fanon, R. D. Laing, David Cooper y Pierre Clastres.

También recurren a autores y artistas en cuyas obras se usa el concepto de la esquizofrenia como "el universo de las máquinas deseantes productoras y reproductoras", como lo son Antonin Artaud, Samuel Beckett, Georg Büchner, Samuel Butler, D. H. Lawrence, Henry Miller, Marcel Proust, Arthur Rimbaud, Daniel Paul Schreber, Adolf Wölfli, Vaslav Nijinsky, Gérard de Nerval y J. M. W. Turner.

El Anti Edipo causó sensación tras su publicación y se convirtió en una obra ampliamente aclamada que provocó cambios en la filosofía contemporánea. Es visto como un texto clave en la "micropolítica del deseo", además de Economía libidinal de Jean-François Lyotard. Por otro lado, la obra fue acusada de destruir el lacanismo debido a su crítica poco ortodoxa del movimiento.

Resumen

Esquizoanálisis El esquizoanálisis de Deleuze y Guattari es un psicoanálisis social y político que responde a lo que ellos ven como las tendencias reaccionarias del psicoanálisis. Sin embargo, Deleuze y Guattari argumentan que no hubo un viraje específico en el desarrollo teorético del Freudismo en el que este se haya vuelto reaccionario; en su lugar, afirman que tenía "elementos revolucionarios, reformistas y reaccionarios" desde el principio. "Nos negamos al 'lo toma o lo deja'", escriben. Esta mezcla políticamente ambigua de tendencias en el psicoanálisis surge, argumentan, de su ambigua relación con sus descubrimientos: "Como si toda gran doctrina no fuese una formación combinada, hecha a base de piezas y pedazos, de códigos y flujos diversos entremezclados, de partes parciales y derivadas, que constituyen su propia vida o su devenir. Como si se pudiese reprochar a alguien el tener una relación ambigua con el psico-análisis sin mencionar primero que el psicoanálisis está formado por una relación ambigua, teórica y prácticamente, con lo que descubre y las fuerzas que maneja". Pese a la militancia de los análisis propuestos en el proyecto de Deleuze y Guattari, insisten en que "no podemos considerar que se elabore un programa político en el marco del esquizoanálisis". Guattari desarrolló las implicaciones de la teoría para un proyecto político en su libro Les nouveaux espaces de liberté escrito junto al filósofo autonomista italiano Antonio Negri y publicado en 1985. El esquizoanálisis propone una evaluación funcional de las catexis directas del deseo —ya sean revolucionarias o reaccionarias— en un campo que es social, biológico, histórico y geográfico. Deleuze y Guattari desarrollan cuatro tesis del esquizoanálisis:

Toda catexis es social y de cualquier modo conduce a un campo social histórico. En las catexis sociales, las catexis libidinales inconscientes de grupo o de deseo se distinguen de las catexis preconscientes de clase o de interés. Las catexis libidinales del campo social están por encima de las catexis familiares. Las catexis libidinales sociales se dividen en dos tipos o polos: un polo paranoico y fascista, y un polo esquizo-revolucionario.

A diferencia de la concepción psicoanalítica, el esquizoanálisis asume que la libido no necesita ser desexualizada o sublimada, o pasar por metamorfosis para catexizar factores económicos o políticos. Deleuze y Guattari explican que "[e]n verdad, la sexualidad está en todas partes: en el modo como un burócrata acaricia sus dossiers, como un juez hace justicia, como un hombre de negocios hace correr el dinero, como la burguesía da por el culo al proletariado, etc. [...] Las banderas, las naciones, los ejércitos, los bancos ponen en tensión [sexual] a mucha gente". En términos del marxismo clásico, el deseo es parte de la "base" infraestructural económica de la sociedad y no una "superestructura" ideológica y subjetiva.: Wilhelm Reich no vio esto, dicen Deleuze y Guattari, y por ello no alcanzó la psiquiatría materialista que buscaba ni logró contestar de manera adecuada la pregunta "¿Por qué las masas han deseado el fascismo?"

Las catexis libidinales inconscientes del deseo coexisten sin coincidir necesariamente con las catexis preconscientes realizadas de acuerdo con las necesidades o intereses ideológicos del sujeto (individual o colectivo) que desea.: "Sin duda, los intereses nos predisponen a tal o cual catexis libidinal, pero no se confunden con ella".Una forma de producción o de reproducción social, con sus mecanismos económicos o financieros, sus formaciones políticas, etc., puede ser deseada como tal, totalmente o en parte, independientemente del interés del sujeto que desea. No es por metáfora, incluso por metáfora paterna, que Hitler ponía en tensión a los fascistas. No es por metáfora que una operación bancaria o bursátil, un título, un cupón, un crédito pongan en tensión a gentes que no son tan sólo banqueros. ¿Y el dinero que crece, el dinero que produce dinero? Existen «complejos» económico-sociales que también son verdaderos complejos del inconsciente, y comunican una voluptuosidad de arriba a abajo de su jerarquía (el complejo militar industrial). Y la ideología, Edipo y el falo, no tienen nada que hacer en este caso, ya que dependen de ello en lugar de ser su principio.El esquizoanálisis trata de mostrar cómo "el deseo puede verse determinado a desear su propia represión en el sujeto que desea". El deseo produce "las formas más represivas y más mortíferas de la reproducción social".

