La Villa romana de Las Musas, o de Arellano, es un yacimiento arqueológico perteneciente a la época de romanización de Hispania, está situada en la localidad de Arellano (Navarra, España) y se estima una cronología de uso y ocupación que abarca desde el hasta el . Su nombre latino, Fundus Aurelianus (‘granja de Aurelio’), es el origen del topónimo Arellano de su localidad. Se tiene noticia arqueológica del lugar desde finales del aunque las excavaciones actuales dieron comienzo en 1988. Algunos de los mosaicos localizados en el lugar se conservan y exponen en el Museo Arqueológico Nacional de España. El yacimiento se ha musealizado y desde 2008 es visitable por el público.
Desde 2015 es una de las nueve fundadoras de las red nacional «Uillae Hispaniarum (Las Villas romanas de Hispania)» junto a las de Almenara-Puras en Valladolid, El Ruedo en Almedinilla y Fuente Álamo en Puente Genil (ambas en Córdoba), Fortunatus en Fraga (Huesca), La Olmeda en Pedrosa de la Vega (Palencia), La Loma de Regadío en Urrea de Gaén (Teruel), Veranes en Gijón (Asturias) y Los Villaricos en Mula (Murcia). A estas nueve hay que añadir la Villa romana de Salar (Granada). izquierda|miniaturadeimagen|Villa romana de Arellano (Navarra) - Vista del entorno|400x400px
Contexto geográfico Está ubicado a 6,5 km al sur del centro urbano de Arellano, en el paraje conocido como Alto de la Cárcel, a una altitud de 420 en una de las terrazas formadas por la red de afluentes del río Ega. El terreno es de areniscas y arcillas oligomiocénicas, dominando un espacio abierto entre la sierra de Arrosia-Cortabay, al noroeste, y las estribaciones de Montejurra, al norte. La villa domina una zona abierta llana y bastante pantanosa, ocupada en época romana por un lago artificial. El uso agrícola de esta superficie se ha centrado en cultivos de secano (cereal, olivo, vid) y de espárragos.
El asentamiento domina una superficie de 20 km2. Aunque dentro del término municipal de Arellano, en la comarca del Piedemonte meridional de Montejurra, está igualmente cercano, por la parte oriental, a Allo (6 km), sobre la NA-122 que, atravesando la histórica comarca de la Solana, une, de norte a sur, Estella y Cárcar, atravesando Lerín (16 km). Por la parte occidental está Arróniz (5 km), en la falda meridional de Montejurra, el antiguo Valle de Santesteban de la Solana, junto a la antigua vía romana XXXIV, luego ruta jacobea y A-12, a unos 12 km de Los Arcos. La ciudad romana de Andelo se sitúa a poco más de 20 km al oeste.
Descripción del yacimiento La romanización y el poblamiento en el valle del Ega, aunque contiene muchas evidencias de su presencia, ha sido poco estudiada. En el caso de este yacimiento, su período de actividad abarca 400 años (del hasta mediados del ).
La villa romana era la explotación agrícola por excelencia en la Antigüedad. En época republicana y alto imperial la villa era un centro de abastecimiento de los núcleos urbanos. Sin embargo a partir del {, el gran propietario, el dominus, abandonó los centros urbanos y se instaló en el campo. Al mismo tiempo, muchos ciudadanos se trasladaron a las villas en busca de trabajo y se creó un sistema de colonato por el cual el hombre adscrito a la tierra que trabajaba, pagaba la protección y tutela del señor mediante servicios y tributos en metálico o en especie. Junto a los colonos, siervos y esclavos completaban la fuerza de trabajo.
Siguiendo las recomendaciones recogidas en los tratados de agricultura de la época (Varrón, Columela o Catón), la villa estaba ubicada en el centro de la explotación y en un pequeño alto, facilitando el control del territorium, «en lugares fértiles, próximos a caudales de agua y en zonas de mediana altura. También debían estar bien comunicadas para favorecer el comercio y los desplazamientos».
A tenor de las excavaciones practicadas hasta finales del (se estimaba que se había excavado «solamente un tercio de la zona ocupada por edificaciones») se han identificado dos fases constructivas que «responden a una modificación de las funciones, pasando de ser un asentamiento fundamentalmente de explotación agrícola a convertirse además, en lugar de residencia lujosa del dominus.
El estudio de esta villa debe seguir tres fases constructivas, desde la preparación del terreno al abandono y deteniéndonos en detallar las características y funciones de las dependencias que conformaban la vida y actividad de estos dos periodos. Columela describía que una villa estaba compuesta por tres partes:
Pars urbana: reservada al propietario, la villa; era la residencia del dominus y, como tal, era la zona más rica de la villa, especialmente a partir de siglo 111 cuando el gran propietario se trasladó de la ciudad al campo. La pars urbana se convirtió, sobre todo en el , en una lujosa vivienda que tendía a equipararse con la casa de la ciudad, tanto en su disposición arquitectónica como en su decoración. Conocemos muchas de las soluciones arquitectónicas adoptadas en las edificaciones señoriales de las villas gracias a los restos arqueológicos que nos han llegado, contrastables, en múltiples ocasiones, con las representaciones de pinturas y mosaicos, especialmente el de las Musas de Arellano. Pars rustica: zona donde se localizaban las habitaciones destinadas a almacenes, equipamientos, herramientas del personal de servicio de la villa, doméstico y agrario, así como las diversas zonas de trabajo, producción y almacenamiento. Pars fructuaria: dedicada a la elaboración, transformación y almacenaje de los productos agrícolas.
Aplicada esta composición al caso del yacimiento, se han encontrado y excavado las dos últimas mientras que la primera, donde se encontró el mosaico y, por tanto, estaría la villa, sigue ocupada por una viña en uso y explotación. Hasta ahora se han excavado los edificios dedicados al «alojamiento, cocinas, etc. y a la elaboración del vino, bodega y almacenes».
