Los medios de masas, denominados desde el coloquio como medios tradicionales, especialmente en el ámbito político, ejercen una fuerte influencia en Perú. En un inicio, la comunicación esporádica de sucesos religiosos afectaba la opinión pública previo a la independencia. Gazeta de Gobierno de Lima surgió como uno de los primeros medios a través del cual el gobierno colonial español del Virreinato del Perú dominaba la percepción de la población con el objetivo de evitar sublevación alguna contra el régimen. Posteriormente, con la masificación de los medios de comunicación a finales del , El Comercio, diario conocido por su apoyo político al conservadurismo, fue el mayor representante de la época y respaldó el statu quo de la política nacional y los comicios presidenciales. Su influencia en el conservadurismo se mantuvo con el tiempo, y resaltó su postura contra partidos políticos no afines a su editorial, como el APRA. miniaturadeimagen|El edificio del diario limeño El Comercio, uno de los más influyentes en la prensa escrita del país. Este medio recibió acusaciones de falta de pluralidad en sus coberturas debido a su defensa de lo empresarial. En los primeros años de la época republicana, los diarios fueron mayormente mostrados como voceros calificados de la opinión pública, representada por la élite intelectual y empresarial. Esto cambió con la llegada de agencias de sondeos de opinión a mediados del . Por primera vez, los medios escritos recurrieron a los Índices U para entender a un público más amplio, y Panamericana y Caretas hicieron lo mismo para las elecciones generales de 1962. La influencia de los medios en la opinión pública sufrió cambios significativos con la llegada del Velascato (1968-1975), cuando el gobierno confiscó los medios para fines políticos; sin embargo, la comunicación institucional perdió relevancia a finales de la Década Perdida (1980). Una vez más, la influencia cambió significativamente con el Fujimorato (1990-2000); cuando la prensa se limitó a elaborar sondeos de índices de aprobación y desaprobación acerca del gobierno de turno (según la organización nacional Veeduría Ciudadana), y parte de ella fue utilizada para hacer propaganda. Para finales del , las fuentes para comprender la situación democrática aún cuentan con circulación nacional y operan desde Lima, La República y El Comercio, bajo diferentes espectros políticos (que definieron como izquierda comprometida y derecha conservadora, respectivamente).

Para el , la consolidación de los medios de comunicación marcó su propia influencia de la opinión pública, siendo los medios especializados los más importantes en apreciar la realidad nacional por medio de sus editoriales, a diferencia del más reciente corte popular. Derivado de la crisis de partidos ocurrido en el gobierno de Fujimori, el interés de fiscalizar recayó en los medios de comunicación, cuyo poder mediático de organizaciones políticas e instituciones estatales se perdió con el tiempo. Sin embargo, el sesgo editorial se presenta con notoriedad en la televisión comercial, en que algunos canales recibieron dinero del Fujimorato.

En las elecciones de 2011 se evidenció una campaña dirigida contra la izquierda política, mientras que en 2016 se observó una clara preferencia hacia los candidatos de derecha. Durante las elecciones presidenciales de 2021, los medios de comunicación tradicionales ejercieron una presión editorial anticomunista en apoyo a Keiko Fujimori. El Tribunal de Ética del Consejo de la Prensa Peruana destacó los «graves daños» causados por estas influencias a la confianza ciudadana en la prensa nacional, y puso como ejemplo los canales del Grupo Plural TV (del Grupo El Comercio). La corrosión de la credibilidad de los medios ha sido constante a lo largo de la crisis política en curso. Después de la destitución de Pedro Castillo en 2022 y la convulsión social que provocó, un informe de 2023 del Reuters Institute for the Study of Journalism afirmó un aumento de la crítica hacia los medios (53 %). Este hallazgo indica que el nivel de desconfianza del público peruano es notablemente elevado en comparación con el de otras sociedades de América Latina.

En el sentido más tradicionalista, se valoró la concentración de la editorial conservadora de la prensa de Lima en sus coberturas nacionales al estar liderada por grandes empresas. Es por lo cual que el historial de tratamiento parcializado por parte de los medios capitalinos ha sido objeto de una considerable interpretación y escrutinio académicos. Estas preocupaciones incluyen el tratamiento negativo de la diversidad temática en la esfera pública, tanto de los manifestantes como de su identidad autóctona, cuestionando si dichos temas son verdaderamente de interés «nacional». Adicionalmente, la crítica incluye el enfoque centralista en las noticias y sondeos de opinión, con un marcado desinterés en visibilizar la población indígena. En particular, la profesora Paula Muñoz de la Universidad del Pacífico destacó que las principales organizaciones privadas de medios y conglomerados han asumido que los ciudadanos solo buscan distracción en detrimento de su deber de proporcionar información política de alta calidad y fomentar el discurso público. Teresa Quiroz de la Universidad de Lima también observó que los temas políticos han perdido espacio en los medios de comunicación en favor del entretenimiento, mientras que Mirko Lauer presenció que la influencia para tomar decisiones electorales no trasciende a otras regiones del país.

Existen excepciones notables de TV Perú (con matices a causa de su dependencia oficialismo-IRTP), responsable de ofrecer información en lenguas indígenas con cobertura interregional desde mediados de los años 2010, y el entonces independiente Canal N para inicios de los años 2000.