Máquinas deseantes y producción social La comprensión tradicional del deseo supone una distinción excluyente entre "producción" y "adquisición". Esta línea de pensamiento —la cual ha dominado la filosofía occidental a lo largo de su historia y se extiende desde Platón hasta Freud y Lacan— entiende el deseo a través del concepto de adquisición, puesto que el deseo busca adquirir algo que le falta. Esta concepción dominante, argumentan Deleuze y Guattari, es una forma de idealismo filosófico. Las concepciones alternativas, que tratan el deseo como una fuerza positiva y productiva, han recibido mucha menos atención; las ideas de los pocos filósofos que las han desarrollado, sin embargo, son de crucial importancia para el proyecto de Deleuze y Guattari: principalmente el concepto de "voluntad de poder", de Nietzsche, y "conato", de Spinoza.: Deleuze y Guattari explican que el análisis de Kant de las creencias supersticiosas, alucinaciones y fantasías en Crítica del juicio entiende el deseo como una fuerza creativa y productiva, sin embargo, su análisis se limítca a la producción de una realidad psíquica y de ese modo sostiene la validez del deseo como carencia. Deleuze y Guattari argumentan que el deseo es un proceso de producción positivo que produce realidad. Sobre la base de tres "síntesis pasivas" (en parte modeladas a partir de las síntesis de apercepción de Kant en Crítica de la razón pura), el deseo maquina "los objetos parciales, los flujos y los cuerpos" al servicio de la autopoiesis del inconsciente. En este modelo, el deseo no "carece" de su objeto, sino que el deseo es una máquina y el objeto del deseo es una máquina conectada a este. Sobre esta base, Deleuze y Guattari desarrollan su noción de producción deseante. Dado que el deseo produce la realidad, la producción social, con sus fuerzas y relaciones, "es tan sólo la propia producción deseante en condiciones determinadas".

Al igual que su contemporáneo, Ronald David Laing, y Wilhelm Reich antes que ellos, Deleuze y Guattari relacionan la represión psicológica con la opresión social. Sin embargo, la manera en que lo hacen es radicalmente distinta debido a su concepto de producción deseante. Ellos describen un universo compuesto de máquinas deseantes, las cuales están todas conectadas entre sí: "No hay máquinas deseantes que existan fuera de las máquinas sociales que forman a gran escala; y no hay máquinas sociales sin las deseantes que las pueblan a pequeña escala". Cuando insisten en que un campo social puede ser catexizado por el deseo directamente, se oponen al concepto de sublimación de Freud, que propone un dualismo inherente entre las máquinas deseantes y la producción social. Este dualismo, argumentan, limitó el potencial revolucionario de las teorías de Laing y Reich. Deleuze y Guattari desarrollan una crítica del psicoanálisis de Freud y Lacan, así como de la antipsiquiatría y el freudomarxismo (con su insistencia en una mediación necesaria entre los reinos del deseo y de lo social). El concepto de sexualidad de Deleuze y Guattari no se limita a la interacción de los roles de género masculino y femenino, sino que postula una multiplicidad de flujos que crean "cien mil" máquinas deseantes dentro de su universo conectado; Deleuze y Guattari contraponen esta sexualidad "no humana molecular" a la sexualidad binaria "molar": "hacer el amor no se reduce a hacer uno, ni siquiera dos, sino hacer cien mil", escriben, y agregan que "siempre hacemos el amor con mundos".

Reformulación del complejo de Edipo Lo "anti" de su crítica al complejo de Edipo freudiano comienza por el análisis de la forma en que se articula la sociedad según el modelo original tripartita de la familia: padre, madre e hijo. Deleuze y Guattari buscan muestran que el familiarismo del modelo edípico de la familia es un tipo de organización que para funcionar como un principio organizador de la sociedad debe colonizar a sus miembros, reprimir sus deseos y acomplejarlos. En lugar de concebir a la familia como una esfera contenida dentro de una esfera "social" más grande, y otorgar una preeminencia lógica al modelo familiar tripartita, Deleuze y Guattari argumentan que la familia debe abrirse socialmente, pensando en la concepción de Bergson de lo abierto, y que debajo de la pseudo-oposición entre la familia (compuesta por sujetos) y lo social, subyace la relación entre deseo preindividual y producción social.