Intervenciones arqueológicas izquierda|miniaturadeimagen|Lararium de Arellano Las primeras noticias de interés arqueológico recibidas del lugar fueron en 1882 durante las labores de plantación de un viñedo. Entonces se adjudicó equivocadamente la localidad de Arróniz como lugar del hallazgo, debido a que el yacimiento está más cerca de este lugar que de Arellano. Ya entonces se extrajo el Mosaico de las Musas, que estuvo repartido entre Pamplona (en el antiguo Museo de la Cámara de Comptos) y Madrid, hasta que se reunificó en 1945 tras un acuerdo entre el Museo Arqueológico Nacional y la Institución Príncipe de Viana.
Ya en 1942 Blas Taracena Aguirre «realizó unas zanjas de comprobación en el lugar del hallazgo del mosaico de las Musas en término de Arellano». Taracena excavó en «18 zanjas, de 10 en 10 metros, que acusaron restos de un edificio extenso como de 150 x 50 m», siendo ya entonces considerados como pertenecientes a una villa romana.
En 1985, ante la abundancia de hallazgos en superficie (cerámicas, teselas y materiales metálicos) se decide «organizar una breve campaña de excavación en colaboración de profesores y alumnos del Instituto de Tierra Estella». El objetivo era «comprobar el estado de conservación del yacimiento y establecer su delimitación espacial». Puesto que el lugar donde se encontró el mosaico era una viña, se exploró el terreno adyacente «mostrándonos un sistema de lagares que atestiguaba la existencia de una amplia villa con su industria de elaboración de vino».
Campañas entre 1988 - 1994 Lo que iba a ser una "breve campaña" en 1985, se convirtió en una serie de intervenciones consecutivas entre 1988-1994.
En la campaña de 1991 se avanzó en el conocimiento de las zonas aledañas a los edificios conocidos de la villa. En el norte se encontró una gran explanada que cumplía la función de área de descarga. Al este, había una serie de muros de contención y canalización de las aguas hacia los desagües. También se cree que pudo haber un establo en una de las naves junto al muro de época anterior, posiblemente con función defensiva. El último descubrimiento efectuado este año en las proximidades de la villa ha sido una presa, construida con el propósito de formar un embalse de grandes dimensiones para asegurar el abastecimiento de agua, tanto para fines domésticos como agrícolas.
La campaña de 1994 se dedicó a terminar la excavación de la cella vinaria (bodega) cuyo vaciado había empezado en 1988. Entre los hallazgos destaca un lararium «con una gran peana a modo de altar y que estaría rematado por un templete». Cuando el fuego devastó la villa y «se produjo el incendio de la bodega este larario estaba en uso, pues se ha visto todo el proceso de su destrucción: las esquinas de la cornisa donde apoyaban las columnillas cedieron y se fragmentaron por el golpe de los elementos de la techumbre al caer encima. Ha quedado claro también que el derrumbe se produjo de forma muy violenta y sepultó todas las dolias y otros utensilios que se encontraban en la cella apilados ordenadamente.»
Entre el resto de materiales, que atestiguan esta violenta y precipitada destrucción, salieron a la luz ollas de cocina de «borde plano y decorado al peine» y una curiosa «anforita votiva, sin duda relacionada con los rituales del larario».
También se encontraron piezas de bronce, como «un aplique con cabeza de Medusa, un cazo colador y una rueda dentada», así como «numerosos fragmentos de pintura mural así como fragmentos de cornisas y veneras de estuco, estas últimas relacionadas con la parte superior del larario».
Finalmente, en esta campaña de 1994 se realizaron trabajos de limpieza y mantenimiento de diversos sectores como la parte oeste (muralla y extramuros de la bodega).
Fases de ocupación Tras los estudios de los hallazgos se ha determinado que en el lugar se distinguen tres fases de ocupación diferentes: una primera, entre el y el ; la segunda, entre el y el ; y, por último, entre el y el . A su vez, distinguen dos fases estructurales:
Primera. Pars urbana con un «peristilo con gran riqueza con acceso por la parte oeste que cuenta con un muro posiblemente defensivo. Conjunto estructurado en torno a un patio central. Pars fructuaria «con tres conjuntos: edificaciones agrícolas como un granarium y un horreum, una bodega bastante completa (torcularium o lugar de prensado, lacus para la fermentación, cotinale para el tratamiento del mosto y la cella vinaria o almacén de 28’50 x 7’10 m sustentante de la planta de arriba) con larario o lugar de culto a los dioses lares; y una cisterna de agua con capacidad para 168 m3.» Segunda. Pars urbana «donde destaca un distribuidor que da acceso al oecus de 90 m2 (espacio rectangular más una exedra ultrasemicircular), al cubiculum o dormitorio del propietario y a un tablinum-musaeum o sala de lectura. Hay indicios de unas termas. Como elemento destacado, tenemos un conjunto religioso dedicado a Cibeles, o Taurobolium, estructura rectangular de 377’50 m2 porticada con patio abierto y altar. Un stabulum mantendría a las reses necesarias para los rituales y un conjunto de cubicula o habitaciones agrupadas en una estructura rectangular de 16’5 x 13’5 m cercana quizá pudo albergar a los iniciados o ser parte de la misma pars urbana.»
Restos arqueológicos
Material cerámico (cerámica común, cocina, sigilata) destacando las 90 dolia de la instalación vitivinícola. Monedas, más bien restos monetarios, abarcando el período entre Constantino I (310) y Magno Máximo (388). aunque también, en el relleno de la bodega ha aparecido una moneda de Tiberio.