Por otro lado, los medios locales, particularmente aquellos que operan en áreas rurales, han demostrado una fuerte dependencia del gobierno en materia de comunicaciones regionales. Esto plantea interrogantes adicionales sobre el desarrollo crítico y el interés de estos medios en abordar temas políticos. En consecuencia, resulta imperativo evaluar la imparcialidad y la perspectiva diversa de los medios de comunicación, garantizando así una cobertura inclusiva y representativa que aborde diversos aspectos e intereses públicos. A pesar de ello, se formaron medios con enfoque descentralizado. Entre los más importantes estaban Enlace nacional, a finales de los años 2000; así como estrategias de comunicación independiente iniciando los años 2020, en que lleva la denominación de «prensa alternativa», surgida por el gobierno de Pedro Castillo, época que las redes sociales como TikTok se volvieron mayores fuentes de consumo de contenido político.

Influencia de la prensa limeña como medio político en el siglo

Desarrollo de la opinión pública en los primeros años de la república En la segunda década del , floreció el periodismo de ideas liberales a partir del impacto de la Constitución de Cádiz en España, a pesar de su precaria situación del periodismo doctrinario entre 1811 y 1815. Luego, Gaspar Rico junto a otros representantes del periodismo doctrinario participaron en el acta de independencia del país.

En ese momento, surgieron el Diario Secreto y El Peruano (1811-1812) como medios de propagación de ideas políticas contra el virreinato por parte de escritores anónimos. Este último fue uno de los que denunciaba a «las personas vulgarmente llamadas poderosas, como si lo fuese alguna sin el concierto o apoyo de la opinión pública»; sin embargo, su continuación fue cancelada debido a la rebeldía de su fundador Gaspar Rico.

Por otro lado, surgió el primer medio que influyó en la opinión pública a nivel nacional, la Gaceta de Gobierno de Lima (1810-1821), que no debe confundirse con la antecedida Gaceta de Lima. Basado en la Minerva Peruana, inicialmente tuvo ideas oficialistas a favor de José Fernando de Abascal, pero finalmente buscó conectarse con la élite y la población general entre 1815 y 1820. Solo se suscribieron 130 personas.

Aun así, entre 1821 y 1823, las gacetas de Lima y otras ciudades del formado Perú estuvieron marcadas contra el liberalismo hispánico, pero estuvieron contrastadas por diarios que favorecían ideas conservadoras en el instalado protectorado de José de San Martín. Así fue el caso de La Abeja Republicana, que contó a sus colaboradores Francisco Javier Mariátegui y José Fasuto Sánchez Carrión. El medio se destacó por mostrar una postura en contra de la constitución de Cádiz como también del Antiguo Régimen. Gaspar Rico seguía proponiendo ideas para incitar con la opinión pública, como pasó con el ejemplar de El Depositario.

Años 1840-1890 El Comercio, creado en 1839, marcó un antecedente en el periodismo doctrinario que apenas se desarrollaba en el país. Fue uno de los primeros diarios en tener y dinamizar una perspectiva política, cuando otros medios de la época se habían asentado en temas de entretenimiento y locales. Supuso un hito establecer un foco de posturas conservadoras y liberales en la década de 1850, detonado por la guerra civil, aunque su editorial se orientó en los primeros años a lo liberal. Con el tiempo, ese diario ganó fama por narrar los acontecimientos de España. Sin embargo, fue muy criticado por Manuel González Prada, quien lo calificó como «el reo condenado por la opinión pública».

El Comercio tuvo cierto apoyo en temas de derechos humanos cuando en 1853 incluyó en su distribución fascículos de La cabaña del tío Tom. En 1867, el indigenista Juan Bustamante fundó con un grupo de la élite profesional, política y económica de Lima la Sociedad Amiga de los Indios. Uno de los miembros fue el director chileno del diario Manuel Amunátegui y Muñoz, antes de ceder la propiedad a la futura familia Miró Quesada. Amunátegui inició una campaña de información y debate sobre la situación de la vida indígena en el país a causa de la sublevación en las provincias de Puno. El diario destacó como principal vocero para fomentar un puente de diálogo entre el gobierno y los manifestantes.

Con la ocupación de Lima por el ejército chileno, el formado boletín El Peruano animó a los limeños a tomar la calma, mientras que El Comercio repudió a tal evento.

Influencia de la prensa limeña como medio político en el siglo

Años 1900-1960 En las elecciones de 1899, El Comercio respaldó al candidato cívico-demócrata Eduardo López de Romaña por considerarlo una figura que resguardaba el statu quo, mientras compitió con periódicos de prensa política como El Germinal, La Integridad y el Libre Pensamiento. Para los siguientes años, El Comercio le acompañó a dos competidores ubicados en Lima: la conservadora La Prensa, que marcó el sector agrario, y La Crónica, que defendió los intereses empresariales de la familia Prado. Estos tres diarios permanecieron con un tiraje mayor a cien mil hacia los años 1970.

El Comercio fue uno de los medios para el público de ingresos medios a altos referentes en la República Aristocrática. Este medio obtuvo vínculos con la Universidad Nacional Mayor de San Marcos con el apoyo deportivo que tuvieron en común. También se vinculó con el Partido Civil, lo que ganó relevancia por su representación oligárquica y apoyo a movimientos conservadores. Dos de sus directores fueron parte del grupo político informal «Los veinticuatro amigos». Pasada la época aristocrática, continuó como uno de los más influyentes en el Oncenio de Leguía, a pesar de su acoso, y fue determinante en su toma de decisiones para los años 1950. Adicionalmente, según la revista Presente, El Comercio estuvo vinculado con el mandato de Manuel Odría.